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Posts Tagged ‘pintores estadounidenses del siglo XlX’

 

juegos.-rtggb.-ajedrez.-Thomas Eakins.-1876

 

“En su grave rincón, los jugadores

rigen las lentas piezas. El tablero

los demora hasta el alba en su severo

ámbito en que se odian dos colores.

Adentro irradian mágicos rigores

las formas: torre homérica, ligero

caballo, armada reina, rey postrero,

oblicuo alfil y peones agresores.

Cuando los jugadores se hayan ido,

cuando el tiempo los haya consumido,

ciertamente no habrá cesado el rito.

En el Oriente se encendió esta guerra

cuyo anfiteatro es hoy toda la tierra.

Como el otro, este juego es infinito”.

Jorge Luis Borges. – Ajedrez – “El hacedor” (1960)

(Imagen.- Thomas Eakins– (1876) – Museo metropolitano de Nueva    York

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jardines- nhy- Georges Seurat- mil ochocientos ochenta y cuatro

 

“Conforme voy redactando estos recuerdos que tengo en la memoria, todo lo que yo pienso sobre el asombro y la sorpresa, sobre el valor de la sorpresa en la vida, mis recuerdos se encarnan como siempre en imágenes, y estas imágenes visten ahora unos abriguitos rojos y van cubiertas con unos pequeños gorros azules. Han pasado los años. Son mis hijos. Mis hijos jugueteando. Es un dīa en que Ana y yo les llevamos de excursión. Son los bosques, las hojas secas de un suave color tabaco que crujen bajo unos diminutos zapatos azules, y éste es un día de mucho frío porque ellos cubren sus piernecillas con unos gruesos calcetines azules que ascienden mucho más arriba de las rodillas y sus manos y sus dedos se enfundan en la lana azul de unos guantes. Corretean asombrándose de la vastedad del bosque, de su altura, de sus ruidos y de sus silencios. Ellos se asombran de algo que para mí es tan sólo costumbre. Nunca me sorprendió este bosque que a ellos les causa tanta sorpresa. Ellos corretean entre los troncos escondiendo y asomando sus redondas caras rosadas como manzanas y sus ojos brillantes mientras yo escribo lentamente todo esto con la pluma sobre el papel en esta mesita del jardín. Los veo corretear por el bosque, juegan al escondite, mientras yo sigo escribiendo en esta mesa junto a la piscina y a la vez me veo a mí mismo escribir. Me asombro de esta profundidad de las imágenes, de cómo voy asomándome por encima de las líneas que escribo, al otro lado de la tapia de las letras, para ver lo que sucede en el bosque (…) Reímos. Miramos cómo va la luz del día en el bosque. Oímos cómo crujen las hojas amarillas. Olemos la naturaleza y atravesamos sin herir el aire en esta mañana de cristal”.

José Julio Perlado –Mi abuelo, el Premio Nobel”

 

jardines-unnh- otoño- Edward Cucuel

 

(Imágenes.-1-Georges Seurat/ 2.- Edward Cucuel)

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objetos..- 56ggh.- tijeras.- Richard Diebenkorn

 

“Así pues, como el albañil y el mecánico, el arquitecto y el ingeniero necesitan saber los nombres de los materiales de los trabajos que efectúan; la clase o calidad de dichos  materiales, la fortaleza  o resistencia de los mismos y la aplicación que debe dárseles en las obras que hacen o en los edificios que construyen, así también el periodista o el escritor – así lo recuerda Alejandro de Roda Berdejo en La pureza del idioma” -; lo mismo que el que corrige pruebas de periódicos o de libros y los traductores de estos han de saber, igualmente, los nombres y el valor gramatical de las palabras que emplean en sus respectivos trabajos literarios; las reglas importantísimas de clasificación de las palabras; el oficio que cada una de estas representa en la oración, en la cláusula o en el período y especialmente el significado o acepción que a cada vocablo, dicción o palabra corresponde.

 

objetos.-49uuj.-Man Ray

 

¿Qué diríamos de un director de un taller de ebanistería, por ejemplo, si de ese taller viéramos salir o se vendieran para el público muebles de elevado precio que, a pesar de su perfecta construcción y ricos materiales, estuviesen salpicados de manchas y deterioros? Lo mismo ocurriría al ver un traje lleno de manchas al sacarlo de la sastrería. Pues así como el traje y el mueble pierden su valor por las faltas indicadas, de igual manera se desvirtúa el periódico mejor redactado y el libro de màs interesante contenido, si en las páginas de los mismos encontramos las aludidas faltas gramaticales o barbarismos repugnantes.

Las leyes de la gramática son materiales que, mezclados con los de la retórica y con los de la métrica, forman un conjunto de tal naturaleza que, transformándose en riquísimo manantial, brotaron y brotan del mismo como efluvios, a la manera de aluvión de perlas preciosas, verdaderas joyas literarias que hicieron inmortales a sus sabios autores”.

(Imágenes.- 1- Richard Diebenkorn/ 2.- Man Ray)

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flores-ynnu-John Henry Twachtman. mil ochocientos noventa y uno

 

“Eres como el sustento es a la vida,

lo que lluvia en estío es a la tierra;

como el tesoro que un avaro cuida

yo defiendo tu amor, conmigo en guerra.

Ora el placer del poseedor bendigo,

mas que el mundo te robe me tortura,

ora la soledad quiero contigo,

ora que todos sepan mi ventura.

En mirarte se place mi avaricia

mas me acosa hambre al fin de una mirada;

no puedo concebir mayor delicia,

porque fuera de ti no aspiro a nada.

Languidezco o me sacio de tal modo,

que de todo carezco o tengo todo”.

William Shakespeare.-Soneto LXXV

 

flores-nnun-Anne Redpath

 

(Imágenes.-1.-Henry Twadtman– 1891/ 2.-Anne Redpath)

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interiores-ciuun-Joschi Herczeg

 

“Recuerdo aquella primera casa en la que estuve en Madrid, una casa enorme, casi deshabitada, en la que solo vivía conmigo mi tía Amparo, una figura muy pequeñita, una figura como una nuez, una falda estampada de colores marrones, unos pies diminutos y una cabeza como un alfiler, pero sobre todo unas manos gordezuelas cuyos dedos los tapaban las sortijas, innumerables sortijas en cada dedo, sortijas baratas pero que refulgían cuando daba la luz en el pasillo y entraba por algún ventanal la luminosidad. Entonces aquellas sortijas relucían entre la sombra y la luz e iban acompañando a aquella figura bamboleante que avanzaba torpemente por aquel pasillo de madera , en la casa antigua tan llena de historia, tan ocupada antes por ladridos de perros y por voces que entraban en las piezas de caza y por noviazgos furtivos y otra vez por ladridos y roces de animales nerviosos que venían del campo agitando sus colas porque habían cazado cerca de las escopetas, disparados y febriles campo arriba a por la presa, sudorosos, inquietos, y que ahora acababan rendidos,

 

interiores- bfe- Henri Le Roux- mil novecientos treinta y siete

 

adormilados bajo la gran mesa del comedor, aquella mesa redonda que se abría y dilataba gracias a los resortes de su madera y extendía los puestos de los comensales, la servilleta y los vasos y cubiertos de Eduardo, las mejillas sonrosadas de Elisa, los brazos de Elvira, y bajo aquella mesa los perros dormitaban agotados, estaban las escopetas ya guardadas en los armarios, unas perdices quedaban tendidas en las losas de la gran cocina, aquella cocina al final del pasillo hacia la que iba  la diminuta figura de mi tía Amparo con su vestido de flores marrones tal y como si fuera a una peregrinación, no había nada que hacer ahora en la cocina, las perdices habían ya desaparecido, los ladridos de los perros se habían apagado, la mesa redonda del comedor permanecía vacía, pero la procesión en el tiempo con las sortijas refulgentes en sus dedos a lo largo del oscuro pasillo tardaba en llegar, hay un silencio total en estas habitaciones de otras épocas,

 

interiores-vvvbb- Beata Bieniak

 

puertas abiertas las que dan a este pasillo, ventanales altos, unos bustos en bronce sobre las chimeneas que un día se encendieron para calentar tantas conversaciones, allí se hablaba de política y de fincas, los vaivenes y sobresaltos de tantas aspiraciones para llegar a ser o no ser ministro de Instrucción Pública, ministro de Marina, ministro de Fomento, dimes y diretes al lado de estas chimeneas encendidas cuyos carbones rojizos iluminaban no sólo los gestos y las manos y las miradas de las discusiones para acceder a altos cargos, sino también las intenciones, las trapisondas, aquello que las llamas revelaban sobre las astucias escondidas, las trampas, las recomendaciones y las envidias. Ahora las chimeneas estaban completamente apagadas desde hacía varios años y la figura pequeñísima de mi tía Amparo seguía avanzando muy despacio por aquel largo pasillo desde cuyas habitaciones laterales con las puertas abiertas

 

interiores-vuuen Tassos Chonias

 

asomaban camas antiguas de hierro forjado y armarios enormes como éste ante el cual ahora me encontraba y en el que, al abrir la hoja de su puerta, descubrí que aún guardaba ropa cuidadosamente ordenada y clasificada en distintas baldas, sábanas y colchas con iniciales y bordados, y hasta me sorprendió ver un vestido femenino todavía colgado en una percha que sin duda habría sido elegante en un tiempo y habría dado vueltas y vueltas al ritmo de bailes de salón, bajo lámparas deslumbrantes, un vestido blanco de ceremonias con mangas y pliegues de gran calidad. Y fue en ese momento, al cerrar de nuevo la puerta del enorme armario destinado a guardar ropa, cuando me vi de cuerpo entero en la gran luna del espejo de aquel mueble, pero no me vi solamente a mí mismo, sino que confirmé todo el poderío que puede tener lo invisible”.

José Julio Perlado.-(del libro “Relámpagos”, de próxima aparición) (relato inédito)

 

espejos-ededed.-John Singer Sargent- mil ochocientos noventa y ocho

 

(Imágenes.- 1.-Joshi Herczeg-2009/ 2.–Henri Le Roux- 1937/ 3.-Beata Bieniak/ 4.-Tassos Chonias/ 5.- John Singer Sargent– 1898)

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jardines.- tyyhh.- otoño.- Gustave Caillebotte

 

Al jardinero le horroriza el otoño porque se le descose todo el jardín

 

jardines-yeew- Galileo Chini

 

Debería de haber unos gemelos de oler para percibir el perfume de los jardines lejanos

 

jardines- bhhu- John Singer Sargent

 

El guarda del jardín fue el primer mariscal de campo que conocimos

 

jardines-ffty-Peder Monsted- mil novecientos veintinueve

 

El jardín estaba nervioso por las cosquillas de las mariposas

 

jardines-ysv-Giovanni Giacometti- mil novecientos diecisiete

 

El jardín se fuma en pipa las hojas caídas

 

jardines-unny- Ernest Lawson

 

Las verjas de los jardines presentan armas al que pasa

Ramón Gómez de la Serna

 

jardines- bvc- Guy Billout

 

(Imágenes.- 1.-Gustave Caillebotte/ 2.- Galileo Chini/ 3.-John Singer Sargent/ 4.- Peder Monsted- / 5.- Giovanni Giacometti– 1917/ 6.-Ernest Lawson/ 7.- Guy Billout)

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comer-uxzx- vida cotidiana-Albert Anker

 

“Las dimensiones de la cocina y su simbolismo  ( como así quise recordarlo hace tiempo en un artículo) , han sido motivo literario de interés en muy diversos  autores. En el siglo XX, un dramaturgo inglés de la década de los cincuenta – compañero de John Osborne, de  John Arden  y de Ann Jellicoe, perteneciente por ello al llamado “teatro de la ira”  – , el escritor Arnold Wesker,  termina  su obra “La cocina” en 1958. Esa pieza teatral  muestra un día en la vida de quienes trabajan en las cocinas de un restaurante grande. La  jornada está repleta de incidentes y la intención del autor es demostrar  qué sucede cuando la gente permanece encerrada y se encuentra constantemente frustrada y limitada. Marango, el propietario de ese restaurante, expone al final de la obra: “No sé qué más darle a un hombre. Trabaja, come, le doy dinero. Esto es la vida, ¿no es así? No he cometido un error, ¿verdad? Vivo en el mundo correcto, ¿no es así?… ¿Qué más hay? ¿Qué más hay?”, se pregunta.  Pero el mismo autor responde en una de sus acotaciones a la obra: “Hemos visto que tiene que haber algo más”.

 

comer- byu- Peter Blume- mil novecientos veinisiete

 

Wesker – que estuvo empleado en una cocina antes de dedicarse al teatro y que conocía muy bien ese mundo – utiliza el escenario de la cocina lo mismo que lo haría con una  oficina o con una gran  fábrica. Los afanes, las ambiciones, las  pasiones y sentimientos de todo tipo emergen entre fogones, fregonas y proveedores de diferentes nacionalidades, entre la autoridad del chef, los cocineros, pinches, camareros y pilas de platos y bandejas. Wesker aspira a ser un artista del pueblo y para el pueblo e  intenta captar la atmósfera externa y la motivación interna, y por tanto lo que vemos en el escenario es el febril ir y venir de menús que se encargan, a la vez que asistimos a todas las tensiones de una especial lucha de clases. El mundo – dijo  Wesker cuando explicó   su obra a los directores teatrales – pudo ser un escenario para Shakespeare,  pero para mí es una cocina en la cual entra y sale gente, sin que nadie permanezca el tiempo necesario para llegar a una comprensión mutua, y donde las amistades, los amores y las enemistades se olvidan con la misma rapidez con que se crean.

 

interiores.-5eed.-Francoise Bonvin.- la cocina.-Museo Telfair.-Essex.-Estados Unidos

Arnold Wesker quiso hacer un paralelismo entre la cocina y la vida pero las limitaciones de las que fue acusado por algunos críticos respondían a ciertos desajustes en su realidad teatral. Quiso forzar demasiado esa realidad en escena para que encajara todo en su denuncia. Sin embargo, como motivo literario la cocina sí  estaba ahí. Por tanto, no sólo la gastronomía se ha alineado como tema literario a lo largo de los siglos sino también la cocina y sus muchos materiales, su instrumental preciso y  su utilitaria decoración. La palabra “gastrónomo”, vocablo derivado del griego y que no aparece hasta principios del XlX  (y por tanto tampoco la gastronomía)   ha generado diversas obras en la literatura, pero diríamos que igualmente lo ha hecho, por ejemplo,  la evolución  de los medios de cocción,  e incluso sus olores, que han ido atrayendo  como motivo literario a muy diversos  escritores. Cuando Patrick Süskind en “El perfume” nos cuenta las andanzas de Jean-Baptiste Grenouille en el siglo XVlll,  habrían podido transmitirse igualmente por otros novelistas  los olores anteriores del siglo  XV, que  en absoluto fueron  los del  XVl. Se ha comentado que levantando las tapaderas de la Edad Media, “la nariz siente un áspero vapor cárneo, con olores de clavo, azafrán, pimienta, jengibre y canela. En cambio, ante los pucheros renacentistas, la nariz aspira una dulce y afrutada bruma de azucar cocido y jugo de pera o grosella, a punto de hervir juntos, silenciosamente”. La Edad Media, pues, fue la era de los estofados condimentados y el Renacimiento lo sería de las golosinas.

 

comer-nnhu-mercado- vida cotidiana- Renato Guttuso- mil novecientos setenta y cuatro

 

Hemos visto en las  pantallas cinematográficas secuencias muy cuidadas respecto a ciertos detalles históricos que nos han asombrado muchas veces por su reconstrucción en imágenes. Grandes películas con grandes banquetes, pero también con grandes cocinas. Es indudable que las figuras de los grandes cocineros y de los chefs, además del cortejo de sirvientes entrando con  fuentes rebosantes en inmensos salones engalanados, han atraído a los artistas. En el siglo XV, por ejemplo, en la corte de los duques de Borgoña (así lo cuenta La Marche, autor de una muy conocida crónica sobre Dijon), existía una enorme cocina de siete chimeneas en el palacio ducal, y el cocinero se sentaba sobre un sitial elevado, desde el que se podía vigilar al ejército de pinches, ayudantes, asadores y soperos. Con una gran cuchara de madera en la mano, degustaba todas las salsas y sopas que salían de la cocina. Y en las grandes ocasiones, como recuerda Jean-Francois Revel, hasta él mismo se movilizaba para servir al duque con una gran antorcha en la mano, lo cual ocurre cuando, al comparecer el primer arenque fresco, se sirve la primera trufa.

 

objetos-bun- cocina- Felix Vallotton- mil novecientos veinticinco

 

Es lógico que tales estampas fascinaran igualmente a escritores y  a directores de cine. Antoine Carême describe así una cocina en pleno ajetreo: “Imaginaos una gran cocina del tipo de la del Ministerio de Relaciones Exteriores, o sea para grandes cenas, y ver allí a unos veinte cocineros yendo y viniendo, moviéndose con presteza en ese abismo de calor. Añadid a esto una carga de carbón quemándose sobre las astillas para la cocción de las entradas y otra, sobre los hornos, para las sopas, salsas, estofados, frituras y el baño-maría. Agregad un cuarto de carga abrasada, delante de la cual giran  cuatro espetones en uno de los cuales gira un solomillo de 45 a 60 libras, en otro un cuarto de ternera de 35 a 45 libras y los dos restantes con aves y caza. En esa hoguera todos se mueven con rapidez, no se oye ni un soplo, sólo el chef tiene derecho a que se le escuche, y a su voz todos obedecen. Como si hubiera poco calor, durante casi  media hora hay que cerrar puertas y ventanas para que el aire no enfríe el servicio. Lo que de verdad nos mata es el carbón”.

 

comer-iunnb-el pastelero- Auguste Sander- mil novecientos veintiocho

 

Detrás de todo ese espectáculo  – y alrededor – estaban las cocinas. Ellas han acompañado obligatoriamente a cuantas innovaciones han ido aportando los siglos. A la gran revolución, por ejemplo, que  en materia de postres  tuvo lugar a finales del XVll con la generalización de los helados, del té, procedente de China, del café que venía de Arabia o  del chocolate originario de América. Y también, en el mismo siglo XVll,  con aquella sorprendente  obsesión, casi  locura, por los guisantes que hizo escribir  nada menos  a Mme de Sevigné : “El tema de los guisantes continúa, la impaciencia por comerlos, el placer por haberlos comido y la alegría de seguir tomándolos son las tres preocupaciones de nuestros príncipes desde hace tiempo”.

 

comida.-99uuyr5.-por Laura Letinsky.-2007.-Yancey Richardson Gallery.-New York.-phtogarfie.-artneta

 

(Imágenes.-1.-Albert Anker/ 2.- Peter Blume– 1927/ 3.- Francois Bouvin- museo Essex- Estados Unidos/ 4.- Renato Guttuso- 1974/ 5.-Felix Vallotton- 1925/ 6.- August Sander- 1928/ 7.- Laura LetinskyYancey Richardson Gallery)

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