LLAMAS EN EL CIELO

 

“A veces se ven llamas en el cielo, bien estacionarias, bien en movimiento — escribía Séneca  en su retiro romano en el año  63 o 64 —. Son de diversas formas, algunas como una corona luminosa en cuyo interior  falta el fuego celeste, formando como la entrada a una caverna; otras como una gran cuba luminosa que se mueve de un punto a otro o permanece inmóvil. Otras, incluso, como golfos que parecen emitir llamas escondidas antes en su profundidad. Estos fuegos son de distintos colores: unos de un rojo vívido, otros se asemejan a una débil llama, otros son blancos, otros titilan, otros son de un amarillo uniforme.

Los historiadores recuerdan, con frecuencia, estos fenómenos; en ocasiones estos fuegos son tan altos como para brillar entre las estrellas, a veces tan bajos que parecen el reflejo de un incendio lejano. Así sucedió bajo el reinado de Tiberio, cuando las cohortes acudieron a la colonia de Ostia creyendo que había un incendio. Durante la mayor parte de la noche el cielo permaneció iluminado por una débil luz parecida a un denso humo.”

Así miraba el cielo el ojo de un filósofo. Quince siglos después, los ojos de Leonardo da Vinci observaban las manchas de una pared  y en sus “Cuadernos de notas” apuntaba: “ allí podremos ver incluso batallas y figuras en acción, caras extrañas e infinidad de cosas a las que se puede dar forma. Todo esto aparece en las paredes de un modo confuso, como el sonido de las campanas en cuyo tañido podemos imaginar cualquier nombre o palabra que se nos antoje.”

Tantas veces el ojo humano hace  visible lo invisible.

 

 

(Imágenes : —1- ptxabay/ 2-mfotocomunty)

RIESGOS DE LA OCIOSIDAD

 

 

“Vemos que las tierras ociosas – dice Montaigne – , si son ricas y fértiles, rebosan de cien mil clases de hierbas salvajes e inútiles, y que, para mantenerlas a raya, es preciso someterlas y dedicarlas a determinadas semillas para nuestro servicio. Lo mismo ocurre con los espíritus. Si no los ocupamos en un asunto determinado que los refrene y obligue, se lanzan en desorden, a diestro y siniestro, por el vago campo de las imaginaciones.

Y no hay locura ni desvarío que no produzcan en tal agitación, “como sueños de un enfermo, se forjan vanas imágenes”, y así lo recordó  Séneca. El alma que no tiene un objetivo establecido, se pierde. Porque, como suele decirse, estar en todas partes es no estar en lugar alguno.

 

 

Recientemente me retiré a mi casa, decidido a no hacer otra cosa, en la medida de mis fuerzas, que pasar descansando y apartado la poca vida que me resta. Se me antojaba que no podía hacerle mayor favor a mi espíritu que dejarlo conversar en completa ociosidad consigo mismo, y detenerse y fijarse en sí. Esperaba que, a partir de entonces, podría lograrlo con más facilidad, pues con el tiempo se habría vuelto más grave y más maduro. Pero veo, que, al contrario, como un caballo desbocado, se lanza con cien veces más fuerza a la carrera por sí mismo de lo que lo hacía por otros. Y me alumbra tantas quimeras y monstruos fantásticos, encabalgados los unos sobre los otros, sin orden ni propósito,  que, para contemplar a mis anchas su insensatez y extrañeza, he empezado a registrarlos, esperando causarle con el tiempo vergüenza a sí mismo.”

 

 

(Imágenes- 1- Eyvind Earle / 2 y 3- Atkinson Grimshaw)

UNA CONFESIÓN PERSONAL

 

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«Me ruegas que te cuente una de mis jornadas y en todo su desarrollo. – escribe Séneca en sus «Cartas a Lucilio» -Juzgas bien de mí al pensar que en ellas nada tengo que ocultar. Ciertamente, hemos de vivir como si nos hallásemos en público, meditar como si alguien pudiese escudriñar en lo profundo de muestro corazón, y de hecho puede hacerlo- Pero, ¿de qué aprovecha que algo permanezca escondido ante los hombres? Nada está oculto a Dios; está presente en nuestras almas, Él interviene en lo íntimo de nuestros pensamientos: digo que interviene como si alguna veces se alejara.

Así, pues, satisfaré tu petición, y gustoso te hablaré de mi actividad y del orden con que procedo. Sin más, pondré la atención en mí y, cosa muy provechosa, revisaré mi jornada. Nos vuelve muy defectuosos el hecho de que nadie toma en consideración su vida; discurrimos sobre lo que hemos de hacer, y esto raras veces, pero no consideramos lo que hemos hecho; ahora bien, la previsión del futuro depende del pasado.

La de hoy es una jornada plena, nadie me ha sustraído parte alguna de ella; la he repartido entre el lecho y la lectura; una parte mínima la he destinado al ejercicio corporal, y por este motivo doy gracias a la vejez: no me exige un coste elevado. Apenas me muevo, me encuentro cansado; mas la fatiga es el término del ejercicio, aun para los más vigorosos».

 

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(Imágenes-1- Bronzino– 1530/ 2.-Séneca- busto de Séneca- museo del Prado)

 

 

LA INMENSA BIBLIOTECA UNIVERSAL

 

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» ¿Qué pasará con los libros? En varios docenas de anónimos edificios de oficinas esparcidos por todo el mundo, miles de trabajadores a destajo están inclinados sobre un escáner y apoyan libros polvorientos en maquinarias de alta tecnología. Están componiendo la biblioteca universal, página a página. El sueño es antiguo: concentrar todo el conocimiento, el viejo y el nuevo, en un solo lugar».

Estas palabras de Kevin Kelly en el New York Times Magazine conmovieron al ensayista y editor italiano Roberto Calasso cuando escribía su obra «La marca del editor« (Anagrama). Pero además Kelly proseguía: «La humanidad habría «publicado», a partir de las tablillas sumerias, no menos de treinta y dos millones de libros. Esta sería la base de la» biblioteca universal». Pero, ¿por qué detenerse aquí? La biblioteca universal debería incluir una copia de cualquier cuadro, fotografía, película o composición musical producidos por todos los artistas del presente y del pasado.

 

bibliotecas.-4eddv.-Biblioteca del Palacio de Invierno.-por Edward Petrovich Gau

 

También debería incluir todas las transmisiones radiofónicas y televisivas. También la publicidad. ¿Y cómo olvidar la Red?  La gran biblioteca obviamente debe tener una copia de los cientos de millones de páginas web muertas, que ya no están online, y de las decenas de millones de post en los blogs que ahora se han perdido: la efímera literatura de nuestro tiempo».

Calasso anota ante todo esto: «se trata acaso de la vida rodeada por una vida en la que nada se pierde y todo está condenado a subsistir, siempre disponible y sofocante. En este cuadro, los libros parecen una remota provincia o un reino de opereta. ¿ Qué cuentan treinta y dos millones de libros frente a los miles de millones de «páginas web muertas», en crecimiento exponencial? Son estos los

 

Bibliotecas.-1.-Biblioteca Mazarino.-París.-Candida Höfer.-artet

 

verdaderos muertos vivientes que nos rodean. Mientras leía a Kelly, pensaba: ¿hay alguien que haya ido más allá? Sí, lo hay: Joe Gould, el magnífico excéntrico de Nueva York narrado por Joseph Mitchell, el hombre que se pasó la vida aparentando que escribía la «historia oral», esa historia ignota que comprende cada una de las palabras dichas en conversaciones de bar ( de todos los bares) o en un vagón de metro ( de todos los metros) o en cualquier otro lugar. Respecto del plan de Joe Gould, incluso el de Google resulta provinciano y modesto; y Kevin Kelly, en su entusiasmo, revela la torpeza del principiante».

 

libros-hhnn- Michael Craig-Martin- mil novcientos setenta y cuatro

 

«Los demasiados libros» tituló una de sus obras Gabriel Zaid. Habría que añadir, «demasiadas palabras» en el mundo. El gran  río de lo que hablamos, vemos, escribimos y leemos continuamente. «¿A qué fin los libros innumerables y las bibliotecas cuyo dueño en toda su vida apenas se ha leído los índices?», se preguntaba Séneca. 

(Imágenes.-1.- Stanley Kubrick- 1948/ 2.-Edward Petrovich- librería del Palacio de Invierno/ 3.-Candida Höfer- artet- librería Mazarino/ 4.-Micael Craig- 1974)

JUEGOS Y FILÓSOFOS : OLIMPIADAS 2012 (3)

«Pienso para mis adentros – escribe Séneca -cuántos hombres ejercitan los cuerpos y cuán pocos su carácter, cuánta concurrencia hay en un espectáculo pasajero y vano y cuanto abandono en los estudios nobles. (…) Particularmente revuelvo en mi mente esta idea: si el cuerpo mediante el ejercicio puede conseguir tal endurecimiento que le permite encajar a la vez puñetazos y puntapiés de muchos contrincantes, que permite a un hombre pasar la jornada aguantando un sol abrasador en medio de la ardentísima arena, impregnándose de su propia sangre; cuanto más fácilmente podría robustecerse el alma para encajar invicta los golpes de la fortuna y, hasta derribada en el suelo y pisoteada, poderse levantar. El cuerpo, en verdad, necesita de múltiples recursos para estar vigoroso; el alma se desarrolla, se nutre, se ejercita por sus propios medios. Estos luchadores precisan abundante comida, abundante bebida, abundante óleo, en fin, prolongado esfuerzo; tú alcanzarás la virtud sin  preparativos, sin gastos. Todo cuanto puede hacerte bueno lo tienes en ti mismo».

«¡Cuántos golpes reciben los atletas en el rostro, cuántos en todo el cuerpo! – sigue diciendo Séneca  -. Pero soportan toda clase de tormentos por el afán de la gloria; ni los sufren tan sólo porque combaten, sino en orden a combatir: su misma preparación es un tormento. También nosotros superemos todo obstáculo; la recompensa que nos aguarda no es la corona, ni la palma, ni el tañido del heraldo que impone silencio antes de proclamar nuestro nombre; sino la virtud, la fuerza del alma y la paz conseguida para el futuro, si de una vez, en algún combate, hemos derrotado a la fortuna».

(Imágenes:- 1.-Ryan Lochte celebrando su triunfo.-28 de julio 2012 -Emmanuel Dunand.-AFP/ 2.-Félix Elie Tobeen.-el nadador)

DELICADOS EQUILIBRIOS DE AMISTAD

gentes.-885Y.-por Yong Sin.-2009.- AndrewShire Gallery.-Los Angeles.-USA.-artnet

Leo en el avance de prensa sobre el libro de Milan Kundera «Un encuentro» (Tusquets) que el autor de «La lentitud» recuerda cómo «la fidelidad a un amigo es una virtud, tal vez la única, la última» y traigo aquí algo de lo que escribí no hace mucho en una Revista sobre los límites de la amistad.

«¿Hasta dónde pueden llegar – dije yo entonces – los límites de la amistad? ¿Es que la amistad tiene algún límite? Edward Albee, el célebre dramaturgo norteamericano, escribió “Delicado equilibrio“, obra tensa y turbulenta que obtendría el Premio Pulitzer, se estrenaría en 1966 en Nueva York y sería luego  llevada a la pantalla en 1973 por Tony Richardson y protagonizada por Katharina Hepburn en el papel de Agnes, Paul  Scofield en el de Tobías, Joseph  Cotten en el de Harry y Betsy  Blair en el de Edna.

La casa de Tobías y de Agnes, en donde el delicado equilibrio del matrimonio se hace ya patente desde la primera escena, es “invadida” por una pareja amiga, la de Edna y Harry, que llegan aturdidos y aterrorizados por algo que les ha ocurrido fuera. Vienen en busca del refugio de los amigos, pero no aspiran a quedarse por un tiempo determinado sino que desean  ”instalarse” allí para siempre y encontrar permanente cobijo.

-Si el terror viene…desciende… -dice Edna pidiendo amparo a sus amigos- si de pronto…necesitamos…vamos adonde se nos espera, adonde sabemos que se nos quiere, no sólo adonde queremos; venimos adonde la mesa ha sido tendida para nosotros en esa oportunidad…adonde la cama está preparada…y calentada…y está lista por si la precisamos. No somos…transeúntes…

En el tercer acto, Tobías, en una confesión  en la que vuelca cuantas contradicciones  lleva dentro, exclamará:

-¿La amistad no llega a eso? ¿Al amor? ¿Cuarenta años no cuentan para nada? Hemos hecho lo nuestro juntos, viejo – le dirá a Harry -, somos amigos, hemos pasado buenas y malas juntos. ¿Cómo es ahora, viejo? (Grito) ¿CÓMO ES AHORA MUCHACHO? ¡¿BUENA?! ¡¿MALA?! ¡BUENO, SEA LO QUE FUERA LO HEMOS PASADO, VIEJO! (Suave) Y no tienes que preguntar. Te aprecio, Harry, sí, de verdad, no me gusta Edna, pero eso no cuenta para nada, te aprecio mucho; pero encuentro que mi aprecio tiene sus límites…¡PERO ESOS SON MIS LÍMITES! ¡NO LOS TUYOS! (…) ¡VAS A TRAER TU TERROR Y VAS A ENTRAR AQUÍ Y VAS A VIVIR CON NOSOTROS! ¡VAS A TRAER TU PESTE! ¡TE VAS A QUEDAR CON NOSOTROS! ¡NO TE QUIERO AQUÍ! ¡NO LOS QUIERO! ¡PERO POR DIOS…SE QUEDARÁN!

Esta enorme virulencia y  turbulencia de las palabras de Tobías que quiere y no quiere a la vez aceptar  a sus amigos, aceptarlos para que vivan para siempre en su casa, desencadena las contradicciones de un corazón dividido, corazón que sufría ya un “delicado equilibrio”  amenazando  su vida matrimonial.

gentes.-OIU.-por William T. Wiley.-1988.-artnet

No es el caso aquí de desvelar el desenlace de este intenso drama de Albee que presenta numerosas capas de interpretación social, psicológica y literaria. Esa “peste” de la que habla Tobías y que, según él, trae Harry desde fuera, es una  referencia e influencia indudable de Camus sobre Albee, ya que el autor norteamericano admiraba mucho al francés. ¿Pero qué haría cualquiera de nosotros en una situación así? ¿Aceptaría que un amigo angustiado se quedara a compartir para siempre y en nuestra propia casa nuestra vida? ¿Tiene un límite la  amistad? ¿O las fronteras de la amistad desaparecen puesto que si nos fijáramos en ellas no existiría verdadera amistad? El tema de la amistad  ha recorrido épocas e historia de la vida pública y  privada durante siglos. “Sin amigos – dejó dicho Aristóteles- nadie querría vivir, aunque tuviese todos los bienes”.  A veces la amistad se ha cristalizado incluso en objetos de recuerdo. Petrarca, que sentía un hondo afecto por San Agustín, había tomado la costumbre de anotar en un cuadernillo especial el diálogo que siempre mantenía con su amigo muerto hacía casi mil años. Guardaba celosamente para sí ese cuadernillo que era un objeto-reliquia en su vida íntima: había creado un verdadero discurso amistoso con una persona de otro tiempo. Más adelante, en 1441 y en Florencia, el certamen de la  Academia de aquella ciudad se centró en la amistad como asunto y se propuso tratar en lengua vulgar un tema institucional del mundo clásico.

Pero no solamente la distancia de siglos en la evocación personal sino el amplio espacio de amistad cuyo arco unen los libros ha servido en la Historia para acercar en confidencia a escritores y lectores e irlos haciendo cada vez más amigos. “Sin duda la amistad, la amistad que se refiere a los individuos – escribirá  Proust  -, es cosa frívola, y la lectura es una amistad. Pero al menos es una amistad sincera, y el hecho de que se dirija a un muerto, a un ausente, le da un algo de desinteresado, casi de emocionante. Es además una amistad exenta de todo lo que constituye la fealdad de las otras. Como nosotros, los vivientes, no somos todos más que unos muertos que no han entrado todavía en funciones, todas esas finezas, todos esos saludos en el vestíbulo que llamamos deferencia, gratitud, afecto, y en lo que tanta mentira ponemos, son estériles y fatigosos. (…) En la lectura, la amistad torna súbitamente a su pureza primigenia. Con los libros, nada de amabilidad. Estos amigos, si pasamos la velada con ellos, es verdaderamente porque tenemos gana de pasarla”.

gentes CCC.-trandformación.-1991.-foto Benny Andrews.-artnet

 

El argentino Ricardo Sáenz Hayes, miembro de la Academia de Letras, cronista y viajero, publicó un interesante volumen, De la amistad en la vida y en los libros“ (Austral),  en el que reúne a Tácito y a  Plinio, a Teresa de Jesús y a Juan de la Cruz, a Montaigne y a  La Boétie, a Cervantes y a Lope, a Boswell y a Johnson, a Goethe y a Schiller, a Carlyle y a Emerson. Célebres amistades fueron las de Brahms con el cirujano Billroth y es muy emocionante la correspondencia entre Henry James y Stevenson que contiene cartas extraordinarias entre los dos amigos. Célebre también, ya en España, es la amistad de Garcilaso con Boscán, cuando Garcilaso va escribiendo y describiendo la meditación del viajero sobre la amistad:

 

               Iba pensando y discurriendo un día

               a  cuantos bienes alargó la mano

               el  que de la amistad mostró el camino,

               y  luego vos, del amistad ejemplo…

 

Garcilaso va “discurriendo” así, sobre la marcha, la meditación sobre la amistad y la canaliza  poéticamente en una epístola.

  ”Si tienes un amigo en quien no confíes tanto como en ti mismo -había dicho ya  Séneca al principio -, o te engañas profundamente, o no conoces la fuerza de la verdadera amistad. Examina todas las cosas con tu amigo, pero ante todo examínale a él. Después de la amistad, todo se debe creer; antes, todo debe deliberarse. Medita largamente si debes recibir en amistad a alguno, y cuando hayas resuelto hacerlo, recíbele con el corazón abierto, y háblale con tanta confianza como a ti mismo”. Siglos después, con motivo de los indicios de privatización de la sociedad desde el  XVl al XVlll,  se descubre el gusto por la soledad y por la amistad, aunque ya no será  esa amistad aquella fraternidad que respondía a la camaradería militar de la Edad Media, sino la gran amistad que se encuentra  en Shakespeare o en Miguel Ángel.  

En España, en nuestro tiempo y ciñéndonos tan sólo a la poesía – además de la rica  Correspondencia entre Pedro SalinasJorge Guillén que revela toda la amistad entre ambos -, Elena,  la hija de Gerardo Diego, hizo públicos hace pocos años los testimonios de amistad que unieron al Grupo del 27. Gerardo Diego no quiso denominar  ”Generación” sino “Grupo” a esos poetas  y comenta  el autor santanderino  ”la traición, enemistad y prisa centrífuga” que, según él, caracterizó “a los del 98″ y que se repitió “con los diez años más jóvenes, los de la promoción siguiente”. Ante esto, Diego defendió siempre la amistad de los del 27. “Cada uno siguió su camino vital- dijo-. Todos vivimos y sufrimos la opresión del ambiente súbitamente afiebrado a partir de 1929 y la guerra nos separó a la fuerza. Pero la amistad no se rompió. En cuanto fue posible volvimos a comunicar por escrito o en persona”.

La separación física entre poetas – quienes permanecieron en España y quienes salieron del país – hacía vibrar el vínculo de la amistad entre todos, y  Gerardo Diego recuerda todo eso diciendo que “padecían la hondísima pena de no poder moralmente volver según su corazón o su criterio”.

 

 

 gentes.-KYOT.-por Alberto Sughi.-1965,.artnet

 

El primero en desaparecer fue Federico García Lorca. El segundo, Pedro Salinas. Su viuda escribió a Gerardo Diego: “Qué buen amigo es usted de sus amigos. Cómo le agradezco que me recuerde usted a Pedro en sus mejores cualidades espirituales”. El grupo, bien compacto, pudo verse en varias ocasiones. En 1950, Manuel Altolaguirre escribe a Diego: “Estamos en casa reunidos cotidianamente Moreno Villa, Luis Cernuda, Emilio Prados y yo y ahora esperamos venga a estar con nosotros Jorge Guillén que dará un curso en el Colegio de México”. Cuando muere Altolaguirre en 1959, las cartas que se cruzan Aleixandre, Gerardo Diego, Cernuda y Emilio Prados testimonian una vez más lo fuerte de una amistad. “¡Qué ejemplo de fidelidades a prueba de todo entre los miembros de este “grupo” – glosa  la hija de GerardoEs tan honda la compenetración entre ellos, su amistad, que se puede llegar a confundir a uno con otro como hizo un periodista!».

De todo esto hablé – aunque más extensamente – en el artículo escrito para Alenarterevista. Delicado equilibro es siempre el de la amistad.  Confidencia y  respeto caminando juntos. Tener un verdadero amigo es  casi un milagro y cultivar esa amistad es una extraordinaria tarea.

(Imágenes: 1.-Yong Sin.-2009.-AndrewShire Gallery.-Los Angeles.-artnet/ 2.-Villiam T. Wiley.-1988.-artnet/ 3.-Benny Andrews.-1991.-artnet/4.- Alberto Sughi.-1965.-artnet)