LOS PÁJAROS DE YO SÉ DÓNDE

«Toda la noche,

los pájaros han estado

cantándome sus colores.

(No los colores

de sus alas matutinas

con el fresco de los soles.

No los colores

de sus pechos vespertinos

al rescoldo de los soles.

No los colores

de sus picos  cotidianos

que se apagan por la noche,

como se apagan

los colores conocidos

de las hojas y las flores.)

Otros colores,

el paraíso primero

que perdió del todo el hombre,

el paraíso

que las flores y los pájaros

inmensamente conocen.

Flores y pájaros

que van y vienen oliendo,

volando por todo el orbe.

Otros colores,

el paraíso sin cambio

que el hombre en sueños recorre.

Toda la noche,

los pájaros han estado

cantándome sus colores.

Otros colores

que tienen en su otro mundo

y que sacan por la noche.

Unos colores

que he visto bien despierto

y que están yo sé bien dónde.

Yo sé de dónde

los pájaros han venido

a cantarme por la noche.

Yo sé de dónde

pasando vientos y olas,

a cantarme mis colores».

Juan Ramón Jiménez .- «Los pájaros de yo sé dónde«.

(Imágenes.-1.- Glenn Bartley/ 2.- Beth Crawford/ 3,. David Hemmings)

EL CANTO DE LOS PÁJAROS O LA MELANCOLÍA Y LA MÚSICA

«La música que debe emplearse para la curación de los temperamentos melancólicos secos – recomendaba ya en el siglo XVll Pierre-Joseph Buchoz – debe comenzar por los tonos más bajos, y elevarse insensiblemente a los más altos; es por medio de esta gradación armónica como las fibras rígidas, habituadas a los diferentes grados de vibración, pueden flexionarse. Por el contrario, un temperamento melancólico húmedo necesita para su curación una música alegre, fuerte, viva, variada, ya que ella siempre está más dispuesta a remover todas las fibras».

Ya escribí hace meses en Mi Siglo sobre la música de los pájaros: sobre sus trinos, ritmos y gorjeos. Pero cuando las melancolías de los tiempos asoman sus recuerdos por las esquinas del año, los pájaros y la música vagan de pronto entrando en las habitaciones de la mente como entraban y vagaban etéreas aquellas polillas que a Virginia Woolf  le inspiraron «Las olas» y que ella reconoce en una carta a su hermana Vanessa Bell. «Si los nervios languidecen y quedan abatidos – seguía diciendo Buchoz en su «Memoria sobre la manera de curar la melancolía con la música» -, si los líquidos son espesos e incapaces de movimientos, si el alma y el cuerpo se encuentran fuertemente afectados, entonces haca falta recurrir a una música simple, sonora, agradable; esta música pellizca el nervio auditivo, fortifica los movimientos y rejuvenece el corazón: de ahí vienen las ideas dulces y agradables y con ello el espíritu se hace más alegre».

Paul Kleecomo ya escribí aquí -decía de Pau Casals que «¡era uno de los más maravillosos músicos que haya  habido jamás! Su tono de cello es de la más conmovedora melancolía. Son ilimitados sus medios de expresión, tan pronto hacia el exterior, pero partiendo de la profundidad, tan pronto hacia el interior en la misma profundidad. Toca con los ojos cerrados, pero su boca se contrae ligeramente en el seno de semejante paz“.

El canto de los pájaros nos picotea estos días en las ventanas del año y los cristales se hacen única e inusitada música.

(Imágenes:- 1.-Vadim Trunov/ 2.-Pau Casals.-por Yousuf Karsh.-1954)

BOSQUES, BIBLIOTECAS, PÁJAROS, DESPACHOS

Cada vez que atravieso estos bosques del norte de España, en Galicia, entre Villagarcía de Arousa y Caldas de Reis, me veo de nuevo sentado largas horas, hace años, escribiendo un libro, inclinado sobre el folio, dedicando numerosas mañanas a la creación. Durante años transformé mi automóvil en mi despacho y el silencio y los pájaros se alternaban al otro lado de la ventanilla, pájaros que picoteaban antes de asomarse al papel, plumas y picos curiosos por saber qué escribía, sorprendidos ante el habitante desconocido.

Cada vez que atravieso también las salas de la Biblioteca Nacional en Madrid, entre estanterías y retratos, me veo de nuevo sentado numerosas horas ante un pupitre, escribiendo libros, novelas y ensayos, los pájaros de las páginas pasan volando de una a otra hoja, algunos brillantes en el colorido de la imaginación, otros distrayéndome la fantasía con los movimientos de su cola, rumor apenas perceptible de sus patas rojas.

Vienen y van estos pájaros como en conferencia, como en el poema persa, hablando entre sí, vienen siguiendo al escritor, vienen y van entre ideas y  recuerdos que traen en el pico desde una sala a otra y desde uno a otro árbol. Como digo en mi última novela «Mi abuelo, el Premio Nobel» (Funambulista), «oigo muy de cerca este suave rasgueo de la pluma sobre el papel, y lo oigo tan de cerca que parecería que fuera yo mismo quien ahora escribo (…) Me asombro de esta profundidad de las imágenes, de cómo voy asomándome por encima de la espalda de Dante para leer lo que entonces él escribía y de cómo voy asomándome por encima de las líneas que escribo, al otro lado de la tapia de las letras, para ver lo que sucede en el bosque» (…)

«Era la primera vez que le ocurría aquello tan nítido, una visión total por la que él veía el bosque ahora todo entero, desde los diminutos ratones de campo hasta las puntas de las copas de los árboles, por la que él veía la ciudad toda entera, desde la densidad del tráfico y el ir y venir de las gentes aceleradas hasta lo alto de los cielos plomizos con cristales de contaminación y chimeneas y humos entre ruidos y plazas y ajetreos de quehaceres incesantes, pitidos, frenazos y luces intermitentes, insultos, sonrisas, encuentros y separaciones, edades que salían de los colegios, edades que entrelazaban sus manos, edades que se besaban en los labios, edades que se tomaban del brazo para cruzar las calles, edades que se sentaban en los bancos apoyados en la soledad, y en lo vertical y en lo horizontal de la ciudad él era mirado como un hombre entre todos los hombres, un hombre corriente entre todos los hombres y mujeres corrientes que iban espiando escaparates, dándose palmadas, estrechando manos, bajando de autobuses, saliendo del metro, taconeando, tosiendo, fumando, rompiendo de pronto en una carcajada, brilllando los ojos ante una sorpresa, tensos ante una llamada telefónica, conectados a pantallas, sentados en teclados, sentados en automóviles, sentados en restaurantes, vendiendo, comprando, intercambiando, negociando, haciendo transacciones, ofreciendo servicios, pasaban los taxis por encima y cruzaba el metro por debajo, a él se le veía andando y él era visto a la vez, él era contemplado y él contemplaba el mundo al mismo tiempo, pasaban los ruidos, los sonidos, los inventos, los avances del siglo y él pasaba entre elllos, él cruzaba aquel escenario igual que había cruzado el anterior con Dante, igual que había cruzado las gargantas angostas y los suelos descarnados de aquel bosque anaranjado y tostado de líquenes en los troncos y de zonas quemadas y matorrales, igual que había separado los tonos cenicientos y las ramas caídas para ver a sus hijos como padre con una mirada amorosa de corazón enternecido; así era mirado ahora él».

(Cuando están a punto de cumplirse los 300 años de la Biblioteca Nacional)

(Imágenes:- 1.-Nikolae Blei- mesteceni.-artpeka.ro/2.-National Geographic/3.-la conferencia de los pájaros.- ilustración del libro de poemas persas-Farid- ud Din Attar/4.-Ansel Adams.-invierno en el valle de Yosemite.-1933- 1934)

PÁJAROS EN LAS MANOS

«Durante todo el día, mientras la lluvia golpeaba y susurraba – confesaba John Burroughs  en sus «Miradas a la naturaleza» (Centellas) -, he estado oyendo las notas del petirrojo y el tordo de los bosques; el papamoscas no dejaba de jugar a dos pasos de mi ventana, lanzándose como una flecha, gorjeando con voz baja y satisfecha entre las hojas humedecidas, con las plumas secas y lisas, como si las gotas hubieran pasado a través de él; el sinsonte jugueteaba y se

posaba sobre la valla de mi jardín; el troglodita se detenía un instante bajo la lluvia, y se entregaba luego a una breve pero fogosa repetición bajo las grandes hojas del emparrado; el ave del paraíso me informó de su vecindad con su vuelo amanerado, y la golondrina de las chimeneas, encaramada en la buhardilla, cantaba «chipi-chipi-cherri», la adivinanza para los niños». Alguna vez en Mi Siglo he hablado ya de la música de los pájaros, pero ahora son también los pájaros los que se posan sobre los dedos de nuestras manos, sobre las páginas de nuestros libros. Cuando Len Howard, en «Los pájaros y su invidualidad» (Fondo de Cultura) habla del cántico del petirrojo recuerda que es mucho más expresivo en otoño que en primavera. «Me suena feroz – dice -, amenazador, mimoso, aliviado, contento, triunfante, mórbido, presumido, lastimero, resuelto, aburrido, desesperanzado, dando la impresión de que su adversario es un necio y el mundo una cosa estúpida. Garstang,recuerda también Howard  -en su libro sobre el canto de los pájaros, lo llama el Chopin de su clase, pero

Chopin es a menudo sentimental y los petirrojos no lo son nunca». Burroughs y Howard, entre tantos otros, van y vienen entre los pájaros, entre sus plumas y sus cánticos, observándolos y escuchándolos, interpretando sus movimientos.  «Con estos ángeles y ministros de misericordia como compañeros – seguía diciendo Burroughs -, hasta en la soledad de mi despacho me siento impulsado más que nunca a expresar amor y admiración. (…) A los ojos del hombre de ciencia, que diseca y clasifica, un pájaro no es ni más ni menos simpático que una ardilla o un pez; a mí, sin embargo, me parece que todas las cualidades superiores de la creación animal convergen y se concentran en estas ninfas del aire; la naturaleza alcanza su obra maestra con el pájaro cantor».

Es así como los poetas se acercan a los pájaros y los pájaros a los pintores y los pintores de nuevo a los poetas para escuchar mejor a los pájaros, prendidos todos ellos, por ejemplo, de los timbres del mirlo,» de voz bellísima y madura – comenta Howard -, con los modos de sus tonadas diversos, a menudo hermosos, serenos y calmantes, a veces humorísticos o extraños, y con frecuencia de carácter pastoril, porque la canción de cada pájaro se compone de muchas de esas tonadas, ideadas por él y cantadas luego con variaciones improvisadas sobre la idea original si está de humor».

(Imágenes:- 1.- Sonja Braas.- 1991.- you-hare-ere.-26.-melisaki/ 2.-Indra Grusaite.- Indra Grusaite. tumblr/ 3.-New York Historical Society/ 4.-René Magritte/ 5.-anónimo francés del siglo XVll)

MÚSICA DE LA NATURALEZA

El caballo relincha, el toro muge, el león ruge, el tigre gruñe, el mundo entero resuena de voces. Sólo los pájaros cantan  -recuerda el músico norteamericano Simeon Pease Cheney -. Son los artistas más delicados de la Naturaleza, que viven y trabajan por encima de la tierra”. Pero cuando Cheney desciende, por ejemplo, a escuchar al atajacaminos señala que éste “acentúa la primera y la última sílaba de su nombre -«whip-poor-will», en inglés – repitiéndolo valientemente y acentuando con más fuerza su final.(…) Los pájaros cantan magníficamente. Utilizan todos los intervalos de las gamas menores y mayores con una entonación perfecta, una voz pura, y ejecutándolos a la perfección; con un arte consumado de la melodía, un encanto magnético y espiritual que no posee ninguna otra música de la tierra».

Sobre la música de los pájaros he escrito alguna vez en Mi Siglo. Pero Cheney, además de acercarse al cielo exterior de los pájaros, descubre melodías en los interiores de las casas, allí donde el silencio de las cosas inanimadas y en las habitaciones de los objetos cansados, se escucha la música del agua de un grifo que gotea en un cubo medio lleno. «Me he quedado embelesado– dice Cheney en «La música de los pájaros« (Centellas) – por la música de una puerta que golpeaba perezosamente; producía unas sonoridades encantadoras, semejantes a las de un clarín que sonara a lo lejos, formando agradables acordes melódicos, mezclados con graciosas notas ligadas y con tecleados artísticos dignos de ser estudiados e imitados. Despertado por un viento violento una noche de invierno, oí cómo un vulgar perchero hacía arrremolinarse una melodía salvaje en unos intervalos de una pureza perfecta».

El oído se afina ante la animación de los objetos como el oído se afina tanbién ante el canto del jilguero amarillo, del tordo solitario, del charlatán, del verderón canoro o del cardenal de pecho rosado. Cheney fue el primero en Estados Unidos que se dedicó a transcribir directamente el canto de los pájaros en notas musicales. Pasó treinta veranos de su vida en los bosques de Nueva Inglaterra escuchando el canto de las aves. Y Antonín Dvorak  según puede leerse en el prólogo de este pequeño volumen – cuando estuvo en el verano de 1893 en un remoto pueblo de Iowa, dio largos paseos acompañado de este libro. Allí escribió su famoso Cuarteto de Cuerda nº 12 mientras meditaba en lo que decían estas páginas.

(Imágenes:-1.-Nathalie Maranda.- Gallerie de Bellefeuille/2.-pájaros de Durero/ 3.-foto por Paul Nicklen.-The National Geographic)

SALUDO AL PÁJARO

«Yo te saludo

grajo de agua de negro azabache

que conocí en otros tiempos

pájaro de las hadas

pájaro del fuego pájaro de las calles

pájaro de los que transportan a los niños y a los locos

Yo te saludo

pájaro gracioso

pájaro burlón

y me enardezco

en tu honor

y me consumo

en carne y hueso

y en fuegos de artificio

sobre la escalinata del ayuntamiento

de la plaza de San Sulpicio

en París

por donde pasabas muy deprisa

cuando yo era niño

riendo entre las hojas del viento.

(…)

Yo te saludo

pájaro de los perezosos

pájaro de los chiquillos enamorados

Yo te saludo

Pájaro viril

Yo te saludo

pájaro de las ciudades

Yo te saludo

pájaro de los cuatro jueves

pájaro de los suburbios

pájaro de Gros- Caillou

pájaro de Petits- Champs

pájaro de los Mercados pájaro de los Inocentes

(…)

Yo te saludo

pájaro de las criadas

pájaro de los muñecos de nieve

pájaro del sol de invierno

pájaro de los orfanatos

pájaro del Muelle de las flores y de los esquiladores de perros

Yo te saludo

pájaro de los bohemios

pájaro de los que no sirven para nada

pájaro del tren urbano.

(…)

Yo te saludo

pájaro de los hospitales

pájaro del Manicomio

pájaro de la Maternidad

pájaro de la campana

pájaro de la miseria

pájaro de los cortes de luz

Yo te saludo

Fénix poderoso

y te nombro

Presidente de la autentica república de los pájaros

y te regalo por adelantado

la colilla de mi vida

para que renazcas

cuando yo esté muerto

de las cenizas de aquel que era tu amigo».

Jacques Prévert: Palabras


(Imágenes: 1 y 3:  midnightmartinis/ 2 y 4.-Holger Droste.-smashingpictures)

EL LIBRO MÁS CARO DEL MUNDO

Imágenes del interior del libro. | Efe
 

«Después que usted haya fallecido, lo compraré a bajo precio» – le aseguró el bibliófilo francés Pixérécourt al que había pagado muy caro un libro que él deseaba. No tuvo que esperar mucho – comenta Antonio Palau en su «Memoria de libreros» -, pues poco después de esta especie de maldición, el aludido murió». Esperemos, lógicamente, que esto no ocurra ante la subasta por la que «Aves de América«, del naturalista James Audubon, se han pagado en Londres 7,3 millones de libras esterlinas (8,7 millones de dólares), rompiendo el record de subasta de un libro impreso, según cuentan las Agencias.

«Su comprador en Sotheby’s – dicen las informaciones – ha sido un marchante londinense, Michael Tollemache, que ofertó desde la propia sala y que ofreció esa cantidad récord por los cuatro volúmenes de la primera edición del libro de Audubon, de la que existen sólo 11 copias en manos privadas mientras que otros 108 ejemplares restantes pertenecen a museos, bibliotecas y universidades«.

«El libro contiene 1.000 ilustraciones de cerca de 500 especies de aves y Audubon tardó 12 años en completarla. Este ejemplar pertenecía a la colección del segundo lord Hesketh, un famoso bibliófilo que lo adquirió en julio de 1951 en Christie’s por sólo 7.000 libras».

En torno a las subastas de libros las curiosidades son muy numerosas. Mediado el siglo XlX, un gran bibliófilo, el conde de Bedoyère, decidió poner a la venta su biblioteca. Un capricho de coleccionista le empuja a tal decisión, pero más tarde se conmueve e irrita ante la idea de que cualquiera pueda poseer sus preciosos ejemplares. Y a partir del número 1 del catálogo de la subasta se dedica a pujar furiosamente, de tal modo que al terminar ésta se encuentra de nuevo en posesión de todos sus libros, a los que debe, naturalmente, que añadir la nota de gastos del tasador.

(Imágenes:- 1.- láminas del interior del libro «Aves de América».-EFE/ 2, 3,4 y 5.- New York Historical Society)

MIGUEL HERNÁNDEZ (3): EL PÁJARO ENAMORADO

«En el cañaveral del río que andaba como con zapatos de lana silenciosa por el campo más desamparado de criaturas y árboles, ahí mora, en el nido heredado de sus padres, el pájaro que más hondamente siente en su garganta y en su sangre la influencia de los plenilunios. Las noches de luna como novias pluviales y resplandecientes, se las pasa el pájaro con el pico y la voz desvelados, la lengua cubierta de corazón y el pecho temblándole como una lágrima plumífera. Los dulces peces del río aguzan sus branquias como orejas y escuchan ensimismados y devotos el cántico de amorosas llamas y plumas devuelto al aire por la superficie de resonancia del agua. Se queja el pájaro, se acongojan las cañas sobre las que levanta la monarquía triste de sus acentos; su pico esgrimido contra su pico, como anclado alrededor de su voz, sus alas cejijuntas, sus ojos alicaídos, sus patas empuñando desesperadamente el talle de las cañas. Las demás noches calla y sufre de amor, rabioso, va de un lado de la vía láctea al otro lado, de piedra en piedra, de pena en pena, de soledad en soledad. Necesita la hembra: se la exigen sus venas con el fervor ardiente del sol de agosto, con gritos de vino hirviendo, con herraduras transparentes de enardecidas. Le duelen como golpeadas con grupos de ortigas, el corazón y el sexo, los ojos se le intensifican de deseosos y expectantes. La hembra: la busca bajo los juncos, la requiere desde los aires, la sueña en la atmósfera de polen de palmera masculina de la luna. Y se desangra y fluye su corazón por la lengua y sus venas aumentan y abultan como con el castigo de un látigo cuando imperan los plenilunios.

En la lluvia de alambre de la jaula, a los dos días de ser sorprendido y secuestrado, cuando ya no veía de tanto cantar una noche, ha muerto el pájaro ante los ojos envidiosos del gato de su carcelero. Ni una sola vez ha prorrumpido en trinos dentro del reducido ámbito a la expansión de su vuelo que le marcaron. En los primeros momentos picó exasperado, se batió contra su cárcel; después inclinó la postura de la cabeza y sumergió el pico resignado en el pecho: así ha muerto. Pájaro fiel a su destino de pájaro, negándose a vivir fuera de las oceánicas libertades del cielo y la tierra, que le prometiera dos alas y un pico besable en su soledad de enamorado. Él no podía poner su voz al servicio de una casa, esclava de otra voluntad. Él cantaba, siempre, como cantamos, por enamorado y jamás por oficio. Fue un verdadero pájaro, anarquista de pluma, ruiseñor esquivo y exquisito.

Los canarios y jilgueros domésticos, traidores a su especie, comentan a grandes silbos burlones la muerte del ruiseñor y le llaman tonto».

Miguel Hernández: «El pájaro enamorado«.-Prosas.-(escrito entre 1934 y 1935)

(1910-2010.-el año en que se conmemora al poeta)

(Imágenes:-1,- Bird.- Robin Duttson– .2007.-TAG FineArts.-London.-artnet/ 2.-Abbas Kiarostami.-Meem Gallery.-Dubai.- United Arab Emirates.-artnet)

MÚSICA DE PÁJAROS

Los mirlos componen en el aire tonadas de ritmos distintos, cantadas con leves pausas que separan cada tonada. Son  melodías muchas veces afines a la música humana, con variedad de efectos alterando la clave, invirtiendo por completo las frases musicales. El ruiseñor, por su lado, lo hace en diferentes ritmos, con una leve pausa después de cada uno, componiendo frases propias con su técnica del trino. El gran compositor Olivier Messiaen se inspiró precisamente en las voces del mirlo y del ruiseñor llevando así el peso del movimiento para clarinete solo en su «Abismo de los pájaros«. Así lo cuenta Alex Ross en el extraordinario libro «El ruido eterno» (Escuchar al siglo XX a través de su música)» (Seix Barral), y es esa música alada, entre picoteos en las ramas, la que me lleva hasta conciertos escuchados durante años en el silencio del despacho, mientras escribía. «Los pájaros han sido mis primeros y mis mayores maestros. –  explicaba  MessiaenCantan siempre en un modo determinadoNo conocen el intervalo de octava. Sus líneas melódicas recuerdan a menudo las inflexiones del canto gregoriano«. «La Naturaleza, ¡los cantos de los pájaros…!- seguía – Es ahí donde reside para mí la música. La música libre, anónima, improvisada para el placer…»

Evoca Ross que la primera demostración prolongada en la música de Messiaen a partir del perfil de melodías de pájaros llegó con su «Despertar de los pájaros«, donde se oye cantar sucesivamente a docenas de pájaros y, por otro lado, «en el «coro del amanecer», son veintinuno los que se reúnen en un caos polifónico encantador«. El compositor entregó el control de su música a fuerzas exteriores. «Estoy deseoso de perderme tras los pájaros«, exlamó. «El lenguaje opulento del «Quatuor pour la fin du temps» (1941)- sigue diciendo Rosslogra que los pájaros de Messiaen, al contrario de los pájaros en la naturaleza, graviten hacia un centro tonal. (…) La confianza en el canto de los pájaros le permitía a Messiaen recuperar la primacía de una línea cantable«.

Los pájaros siempre han sobrevolado páginas de música. En el siglo XVlll y en el XlX eran alusiones fugitivas, evocaciones pintorescas transportadas suavemente en el peso de las alas. Pero será con Messiaen cuando el «estilo pájaro» – tal como él lo llamaba – plante sus modos, timbres y ritmos sobre las ramas de la gran creación. El «Despertar de los pájaros» (1953) para gran orquesta y piano principal; los «Pájaros exóticos«(1956) para piano solo, 2 clarinetes, xilófono, pequeña orquesta de viento y percusión; el «Catálogo de pájaros«(1956-58) para piano, consagrado a los pájaros típicos de diversas provincias francesas: en el fondo siempre pájaros, pájaros cantando. Entre  imágenes y sentimientos, anidando en las ramas, bullendo y picoteando al mover la cabeza ante la primavera alborotada, ateridos o vigilantes, ahí están en el aire las canciones de la alondra, del jilguero, de la curruca de cabeza negra, notas plateadas en los árboles, canción abreviada del alfarero, crescendos y diminuendos del chorlito, música del petirrojo, del tordo, crescendo del mirlo, canción gorjeada del andahuertas, gorjeo de las currucas, trino del zarcero, inquietud en el saltamimbres, silbo en fragmentos del pinzón real, todo el siglo XX en el aire, como en el aire estará también el XXl entre montañas de largos tiempos y espacios ínfimos que recorren insectos en caravana. Toda la Naturaleza dentro del estudio de Messiaen, en el techo y en el suelo, invadida de sonidos la atmósfera. Van y vienen los pájaros en vuelo corto, flexible, apenas son curva de cántico que llega hasta el piano. Messiaen inclinado, concentrado, trabajando, los ve venir, y dice enseguida: «aquí todo es verdadero, las melodías y los ritmos del solista, las melodías y los ritmos de los vecinos, los contrapuntos de unos y de otros, las respuestas, las mezclas, los períodos de silencio, la correspondencia del canto y de la hora«.

(Imágenes.-1. foto por Richard Day.-Animals Animals.-Earth Scenes-National Geographic/ 2.-foto por Joel Sartore.-National Geographic/ 3.-cortesía Harvey Doerksen U. S. Fish and Wildife Service.-National Geographic/ 4.-foto por Michael Melford.-National Geographic)

RECIBIENDO EL PREMIO NOBEL

          «Entonces, cuando ya parece que se ha sentado el Rey porque todo va a comenzar, cuando ya parece que todos  vamos a escuchar desde nuestros asientos, mi abuelo, el Premio Nobel de Literatura Dante Darnius, levanta su mano en el aire y hace una seña para que atendamos.

          –Majestadempieza a decir respetuosamente mirando al Rey.

          Y como tantas otras veces en nuestra casa cuando está sentado ante la familia y nos cuenta sus dificultades para trasladar las historias al papel, ahora se dirige primero al Rey de Suecia y luego a todos nosotros y nos explica lo que él tenía pensado para esta solemne ceremonia de recepción del Premio Nobel.

          –Quería haber traído escrita para leerles a ustedes –dice tímidamente– una historia que llevo desde hace tiempo en la cabeza, pero que no me ha salido, que no he podido escribir.

          Está pálido Dante ahora, de pie ante el atril, vestido con su frac, con su barbita puntiaguda, con sus ojos muy vivos.

          –No, me ha sido imposible escribirla –repite con angustia.

          Y el pobre Dante ya no sabe cómo continuar.

          –Es una historia –dice con voz muy fina– sobre el vuelo nocturno de un Delta.

          Y ayudándose poco a poco con las manos para trazar sus gestos intenta contarnos el principio de esa historia.

          –Como se dice en los cuentos, Majestad –y Dante se dirige ahora con sus palabras al Rey–, a mí me hubiera gustado traer escrita aquí una historia que comenzara así: «Érase una vez». Érase una vez, Majestady Dante se va animando–, una península que tenía prendida en uno de sus costados frente al mar un trozo de tierra llamado delta, una lengua de arena con forma de punta de flecha con la que la tierra solía burlarse cada tarde del océano y hacerle muecas a las olas. Aquel trozo de tierra llamado delta estaba tumbado sobre el mar. Parecía un animal dormido o abatido. Poseía dos alas enormes envolviendo a dos bahías y sobre esas dos alas de marismas y lagunas se posaban día y noche toda especie de aves del cielo, desde la golondrina de mar hasta las gaviotas y los rayadores. Intentaba aquel delta con su pico de arena irse quitando de las alas la algarabía de flamencos posados, el crotoreo de mandíbulas de las cigüeñas y las patas de las garzas que luchaban para no hundirse en el fango. Pero no lo conseguía. Cada vez venían desde más lejos –desde el sol de las migraciones, desde la guía de las estrellas, desde las presiones barométricas, desde los viajes insomnes remando por el aire– el alcatraz de elegante vuelo, el chorlito dorado, el cuclillo bronceado o el collalba gris. Tantas aves empezaron a posarse en las alas del delta, tantos picos danzaron sus galanteos y tantas plumas aletearon deslumbrantes, que aquel delta poco a poco se fue transformando en un ave inmensa, fue dejando caer al fondo del mar el polvillo de su erosión, hinchó los pulmones de sus marismas, dobló y pegó sus alas llenas de aves contra su cuerpo para reducir el choque del viento y una noche, sin avisar a nadie, cuando estaban las luces apagadas en la península y todos dormían, emprendió vuelo nocturno batiendo y alzando sus alas y entreabriendo sus plumas primarias igual que una persiana para dejar que se deslizara el aire con soltura. Así, batiendo las alas en forma circular –hacia adelante en los aletazos descendentes y hacia atrás en los ascendentes– aquel delta convertido en ave gigantesca voló toda la noche por el mundo, visitó los nidos de las nubes, se entretuvo con el regocijo de las alondras, oyó la murmuración de los estorninos y escuchó las trompetas de las grullas. Volvió antes del amanecer, reduciendo en el aire su velocidad, haciendo cóncavas sus alas, resistiendo sus patas al descenso, posándose muelle y suavemente antes de que empezara el día. A la hora violácea de las primeras luces, el delta apareció otra vez, tendido como siempre, como si nunca se hubiera movido de su sitio, con sus alas de lagunas cubiertas por el graznido de los patos y su pico en punta de flecha bebiendo en el océano azul. Nadie supo que había realizado un vuelo nocturno. Las gentes de la península no podían imaginar que su delta volase e hicieron su vida como siempre, ajenos a aquel apéndice de arena que esperaba a la noche siguiente para convertirse en ave. Estuvo así, volando cada noche puntualmen­te, aquel delta de las alas enormes transformado en ave viviente y en cada vuelo nocturno descubría más mundo. Volvía siempre antes de la aurora y jamás era sorprendido. Hasta que un día no volvió.

          Y Dante se detiene.

          –No, ya no volvió más.

          Y Dante ya no continúa.

          Esperamos todos a ver qué dice Dante, pero Dante no añade nada.

          Empiezan las toses entre las sillas, empiezan los murmullos entre los asistentes.

          Nadie se atreve a preguntar.

          –No sé qué ha pasado con ese delta, Majestaddice Dante al fin tímidamente, casi sin voz–, porque no he podido escribir esa historia que hubiera querido leer aquí. No sé cómo continúa.

          Aumentan los murmullos en la sala.

          Quisiéramos preguntarle a mi abuelo, el Premio Nobel, quisiéramos saber qué ha pasado con ese delta.

          Y de repente nos sobrecoge un ruido impresionante en el techo que va apartando todos los rumores, que nos deja a todos en silencio.

          Un batir de enormes alas, gigantescas, pesadas, inmensas, cruza solemne sobre esta sala, pasa majestuoso por el cielo de Estocolmo.

          No, no es un avión.

          Causa escalofrío.

          Todos miramos hacia arriba.

          Tarda mucho en pasar.

          –¿Es el delta, verdad? –le susurro temblando a mi hermana Amenuhka, cogiéndola de la mano.

          Sí, debe ser el delta. Baten las enormes alas llenas de aves y pasan sobre nosotros cruzando el techo».

José Julio Perlado: (del libro «Nosotros, los Darnius«) (relato inédito)

(Imágenes:- 10 de diciembre de 2007.- ceremonia de de los Premios Nobel. -foto Pascal Le Segretain/Getty  Images Enternainment.-Foundation Nobel)

VERANO 2009 (9) : PEDRO SALINAS

pájaros.-KKGGK.-por Donald Sultan.-1997.-artnet

«¿El pájaro? ¿Los pájaros?

¿Hay sólo un solo pájaro en el mundo

que vuela con mil alas, y que canta

con incontables trinos, siempre solo?

¿Son tierra y cielo espejos? ¿Es el aire

espejeo del aire, y el gran pájaro

único multiplica

su soledad en apariencias miles?

(¿Y por eso

le llamamos los pájaros?)

 

¿O quizá no hay un pájaro?

¿Y son ellos,

fatal plural inmenso, como el mar,

bandada innúmera, oleaje de alas,

donde la vista busca y quiere el alma

distinguir la verdad del solo pájaro,

de su esencia sin fin, del uno hermoso?»

Pedro Salinas: «Confianza» (1955)

(Imagen.-pájaros, 12 junio 1997.-por Donal Sultan.-artnet)

EL RUISEÑOR

El ruiseñor, pavo real

facilísimo del pío,

envía su memorial

sobre la curva del río,

lejos, muy lejos, a un día

parado en su mediodía,

donde un ave carmesí,

cenit de una primavera

redonda, perfecta esfera

no responde nunca: sí.

Jorge Guillén, «Cántico».