ADIÓS MI RUISEÑOR

 

 

“Construí mi casa junto al bosque

para oírte cantar

y estuvo bien, fue dulce

el amor acababa de empezar.

Adiós mi ruiseñor

te encontré hace tiempo

pero ahora fallan todas tus bellas canciones

El bosque te rodea

El sol desciende tras un velo

Ahora es cuando me llamarías

descansa en paz mi ruiseñor

bajo tu rama de acebo.

Adiós mi ruiseñor

sólo vivía para estar junto a ti

por más que sigas cantando en algún lugar

ya no puedo oírte.”

Leonard Cohen – “Ruiseñor”

(Imagen – flirckr1)

CANTO DEL RUISEÑOR

 

 

“A quien más tardé en comprender. – escribía  el húngaro Béla Hamvas en “La melancolía de las obras tardías” – fue al ruiseñor. Los pájaros sólo se entienden metafísicamente, es decir, más allá del hombre. Desde donde los comprendieron Orfeo y San Francisco. Para entender al ruiseñor es preciso dar un pasito más. Los poemas de Wordsworth, de Shelley o de Keats dedicados al ruiseñor no acaban de responder a la realidad. Quien no conoce la paz no puede comprender al ruiseñor. Por eso, a un joven no le queda más que admirarlo. Sólo cuando se han apagado las pasiones  y han pasado por completo los años de las alegrías y los sufrimientos, sólo cuando uno no quiere ya nada de sí mismo ni  para sí mismo y apoya apaciguado la cabeza en la mano de Dios, sólo  cuando en el hombre se despierta la nostalgia por regresar definitivamente al mundo carente del yo, sólo entonces escucha qué canta el ruiseñor y por qué.

Su canto no contiene ni dolor ni sufrimiento, ni fuerza heroica ni risa ni triunfo. Nada de eso. Cuando el hombre ha superado la vida y ya no quiere nada, lo único que lo ocupa es esperar a que lo llamen y rezar. Ese rezo tranquilo, quieto y apaciguado de la espera es el canto del ruiseñor, esa melodía  de la espera cristalina de la muerte y del más allá, despedida de la hermosa tierra, del dulce arrobo de la vida, al cielo que lo deje entrar.”

(Imagen- ruiseñor )

COMO EL RUISEÑOR, ALLÁ EN LO ALTO

 

 

“Como el ruiseñor, allá en lo alto

de su impenetrable  y húmeda fronda

canta sólo para su amor, ciego a que la Noche

apartando su obscuro velo,  agazapada escúchalo,

así el amor, aunque sólo de él veamos

su espejismo de apasionados alientos,

nos da con creces cuanto habíamos soñado”.

John Keats. – “Endymion” (traducción de José María Alvárez) – “Ruiseñores de Inglaterra”

(Imagen – Donald Sultan – 1997- arnet)