EL NUEVO POP ART

 

pop art 5- Martha Rosler- Martha Rosler photo- Tate Gallery

 

Cierto día, a mediados de 1960cuenta Peter Watson en su «Historia intelectual del siglo XX» -, Leonard Kessler,  ilustrador de libros infantiles, se tropezó con Andy Warhol – antiguo compañero de clase – cuando salía de un almacén neoyorquino de material de bellas artes, cargado de brochas, tubos de pintura y lienzos. Kessler lo miró de hito en hito.

-¡ Andy! ¿Qué estás haciendo?

– Voy a hacer pop art – repuso Warhol.

En ese momento, a Kessler no se le ocurrió otra cosa que preguntar:

-¿Por qué?

-Porque odio el expresionismo abstracto- ¡Lo odio!

 

pop art 3- vnu-Alberto Grifi- cortesía del archivo fotográfico del Centro Experimental de Cinematografía- Tate Gallery

 

Ahora la Tate Modern presenta una exposición sobre los iconos del nuevo pop y se proponen de nuevo imaginaciones, combinaciones, experiencias y mezclas de los últimos lenguajes plásticos. Arthur C. Danto, el filósofo norteamericano, opinaba

pop art- 9- bbvvu- Isabel Oliver- mil novecientos setenta y uno

 

que el arte entendido como narrativa de la modernidad, cuyo último paradigma había sido el arte abstracto, había desaparecido desde que en 1964 Andy Warhol había presentado como arte una simple caja de una marca de jabón detergente, y que arte era ya, sencillamente, lo que querían los artistas. En 1979, y comentando los retratos que hiciera Warhol, el historiador de arte Robert Rosenblum, en su catálogo para aquella exposición, escribía: «Si bien se ve al instante

 

pop art 2- bhu-Tate Gallery

 

que Warhol ha revivido el encanto, el brillo y el chic de la vieja tradición del retrato de sociedad, tal vez es menos obvio que, a pesar de su legendaria indiferencia por los hechos humanos, también ha capturado una increíble variedad de atisbos psicológicos entre sus retratados». El artista Jedd Garet quiso reseñar aspectos de del pop art diciendo que «cualquier tipo de declaración visual que uno quiera hacer debe pasar primero por el diseño de moda y el diseño de muebles hasta que se comienza a producir al por mayor. Al fin y al cabo, un surtidor de gasolina puede parecer diferente gracias a un cuadro que uno ha hecho; pero eso no es algo por lo que deba preocuparse un artista».

 

pop art- 7- Tate Modern

 

(Imágenes.- 1-Martha Rosler photo- Tate Modern/ 2.-Alberto Grifi– cortesía del archivo fotográfico del centro experimental- Tate modern/ 3.-Isabel Oliver- 1971- Tate modern/4.-Tate modern/ 5.-Ushiro Shinohara– 1966- Tate modern)

ROSTROS

«El rostro humano es una cosa más perceptible y corporal, pero más compleja, variable y vital que las demás cosas» – recordaba yo hace poco en un artículo -. El rostro humano – se ha comentado al estudiar el Alto Renacimiento y el Barroco – es más importante, bello y poderoso que las cosas. Por fin – se concluyó en la época moderna – el rostro es más cambiante, inestable, perecedero pero siempre más vital y espiritual que las cosas.

Ahora que se cierra en estos días una excelente exposición en el Prado sobre «El retrato del Renacimiento», el rostro dentro del retrato permanece más que nunca  con nosotros, se cruza en nuestras calles y nos aborda y lo abordamos diariamente intentando desvelar su esfinge. A a su vez el retrato sigue abriendo debates, opiniones y polémicas.  Robert Rosenblun, al comienzo de un catálogo titulado «Los hechos contra la ficción»  en la exposición itinerante «Retratos públicos, retratos privados 1770-1830«,   aseguraba que «el retrato se ha convertido en el siglo XX en un género amenazado. Los análisis convencionales de la evolución del arte moderno han sentenciado que a los impresionistas les resultaba hasta tal punto indiferente la gente que pasaba delante de sus ojos que no dudaban en pulverizar su identidad mediante manchas de luz coloreada. En cuanto a Cézanne, se daba por supuesto que cuando representaba una y otra vez a su infinitamente paciente esposa, Hortense, por completo insensible a los rasgos o la personalidad de ésta, no veía en ella más que el equivalente inerte de las manzanas o los melocotones que se esforzaba en pintar. Las revoluciones artísticas del XX habrían supuesto, por su parte, un eclipse del retrato aún más completo. ¿A quién se le ocurriría encargar un retrato a Mondrian o a Rothko? Incluso a los gigantes con los pies más en la tierra del arte moderno supondría un grave riesgo hacerles una proposición semejante. Matisse era muy capaz de disolver un modelo en el color y Picasso en una montaña cristalina. El retrato parecía recular hacia un pasado hacía mucho revolucionado, constituyendo un género evocador para ricos y vanos mecenas, así como propio de artistas poco inquietos que habían elegido la viciosa vía comercial en vez de la virtud estética».

Pero estas frases de Rosenblun, que fueron luego convenientemente matizadas por él, marcharon luego paralelas  a la gran exposición «El espejo y la máscara. El retrato en el siglo de Picasso» que se celebró en 2007 en el Museo Thyssen de Madrid.  El retrato en la pintura moderna destacó entonces con su potencia y  colorido. El rostro siempre fascina, y el retrato lo enmarca. La fotografía a su vez reta también al rostro y el rostro no puede sustraerse a ella. Ni los ojos fijos de Gloria Swanson  en 1924 , ni la mirada alejada de Greta Garbo en 1928 observando algo y sin querer observarnos a nosotros y permitiendo ser observada.

El misterio del rostro permanecerá siempre. Esconde algo que ni siquiera el rostro conoce. Pinceles y cámaras se acercan presurosos, procuran recogerlo y no siempre lo consiguen porque muchas veces el rostro escapa.

(Imágenes: «Gloria Swanson», 1924.-foto: The Museum of Modern Art/ Retrato por Alexei von Jawlensky.-artdail.org/ «»Greta Garbo», 1928.-Edward Steicher.-foto: Conde Nast Publications.-The New YorkTimes)