CANCIONES ESPAÑOLAS (5) : SALAMANCA

 

 

“Levantáivos, gañanes

para la arada;

ya se posa en los campos

la luz del alba.

Al paso de los bueyes

van los gañanes;

van cantando y arando

los surcos grandes.

El gañán en el campo

de estrella a estrella

mientras pasan los amos

la vida buena.”

”Cuarenta canciones españolas” – “ Arada” – Salamanca – Eduardo M. Torner -Residencia de Estudiantes – Madrid.- 1924

(Imagen —Raoul Dufy)

CANCIONES ESPAÑOLAS (4): CIUDAD REAL

 

 

“Fuego  y nieve despiden,

niña, tus ojos:

fuego para quien amas,

nieve a los otros.

Y yo te ruego

que aunque me hagas cenizas

me arrojen fuego.

Cuatro lunares tienes,

niña, en tu rostro:

tienes abril y mayo,

julio y agosto.

De tal manera

tienes, niña, en tu cara

la  primavera.

Nada me aflige y tengo

melancolía;

yo no sé de qué nace

la pena mía .

Sólo me alivio

cada vez que me miras

y yo te miro.”

Ciudad Real- “Cuarenta canciones españolas” -Eduardo M. Torner- Residencia de Estudiantes- 1924

(Imagen —Fantin Latour-1900)

CANCIONES ESPAÑOLAS (3) : SANTANDER

 

 

“A los árboles altos

los lleva el viento,

y a los enamorados

el pensamiento.

¡Ay! vida mía,

el pensamiento.

Corazón que no quiera

sufrir dolores,

pase la vida entera

libre de amores.

¡Ay! vida mía,

libre de amores.”

”Santander” —“A los árboles altos “ —Cuarenta canciones españolas’ -Eduardo M. Torner—Residencia de Estudiantes- Madrid -1924

(Imagen —Alicia Rothman)

CANCIONES ESPAÑOLAS (2) : LEÓN

 

 

“Madrugaba el Conde Olinos

mañanita de San Juan

a dar agua a su caballo

a las orillas del mar.

Mientras el caballo bebe

canta un hermoso cantar;

las aves que iban volando

se paraban a escuchar:

”Bebe, mi caballo, bebe,

Dios te me libre de mal,

de los vientos de la tierra

y de las furias del mar.”

Desde las torres más altas

la reina le oyó cantar:

—Mira, hija, cómo canta

la sirena de la mar.

—No es la sirenita, madre,

que esa tiene otro cantar,

es la voz del Conde Olinos

que por mí penando está.

—Si es la voz del Conde Olinos

yo le mandaré matar,

que para casar contigo

le falta sangre real.

—No le mande matar, madre,

no le mande usted matar,

que si mata al Conde Olinos

a mí la muerte me da.

Guardias mandaba la reina

al Conde Olinos buscar,

que le maten a lanzadas

y echen su cuerpo a la mar.

La infantina, con gran pena,

no cesaba de llorar.

El murió a la media noche

y ella a los gallos cantar.”

”El Conde Olinos” —León – “Cuarenta canciones españolas” -Eduardo M. Torner – Residencia de Estudiantes -1924

 

(Imágenes—1-Andy Warhol/ 2-paperimages tumblr)

CANCIONES ESPAÑOLAS (1) : ARAGÓN

 

 

“La mañana de San Juan,

tres horas antes del día,

salí me yo a pasear

por una huerta florida.

En medio de aquella huerta

un alto ciprés había.

El tronco tenía de oro,

las ramas de plata fina.

A la sombra del ciprés

vide sentada una niña.

Mata de cabello tiene

que todo el prado cubría.

Con peine de oro en la mano

lo peinaba y lo tejía.

Luego que lo hubo peinado

la niña se adormecía .

Ha bajado un ruiseñor

con alegre cantoría

y posado se ha en el pecho

de la niña adormecida.

Con las alas le hace señas,

con el pico le decía:

”Una dama como vos

no pretende estar dormida.”

”Romance” – Aragón – “Cuarenta canciones españolas” – Eduardo M Torner -Residencias de Estudiantes – Madrid – 1924)

 

 

(Imágenes -1-Wolfang Moersch/ 2-María Grazia)

LORCA Y NUEVA YORK

escritores.- uu6y-Lorca

Ahora que ve la luz Poeta en Nueva York” tal como Lorca lo concibió, las impresiones que marcaron al autor del libro en tal ocasión vuelven a ser rememoradas. “Estamos ahora en Nueva Yorkrecordaba Dámaso Alonso glosando a Lorca en “Poetas españoles contemporáneos”– en una wild party por el capricho de un millonario americano: dispersión total por los amplios salones en pequeños grupos gesticulantes, donde los brebajes empiezan a producir su efecto. De repente, aquella masa alocada y disgregada se polariza hacia un piano. ¿Qué ha ocurrido? Federico se ha puesto a tocar y cantar canciones españolas. Aquella gente no sabe español ni tiene la menor idea de España. Pero es tal la fuerza de expresión, que en aquellos cerebros tan lejanos se abre la luz que no han visto nunca y en sus corazones muerde el suave amargo que no han conocido.”

ciudades.-3rty.-Nueva York.-Manhattam--,-Abelardo Morell

Vivió Lorca como estudiante en Columbia University el año 1929 -1930, y visitó y se asombró ante muchos barrios célebres. Sobre todo ante el barrio negro de Harlem  que quiso comentar en varias entrevistas: “El negro – dijo entonces  -, que está tan cerca de la naturaleza humana pura y de la otra naturaleza. ¡Ese negro que se saca música hasta de los bolsillos! Fuera del arte negro no queda en los Estados Unidos más que mecánica y automatismo”. E igualmente en una conferencia – y también en otras entrevistas – quiso resumir así parte de sus vivencias: “Los dos elementos que el viajero capta en la gran ciudad son: arquitectura extrahumana y ritmo furioso. Geometría y angustia. En una primera ojeada, el ritmo puede parecer alegría, pero cuando se observa el mecanismo de la vida social y la esclavitud dolorosa de hombre y máquina juntos, se comprende aquella trágica angustia vacía que hace perdonable por evasión hasta el crimen y el bandidaje”.

ciudades.-6y90.-Nueva York.-Erich Hartmann.-1949.-Magnum Photos

“Odian la sombra del pájaro – había escrito en “Norma y paraíso de los negros

sobre el pleamar de la blanca mejilla

y el conflicto de luz y viento

en el salón de la nieve fría.

Odian la flecha sin cuerpo,

el pañuelo exacto de la despedida,

la aguja que mantiene presión y rosa

en el gramíneo rubor de la sonrisa.

Aman el azul desierto,

las vacilantes expresiones bovinas,

la mentirosa luna de los polos,

la danza curva del agua en la orilla”. (…)

harlem.-rcf.-Sid Grossman.-Harlem.-Nueva York.-del Documento de Harlem.-1936

Aún quiso rememorar Lorca muchas más cosas sobre la gran ciudad: “Las aristas suben al cielo sin voluntad de nube, ni voluntad de gloria. Las aristas góticas manan del corazón de los viejos muertos enterrados, éstas ascienden frías con una belleza sin raíces, ni ansia final, torpemente seguras sin lograr vencer y superar como en la arquitectura espiritual sucede la intención siempre inferior del arquitecto. Nada más poético y terrible que la lucha de los rascacielos con el cielo que los cubre. Nieves, lluvias y nieblas subrayan, mojan, tapan, las inmensas torres, pero éstas, ciegas a todo juego, expresan su intención fría enemiga de misterio y cortan los cabellos a la lluvia, o hacen visibles sus tres mil espadas a través del cisne suave de la niebla.”

Lorca.-rgb--

Como tantas otras ciudades del mundo, Nueva York esperaba al poeta y el poeta se acercó a Nueva York transformado por una nueva realidad. 

Lorca.-87bn.-Lorca con José Bello y otros compañeros en la Residencia de Estudiantes.-elcultural.es

(Imágenes:- 1.- Federico García Lorca/ 2.- Nueva York.- Abelardo  Morell/3.-Nueva York.- Eric Hartmann -1949.-Magnum Photos/4 .-Sid Grossman.-Harlem.-del Doumento de Harlem.-1936/ 5 -manuscrito de “Poema doble del Lago Edem” -de “Poeta en Nueva York”.-elpais.com/6.-García Lorca con Bello y otros compañeros en la Residencia de Estudiantes, en Madrid)

RESIDENCIA DE ESTUDIANTES (y 2) : LA VISITA NOCTURNA

“Ahora sí, ahora desciendo ya de esta colina y lo hago en la noche. Madrid como polvo de luces. Ahora sí, ahora voy tanteando, del brazo de Juan Ramón –la barba negra, la barba blanca, las sensibilidades enfermizas, las depresiones que al final de su vida rozaron la locura, o como diría Zenobia antes de morir de silencioso cáncer, rozaron el corazón.

Vamos los dos –Juan Ramón y yo– serpenteando el tiempo: la oscuridad nos impide ver si el suelo es de 1913 o de 2010. Marchamos del brazo, ambos invisibles, ambos sin conocernos. La colina de los recuerdos entre asfalto y arbustos. El me habla desde su prosa de hace muchos años, con voz pausada y lenta, recreándose en su propia voz.

¿Ve usted? –me dice– como aquí me acuesto tan temprano, a las seis ya estoy en pie. Cojo en el negro de mis ojos la rica luz intacta, verde, sombrío y cárdeno, y en mi pecho la pureza fría y sensual de la mañana de invierno que se acaba, y, aún con la luna útil –una luna menguante, como mal partida con las manos, ruborizada un poco de aurora–, contesto sonriendo una bella carta de ayer.

¿Ve usted? –vuelve a decirme muy lentamente apoyándose en el humo de mi brazo vacío, descansando su fatiga de ojos hundidos en mi propia fatiga– algunos niños, azules ya las tersas mejillas, con bufandas, boinas, polainas y guantes, la cartera a la espalda, van trotando –eses y ángulos por bancos y árboles– al colegio. Un vendedor de molinillos de papel anda manchando la tranquila vaguedad de plata de la tarde primera con su violento abanico rojo, amarillo, verde y morado.

Bajamos. Parecemos dos sombras huecas, sin espacio. A veces, Juan Ramón desde 1915 me ayuda a soslayar una piedra; a veces yo mismo tiemblo de que Juan Ramón caiga en las profundidades de este 2010. Ha paseado, lenta y virgen, la mirada del poeta por miles de ciudades fundidas en Madrid, por Rosales, por la bruma y el oro del Retiro, por entre las violetas y los mirlos, apoyando el oído en el agua, escuchando la densidad del viento…

¿Ve usted? –me dice al fin, casi al pie de la Castellana, atrás la altura del Hipódromo–, este cerro del viento, está, hoy, Colina de los Chopos –que paran el viento con su nutrido oasis y nos lo entretienen humanamente ya–, ¡cómo acerca el cenit!. Están fijamente confundidas, noche de primer abril, en su meseta, las luces de arriba y las de abajo; las descolgadas, grandes estrellas blancas y encandiladoras y las farolas verdes del agudo gas, las redomas malvas eléctricas y la enorme luna amarilla; como si salieran unidos al campo raso vecino, en plebeya y aristocrática confusión, arrabales del cielo y de la tierra.

Soledad, silencio por todas las aristas, planos y rincones del promontorio. ¡Y qué grato todo –en su variación, en su avance, en su incorporación– en esta subida mía nocturna, después de tantos días! ¡Cuánto presentido verdor nuevo en la misma sombra azul, realización profusa, saludable, sensual, de aquellos dibujados, pintados, cantados, anhelantes sueños por lo yermo con nieve sola, con sol solo, con solísimo huracán corrido!. Cómo, ahora, sobre el entrevisto canalillo, el canto del pájaro frecuente y el croído de la rana amistosa se corresponden, en guirnaldas dulces y frescas, por el laberinto de troncos, hojas y flores! ¡Qué parecido, de pronto, después de su enfrentamiento, el viento de hoy entre los rectos chopos de redonda pierna plata, al viento de entonces por la descampada ilusión!.

Sí –respondo–.

Me da su mano de 1915, le doy mi mano en el siglo XXI. No nos tocamos. Ni nos vemos siquiera. Somos dos sombras invisibles, dos columnas de humo que rozan, al pasar, velozmente la locura del tráfico”.

José Julio Perlado: “El artículo literario y periodístico.-Paisajes y personajes“.- páginas 148-149

(Breve evocación a los cien años de la Residencia de Estudiantes: 1910-2010)

(Imagen: Juan Ramón Jiménez.-foto EFE)

RESIDENCIA DE ESTUDIANTES (1) : COLINA DE LOS CHOPOS

“Hay noticias en Madrid, por la España desconocida, que aparecen de pronto, apartando las telarañas del tiempo y haciendo luz –la puerta entreabierta– en la penumbra de una celda olvidada ante la cual quizá pasamos todos los días. España está llena de enterradas noticias, tiempos de tierra pisándolas, campos de novedad dormidos en el tiempo. Un día, la bocanada de aire en la página de un libro, el soplo de una conversación desempolva esa arena acumulada y nos muestra vivo, el hueso descarnado. He ahí, en las revueltas del Madrid gigantesco, el hueso de la Colina de los Chopos, patio de las adelfas bautizado por un gran poeta muerto.

¿Quién no ha subido la calle del Pinar, en la Castellana, alcanzando los altos del Hipódromo, y no ha entrado en el aire –hoy ahogado de casas– allí donde las fronteras lindaban con Levante en una gran parcela de terreno propiedad del conde de Maudes; al norte, solares de distintos propietarios, y a poniente, quedando cortada la línea de un canalillo para bajar en rápido desmonte, los jardines del entonces Palacio de Industria y descender de nuevo a la Castellana?

Pocos. Acaso muchos. Posiblemente, nuestros abuelos o nuestros padres. Ahora hemos ido nosotros. Como a un cementerio de recuerdos, el patio de las adelfas que Juan Ramón Jiménez plantara allí está, con sus tres grandes adelfas rojas y con su adelfa blanca, desierto, rumoroso de pájaros; esos cuatro anchos marcos de bojes traídos desde El Escorial, esos cuatro arbustos de hojas lanceoladas, coriáceas, persistentes, a veces venenosas: flores grandes de varios colores y fruto en folículo. Flores que crecen a orillas de los ríos y que pueden alcanzar cinco metros de altura. Aquí están. A orillas de ventanas, a la ribera de pisos bajos: en el claustro de arenas y de hojas, silenciosa y retirada meditación para crear versos.

Juan Ramón, García Lorca, Antonio Machado, Claudel, Paul Valéry, Max Jacob, Alfonso Reyes, Valle‑Inclán, Alberti, Pedro Salinas. Estos y muchos nombres más han paseado por aquí. Hoy no queda sino sentarme y escuchar. Es Alberti quien habla: Casi una celda, alegre, clara. Cuatro paredes blancas, desprovistas. A lo más, un dibujillo a línea de Dalí, recién fijado sobre la cama del residente de aquel cuarto. Porque estamos en la Residencia de Estudiantes, sobre los altos del Hipódromo madrileño. ¿Una celda?. Quizá más bien una pequeña jaula suspensa de dos adelfos rosados, abrazada de madreselvas piadoras, vigiladas por largos chopos tembladores, hundido el ancho pie en el Canalillo de Lozoya. Y todo al alcance de la mano: flor, árbol, cielo, agua, la serranía sola, azul, el Guadarrama ya sin nieve.

Todas con el cabello desparcido

lloraban una ninfa delicada…

Pausa. Dislocadora interrupción admirativa, la mil y una del que lee en voz alta las octavas reales del poema. (Y mientras, desde la ventana: dos gorriones estridentes atacándose, ocultos, sacudiendo el olor a enredadera que gatea por el muro; el jardinero espolvoreando de plata, hasta doblarlos, los rosales, y el “manso viento” siempre..)

cuya vida mostraba que había sido

antes de tiempo y casi flor cortada.

Silencio. Nuevo silencio apasionado, casi ahogada la voz de quien recita ahora, fuera los ojos de la página, más verde aún su baja morenez contra el blanco extendido de las almohadas.

Muy pocos años tendría entonces Federico García Lorca. Apenas veinticinco. Y, desde aquella tarde, la égloga del poeta de Toledo, oída al de Granada, se me fija por vez primera, estampada sobre aquel paisaje de Madrid, ya para toda la vida.

Ha terminado de escribir Rafael Alberti su paisaje. A mí no me queda sino levantarme de esta piedra donde estoy sentado y caminar. Que marche mi mirada hacia las lejanías del Guadarrama. Pero Madrid lo impide. Y la puerta que ha abierto la noticia parece entrecerrarse”.

(José Julio Perlado .-“El artículo literario y periodístico.-Paisajes y personajes“.-páginas 156-157)

(Breve evocación a los cien años de la Residencia de Estudiantes: 1910-2010)

(Imagen:.-La Residencia de Estudiantes.-wikipedia)