EL SALTO – OLIMPIADAS (14 )

«Te he visto tan oceánica,

tan verde de transparencia

que me tienes en el borde,

sostenido de alas trémulas,

pensando en el alto salto

que me arroje, hecho una flecha,

a romper cristales vírgenes,

de bruces por tu conciencia.

Si yo tuviera las branquias

del buen pescador de perlas,

para bucear sin miedo

del reloj que arriba cuenta;

si yo supiera hasta dónde

se hunde tu verde cisterna,

si allá abajo hay una playa,

almohada de fina arena,

y unas lágrimas que aprenden

metamorfosis de perlas.

Si yo en vez de bronquios, branquias,

y en lugar de alas, aletas,

para respirar el aire

que en tus aguas se aposenta;

tus burbujas en mi pecho,

tu luz por mi piel dispersa,

y en mi alma tierna de pez

la forma de tu conciencia.

Pasando en el alto salto

me tienes, las alas trémulas.

Gerardo Diego: «El salto», en «La sorpresa» (1943)

(Imágenes: Yelena Isinbayeva, record mundial.-foto AFP-elmundo.es/ Anna Dogonadze.-foto Phill Walter.-Getty Images.-The New York Times)

NADADORAS – OLIMPIADAS (13)

«Acordes al compás,

-Una música suena desde un mármol de orilla –

Los dos grupos de nadadoras

Desenvuelven figuras de salud,

Y como respondiendo al más

Sutil laúd

Posible sobrepasan – de un orden servidoras-

A la nunca sencilla

Naturaleza,

Ignorante del ritmo prodigioso

Donde empieza

-Cuna, taller y coso-

El ímpetu que asciende a esta belleza

Del movimiento exacto.

¡Regocijo del músculo obediente,

Qué gozo en el contacto,

Qué noble libertad por su corriente,

Piel todavía flor,

Carne que ya es amor.

Muchachas que son música en la mano

De nuestra primavera!

Las nadadoras, frente al sumo arcano,

Dirigen la armonía de la Esfera,

Maravillada por el cuerpo humano».

Jorge Guillén: «Nadadoras», en «Maremágnum» (1957)

(Imagen: foto Al Bello.-Getty Images.-The New York Times)

FÚTBOL – OLIMPIADAS ( 12 )

«Combinada la brisa en su envoltura

bien, y mejor chutada,

la esfera terrenal de su figura

¡cómo! fue interceptada

por lo pez y fugaz de tu estirada.

Te sorprendió el fotógrafo el momento

más bello de tu historia

deportiva, tumbándote en el viento

para evitar victoria,

y un ventalle de palmas te aireó gloria.

Y te quedaste en la fotografía,

a un metro del alpiste,

con tu vida mejor en vilo, en vía

ya de tu muerte triste,

sin coger el balón que ya cogiste».

Miguel Hernández: «Elegía  al guardameta»  en «Poemas sueltos ll»

VELA – OLIMPIADAS ( 6 )

«Regatas, blancas regatas

de mi niñez novelera.

Abordajes de piratas

sobre la mar marinera.

Diminuto espectador

que con los ojos abiertos

vuelas en tu mirador

a otras playas y otros puertos,

persiguiendo desde el muro

las paralelas estelas,

sagitario del maduro

arco tenso de las velas.

A la marina ruleta

apuestas tu corazón

por el del aspa violeta

en el blanco grimpolón,

aquel que pilota un hombre

con un ancla en el jersey,

el que lleva sobre el nombre

una corona de rey.

Espectador, no ha lugar

a que goces tus novelas.

Ya no es tiempo y en la mar

agonizan las estelas.

Deja que juegue y que ría

la frivolidad naval.

Tu vida será algún día

una regata mortal».

Gerardo Diego: «Versos cantábricos»  (1922),  en «Versos humanos». 

NATACIÓN – OLIMPIADAS (3)

«Nadadora de noche, nadadora

entre olas y tinieblas.

Brazos blancos hundiéndose, naciendo,

con un ritmo

regido por designios ignorados,

avanzas

contra la doble resistencia sorda

de oscuridad y mar, de mundo oscuro.

Al naufragar el día,

tú, pasajera

de travesías por abril y mayo,

te quisiste salvar, te estás salvando,

de la resignación, no de la muerte.

Se te rompen las olas, desvabradas,

hecho su asombro espuma,

arrepentidas ya de su milicia,

cuando tú les ofreces, como un pacto,

 tu fuerte pecho virgen».

Pedro Salinas: «Razón de amor»  (1936)

(Imágenes: Mireia Belmonte.-elpais.com/  Michael Phelps- foto Jamie Squire/Agencia France-Press -Getty Images.-The New York Times)

EQUITACIÓN – OLIMPIADAS (2)

«En sangre claro y en persona augusto,

si en miembros no robusto,

príncipe les sucede, abreviada

en modestia civil real grandeza.

La espumosa del Betis ligereza

bebió no solo, mas la desatada

majestad en sus ondas, el luciente

caballo, que colérico mordía

 el oro que suave lo enfrenaba,

arrogante, y no ya por las que daba

estrellas su cerúlea piel al día,

sino por lo que siente

de esclarecido y aun de soberano

en la rienda que besa la alta mano,

 de cetro digna».

Luis de Góngora, «Soledad Segunda», de «Las Soledades» (1613)

 

EL RUISEÑOR

El ruiseñor, pavo real

facilísimo del pío,

envía su memorial

sobre la curva del río,

lejos, muy lejos, a un día

parado en su mediodía,

donde un ave carmesí,

cenit de una primavera

redonda, perfecta esfera

no responde nunca: sí.

Jorge Guillén, «Cántico».

EL MAR ES UN OLVIDO…

El mar es un olvido,

una canción, un labio;

el mar es un amante,

fiel respuesta al deseo.

 

Es como un ruiseñor,

y sus aguas son plumas;

impulsos que levantan

a las frías estrellas.

 

Sus caricias son sueño,

entreabren la muerte,

son lunas accesibles,

son la vida más alta.

 

Sobre espaldas oscuras

las olas van gozando.

Luis Cernuda.- («Donde habite el olvido)» (1934)

ERNESTINA DE CHAMPOURCIN

Ayer asisto a la inauguración de la exposición que el Ayuntamiento de Madrid celebra sobre Ernestina de Champourcin, la voz femenina en la Generación del 27. Fotografías, manuscritos, célebres dedicatorias y hasta sus personalísimas gafas, aquellas con las que yo la conocí y la traté muchas veces en mi casa, hace años, como cuento en uno de los enlaces de este blog de Mi Siglo, aquella entrevista de 1986 de tantos recuerdos y tan inolvidable.
Para los poetas – y ella fue uno de los grandes – el mejor homenaje es cantar y contar lo que escribieron. Y aquí está:
NO SÉ CÓMO ME LLAMO
Tú lo sabes, Señor.
Tu conoces el nombre
que hay en Tu corazón
y es solamente mío;
el nombre que Tu amor
me dará para siempre
si respondo a Tu voz.
Pronuncia esa palabra
de júbilo o dolor…
¡Llámame por el nombre
que me diste, Señor!
«El nombre que me diste» (1960)

RECUERDO DE UN POETA

Hoy, a los 82 años, ha muerto en Madrid, Ángel González, uno de los más grandes poetas españoles contemporáneos.

A MANO AMADA

A mano amada.

cuando la noche impone su costumbre de insomnio,

y convierte

cada minuto en el aniversario

de todos los sucesos de una vida;

allí,

en la esquina más negra del desamparo, donde

el nunca y el ayer trazan su cruz de sombras,

los recuerdos me asaltan.

Unos empuñan tu mirada verde,

otros

apoyan en mi espalda

el alma blanca de un lejano sueño,

y con voz inaudible,

con implacables labios silenciosos,

¡el olvido o la vida!,

me reclaman.

Reconozco los rostros.

No hurto el cuerpo.

Cierro los ojos para ver más hondo,

y siento

que me apuñalan fría,

justamente,

con ese hierro viejo:

la memoria.

Ángel González: «Muestra,corregida y aumentada, de algunos procedimientos narrativos«(1976)

¿QUÉ FARÁS CUANDO MAYOR? (NAVIDAD 2007) (2)

DESHECHA DEL ROMANCE

Eres niño y has amor:

¿qué farás cuando mayor?

Pues que en tu natividad

te quema la caridad,

en tu varonil edad

¿quién sufrirá su calor?

Eres niño y has amor:

¿qué farás cuando mayor?
(Fray Iñigo de Mendoza, «Romance que cantó la Novena Orden, que son los Serafines» (Cancionero castellano del siglo XV)