¿QUÉ SOÑARÉ MAÑANA?

“Es asombroso – evocaba Paul Groussac – que cada mañana nos despertemos cuerdos después de haber pasado por esa zona de sombras, por esos laberintos de sueños”. Kafka, el 6 de julio de 1916, contaba en su Diario: “Sueño con el Dr. Hanzal; está sentado detrás de su mesa de escritorio, a la vez, no sé cómo, recostado e inclinado hacia delante, ojos claros como el agua, desarrolla lenta y exactamente a su manera una clara argumentación, apenas oigo ni siquiera en el sueño algo de sus palabras, solo sigo la línea metódica que las sostiene. Luego yo estaba también con su mujer, ella llevaba mucho equipaje. jugueteaba asombrosamente con los dedos de mi mano; un trozo del grueso fieltro de su manga estaba arrancado, y esa manga, que sus brazos ocupaban en mínima parte, estaba repleta de frambuesas”.

Las caras de los sueños nos esperan detrás de las sombras y suelen despertarse en muchas pinturas de Odilon Redon. ¿El sueño que soñé anoche merece ser contado? ¿Y el de mañana? ¿Y el del año que viene? Anticipándose, algunos escritores y pintores nos ofrecen los sueños que aún no han sido soñados y que aguardan con los párpados abiertos a que cerremos los nuestros y que durmamos.

Al hablar de Redon Mario De Micheli recuerda que sus dibujos “estaban al margen de todo: en su mayor parte saltaban más allá de los límites de la pintura, inauguraban una especialísima fantasía, una fantasía de enfermedad y de delirio….Una técnica consumadísima, una fantasía alucinada, dominada por una lógica abstracta y por una inteligencia rigurosa de lo absurdo, daban vida a imágenes de playas tropicales invadidas de voraz vegetación, a plantas desérticas, áridas y lunares, a fragosas montañas de lava…“.

Odilon Redon aseguraba una y otra vez que sus cuadros fantásticos eran solo posibles gracias a su contacto con la realidad, es decir, que de la realidad iban surgiendo las ficciones y las pesadillas, lo real se diluia en lo onírico.

¿Qué soñaré mañana?, podría uno preguntarse.

Tumbado en el mar rojo del silencio llegan los sueños hasta nosotros:  los acercan los pintores a través de sus lienzos, los anuncian la literatura con sus escritos.

(evocando la actual exposición sobre Odilon Redon abierta en Madrid)

(imágenes_.-1.-Odilon Redon.-Flower Clouds-1903.- The Art Institute of Chicago/ 2.-Odilon Redon/ 3,.Odilon Redon.- “Los ojos cerrados”.-1890.-Museo d`Orsay/4.-Odilon Redon.-vacaciones en el mar rojo.-1905/ Odilon Redon.-busto de un hombre dormido entre las flores.-odilon-redon.org)

LA MAGIA DEL TEATRO

“El manto es demasiado estrecho; es menester agregar un ancho más. En el momento del asesinato de Banquo, hacer la noche total. Pintar de un rojo más vivo los frutos que están en la mesa. Los velos de las brujas deben estar interiormente sostenidos con una armazón de alambre; no deben ir pegados a las cabezas; quizá deba ponérseles corona, resultaría una especie de adorno y recordarían las SibilasMacbeth no debe batirse con manto de armiño“. Estas recomendaciones hacía Goethe en una carta perfilando hasta el mínimo detalle la puesta en escena de Macbeth. Desde siempre los grandes escritores de todos los siglos han sido atraídos por la magia del teatro: por los ropajes, las luces, los parlamentos, la dicción de las frases. En el arco de 1791 a 1817, es decir, en lo que va de sus cuarenta y dos años a sus sesenta y ocho, Goethe dirige un teatro permanente ; ambiciona hacer de él un lugar de comunión, de exaltación, de amor, de consolación, de fe.

Léon Chancerel  recuerda en su “Panorama del teatro” que Goethe logra llevar a cabo 4.136 representaciones: 77 tragedias, 372 comedias o dramas, 17 farsas, 31 óperas cómicas y 1.040 óperas. Su preocupación – casi obsesión – por los intérpretes le obliga a colocar en una “tablilla” colgada de la puerta de los camerinos: “Me han hecho observar – escribe – que muchas veces desde el palco del duque se oye mal a algunos actores, y que en el curso de la representación, y muy particularmente en las escenas de pasión, muchas cosas se pierden. El primer deber del actor es el de hacerse oír desde todos los puntos de la sala. En el futuro, en caso de que un actor no hable de manera inteligible, se le llamará inmediatamente al orden : así me lo ha señalado el duque. He querido informar de ello a la Compañía a fin de que nadie se sienta sorprendido si incurre en falta”.

Le consumía al autor del Fausto un celo ejemplar, gastando en ese teatro sus propios fondos, reclutando y educando a los actores enviciados por falta de buena dirección, alternando y sustituyendo poco a poco las óperas y comedias de baja estofa por espléndidas representaciones de Schiller o de Shakespeare. El actor Genest en sus” Memorias” retrata las intervenciones de Goethe dirigiendo. Un día yo ensayaba en una obra de Calderón el personaje de un capitán que venía a detener al emperador Aureliano. Salí con seguridad de entre bambalinas y, espada en mano, avancé con dignidad. Apenas había dado algunos pasos en el escenario cuando Goethe, desde la sala, me interpeló:

“Mal; así no se detiene a un emperador. Recomenzad”.

Me hizo repetir cinco veces la entrada. Y a cada nueva tentativa, repetía: “Recomenzad”. Finalmente saltó él al escenario. Aún lo veo con su chaquetón azul, con el sombrero sobre su cabeza. Me quitó la espada de las manos y me dijo: “Quedaos ahí y miradme”. E interpretó la escena con tal ímpetu y autoridad que aquello me marcó para siempre”.

La magia del teatro hizo salir a Goethe – como a tantos otros – de la erudición y de los libros. Parlamentos, luces, decorados y ropajes le impulsaron a una nueva vida.

(Pequeño apunte cuando el actor José Luis Gómez va a ingresar pronto en la Academia con su viaje lingüístico de aprendizaje)

(Imágenes:- 1.-Gerard Gauci.-Teatro Yousupov.-St Petersburgo -2009.-Galerie de Bellefuille/2.-actor en su camerino.-Edouard Vuillard/ 3.-Macbeth viendo el espectro de Banquo.- Théodore Chassériau.-wikipedia)

PARÍS EN EL SILENCIO Y EN LA MÚSICA

“Se dice que cada vez que llega un corresponsal a Parísescribí en el Diario ABC el 4 de abril de 1968 – el periodista descubre nuevamente París a sus lectores. Nada más cierto ni que sea más necesario en una época en que tantas ciudades del mundo permanecen “cubiertas” bajo la constante variedad de sus cambios. La misma expresión periodística – “cubrir París” – tiene algo estratégico en el despliegue de comentaristas de actualidad, pero tiene también un acento investigador, más de curiosidad perpetua que de dominio. Se viene, pues, a “cubrir París” precisamente para “descubrirlo“. Lo que sucede es que han variado los objetivos. Ya no se descubre a nadie la geografía brillante de los Campos Elíseos, porque quienes la conocen la recuerdan, y quienes sólo la sueñan, anhelan cada día conocerla. Lo que hay que desvelar es otra cosa: cuanto vive oculto por la epidermis. Andando por esta luminosa palma de la mano de París uno se pregunta qué significación tienen sus rayas cruzadas – en la política y en la cultura -, y si el presente que París y Francia nos muestran podrá revelarnos también su porvenir. Será un análisis en el que habremos de pedir ayuda al tiempo. Sólo el tiempo posee la llave de las ciudades, únicamente el conocimiento en el tiempo nos enseñará a separar lo profundo de lo superficial, y precisamente en esta capital que tanto ha hecho vibrar al mundo, conocer cuáles son sus personales vibraciones”.

Así escribía mi primera crónica de corresponsal desde París en 1968.  Serían luego tiempos de mayo y de banderas. Hoy vuelve París en el silencio y en la música.

(Imagen: París-día lluvioso.-1877– Gustave Caillebotte.-Art Institute of Chicago)

DELACROIX Y “LA LUCHA CON EL ÁNGEL”

“Durante sus últimos años – cuenta Philip Sandblom enEnfermedad y creación” -, Eugène Delacroix luchaba contra el cansancio, la debilidad y un sentimiento de incapacidad mientras se esforzaba por terminar su obra más difícil: las pinturas de Saint- Sulpice de París. En la de Jacob luchando contra el ángel probablemente describió su propia situación, como un hombre que lucha contra su destino, lo cual parece una batalla perdida. Hay una frase de Scott Fitzgerald, escrita poco antes de su muerte – sigue diciendo Sandblom -, que viene al caso: “La vida nos hace sencillamente trampa y nos pone por condición la derrota (…); lo que nos redime no son la “felicidad y el placer”, sino las satisfacciones más profundas que resultan de la lucha“.

Esa lucha personal – escaramuzas victoriosas, escaramauzas vencidas – aparece numerosas veces en su “Diarioal que me he referido en varias ocasiones en Mi Siglo. “Todas las veces que puedas – se dice a sí mismo el 13 de septiembre de 1852 – disminuye tu aburrimiento o tu sufrimiento mediante la acción. Esta resolución aplicada a las vulgaridades de la existencia, como a las cosas mportantes, daría al alma un resorte y un equilibrio que son el estado más apropiado para evitar el aburrimiento. Sentir que se hace lo que se debería hacer, le eleva a uno ante sus propios ojos. Se disfruta después, a falta de otra cosa, del primero de esos placeres: estar contento de sí mismo. La satisfacción del hombre que ha trabajado y que ha empleado convenientemente su jornada es inmensa. Cuando estoy en ese estado, gozo después de un momento delicioso el reposo. Puedo inclusive, sin el menor pesar, encontrarme entre gentes aburridas. El recuerdo de la tarea que he realizado vuelve y me preserva del aburrimiento y de la tristeza”.

Es la lucha por aprovechar el tiempo que ya aplicó en su viaje a Marruecos, en 1832, con sus dibujos al natural, superando dificultades.” A las nueve hemos echado el ancla delante de Tánger – escribe ese mes de enero -. He gozado grandemente del aspecto de esta población africana. Ha sido bien otra cosa, cuando, después de las señales de rigor, el cónsul llegó a bordo en una canoa. tripulada por una veintena de moritos negros, amarillos, verdes, que se dedicaron a trepar como gatos por todo el barco y se atrevieron a mezclarse con nosotros. Yo no podía separar mis ojos de tan singulares visitantes”.

 El 21 de febrero Delacroix asiste a una boda judía: “Moros y judíos a la entrada de la casa- va anotando -. Los dos músicos. El violín y el dedo pulgar del violinista destacándose en la luz, mientras que el dorso de la otra mano quedaba muy en la sombra. Claridad detras de la figura; transparencia en distintos sitios: las mangas blancas, y sombra en el fondo. El violinista sentado sobre sus talones, oscuridad en la parte baja. La funda de la guitarra sobre las rodillas del tocador, muy oscuro hasta la cintura del guitarrista, luego se destacaba su chaleco rojo con adornos marrones, azul el fondo, detrás del cuello. Una sombra causada por el brazo izquierdo sobre la rodilla. Las mangas de las camisas arremangadas de manera que dejan ver los biceps. Una verruga en el cuello, la nariz corta”.

Es la lucha siempre con su “ángel ” personal, la lucha contra cualquier desánimo o decaimiento. Así se esforzará durante años en su vida. Es la acción. Como han señalado los estudiosos de su “Diario“, es la progesiva estrangulación del aburrimiento gracias al trabajo.

(Pequeño apunte con motivo de la exposición que sobre Delacroix está teniendo lugar en Madrid)

(Imágenes:- 1.-la lucha de Jacob con el ángel.-iglesia de Saint-Sulpice.-París/2, 3  y 4.- Delacroix: álbum del viaje a Marruecos en 1832.-Museo del Louvre/ 5.-boda judía en Marruecos.-Museo del Louvre)