PENSAR MAL DE SÍ MISMO

 

 

“La corneja no tiene nada que reprocharse .

Los escrúpulos son ajenos para la pantera negra.

No dudan de la rectitud de sus actos las pirañas.

La serpiente cascabel se acepta a sí misma sin objeciones.

No existe un chacal autocrítico.

La langosta, el caimán , la triquina y el tábano

viven como viven, y están satisfechos de ello.

Cien kilos pesa el corazón de la orca,

pero es muy ligero, desde otro punto de vista.

Nada más animal

que la conciencia limpia

en el tercer planeta del sol.”

Wislawa Szymborska —“Elogio de pensar mal de sí mismo”

(Imagen —Sussan C Waters)

CIERVOS Y LITERATURA

«Fuera del espacio y del tiempo – cuenta Juan José Arreola en sus «Mujeres, animales y fantasías mecánicas« (Tusquets) – los ciervos discurren con veloz lentitud y nadie sabe dónde se ubican mejor, si en la inmovilidad o en el movimiento que ellos combinan de tal modo que nos vemos obligados a situarlos en lo eterno.

Inertes o dinámicos, modifican continuamente el ámbito natural y perfeccionan nuestras ideas acerca del tiempo, el espacio y la traslación de los móviles. Hechos a propósito para solventar la antigua paradoja, son a un tiempo Aquiles y la tortuga, el arco y la flecha: corren sin alcanzarse ; se paran y algo queda siempre fuera de ellos galopando.

El ciervo, que no puede estarse quieto. avanza como una aparición, ya sea entre los árboles reales o desde un bosque de leyenda: Venado de San Huberto que lleva una cruz entre los cuernos o cierva que amamanta a Genoveva de Bramante. Donde quiera que se encuentren, el macho y la hembra componen la misma pareja fabulosa.

Pieza venatoria por excelencia, todos tenemos la intención de cobrarla, aunque sea con la mirada, Y si Juan de Yepes nos dice que fue tan alto, tan alto que le dio a la caza alcance, no se está refiriendo a la paloma terrenal sino al ciervo profundo, inalcanzable y volador».

Sobre San Huberto  y sus ciervos habla en sus «Animales célebres» Michel Pastoureau, al que ya me referí en Mi Siglo. Trepan los ciervos empinadas cuestas de  palabras hasta las cimas de las vidrieras y desde allí nos miran retadores, alados, contemplando a quienes les contemplan; permanecen en pie sobre las fachadas, coronan las puertas, dominan los valles. Nosotros intentamos pasar la mano sobre su mansedumbre y acariciamos la velocidad de su lentitud.

(Imágenes:- 1.- Susan C Waters.-1880-1889/ 2.-dibujos 101.com/ 3.- alto relieve del milagro de San Huberto en el castillo de Amboise-.Francia.-wikipedia/4.-ciervos.-digireflex. net)