JUAN MARSÉ

 

 

“Aunque he creado mi propio territorio de ficción en mi obra  y el referente es obviamente Faulkner—decía Juan Marsé—, hay otros como el de Santa María de Onetti, un escritor que me gusta mucho. Hay que escribir de lo que uno conoce. No he vivido nunca en el monte Carmelo, aunque sí cerquita. Desde niño íbamos a jugar al monte Carmelo porque nos atraía el peligro, el riesgo. Allí vivían aquellos chicos de cabeza rapada, y los hijos de inmigrantes sin escolarizar, vivían libres y nos daban mucha envidia porque nosotros teníamos que ir al colegio y ellos siempre estaban jugando a la pelota.  Aquellas incursiones al monte Carmelo implicaban un cierto riesgo porque estos niños eran tremendos. También el Guinardó, el parque Gûell. Pero yo vivía más abajo, cerca de la plaza Rovira en el barrio de la Salud. Entonces trabajé sobre esa escenografía, porque es la que viví y la que conozco.

(…) Decir que sospecho que escribir novelas es ante todo una manera de estar vivo, es decir bien poco, y suena, paradójicamente, a pretencioso. Es así, sin embargo, y no sabría aclarar mejor esta sospecha. Decir que escribir es también una forma de protesta y de crítica frente a cualquier tipo de sociedad, es algo que parece muy obvio y tampoco aclara mucho la cosa.  Diría, como ya se ha dicho, que la novela está ahí para establecer mediante una ficción los límites de la apariencia y la realidad constantemente embrollados, para recrear ( no simplemente copiar) una y otra y replantearse constantemente el mundo, y es evidente que si el novelista hace esto es porque el mundo no le gusta, porque piensa que el mundo no anda bien. Esta parece ser una razón de peso, aún dentro de su ambigüedad. Pero quizás lo que en mi caso más se acerca a la verdad en materia tan compleja, podría ser eso; escribo buscando siempre algo que, cada vez más, sospecho se trata de un simple placer estético, es decir, ando buscando la conciencia de que hay algo en alguna parte que es o podría ser más coherente, más hermoso y hasta más real que ese conglomerado de ficciones y convenciones humanas que llamamos “realidad” y que componen la sociedad en que vivimos.”

(En memoria de Juan Marsé, que acaba de morir)

Descanse en paz

 

 

(Imagen – 1- Juan Marsé- el Nacional/ 2- la Barcelona de Juan Marsé—time out)

EVOCANDO A FERLOSIO (1)

“El pensamiento de Ferlosio es laico, volcado hacia lo público y recalcitrante respecto de los prejuicios  impuestos – recordaba Danilo Manera al estudiar obras de este autor -. Entre los blancos polémicos más frecuentes de sus ensayos y artículos figuran el culto al Progreso y la esclavización de las vidas individuales  e irrepetibles  ante las supuestas “ grandes realizaciones históricas”, los sórdidos  furores de hegemonía que se incuban en la soberbia de las armas y en el honor de las  banderas, las manipulaciones ritualizadas del periodismo, la opinión de masas más sensibles a los escándalos que a los abusos , la televisión estupidizante y fagotizada por la publicidad, el principio liberal-capitalista de la irresponsabilidad del fabricante respecto del producto con la consiguiente indiferencia e inocencia de las mercancías, la degradación definitiva de la vida pública invadida por el privatismo, el callejón sin salida de los dilemas, la Justicia justiciera que prefigura y persigue el castigo a toda costa, las justificaciones fraudulentas de un dolor tan persistente como inadmisible  (…) El pensamiento de Ferlosio no aspira a conclusiones definitivas e indiscutibles, sino que considera síntoma de vitalidad la perplejidad. El impulso al que obedece es el de ponerse en camino, sin temor a intemperies y desastres.”

Rafael Sánchez Ferlosio, descanse en paz.

(Imagen – caricatura de Ferlosio – El país)

IDA VITALE

 

 

“Uno más uno, decimos. Y pensamos:

una manzana más una manzana,

un vaso más un vaso,

siempre cosas iguales.

Qué cambio cuando

uno más uno sea un puritano

más un gamelán,

un jazmín más un árabe,

una monja y un acantilado,

un canto y una máscara,

otra vez una guarnición y una doncella,

la esperanza de alguien

más el sueño de otro”.

Ida Vitale .- “Sumas”

(Con este poema me referí  a ella en MI SIGLO  hace dos años y ahora vuelvo a celebrarla ante el Premio Cervantes que le ha sido concedido hoy)

(Imagen – Flores del desierto- Durdika Celikovic)

POR QUÉ ESCRIBE EDUARDO MENDOZA

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“Es muy simple: por la angustia insensata que experimento, por ejemplo, al ver mi reflejo en un espejo que se obstina en no reproducir nada más que mi rostro – confesaba Eduardo Mendoza a Cecilia Yepes en una encuesta de hace años -. Redacto estas líneas con una vieja máquina de escribir que me han prestado; mi máquina eléctrica está averiada: de todas formas, no tiene importancia, pues la respuesta que acabo de dar es falsa. Tan poca importancia como tiene la pregunta, la mayoría de las preguntas. Tan inexistente como el manto invisible que no cubría la desnudez del emperador; como, por otra parte, la presunta inocencia del niño que reveló esta evidencia (él mismo no era más que un enano usurpador, bien decidido a reivindicar por su cuenta el privilegio de definir la rewlidad). En el fondo, tengo miedo: es que, egocéntrico, solitario, descreído, paranoico o hipocondriaco ( únicamente la falta de medios económicos me salva de la desesperación), me pongo a escribir por las malas razones habituales (inventar una regla de juego plausible para enmascarar mi ignorancia de las reglas establecidas; ser simpático a los ojos de mis vecinos, a quienes les soy, me doy cuenta muy bien, indiferente) y continúo, golpeado por el mal destructor de no saber callarme a tiempo”.

 

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(Imágenes.- 1-Eduardo Mendoza- eldiario es/ 2.-Mendoza, en Londres, tras recibir el premio Cervantes.-foto Lionel Derimais- el país)

OFICIO DE LECTOR

lectura.-7jjn.-André Kertész.-1959

“El autor sólo escribe la mitad del libro, de la otra mitad debe ocuparse el lector“. Con esta cita de  Joseph Conrad se abre el excelente volumen de Caballero Bonald “Oficio de lector” (Seix Barral), cálido repaso a las lecturas de toda una vida, lecturas que cabalgan entre la inquietud y la quietud. Inquietud siempre de leer, quietud del remanso y la distancia. Francine Prose, confiesa en “Cómo lee un buen escritor(Ares y Mares) una

lectura.-yunm.-Andre Derain.-1935 reflexión ante sus clases de escritura creativa: “Tengo estudiantes ahora que nunca leyeron nada, y yo no puedo entender por qué quieren escribir“. Y Darío Villanueva, al comentar esta obra de Caballero Bonald, recuerda las palabras de Gabriel Zaid: “el problema del libro no  está en los millones de pobres que apenas saben leer y escribir, sino en los millones de universitarios que no quieren leer, sino escribir.”

lectura.-5ybbn.-Wilhelm Hammershoi

En más de una ocasión he hablado aquí de Caballero Bonald. Y en muchas más me he referido a la lectura. Es la defensa de la lectura, de la que hablaba Pedro Salinas en “El defensor”. Leer por leer, lectores puros según el gran texto de Péguy . Nueva página inolvidable: la de Proust y la lectura en voz baja. Otra página más: Lectura a elefante. La atracción por la lectura la condensa Cervantes en El Quijote cuando dice: “Estando yo un día en el Alcaná de Toledo, llegó un muchacho a vender unos cartapacios y papeles viejos a un sedero; y como yo soy aficionado a leer aunque sean los papeles rotos de las calles...”, y luego la lectura depurada, que se transforma al cabo de los años en reelectura, en acompañamiento de los

escribir.-4dwws.-lectura.-Christopher Thompson.-

maestros. “Aun soy capaz de sentir – dice Caballero Bonald sobre el Quijote – la emoción que me proporcionó ese acercamiento a la gran novela. (…) La lectura del Quijote siempre supone una nueva aventura, porque siempre proporciona al lector un rasgo, un matiz – literario, crítico, irónico, moral, paródico, sociológico – que a lo mejor no había sido descubierto hasta

lectura.-4bn.-Armand Schönberger.-1885-1974

entonces o no había sido apreciado del todo anteriormente. Ése es uno de los más sugestivos atributos de una de las grandes creaciones universales de la imaginación literaria”.

Oficio de escritor, sí. Pero paralelamente oficio de lector, que hará al escritor enriquecerse cada día.

(En el día en que le entregan a José Manuel Caballero Bonald el Premio Cervantes)

lectura.-rtbbn.-Oficio de lector.-Caballero Bonald

(Imágenes:- 1.-André Kerstész.– 1959/ 2.-André Derain.-1935/ 3.-Wilhelm Hammershoi/ 4.-Christopher Thompson-Albemarle Gallery/ 5.-Armand Schönberger/ 6.-portada de “Oficio de lector”)

CABALLERO BONALD

“Escribo la palabra libertad,

la extiendo

sobre la piel dormida de mi patria.

Cuántas salpicaduras, ateridas

entre sus letras indefensas, mojan

de fe mis manos, las consagran

de olvido.

¿Quién se sacrificó por quién?

Tarde llegué a las puertas

que me abrieron, tarde llegué

desde el refugio maternal

hasta el lugar del crimen,

con la paz aprendida

de memoria y una palabra pura

yerta sobre el papel atribulado.

Blanco de España, ensombrecido

de púrpura, madre y madera

de odio, olvídate

del número mortal, bruñe y colora

los hierros sanguinarios

con la luz del olvido,

para que nadie pueda recordar

las divididas grietas de tu cuerpo,

para escribir tu nombre sobre el mío,

para encender con mi esperanza

la luz naciente de tu libertad”.

José Manuel Caballero Bonald.- “Blanco de España

(el día en el que le conceden el Premio Cervantes)

(Imágenes.-1.-Drahomír Josef Ruzicka.-pinterest com/ 2.-Donna Wilcox.-Floating/ 3.-Ilse Bing/ 4.-Joseph Beuys.-acer platanoides.-1945.–nationalgalleries of scotland.-tale. orh.uk)

“EL QUE NO INVENTA NO VIVE”

“Una nariz paseando en carroza por San Petersburgo, Gregorio Samsa intentando avanzar como insecto por el pasillo de la casa de Praga, las dos mitades del vizconde separadas en Italo Calvino, un barón que ya no bajará nunca de los árboles, nadie ‑es decir, Agilulfo‑ dentro de una armadura… Estamos, no en las autopistas de la información, sino más bien en las autopistas de la invención, o mejor dicho ‑por usar aquí otro título anterior de Calvino‑, en el sendero de los nidos de araña de la imaginación, en ese recorrido inesperado y sorprendente que le hacía decir a Nabokov al dictar sus cursos universitarios en Cornell:” La verdad es que las grandes novelas son grandes cuentos de hadas (…) La literatura nació el día en que un chico llegó gritando el lobo, el lobo, sin que le persiguiera ningún lobo (…) La literatura es invención. La ficción es ficción. Calificar un relato de historia verídica es un insulto al arte y a la verdad. Todo gran escritor es un gran embaucador, como lo es la architramposa Naturaleza. La Naturaleza siempre nos engaña. Desde el engaño sencillo de la propagación de la luz a la ilusión prodigiosa y compleja de los colores protectores de las mariposas o de los pájaros, hay en la Naturaleza todo un sistema maravilloso de engaños y sortilegios. El autor literario no hace más que seguir el ejemplo de la Naturaleza.”

Por el sendero de los nidos de araña de la embaucación, las gentes entran en las librerías y pagan por llevarse mentiras encuadernadas que les hagan escapar unas horas de la chata realidad del metro, de la oficina, de la cocina, del tráfico y del comedor para sumergirse en esa otra realidad del metro, de la oficina, de la cocina, del tráfico o del comedor que cuenta cada escritor a su manera, algunos imitando mucho la realidad pero entregando la esencia impalpable de una atmósfera familiar de interiores (como Chejov, como Cheever, como Carver) o enriqueciendo también lo auténtico con la inserción de lo fabuloso en la vida real, modificando así esa realidad hasta hacerla pasar sencillamente por los anillos del asombro.

En el fondo lectores y escritores hacen lo mismo. Como si se citaran en ese punto equidistante que es la historia imaginada, la historia de ficción (encuadernada o bien proyectada en una pantalla), cada uno ha salido de la casa de su realidad, que tiene ya muy vista y habitada, para marchar en busca de otra casa diferente y nueva, la mansión de la ficción. Calvino lo explica claramente:” yo me puse a escribir de la manera que me era más natural, es decir, siguiendo los recuerdos de lecturas que me habían fascinado desde mi infancia. En lugar de esforzarme por construir el libro que yo debía escribir, la novela que se esperaba de mí, he preferido imaginar el libro que a mí me hubiera gustado leer, un libro encontrado en un granero, de un autor desconocido, de otra época y de otro país“. El escritor deja su carga de inventiva en medio de los bosques narrativos y al poco tiempo llega el lector a buscarla paseando entre los árboles. Cada uno retorna luego a su casa. El lector, ya en la suya, se sienta ante el libro y escucha:“Relájate. Recógete ‑le está diciendo el escritor nada más empezar, desde las primeras páginas‑ Aleja de ti cualquier otra idea. Deja que el mundo que te rodea se esfume en lo indistinto. La puerta es mejor cerrarla; al otro lado siempre está la televisión encendida. Dilo en seguida, a los demás: “¡No, no quiero ver la televisión!”. Alza la voz, si no te oyen: “¡Estoy leyendo! ¡No quiero que me molesten!” Quizá no te han oído, con todo ese estruendo; dilo más fuerte, grita (…) Adopta la postura más cómoda: sentado, tumbado, aovillado, acostado. Acostado de espaldas, de costado, boca abajo. En un sillón, en el sofá, en la mecedora, en la tumbona, en el puf. En la hamaca, si tienes una hamaca. Sobre la cama, naturalmente, o dentro de la cama. También puedes ponerte cabeza abajo, en postura yoga. Con el libro invertido, claro”.

El lector está así, en su casa de la lectura, sumergiéndose, disfrutando de cuanto le va diciendo ‑le va escribiendo‑ el escritor”.

(“El ojo y la palabra“, páginas 86-.87)

En el día en que Ana María Matute ha recordado al recibir el Cervantes: “El que no inventa no vive

(Imagen:-1- Ida Outhwaite.– en la espesura del bosque/2.-Ana María Matute en la ceremonia de rececpción del Premio Cervantes en Alcalá de Henares.-elpais.com)


ANA MARÍA MATUTE Y EL CUENTO DE UN CUENTO

“Había una vez un cuento

Acababa

antes de comenzar

y comenzaba

después de acabar

Sus héroes entraban

después de su muerte

y salían

antes de su nacimiento

Sus héroes hablaban

de una tierra de un cielo

hablaban de esto y de aquello

Lo único que no decían

era algo que ni ellos sabían

Que sólo eran héroes en un cuento

Un cuento que acaba

antes de comenzar

y comienza

después de acabar”.

Vasko Popa: “Cuento de un cuento” (versión de Octavio Paz y Juan Octavio Prenz)

(Imagen: “The secret of Kells”.-foto GKIDS.- Cartoon Saloon.-The New York Times)

(Pequeño apunte al recibir Ana María Matute el Premio Cervantes, la autora que confesó,”entré en la gran literatura con los rusos y mi amor por los cuentos nace con Chejov, que brilló más en los cuentos que en el teatro”)