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Posts Tagged ‘pintores impresionistas franceses del siglo XlX’

 

 

“Viajar – dice Montaigne – me parece un ejercicio provechoso. El alma se ejercita continuamente observando cosas desconocidas y nuevas. Y no conozco mejor escuela para formar la vida, como he dicho a menudo, que presentarle sin cesar  la variedad de tantas vidas, fantasías y costumbres diferentes , y darle a probar la tan perpetua variedad de formas de nuestra naturaleza. El cuerpo no está ni ocioso ni agitado, y ese moderado movimiento lo pone en vilo. Aguanto a caballo sin desmontar – dice en 1580 en su viaje por Suiza y Alemania hasta Roma -, enfermo de cólico como estoy, y sin aburrirme, ocho y diez horas.

(…) No ignoro que, si lo tomamos al pie de la letra, el placer de viajar es prueba de inquietud e irresolución. Por otra parte, estas son nuestras características principales y predominantes. Sí, lo confieso, no veo nada, ni siquiera en sueños, ni con el deseo, donde pueda detenerme; sólo me satisface la variedad, y la posesión de la diversidad, si es que me satisface alguna cosa. En los viajes, me alienta hasta el hecho de poder parar sin perjuicio, y de tener donde distraerme cómodamente de ellos”.

 

 

Antoine Compagnon, al evocar estas frases en “Un verano con Montaigne” (Paidos), recuerda que “la equitación le proporciona a Montaigne una “agitación moderada”, hermosa combinación de términos para designar una especie de estado intermedio e ideal. Aristóteles pensaba caminando y enseñaba deambulando; Montaigne encuentra sus ideas trotando y cabalgando“.

 

 

(Imágenes -1-Nicola Simbari– 1968/ 2- Henry Moret- 1895/ 3-Gustave Moreau)

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jardines- nhy- Georges Seurat- mil ochocientos ochenta y cuatro

 

“Conforme voy redactando estos recuerdos que tengo en la memoria, todo lo que yo pienso sobre el asombro y la sorpresa, sobre el valor de la sorpresa en la vida, mis recuerdos se encarnan como siempre en imágenes, y estas imágenes visten ahora unos abriguitos rojos y van cubiertas con unos pequeños gorros azules. Han pasado los años. Son mis hijos. Mis hijos jugueteando. Es un dīa en que Ana y yo les llevamos de excursión. Son los bosques, las hojas secas de un suave color tabaco que crujen bajo unos diminutos zapatos azules, y éste es un día de mucho frío porque ellos cubren sus piernecillas con unos gruesos calcetines azules que ascienden mucho más arriba de las rodillas y sus manos y sus dedos se enfundan en la lana azul de unos guantes. Corretean asombrándose de la vastedad del bosque, de su altura, de sus ruidos y de sus silencios. Ellos se asombran de algo que para mí es tan sólo costumbre. Nunca me sorprendió este bosque que a ellos les causa tanta sorpresa. Ellos corretean entre los troncos escondiendo y asomando sus redondas caras rosadas como manzanas y sus ojos brillantes mientras yo escribo lentamente todo esto con la pluma sobre el papel en esta mesita del jardín. Los veo corretear por el bosque, juegan al escondite, mientras yo sigo escribiendo en esta mesa junto a la piscina y a la vez me veo a mí mismo escribir. Me asombro de esta profundidad de las imágenes, de cómo voy asomándome por encima de las líneas que escribo, al otro lado de la tapia de las letras, para ver lo que sucede en el bosque (…) Reímos. Miramos cómo va la luz del día en el bosque. Oímos cómo crujen las hojas amarillas. Olemos la naturaleza y atravesamos sin herir el aire en esta mañana de cristal”.

José Julio Perlado –Mi abuelo, el Premio Nobel”

 

jardines-unnh- otoño- Edward Cucuel

 

(Imágenes.-1-Georges Seurat/ 2.- Edward Cucuel)

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caminos-nnnhu-Michael Rovner- mil novecientos cincuenta y siete

 

“Una excursión a pie, para disfrutarla debidamente – recomienda Robert Louis Stevenson -, debe hacerse a solas. Si se va en grupo, o incluso en pareja, ya sólo de nombre es una excursión (…) Una excursión a pie debe hacerse a solas, porque la libertad es esencial; porque se debe ser capaz de parar y reanudar el viaje y seguir en ésta o en aquella dirección conforme nos lo dicte nuestro capricho y porque se debe llevar nuestro propio paso, ni trotar al paso de un maratonista, ni acoplarse al paso de una muchacha. Además, se debe estar abierto a todas las impresiones y permitir que nuestros pensamientos adopten el color de lo que vemos (…) No debe haber ruido de voces al lado, para estropear el silencio meditabundo de la mañana (…) Durante el primer día (o poco más) de cualquier

 

441684-1

 

excursión hay momentos de amargura, cuando el viajero se irrita contra su mochila, cuando siente la tentación de arrojarla sobre una cerca (…) Sin embargo, la mochila pronto adquiere una cierta soltura; se vuelve magnética, penetra en ella el espíritu del viaje. No bien acabamos de pasar los tirantes sobre el hombro cuando los restos del sopor desaparecen de nosotros; con un estremecimiento nos adueñamos de nosotros mismos y ahí mismo tomamos nuestro paso.”

Al caminar de los escritores me he referido varias veces aquí, en concreto a los célebres paseos de Robert Walser. Pero ahora son Stevenson y William Hazlitt los que nos explican “el arte de caminar” (Universidad Nacional Autónoma de México). Hazlitt confiesa que “una de las cosas más placenteras del mundo es irse de paseo, pero a mí me gusta ir solo. Sé disfrutar de la compañía en una habitación, pero al aire libre me basta la naturaleza. Nunca estoy menos solo que cuando estoy a solas.”

 

paseos-uuhn-caminos-Vincent van Gogh- mil ochocientos ochenta y cuatro

 

Stevenson glosa de vez en cuando el ensayo de Hazlitt “Dar un paseo”,el cual – dice – es tan bueno que debería fijarse un impuesto a todos los que no lo han leído”, aunque no aprueba sus saltos y carreras. “Ambos agitan la respiración – dice Stevenson -; ambos agitan el cerebro, sacándolo de la gloriosa confusión que le da la intemperie, y ambos alteran el paso. Un paso desigual no es muy agradable al cuerpo y distrae e irrita la mente; mientras que cuando se ha entrado en un paso uniforme no se requiere ningún pensamiento consciente para mantenerlo y, sin embargo nos impide pensar seriamente en otra cosa. Como el tejido de punto, como la obra de un copista gradualmente neutraliza y adormece toda actividad seria de la mente (…)

 

paseos-nnhun-caminos- Alfred Sisley- Museo Metropolitano de Nueva York

 

¿Y qué ocurre con el sitio del reposo al final del camino? “Llegan ustedes – dice Stevenson – a una etapa en lo alto de una colina o a algún lugar en que las profundas veredas se unen bajo los árboles: allá va la mochila y se sientan a fumar una pipa bajo la sombra (…) Si no son felices es que tienen algo sobre la conciencia; pueden ustedes quedarse todo el tiempo que gusten al lado del camino. Es casi como si hubiese llegado el milenio, cuando arrojemos nuestros relojes de pared y de bolsillo sobre las tejas y no volvamos a acordarnos del tiempo y de las estaciones. No llevar las cuentas de las horas durante una vida es, iba yo a decir, vivir para siempre. No tienen ustedes ninguna idea, a menos que lo hayan intentado, de lo interminablemente largo que es un día de verano que se mide sólo por el hambre y llega a su fin sólo cuando se siente sueño. Yo conozco una aldea en que casi no hay relojes, en que nadie sabe nada acerca de los días de la semana más que por una especie de instinto de la fiesta de los domingos, y donde sólo una persona les puede decir el día del mes y, generalmente, está equivocada.”

 

caminos-boc-árboles- Laurits Andersen Ring- mil ochocientos noventa y ocho

 

“Pero es de la noche, después de la cena -sigue diciendo Stevenson tras un día de camino -, cuando llegan las horas mejores; no hay pipas como las que siguen a un buen día de marcha: el sabor del tabaco es algo para recordar, tan seco y aromático, tan rico y tan fino. Si terminan la velada con un grog, confesarán que nunca habían probado semejante grog, a cada sorbo una jocunda tranquilidad corre por los miembros y se aposenta fácilmente en el corazón. Si leen ustedes un libro – y sólo lo harán a ratos perdidos – encontrarán el lenguaje extrañamente castizo y armonioso; las palabras cobran un significado nuevo, frases sueltas se adueñan del oído durante media hora y el autor se gana el cariño del lector, a cada página, por las más sutiles coincidencias de sentimiento. Diríase que se trataba de un libro que ustedes mismos hubieran escrito en sueños.”

 

niebla-hnnhhu-caminos- ¡paisajajes- Felix Vallotton- mil novecientos diecisiete

 

(Imágenes.-1.-Michael Rovner- 1957-netmuseum org/ 2.-Ivan Shishkin– 1882/ 3.- Vincent van Gogh- 1884/ 4.- Alfred Sisley– museo metroplitano de Nueva York/ 5.-Laurits Andersen Ring– 1898/ 6.- Felix Vallotton- 1917)

 

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escribir.- Berthe Morisot.-

 

Ya sabes, hijo, que a mí no me gustan mucho los whatsApp, tampoco los mensajes, tampoco las imágenes, al final se lo lleva todo el viento, son cosas modernas, no lo niego, aventuras de hoy que mañana quién sabe dónde estarán,  pero la caligrafía de tu madre, ésta que estás leyendo, tendrá siempre sus rasgos, como mis arrugas, hijo, como las manchas de mi piel, en estas subidas y bajadas de las consonantes y de las vocales con las que a veces te ríes porque me salen picudas o redondas pongo todo mi esmero, aprieto la pluma para que te llegue incluso mi respiración en el papel y  las palabras se acerquen a tu oído. Has escuchado, hijo, muchas palabras engañosas estos últimos tiempos, sabes de que te hablo, pero las palabras de una madre siempre son distintas, regañan, a veces chillan, pero son limpias. Busca palabras limpias, hijo mío, que no sé dónde las vas a encontrar. Te hemos enseñado tu padre y yo a leer y a estudiar, pero también a un lenguaje interior, a una elegancia del espíritu, no te envuelvas en mentiras que no van a ninguna parte, recuerda que cuando pasabas los dedos con rapidez por el borde de las hojas nuevas de repente te cortabas sin querer y las yemas te sangraban instantáneamente. Así son las hojas  de algunas palabras cuando las arrojamos en el aire. Parece que no hemos dicho nada, que el viento se lo va a llevar todo, y sin embargo se abre el abismo. Años enteros del tú me dijiste y yo te contesté y el rencor que no cesa. Es muy difícil tapar el rencor con el perdón. Al perdón, a veces te lo he dicho, le cubre un tono manso, un acento apacible, lo más difícil del perdón es hermanarlo con el olvido. Y sin embargo, hijo, hay que llegar al olvido. Tú, que tienes tan buena memoria, tienes que vaciarla, irte quedando en lo esencial, apartar todo lo secundario. Cuando te olvides del rencor es cuando has llegado definitivamente al olvido.

Cuando pasen los años y vuelvas a leer esta carta no te preguntarás, ¿qué me decía mi madre? si no ¿ cómo era mi madre?

Tu madre es una simple mujer como tantas que escribe a su hijo.

Texto : José Julio Perlado

(Imagen.- Berthe Morisot)  

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