EPISODIOS EN LAS LIBRERÍAS

 

 

“El oficio de librero es casi sacerdotal y se comprende que , cuando se le pregunte a un librero a las 6 y cuarto de la tarde por décima vez en el día, : “¿Tiene usted fotocopiadora ? Porque de este libro hay dos páginas que me interesan”, el librero no responda mas que con un movimiento de cabeza ( de izquierda a derecha ), agotado. Lo cuenta el periodista y biógrafo francés Pierre Assouline en su “Dictionnaire amoureux des écrivans et de la littérature”. Le preguntan también  al librero buscando que le orienten: “¿Sabe usted quién es el autor del “Diario” de Anna Frank?”, o “¿Dónde están colocados los Capote?”, “  o  “¿ Tiene usted noticias de Chejov?… Le piden, por ejemplo,  “El estrangulado” o “El Mito decisivo”, de Albert Camus, y otros un Tolstoievski  ; se piden “Los hermanos Kalachnikov” de Dostoievski, “La République de Platoon” y cuando alguien pregunta al librero al fin: “¿Tiene usted noticias de Madame de Sevigné? , el pobre librero, harto ya, contesta: “En cuanto a Madame de Sevigné , es inútil encontrarla: ya no trabaja aquí”.

 

(Imágenes—1-librería josseaun – París/ 2- librería Campomanes -Madrid – foto jjp)

EL ORDENADOR Y LA MÁQUINA DE ESCRIBIR


‘Hace tiempo que alguno ha querido abordar una historia de la literatura contemporánea basándose en las relaciones que los escritores  han tenido con sus máquinas de escribir —así lo recordaba el francés Pierre Assouline—. Alguien también, más adelante, quizá quiera evocar sus relaciones con el ordenador. Pero  ciertas máquinas de  escribir  han quedado ya en la historia de la literatura. Por ejemplo, la Remington gran confort, la Underwood unida al whisky de Chandler, la Corona rodeada de cenizas de cigarrillos, la Olivetti Lettera 32,  o la Olympia portátil. Anthony Burgess quiso recrear también su máquina de escribir. Y Auster en 2003 compuso su ‘Historia de mi máquina de escribir’ y sus relaciones con su Olympia destacando ‘ su personalidad y presencia en el mundo”, como su más querido agente de transmisión.  “El sonido de las máquinas de escribir —se leía en una página de Auster hablando del pasado — a veces era como la música, sobre todo cuando se oía el timbre al final de cada línea, pero también le hacía pensar en un chaparrón cayendo sobre el tejado de la casa de Montclair y en el ruido de piedrecitas lanzadas contra el cristal de una ventana.”

Por otro lado, ¿quién podrá restituir la pasión de los escritores por su vieja y tierna máquina?  Algunos escritores, sin embargo, no dudaron en vender su máquina de escribir, una Olivetti Lettera 32, que habían comprado por 50 dólares y que acabó vendiéndola por 254. 000.

¿Qué vida, historias y confidencias nos podrán contar más adelante los ordenadores?


(Imágenes- 1- White escribiendo/ 2- Bernard Shaw)

LA LOCA DE MAIGRET

 

 

“Entre las lecturas de este confinamiento he vuelto a asomarme a “La loca de Maigret”,  de Simenon, publicada en 1970, escrita del 1 al 7 de mayo en Epalinges (Suiza), y que me lleva hasta los paseos del inspector con su mujer por la Bastille y el bulevar Beumarchais en los atardeceres  de París. Madame Maigret  ha preparado de cena para esta noche del mes de mayo, fiambres, ensalada y mayonesa, y a los pocos días Maigret y el inspector Lapointe prueban en la cervecería  Dauphine unas morcillas de Auvernia guarnecidas con patatas fritas y un vaso de Beaujolais. Siempre el detalle gastronómico de Simenon. (Simenon, que comía deprisa y no dedicaba mucho tiempo a la mesa, evocaba su plato favorito, que era —decía — un plato de gente humilde: la bullabesa hecha sólo con los medios de a bordo, y recordaba de su infancia, la cabeza de vaca con salsa de tortuga).

Simenon preparaba todos esos detalles, pero sobre todo los datos biográficos y topográficos de los personajes, las direcciones, números de teléfono, secciones de edificios, planos de barrios, edades, estudios, antecedentes familiares, estado civil , etc, todo ello al dorso de un sobre amarillo de formato comercial. Lo hizo durante años. “Cuando escribo —decía— estoy obligado a tener a mi lado lo que yo llamo el plan de la novela, que consiste, no en un resumen de la acción,  sino en una lista: los nombres de los personajes, su edad, su dirección, sus relaciones familiares, etc. Porque muchas veces me ha sucedido, hace treinta años como hace diez años, tener que cambiar el nombre de uno de mis personajes a lo largo del relato. Incluso en la revisión , esta situación se me escapaba y podría encontrarse una muchacha que pudiera llamarse Amelie en el  primer capítulo y Josette a partir del quinto.”

Esos detalles tan cuidadosamente entrelazados configuran y dan pie a toda una existencia. Es la verosimilitud de una vida. Luego venía lo que los críticos llamaban la “atmósfera”,  que Simenon  —contaba —, no es más  que el impresionismo  del pintor adaptado a la literatura.  “Mi infancia —confesaba el novelista — tuvo por marco la época de los impresionistas y yo siempre estaba en los museos y las exposiciones. Conseguí  de esa forma cierta sensibilidad.”

 

 

Leemos en “La loca de Maigret”:  “¿ cómo era madame Antoine? “ Y  se nos cuenta: “Frágil, bonita. Permaneció sola cerca de diez años. Luego encontró, no sé dónde, a ese monsieur Antoine con el que acabó casándose. No tengo nada que decir contra él. Pero no tenia la distinción de su primer marido. Trabajaba en el Bazar del Hotel de Ville, donde era, según creo, Jefe de Sección. Era viudo. Había montado un pequeño taller ahí  arriba, donde hacía chapuzas que eran su gran pasión. No hablaba mucho. Tenían un auto y el domingo llevaba a su mujer al campo. En verano, iban a algún pueblo cerca de Etretat.”

Todos esos detalles, aparentemente minúsculos pero necesarios, incluso para poner en pie a un personaje secundario,  quedarán ya fijos en la  mente del lector. Le harán creíbles la escena.

Le proporcionarán verosimilitud.

 

 

 

(Imágenes—1–Simenon/ 2- Jean  Pougny/ 3- Albert Monier—1950)

LA PÁGINA EN BLANCO

 

“La página en blanco del escritor, o también su pantalla blanca, es un lugar común en la práctica literaria. E incluso puede quedar muy artística y más aún al día siguiente de un gran éxito. Recuerda a la depresión postparto, análoga a aquella de la madre al día siguiente del alumbramiento. Esto sirve para todos los creadores. Woody Allen, que había caído en depresión la única vez que le vi – recordaba Pierre Assouline -, había encontrado una solución que él había transformado en sistema : mientras montaba su nueva película, trabajaba ya escribiendo la siguiente. Así no existía ningún espacio en blanco en su vida cotidiana: ninguna respiración que pudiera favorecer el tener problemas. Los escritores deberían aprender de esto. Les haría economizar medicinas. Éste es por otra parte mi caso desde que tuve la ocasión de tener aquel encuentro en donde el cineasta me confesó su truco. Hay gentes para quienes las partes muertas son precisamente la muerte”.

(Imagen – bibliotheque tumblr 1)

LA VOZ DEL ESCRITOR

figuras-revb-cy-twombly-mil-novecientos-ochenta-y-tres

«Se reconoce a un escritor por su voz – recuerda Pierre Assouline en su «Diccionario de escritores» -. No hay más que leerlo para identificarlo. Un libro que transmita la voz, o lo que otros llamarán estilo, tono o pequeña música, más que entregarnos a un escritor nos entregará a un autor. Una página, un parágrafo, incluso a veces una sola frase es suficiente para colocar un nombre sobre un texto, y desde ese momento prestar oído al sonido que emite. Si es un desconocido que firma su primera novela, la voz es suficiente para definir a un nuevo autor. O no. La voz permite saber a qué se dedica y en qué trinos trabaja. Se trate de Modiano o de Proust, la voz que surge del libro no se equivoca. Con los extranjeros, es algo más delicado puesto que la voz puede variar según el traductor, que superpone la suya propia sobre la del novelista que interpreta. Pero de los escritores que uno tiene el privilegio de amar, se retiene en el fondo la voz de la persona más aún que aquella de sus escritos».

Voz de Faulkner, voz de Conrad, voz de Proust.

Tardó años en encontrar la voz para uno de sus libros Yourcenar, años para encontrar la voz para otro de sus libros García Márquez.

A veces hay que esperar – trabajar – pacientemente hasta encontrar la voz.

(Imagen.-Cy Twombly- 1983)

VLAMINCK, EL HOMBRE DE LA CORBATA DE MADERA

vlaminck-ff-remolcador-1905-artexpertisinc«Maurice de Vlaminck cuenta el marchante D. H. Kahnweiler Mis galerías y mis pintores») (Ardora)   – se fabricó una corbata de madera que se enganchaba al cuello de la camisa y que era, creo recordar, de lunares amarillos. Apollinaire habla de ella como «de un arma defensiva y ofensiva». Le impresiona sobre todo esa corbata de madera barnizada con crudos colores que le sirve para distintos usos, en general ruidosos y ofensivos; Apollinaire estaba convencido de que Vlaminck «por simpatía personal y, sobre todo, digámoslo sin ambages, por interés, ha asumido la peligrosa tarea de asesinarnos. Vestido con un traje de caucho y armado con una corbata, nos sigue a todas partes, acechando el momento de poder asestarnos, a traición, un golpe mortal con su instrumento».vlaminck-8-el-hombre-de-la-pipa-1900-elmundoes

La pintura de este «gigante rubio de ojos de porcelana, cubierto con un minúsculo sombrero hongo y vestido con un hermoso traje de entrenador» es la que se presenta estos días en Madrid, en Caixa Forum, hasta el 7 de junio. Vlaminck, como señaló el crítico de arte Gustave Coquiot, era «un gigante de alma tierna, un zafio que se enfrenta al gran camino con un montón de telas por pintar». Violinista dotado, ciclista en todo tiempo, su padre -cuenta Pierre Assouline en «En el nombre del arte» (Ediciones B) – desplegaba argumentos para probarle advirtiéndole que viviría más tranquilo si lograba ser director de banda en una pequeña ciudad de Seine-et-Oise que si se dedicaba a la pintura.

– ¡La pintura!, para dedicarse a la pintura es necesario ser rico.- le decía.

Pero el hijo no le escuchó. Siguió su vocación.

Vlaminck y Kahnweiler se compraron un velero y una canoa automóvil que hacían evolucionar por el Sena. Los habían bautizado respectivamente, y como homenaje a los primeros libros de Max Jacob y Apollinaire, Saint Matorell y L´Enchanteur pourrisant. En aquellas tardes y en otras muchas el célebre marchante decía del pintor:

Vlaminck… -señalaba Kahnweiler – ¡Qué buen pintor! Para mí representa la abundancia. Es el río Nilo que fertiliza las tierras con sus aguas.vladminck-gg-el-camino-1958-artexpertsinc

(Imágenes: Maurice de Vlaminck : 1.-Remolcador.-1905.-artexpertsinc/ 2.-El hombre de la pipa.-1900.-elmundo.es/ 3.-El camino.-1958.-artexpertsinc)