CANTO DEL RUISEÑOR

 

 

“A quien más tardé en comprender. – escribía  el húngaro Béla Hamvas en “La melancolía de las obras tardías” – fue al ruiseñor. Los pájaros sólo se entienden metafísicamente, es decir, más allá del hombre. Desde donde los comprendieron Orfeo y San Francisco. Para entender al ruiseñor es preciso dar un pasito más. Los poemas de Wordsworth, de Shelley o de Keats dedicados al ruiseñor no acaban de responder a la realidad. Quien no conoce la paz no puede comprender al ruiseñor. Por eso, a un joven no le queda más que admirarlo. Sólo cuando se han apagado las pasiones  y han pasado por completo los años de las alegrías y los sufrimientos, sólo cuando uno no quiere ya nada de sí mismo ni  para sí mismo y apoya apaciguado la cabeza en la mano de Dios, sólo  cuando en el hombre se despierta la nostalgia por regresar definitivamente al mundo carente del yo, sólo entonces escucha qué canta el ruiseñor y por qué.

Su canto no contiene ni dolor ni sufrimiento, ni fuerza heroica ni risa ni triunfo. Nada de eso. Cuando el hombre ha superado la vida y ya no quiere nada, lo único que lo ocupa es esperar a que lo llamen y rezar. Ese rezo tranquilo, quieto y apaciguado de la espera es el canto del ruiseñor, esa melodía  de la espera cristalina de la muerte y del más allá, despedida de la hermosa tierra, del dulce arrobo de la vida, al cielo que lo deje entrar.”

(Imagen- ruiseñor )

GIOTTO Y FRANCISCO

“Giotto fue uno de los más grandes maestros del trazo – recuerda Roger Fry en su “Giotto” ( Casimiro) – y leyendo este pequeño libro recuerdo siempre mi visita a Asís a mitad de los años sesenta, una tarde de noviembre, mi entrada en la Porciúncula, el sepulcro de San Francisco. En uno de los corredores y en un ángulo, aparecía una estatua de Francisco con su mano como nido de palomas: tres paloma blancas y palpitantes; y frente a la estatua, a la derecha, un árbol y un pequeño jardín: los restos del bosque antiguo.

Kennetht Clark – el gran historiador y crítico inglés del que he hablado varias veces en Mi Siglo – al comentar “El prendimiento” se pregunta si ha existido una mayor secuencia de momentos dramáticos como éste. “Es una composición magistral. Todo en el cuadro nos guía la mirada hacia las cabezas de Cristo y de Judas; los palos y las antorchas, los ropajes y desde luego, las figuras. Y cuando nos concentramos en las dos cabezas, todas las demás imágenes se olvidan y sólo pensamos en esta inolvidable confrontación. Judas, como un animal, medio consciente de la horrorosa tarea que ha recaído en él, y Cristo que acepta sobriamente esta traición como una parte de su destino“.

Y cuando Clark aborda “La deposición“, se refiere a ella como una de las supremas composiciones del arte y el origen de todos los intentos de interrelacionar figuras de tal forma que puedan transformarse en una pieza escultórica.“Quienes piden al arte un orden plástico y lo que suele llamarse una forma significativa, no necesitan mirar mucho. Pero sin la menor duda mirarán, pues todas las manos y todos los gestos conducen a la cabeza de la Virgen que escruta a su hijo muerto con una intensidad que nos hace profundamente humildes”.

En su ensayo- pregunta “¿Es la obra maestra un valor seguro?” Noeil MacGregor recoge aquella historia que alude a la vida de Giotto: el Papa quería saber si Giotto era o no un gran pintor, y éste por toda respuesta dibujó un círculo perfecto. Berenson, por su parte, como excelente historiador, resumía su opinión a los noventa y tres años: Giotto era un genio, si lo ha habido alguna vez… Como figura central de la historia del arte, Giotto sigue siendo un problema. Me siento desconcertado, humillado y dispuesto a decirme a mí mismo; complácete en Giotto, y deja los problemas a los demás”.

“Podemos decir – nos sigue recordando Roger Fry – que Giotto es el fenómeno más prodigioso que la historia del arte ha conocido. Supo adivinar por intuición casi todos los principios de la representación en perspectiva, que sólo tras dos siglos de afanosa investigación se lograría fijar científicamente: haber conseguido todo eso consituye, sin lugar a dudas, el logro más impresionante alcanzado por un artista. Coetáneo de Dante, compartió ese mismo privilegio de entender la vida como un todo único, armonioso y sistemático”.

Me quedo en Asís, mirando esta estatua de Francisco. Tres palomas blancas y palpitantes se cobijan en el nido que guarda la mano del Santo.

(Imágenes:- 1.-Giotto.-La expulsión de los diablos de Arezzo.-Asís.-Iglesia Superior de San Francisco/2.- Giotto.- El Prendimiento/ 3.-Giotto.-El llanto ante Cristo muerto/4.-Giotto.-capilla de Scrovegni/ 5.-Giotto.-La prédica a los pájaros.-Asís.-Iglesia Superior de San Francisco)