HEMINGWAY EN PARÍS

“Ernest Hemingway lo describió como era, en los años veinte, cuando el frío se hacía sentir más: árboles totalmente desnudos, que había que mirar como si fueran una especie de esculturas concisas; se ve el soplo del viento en la lámina fina y opaca de los estanques y en el chorro nítido de los surtidores — así lo recuerda Pere Gimferrrer en uno de sus “Dietarios” —.Quien atraviesa el jardín de Luxemburgo, en un día claro, frío y venteado, es el joven Hemingway, pero es el Hemingway viejo quien lo recuerda. En aquellos años, el museo de Luxemburgo era albergue de los cuadros impresionistas que luego fueron trasladados al Jeu de Paume. A menudo, Hemingway, con el estómago vacío, contemplaba un Monet, o un Cézanne: persistentes, los volúmenes plasmados en la tela se iban afilando, como aguzados por el hambre misma, cada vez más, detallados con agudeza obsesiva, como las palabras— esenciales, exactas, verídicas — que el joven Hemingway escribía, eliminaba, condensaba, sustituía en la tersura de un papel tan limpio y abstracto como el cielo de invierno sobre el jardín cubierto de escarcha.”

(Imágenes— 1- París 1929- national geographic/ 2- Montmartre 1947- Paul Almasy)

APARICIÓN NOCTURNA DE DANTE

 

 

Recuerda Pere Gimferrer en su “ Dietario” de 1980  que el 14 de septiembre de 1321 se extinguió la vida de Dante. Y recuerda también  “una leyenda, muy difundida, que dice que, tiempo después, el poeta se apareció en sueños a su hijo Giacomo y le indicó el lugar donde encontraría los trece últimos  cantos del Paraíso; la culminación del gran poema, el diálogo último — deslumbrante, supremo —con los más altos misterios. Podemos imaginar a Giacomo levantándose, de noche, o con el alba— todo es frío, todo es virgen, todo es claro — y hallando el manuscrito: el legado póstumo, la palabra enfrentada con la luminosidad total — abstracta y, al tiempo, simplicísima — del absoluto, aguzada y diáfana como nunca, con un tintineo preciso de plata y agua. Quizá el sueño es una invención, pero será real de una manera  más profunda y secreta. La buena gente de Ravenna que decía que Dante había estado en el Infierno, tenía razón, intuitivamente, en un sentido metafórico nada primario. La gente que creía la leyenda del sueño, acertaba también, sin saberlo: los últimos cantos de la “Divina Comedia” no son ya palabras de esta tierra. Palpitan, purísimos en el límite del más allá del sueño.”

 

 

(Imágenes— 1- Domenico di Michelino- 1465- Dante Aligieri- Wikipedia/ 2- Boticelli- el Infierno de Dante- 1490- wikipedia)

COPPOLA Y “APOCALYPSE NOW”

 

“Yo estaba allí , en medio de la selva — recordaba Coppola evocando el rodaje de Apocalypse Now —, y  todo el mundo me miraba. Teníamos problemas, no sólo a causa de las terribles tormentas y las tensiones en el trabajo, sino porque habíamos llegado a un punto en el que no podíamos  continuar la película. Como  todo el mundo, yo había empeñado mi coche, mi casa y todo lo que tenía , incluyendo los derechos futuros de películas como El Padrino, como garantía ante el banco, de modo que si me pasaba del presupuesto ese dinero cubriría las diferencias. Tenía dificultades y a nadie a quien pedirle ayuda. No tenía productor, no tenía un protector, no tenía jefe. El jefe era yo. Había conseguido mi deseo, yo tenía todo el control. Al final llegué a un punto en el que dejé de luchar y me iba a la cama pensando : “Se acabó; no puedo, no puedo hacerlo.”

 

 

Estos días se recuerda que han pasado cuarenta años desde aquella película. El relato de Conrad era muy tentador cinematográficamente. Coppola había dicho al final: “la película no es sobre el Vietnam. Es el Vietnam.(Orson Welles, como anota Pere Gimferrer, se había planteado la posibilidad de adaptar “El corazón de las tinieblas” narrando enteramente la historia por el procedimiento de cámara subjetiva, es decir, de modo que la cámara se identificase con la mirada del narrador, traducción visual de una forma bastante usual del relato literario: la narración en primera persona)

 

 

Pero proseguía la voz de Coppola hablando sobre el rodaje: “una vez desperté y me di cuenta de que daba igual. Es como ese tipo que dice: no necesito el trabajo, no necesito un coche nuevo, no necesito triunfar en mi carrera: en la vida hay cosas más bellas e importantes que eso. Así que empecé  a pensar que podía convertir la película en algo personal, que podría seguir mis instintos sin preocuparme de nada más. Aunque fracasara, al menos habría rodado la película que quería.”

 


 

“La misma película — continuaba Coppola — se convirtió en una especie de Vietnam, no podía salir de ella y la única forma que tenía de salir de ella era a través de una escalada de estilo. Y el film se fue volviendo cada vez más mítico. Empieza como un film de guerra realista y acaba siendo algo más que eso. Si alguien viera el final de Apocalypse sin haber visto el principio, pensaría que es una locura. No se sabe si el protagonista es un loco o un héroe. Y seguramente era ambas cosas. Pienso que ése es el verdadero tema de la película, esa dualidad entre el bien y el mal.”

 


 

(Imágenes- -1-marca/2- collider/3–Coppola – hoy/ 4-Marlon Brando -huffi post/ 5- polígono)

JUAN RAMÓN, AMISTADES Y ENEMISTADES

 

juan-ramon-biografias-y-vidas-com

 

La historia de las rencillas entre escritores ocuparía varios volúmenes. El ego de los literatos establece a veces unas fronteras difíciles; se une en ocasiones la envidia con la ambición y el resultado nunca es beneficioso.

Contaba el critico y profesor Ricardo Gullón, excelente conocedor de Juan Ramón Jimenez, que el gran poeta español mantuvo varios enfrentamientos con sus contemporáneos. » Odios, no – confesaba – pero en cambio puede hablarse de antipatía o recelos mutuos. En ocasiones Juan Ramón creía que algunos poetas se le oponían y quizá minaban el terreno en que el escritor de Moguer estaba asentado, tratando de reducir su estatura o su valor en relación a la de otros poetas de su edad o poco mayores como Miguel de Unamuno.

El choque mas violento lo tuvo con Neruda. Decía Juan Ramón que cuando Neruda estaba en España, le llamaba por teléfono para insultarle y decirle cosas desagradables. El caso es que Neruda se sintió herido por algunas consideraciones sobre «Poética y poesía» que hizo Juan Ramón en «el Sol» y quiso contestarle de manera muy acre en la revista «Caballo verde para la poesía».
Incidentes parecidos tuvo con Bergamin y menos importantes con Jorge Guillén y Pedro Salinas. Hubo un famoso telegrama a Jorge Guillén: » Retirada amistad y poesía«. Sin embargo los dos eran grandes poetas y habían convivido o mantenido estrecha relación sobre todo en el tiempo en que colaboraban en el suplemento de «La Verdad» de Murcia. Si esas cosas no se cortan, los periodistas – » esos escandaleros de oficio», los llamaba Juan Ramón – al exagerar los incidentes, los desvirtúan por completo.
En cambio, con los llamados «nietos» de Juan Ramón, el poeta de Moguer únicamente ha recibido admiración. Pienso en José Hierro o Pere Gimferrer, o en Octavio Paz, por ejemplo, a pesar de ser muy distintos».

Juan Ramón, inventor de muy bellas palabras como no solamente decir «sonreír» sino «sonllorar» al referirse a episodios de guerra, vivió en algunas etapas de su vida depresiones y grandes altibajos. Las rencillas – nunca nuevas entre los escritores – rasgaron de un modo u otro sus amistades que parecían fuertes y también entrañables convivencias.

(Imagen- Juan Ramón Jiménez -biografías y vidas)