VIEJO MADRID (89) : EL MUSEO Y EL AIRE

 


 

“A Madrid se llegaba, sobre todo, por la estación de Atocha ( y por la estación del Norte, por supuesto, lo que sucedía es que esa porción del mundo —el norte —no existía para mí )—recordaba Ramón Gaya —. También se llegaba por carretera, a pie, o montado en un carro, o en burro. No en automóvil. Todos aquellos que habíamos nacido en provincias acudíamos a Madrid  como moscas sin saber muy claramente por qué ni para qué.

 

 

 

 

En enero de 1928, casi un niño todavía, entraba yo temblando, sin respiración, sin aliento, en el museo de más…”sustancia pictórica” que existe. Nada más entrar en las salas de Velázquez me pareció sentir en las mejillas, en las sienes, en los párpados, el roce de un aire frío, como el que sintiera el día anterior en la calle. Era un frío limpio, de roca viva, no subterráneo, como  el de  Paris, por ejemplo; el frío de Paris es de sótano, de rata mojada, de alcantarilla . Madrid, a pesar de sus barrios pobres, de sus mendigos, de sus traperos, de sus basureros, no nos parecerá jamás un algo sin redención, pues todo se diría poder salvarse, elevarse, gracias a ese frío tan puro, tan desnudo, del aire de la sierra.

 

 

Pero eso tan  incorpóreo, tan delgado, es muy difícil de ver, de comprender;  sin la vigorosa ayuda de Velázquez era muy difícil caer, sin más , en el gracioso laberinto de lo castizo. Recuerdo  que venía de contemplar  en Goya algo mucho más visible: el madrileñismo, un madrileñismo que es cierto y verdadero, pero no esencial. El madrileñismo no es Madrid, sino, a lo sumo, su marco, el marco que lo estiliza, que lo caracteriza, que lo facilita, pero el carácter no es nunca la esencia de nada. La esencia de Madrid es el aire.

 

 

Y sólo el gran sevillano — la sensibilidad  más firme, más invulnerable que ha existido — podía darnos esos retratos de caza suyos.  Porque Velázquez nunca se dejó deslumbrar —equivocar — por esa primera corteza que tienen las cosas todas del mundo, sino que su mirada llegó hasta el centro mismo de la vida. Por eso en su retrato de Madrid no hay nada sino aire, un aire azulado, aristocrático, de altura. Velázquez comprendió  y nos hizo comprender que Madrid es el Guadarrama.  Existe, además, lo madrileño, o sea, un estilo; Madrid tiene, claro está, una figura, una figura garbosa, popular, muy elaborada: Goya y Galdós —acaso también Ramón —son, quizá , sus más grandes pintores. La verdad es que me gustan mucho esos retratos, pero siempre volveré al del  “Niño de Vallecas”; allí, en un rincón , asoman unas cuantas  manchas que no llegan a decidirse en árboles, montañas o nubes, es decir, que no son paisaje, sino aire solo, un aire vívido, un aire que no es de ciudad, sino de campo, un aire que le llega a Madrid por la plaza de Oriente y se abre paso Arenal arriba.”

 

 

(Imágenes —1-el bobo de Coria/ 2- perro en “Las Meninas” /3- Pablo de Valladolid/ 4/el niño de Vallecas / 5- don Diego de Acedo, el Primo)

EL AÑO DE GALDÓS (3) : LOS CAFÉS MADRILEÑOS

 

 

Galdós llega a Madrid en 1862 y allí vivirá hasta 1920. La ciudad en el  XlX muestra todo su espectáculo al escritor. Los cafés, entre muchos otros escenarios, quedarán en sus novelas.  El Café de Zaragoza (que cerrará sus puertas en 1918) atrae su curiosidad y lo refleja en uno de sus libros: “las nueve serían cuando entró en el establecimiento de la plaza de Antón Martín, que lleno de gente estaba, con una atmósfera espesa y sofocante que se podía marcar, y un ensordecedor ruido de colmena; bulla y ambiente que soportan sin molestia los madrileños, como los herreros el calor y el estrépito de la fragua. Desembozándose, avanzó el anciano por la tortuosa calle que dejaran libre las mesas del centro, y miraba a un lado y otro buscando a su amigo. Ya tropezaba con un mozo cargado de servicio, ya su capa se llevaba la toquilla de una cursi; aquí se le interponía  el brazo del vendedor de “Correspondencias” que alargaba ejemplares a los parroquianos, y allá le hacían barricada dos individuos gordos que salían o cuatro flacos que entraban. Por fin distinguió a Juan Pablo en el rincón inmediato a la escalera de caracol por donde se sube al billar.”

El café Cruz del Rastro, ( hoy demolido ),  situado en la calle Ruda, tenía sin embargo otro aspecto: “ un rato después  — escribe Galdós — hallábanse  los dos sentaditos en el café económico, tomándose sendos vasos a diez céntimos, El local era una taberna retocada con ridículas elegancias entre pueblo y señorío; dorados chillones; las paredes pintorreadas de marinas y paisajes; ambiente fétido, y parroquia mixta de pobretería y vendedores del Rastro, locuaces, indolentes, algunos amarrados a los periódicos, y otros oyendo la lectura, todos muy a gusto en aquel vagar bullicioso, entre salivazos, humo de mal tabaco y olores de aguardiente.”

 

 

 

Cafés madrileños de Galdós : Café “Al Oasis de Río” , en La Bombilla;  café de Fornos, en la esquina de Alcalá con Peligros ( cerró sus puertas  en 1908) ; café de la Concepción Jerónima, ( ya demolido), en la Corredera Baja de San Pablo; café de la Iberia ( cierra sus puertas en 1910), en la Carrera de San Jerónimo; café de Lepanto ( cierra en 1868), en la Plazuela de Santo Domingo; café de Levante, en la calle del Arenal ( cierra sus puertas en 1915); café  de los Naranjeros, en la Plaza de la Cebada ( cierra en1912); café de Madrid, esquina calles de Alcalá y Carrera de San Jerónimo (cerró en 1925) ; café de Platerías, en la Plaza Mayor ( cerró en 1946); café de San Antonio, esquina de la calle Pez y Corredera Baja de San Pablo ( cerrado en 1897) ; café de San Joaquín, en la calle San Joaquín ( cierra en 1899); café de Santo Tomás, esquina calle Atocha y callejón de Santo Tomás (hoy demolido)); café de Zaragoza, en la calle Atocha ( cerró en 1918) ; café del Gallo, en la Plaza Mayor ( hoy demolido); café del Siglo, en la calle Carretas (demolido); café del  Sur, en la Plaza del Progreso, actual plaza Tirso de Molina ( ya demolido); café Diana, en Caballero de Gracia ( demolido) ; café La Cruz de Malta, en Caballero de Gracia ( cierra sus puertas a finales de la década de 1830); café Lorencini, en la Puerta del Sol ( cerró en 1864) ; café Suizo, en la esquina de las calles Alcalá y Sevilla ( cerró en 1915)

 

 

 

No puede olvidarse en Galdós, entre otros lugares de interés en Madrid,  La Fontana de Oro, en la esquina de las calles Carrera de San Jerónimo y Victoria, que cerró sus puertas en 1843; el Parador del Agujero, en la calle Fúcar ( ya demolido) ; el restaurante Trouchín, en la calle del Arenal (demolido); la Posada de Ocaña, en la esquina de las calles Toledo y Sierpe ( ya demolida)

 

 

 

Lugares ficticios pero presentes en sus novelas son, entre otros, la Casa de huéspedes de la “señá “ Bernarda, en la calle Mediodía Grande; la Casa de huéspedes de la tía Chanfaina, en la calle Amazonas; el Figón de Boto, en la calle del Ave María; la Viña del Señor, en la Costanilla de San Vicente; los merenderos de Cuatro Caminos; los merenderos de Tetuán, en la calle de Bravo Murillo. Y  a todo esto ha de añadirse, la Posada del Peine, en la esquina de las calles Vicario Viejo y Postas, en activo de 1610 a 1960 y que en 2006 abrió de nuevo con su interior reformado y conservando la fachada. Lhardy, en la Carrera de San Jerónimo que está en activo desde 1834 y allí Galdós fue visitante asiduo. Como sigue en pie el Sobrino de Botín, en la calle Cuchilleros, en activo desde 1725.

Ojos y pluma de Galdós ante el Madrid de entonces reflejado en muchos  de sus libros.

 

 

 

( Imágenes—1- café de Levante – abc es/ 2- café de Fornos / Boykokolev / 3 -epytafe/ 4- foto jjp)

EL AÑO DE GALDÓS (2) : MADRID Y “FORTUNATA”

 

 

“Mientras deambulaba por los Barrios Bajos — cuenta Berkowitz, biógrafo de Galdós—, por azar tropezaría con el prototipo de Fortunata, bajo circunstancias muy parecidas a las descritas en las páginas iniciales de la novela. Estaba ella de pie en el portal de una casa de viviendas, sorbiendo un huevo crudo. Su interés por aquella mujer trajo una relación de intimidad con ella que llegaría incluso a producir gran parte del rico contenido humano de los cuatro tomos de la obra maestra.”

La primera parte de “Fortunata y Jacinta” la concluye en enero de 1886 y la última parte en junio de 1887, cuando Galdós tiene entre cuarenta y dos y cuarenta y cuatro años. Mientras tanto y a lo largo de los cuatro tomos, la ciudad de Madrid se despliega como escenario intenso y viviente en toda la novela : el Palacio Real, el Congreso, los ministerios de Ultramar, Hacienda, Gracia y Justicia, Gobernación; los Tribunales, incluido el Supremo y el Ayuntamiento. Aparece también la Bolsa, la Aduana, varias Facultades de la Universidad; el museo del Prado, la Academia de la Historia, siete periódicos de la Villa, el Casino, el Rastro, el Hospicio, la Inclusa, varios asilos, varias cárceles (Saladero, la Modelo, Prisiones Militares), el Manicomio, el Retiro, los Almacenes de la Villa, cuatro conventos de la realidad y uno de la ficción ( “las Micaelas”), catorce iglesias, cinco teatros, un pequeño tratado de las aguas de Madrid —sus “viajes” y sus fuentes públicas—, estaciones de ferrocarril, tres mercados, 20 cafés, el Matadero municipal, casi todos los cementerios. Se extienden en la novela 97 calles, más de 20 plazas y plazuelas, 8 paseos además de Rondas, Costanillas,  Cavas, Campos y Campillos, aparte de “la Carrera” y “la Red” que en total llegan a 137 nombres de vías urbanas.

 

 

Y luego están los barrios. Y los ruidos. Hablando de Barbarita Arnáiz ( esposa de Santa Cruz, padre), Galdós escribe en “Fortunata”: “Ni trocara tampoco su barrio, aquel riñón de Madrid, en que había nacido, por ninguno de los caseríos flamantes que gozan fama de más ventilados y alegres. Por más que dijera, el barrio de Salamanca es campo… Tan apegada era la buena señora al terruño de su arrabal nativo, que para ella no vivía en Madrid quien no oyera por las mañanas el ruido cóncavo de las cubas de los aguadores en la fuente de Pontejos; quien no sintiera por mañana y tarde la batahola que arman los coches correos; quien no recibiera a todas horas el hábito tenderil de la calle de Postas, y no escuchara por Navidad los zambombazos y panderetazos de la plazuela de Santa Cruz; quien no oyera las campanadas del reloj de la Casa de Correos tan claras como si estuvieran dentro de la casa; quien no viera pasar a los cobradores del Banco cargados de dinero y a los carteros salir en procesión. Barbarita se había acostumbrado a los ruidos de la vecindad, cual si fueran amigos, y no podía vivir sin ellos.”

 

 

(Imágenes —1-viejo Madrid – foto donada por Ángel Rojo Gutiérrez/ 2-modelo del Palacio Real – 1830– museo de Historia de Madrid/ 3-Congreso de los diputados – Ch Clifford – 1853- Biblioteca Nacional)

EL AÑO DE GALDÓS (1) : MARAÑÓN

 

 

 

“Gran parte de sus apreciaciones sobre España, sobre la vida en general— decía Marañón de Galdós —, tienen una resonancia clamorosa en sus libros. Otras, que no aparecen en su obra escrita las he recogido yo. Y principalmente  mis observaciones son de carácter más íntimo. Su vida íntima es interesantísima.  Galdós era un hombre  un poco atormentado y tímido. Gran apasionado, y, no obstante, con una serenidad fría y disciplinada de sus pasiones.  Lo más interesante de Galdós  es su complicación interior. No era un hombre sencillo, como se suele decir, sino de una gran vida interna. Los factores humanos se daban en él con una autenticidad maravillosamente interesante.

Hombre de pasiones y de sentimientos tumultuosos, pero con un inconcebible dominio  sobre pasiones y sentimientos, el mismo equilibrio. Su eficiencia cerebral era tan grande, que le pasaba lo que les pasa a la mayor parte de los hombres inteligentes: tenía sus sentimientos en el bolsillo.

La inteligencia en sus formas superiores siempre se alienta a costa de las pasiones. Todo progreso de la personalidad humana se realiza a costa de dominar la emoción. Este es el  progreso de la Humanidad y una de las diferencias que más concretamente destacan al hombre de los animales.”

 

 

(Fallecía Pérez Galdós el 4 de enero de 1920 en Madrid a los 77 años – El 20 de enero de 1919 se hace llevar Galdós al Retiro para estar presente en la inauguración de su estatua. Sentado frente a ella es como si una estatua viva contemplase a otra estatua de piedra — en palabras de Carmen Bravo Villasante —. Totalmente ciego, el escritor oye los discursos, y el viento helado del nuevo año deja yerta su figura. Ensimismado, ajeno al mundo tan ávidamente observado y querido, “ la presencia de lo sobrenatural, inexplicable al rigor científico”, ocupa sus últimos días)

 

 

(Imágenes—1-Galdós- periodista digital/ 2-Gregorio Marañón – el cultural es / 3- estatua de Galdós en el Retiro – asociación de amigos del buen Retiro)

EN CONVERSACIÓN CON DOÑA EMILIA

La aparición de una nueva biografía, Emília Pardo Bazán”, de la historiadora Isabel Burdiel (Taurus) , nos lleva hasta los grandes salones donde trabajaba la escritora gallega, el escenario de su enorme mesa salomónica que mantenía en su centro una carpeta, un tintero y una papelera y que los ojos del “Caballero Audaz” retenían para contarlo después en una larga entrevista. “ De mi niñez –  decía Emília Pardo Bazán allí sentada – lo único que puedo decirle es que a los seis años leía “El Quijote” asiduamente… Yo no recuerdo haber pasado en mi vida un día sin leer. Escribí versos desde muy niña, pero nunca me hice ilusiones de ser poeta, porque comprendí que mis versos eran malos. En prosa tengo más de sesenta libros publicados. La obra que mayor éxito ha tenido ha sido “Los pazos de Ulloa”. Mis grandes amigos han sido, por de pronto, Castelar, que me quería como a una hermana. Otro gran amigo que tuve fue don Antonio Cánovas y su mujer, el duque de Rivas lo es en la actualidad, y Galdós. Galdós y yo nos queremos mucho. De los literatos actuales me gustan mucho Azorín y Unamuno.

Por otro lado – proseguía– yo soy una radical feminista. Creo que todos los derechos que tiene el hombre debe tenerlos la mujer, y es más, creo que hay una relación directísima  entre los derechos y privilegios concedidos a la mujer y el estado de cultura de las naciones. En Suecia, Noruega, Dinamarca y Finlandia es donde la mujer se halla casi al nivel del hombre, donde hay diputadas.; en cambio, en los países menos adelantados es donde se considera a la mujer bestia de apetitos y carga. No tenemos más que volver los ojos a Marruecos. En España, dudo que por mucho tiempo se abran paso las corrientes femeninas. Sin embargo, si miro atrás, tengo que reconocer que hemos avanzado en este aspecto de la vida, porque yo he conocido los tiempos en que unánimemente se decía que la mujer sólo debía zurcir calcetines; hoy ya, si se piensa, por lo menos no se dice. Los hombres en España alardean de aparecer siempre preocupados por el amor de las mujeres, y no puede haber mayor obstáculo que éste para que avance la mujer; para que la mujer adelantase aquí sería necesario, en primer lugar, que ella quisiese, y en segundo lugar que encontrase algún terreno preparado, alguna ayuda en el hombre también. Mi obra para abrir las puertas españolas al feminismo ha sido solamente personal, dando el ejemplo de hacer aquello que pude de lo que está prohibido a la mujer. He tenido el gusto de ser la primera socia de número del Ateneo, la primera mujer que ha sido profesora de la Escuela de Estudios Superiores en el mismo Ateneo; el prmer socio de número de la Real Sociedad Económica Matritense de Amigos del País. No cabe duda que, si las mujeres siguieran mi ejemplo, el feminismo en España sería un hecho.”

Esta conversación, en 1915, tenía lugar en aquel gran salón que ocupaba la enorne mesa, presidida por el tintero y la carpeta. Ante aquel escenario estaba doña Emília, con “su cara bermeja, sus cabellos plateados y una enorme perla de calabaza que, presa de un hilillo de platino, pende de su cuello carnoso, rebota y salta sobre su escote”, decía “El Caballero Audaz”.

(Imágenes -1-Emília Pardo Bazán – la Vanguardia / 2- pazos gallegos – clubcultural/ 3-pazos gallegos – zorro del ahorro)

300 AÑOS DE CARTAS

 

objetos.-78nn.-cartas.-Arman,-.artnet

 

Los 300 años de Correos que en estos días se celebran nos traen y nos llevan recuerdos de epístolas cruzadas y familiares, a veces profesionales, a veces interesadas, en ocasiones peticiones, en ocasiones solo desahogos: hombres de letras españoles a quienes el cartero trajo y llevó caligrafías, dibujos y firmas que en su rápido trazo desvelaban el instante de una vida y el rasgo de una personalidad.

Valle-Inclán le escribe a Ortega desde Cambados en octubre de 1914:

Queridísimo Ortega:

No le escribí antes, porque no han faltado dolores y desazones. Hace dos días enterré a mi hijito. Dios Nuestro Señor me lo llevó para sí. Ha sido el mayor dolor de mi vida. Yo no sé qué cosa sea la muerte, que se la siente llegar. Mi niño estaba sano y yo esperaba una desgracia como algo fatal. Ya llegó, y sea sola. Estoy acabado. Esto es horrible. ¡Que no sepa usted nunca de ese dolor! La casa se me viene encima, y tampoco quiero, por ahora, volver a Madrid,, donde nació mi niño hermoso que se me murió. Quisiera ir a Italia, pero con los míos: Mi mujer y mi hija. Ello es caro. Mi pobre Josefina que está tan muerta como yo, ha tenido una idea. Ella me inspira que le escriba a usted, para saber si podrían concederme una pensión de la “Junta de Estudios” para estudiar alguna cosa en Italia. Cosa para la cual, en conciencia, sea yo capaz. De pintura, de literatura: Una visión de Cervantes, de Lope, de Quevedo, en Italia: Diálogos de soldados, jugadores, mujeres, pilotos catalanes y de Valencia. Una visión estética de Italia. (…) Se lo agradecerá infinitamente su infortunado.- Valle Inclán.

 

Josefina Blanco.- 4rry.- Valle Inclán junto a su mujer y su hija Concha

 

El 14 de septiembre de 1905 Baroja le escribe a Galdós:

Mi querido amigo y maestro; Voy a ir a París a pasar un mes o dos y quisiera que me hiciese usted el favor de darme una tarjeta de presentación  para León y Castillo y otra para Estévanez. Me salieron mal los pequeños negocios que tenía, el socio resultó un estafador y yo perdí dinero y además estuve a punto de tener un pleito.

Huyendo de complicaciones me fui al Paular, donde he escrito un libro que le enviaré dentro de unos días. (se refiere a “La feria de los discretos”, firmada en El Paular en junio de 1905).

Usted como siempre estará trabajando como una fiera.

Si me contesta usted hágalo a San Sebastián calle Mayor número 6, y si quiere usted hacerme algún encargo o comisión para París ya sabe usted que puede usted mandar.-Pío Baroja.

 

Baroja.-elmundoes

 

El cartero ha estado 300 años trayendo y llevando consuelos y desconsuelos, súplicas. 300 años de aspiraciones y preocupaciones guardadas y selladas en sobres, revelación de amistades y confidencias.

 

Galdós- nnb- elduariomontañes com

 

(Imágenes.-1.-arman-arnet/ 2.-Valle Inclán junto a su mujer/ 3.-Baroja- elmundo es/ 4.-Galdós en Santander- eldiariomontañes)

VIEJO MADRID (43) : LHARDY

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“Entre los comedores de Lhardy – recordaba en un artículo Luis G. de Cándamo -, el que guarda más secretos de la historia de España es el salón japonés, donde se desarrollaron toda suerte de conspiraciones y conciliábulos. Fue el rincón preferido del general Primo de Rivera para reuniones reservadas de ministros y personalidades de la dictadura, y, por contraste, aquí se decidió el nombramiento de don Niceto Alcalá Zamora como presidente de la República.

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El decorador de Lhardy fue Rafael Guerrero, padre de la actriz doña María Guerrero y el gusto del segundo Imperio, dotado de esa elegancia de alta burguesía, se perfiló en el diseño de la fachada de Lhardy, construida en magnífica madera de caoba de Cuba, como símbolo de las que fueron nuestras provincias de Ultramar.” Lorenzo Díaz, en su “Madrid: bodegones, mesones, fondas y restaurantes desde 1412 a 1990” recuerda que la decoración interior de la tienda, con sus dos mostradores enfrentados y el espejo al fondo, permanece intacta, tal como fue proyectada por Guerrero, y en los diferentes comedores – Salón Isabelino, Salón Blanco y Salón Japonés – se conservan los revestimientos del papel pintado de la época: chimeneas, guarniciones y ornatos, citados en obras de Galdós, Mariano de Cavia, Azorín o Ramón Gómez de la Serna.

Lhardy-eerrt- publicidad en ABCEn las interesantes biografías de Lhardy – la de Julia Mélida y la de José Altabella -se evocan algunas de las habitaciones que para determinados huéspedes de calidad se situaban en la última planta, por ejemplo – apunta Mélida -, ” el imaginario Fernando Calpena, héroe galdosiano de “Los Ayacuchos”, que el marqués de Salamanca verdadero logra aposentar allí a su paso por Madrid.” Y anota a su vez Lorenzo Díaz que tales habitaciones las cedía el dueño a clientes amigos  y  Sarasate y Mazzantini las ocupaban durante su estancia en Madrid.

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Ahora Lhardy comparte sus 175 años de historia en papel con la Biblioteca Nacional y la opulenta consola que sostiene la fina botillería de la tienda abre paso al interior de los comedores donde se celebraron famosas cenas, muy elogiadas por especialistas de la talla del doctor Thebussem. O también banquetes célebres, como el ofrecido por Arturo Serrano a Jacinto Benavente en reconocimiento a uno de sus éxitos teatrales o el que quiso brindar un grupo de intelectuales al diestro Manolete.

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En la trastienda de Lhardy, a partir de las ocho y media de la tarde, se reunían en los años cincuenta Zuloaga, Domingo Ortega, Chueca Goitia, Julio Camba, Antonio Díaz- Cañabate o Luis Miguel Dominguín que se cubría muchas veces con su clásica capa española.

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Vieja estampa madrileña del caldo y el jerez, las barquichuelas de ensaladilla, las calientes croquetas o los suaves emparedados antes de adentrarse en las comidas exquisitas escoltadas por generosos vinos.

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(Imágenes.-1, 2, 4, 5, 6 y 7.-Lhardy.-wikipedia/ 3- cartel sobre Lhardy en el periódico ABC)