CORPUS BARGA

 


“El rasgo más curioso de Corpus Barga – así lo definiría el político Mariano Ansó – fue su independencia de toda clase de poderes, incluso en los días propicios de la República. Otra característica de su robusta personalidad fue su elegancia espiritual, e incluso física, en medio de las situaciones más extremas. Hubo siempre en su porte algo de aristocrático, heredado sin duda de sus mayores y del medio social en que se desenvolvió su infancia (…) Jamás que yo sepa aspiró a un cargo público ni a una prebenda. Corpus Barga (seudónimo de Andrés García de la Barga) (Madrid, 1887- Lima, 1975), – que prestó un decidido apoyo a la República -, fue un gran periodista, abierto a toda clase de géneros, corresponsal, viajero, articulista, entrevistador y gran memorialista en “Los pasos contados.”

En la conferencia que Corpus pronunció en 1967 titulada Mis años de periodista: una autobiografía comprendida entre los años más cruciales del siglo (1914- 1945), evocó el primer periódico que dirigió en Madrid, Menipo, e hizo referencia a sus entrevistas a grandes personajes históricos (Mussolini, Bergson, Rodin, etc)  a las que habría que añadir el histórico reportaje del entierro de Proust, las entrevistas con Hitler, Churchill,  Lenin,  Hindenburg o las conversaciones que mantuvo con Pio Xl.  Marinetti o Pirandello. Hizo el viaje París-Madrid en avión en 1919, y en el 30 fue pasajero del Gran Zeppelin por el Atlántico Sur. Juan Ramón Jiménez, en “Españoles de tres mundos”, habla de Corpus como el hombre directo, con la distancia menor y rápida. Su escritura tiene el vuelo de rectas y ángulos de una libélula. Parece que escribe con sarmientos, con yerbas, con agua, con carbón, con hormigas, con escoria, con rocío.

 

Numerosísimos son sus trabajos en prensa: en El País, La Correspondencia de España, El Sol. España, Nuevo Mundo, Revista de Occidente, La Gaceta Literaria, más tarde Diario de Madrid, Cruz y Raya, dirige el semanario Diablo Mundo, del que sólo salieron nueve números, colabora más adelante en publicaciones fundadas por exiliados – Romance, Cabalgata, Realidad -; en sus años de América (llega a Lima en 1948) escribe en El Nacional de Caracas, El Comercio, Expreso, Visión del Perú y Mar del Sur. Luego su pluma aparecerá en Ínsula y en Papeles de Son Armadans.

Experiencias muy relevantes rodean a este excelente escritor y periodista; en París – desde 1912 a 1930 – trata a Pedro Salinas, Maiakovski, Kerenski, Trotski, Diego Rivera, Léon Bonnat, Madariaga y Picasso, y será acompañante y anfitrión de Baroja, Rivas Cherif, Azaña, Unamuno, Blasco Ibañez y Gutiérrez Solana entre otros muchos. Ayudará a cruzar la frontera a Antonio Machado en 1939. Una vida llena de incidentes y plena. “He cultivado el género literario tan español del artículo de periódico- – dirá Corpus en Papeles de Son Armadans en 1977 – Pero ni éste lo he cultivado según las reglas. He escrito mis artículos, por ejemplo a veces con preocupaciones mallarmeanas, que nadie podía descubrir, ni tenía sentido que fueran descubiertas. Cuántos artículos míos hay con todos los párrafos de la misma longitud, es decir, las pausas musicales. Durante mucho tiempo no hice más que artículos cortos con asuntos largos. Mis preocupaciones eran matemáticas y no políticas.”

 

En 1973, en conversación con José Miguel Oviedo que publicó “Triunfo”, Corpus Barga quiso hablar de la literatura memorialista a la que tantas páginas dedicó en Los pasos contados: Las memorias y las novelas – confesó – son lo mismo, tienen las mismas fuentes de información. Un novelista y un memorialista sólo se diferencian en que el memorialista es el protagonista de su obra, mientras que el novelista es, a veces, uno de los personajes de la novela. (… ) Toda literatura es coloquio. El novelista soliloquea con el lector, el memorialista soliloquea con el lector y con los personajes de las memorias, hace su obra leyendo lo escrito por él mismo, de modo que hace simultáneamente una novela con el mismo texto, interpretándolo de otro modo. Y en otra entrevista, en Ínsula, quiso comentar que puso el título Los pasos contados porque quería evitar la biografía y contar lo que sucedía a todo lo que estaba relacionado conmigo en mis pasos por este mundo. Enseguida comprobé que el recuerdo se hace con ingredientes que le impiden ser verdadero. Cuando se vuelve a un lugar de donde ha estado uno ausente durante mucho tiempo, todo suele parecer más pequeño que aquello que se recordaba. El recuerdo no es de fiar. Para fijarlo pensé en no seguir la línea cronológica sino agrupar lo recordado en torno a una persona o a un acto. Si no podía fiarme en el recuerdo, me pareció que en lo que podía fiarme era en el modo como se producía en mí el recuerdo, complicado con pensares, ideas, sensaciones y encerezado con otros, en su cristalización, en su estratificación.”

 

(Imágenes— 1-Horacio Coppola/ 2-Bernard Lamote1940/3- Gerhard Ullmann/4- Pamela J Crook)

EN LOS MÁRGENES

 

 

“En los márgenes de los libros yo he escrito mucho durante años. Quizá treinta, cuarenta años. Sigo haciéndolo. Ha cambiado mi letra pero no mi curiosidad. Cuando abro de nuevo el “Rilke” de Angelloz , por ejemplo,  leo mi letra en los márgenes y me lleva a mañanas solitarias — las seis, las siete de la mañana, antes de irme a la Universidad —en donde Rilke me hablaba y me habla, hablaba también Rodin con sus consejos: trabajo y paciencia. La paciencia me ha acompañado a esas horas, me ha acompañado siempre, hemos ido la paciencia y yo buscando un banco ante el mar, en el campo, la paciencia se ha sentado conmigo y me ha abierto la página del trabajo, el dedo de la paciencia me ha  ido indicando la cita de Rodin, la de Rilke la de Proust, la de Tolstoi, la de Woolf, me ha ido indicando qué debía anotar,  corregir, analizar, cómo no tenía que  correr,  cuánto había que esperar, apuntar  las sorpresas, dejar testimonio manual de  aquello que me estaba formando, el libro de los márgenes, el libro de mi letra personal, subrayados, flechas, pensamientos,  regalos asombrosos de autores, ocupaciones,  ideas, obsesiones, inquietudes.

Uno  quizá debía  de publicar los márgenes de lo que escribió en su día durante años mientras iba leyendo. Es un río de pensamientos. Viene la paciencia y el trabajo a lo largo del río y me entrega años de lectura y de  silencio.

José Julio Perlado

(Imagen- Diario de Katerine Mansfield – 6 septiembre 1911)

RILKE Y RODIN

“Se percibe lo que inspiró a  Rodin al modelar esta cabeza, la cabeza de un hombre envejecido y feo, cuya nariz quebrada contribuía a intensificar aún más la torturada expresión del rostro (…) – dijo Rilke en una conferencia sobre el escultor escrita en 1903 -: no hay en esa cabeza una línea, un contorno, una intersección, que Rodin no haya previsto y querido. Uno cree sentir, cómo algunos de estos surcos aparecieron antes y otros después; cómo entre esta y aquella grieta que recorre los rasgos, yacen años, años de miedo; uno sabe que de las marcas de ese rostro, algunas fueron grabadas lentamente, como dudando; otras, dibujadas primero con suavidad, e intensificadas por una costumbre o un pensamiento que siempre volvía. Y se reconocen esas profundas mellas que tenían que haber surgido en una noche, como cavadas por el pico de un pájaro en la frente despierta de un insomne”.

Se publica ahora esta conferencia, acompañada de la que pronunciara en 1907, también sobre el escultor, en Auguste Rodinde Rainer María Rilke (Montesur). “Estoy en París… – le escribe Rilke a su mujer en agosto de 1902 – Soy una sola Espera”. Dos meses antes Rilke anuncia a Rodin que desea consagrarle una monografía. Para el poeta es “una vocación interior, una fiesta, una alegría, un grande y noble saber“. Con una asignación de 200 francos al mes, Rilke  vive como secretario particular del escultor desde septiembre de 1905 a mayo de de 1906. ¿Qué aprende de él? Entre otras cosas, algo fundamental: trabajo y paciencia: “vivir, tener paciencia, trabajar”, dice Rilke en una carta. Describe la mirada de Rodin, cuando éste trabaja, como si atravesara el aire como un hilo; es capaz de una inmovilidad de piedra cuando sus ojos se detienen en las cosas; sus manos dice- están hechas para tomar con fuerza, para hacer gestos que creen cosas y les den su forma; entraba en su taller con una regularidad invariable y, durante años, no se acostó sin antes haber realizado lo que había imaginado durante la jornada; nunca dejó de rehacer sus obras y, a veces, como en el caso de La Puerta del Infierno, las destruía para rehacerlas de manera más conforme con su visión; en los conciertos, Rodin – cuenta Rilke – se mantiene sentado “con el busto erguido, algo inclinado hacia adelante, las manos reposando apenas sobre las rodillas, como hecho de una pieza, sin miradas para el mundo exterior y semejante en todo a una cosa bajo la lluvia”.

Rilke, al conocer a Rodin, descubrirá también el aspirar perpetuamente a “lo abierto” y  la alegría. “Este sabio y este grande – dice en otra carta – sabe encontrarla, una alegría inefable como esas alegrías de niño que uno recuerda (…) Las cosas más pequeñas vienen a él y se le muestran; una castaña que encontramos, una piedra, una concha en la arena, todo habla como si hubiera estado en el desierto y hubiera ayunado y meditado”. Pero sobre todo, la paciencia y el trabajo: “permanecer en mi trabajo, poner toda mi confianza en él y solamente en él, esto es lo que aprendo en su grande ejemplo, dado con grandeza, – confiesa en otra nueva carta – como aprendo de él la paciencia; mi experiencia, es verdad, me repite sin cesar que no debo contar con muchas fuerzas; quiero, en consecuencia, tanto tiempo como sea posible, no hacer dos cosas, no separar provecho y trabajo, sino, por el contrario, tratar de hallar el uno en el otro mediante un solo esfuerzo concentrado”.

Hace ahora cuarenta años, en París, paseando por el Museo Rodin, evoqué al escultor. Tiempo después, leyendo el gran estudio de  Angelloz sobre Rilke (Sur), logré avanzar más en el conocimiento del poeta.

(Imágenes:- 1.- Rodin: “El hombre de la nariz quebrada”/ 2.-Rainer María Rilke.-wikipedia/ 3.-“Los burgueses de Calais”.-wikipedia)