IMPERTURBABLE ANTE LOS ATAQUES

 

 

“Para aquel que es centro de ataques como usted lo es — le decía  Ibsen a un amigo en una de sus cartas —,  para aquel que es atacado por mentiras, calumnias, etc, yo le doy un consejo que sé que es bueno, por experiencia propia. Eleve el alma. Esta es la única arma que se puede usar en este caso. Mire hacia adelante. No permita que piensen que sus ataques le han afectado. En una palabra, haga como si ignorase su existencia. ¿Cree que estos ataques son vivos, tienen fuerza de vida? Hace años, cuando yo leía un violento artículo contra mí, me decía: “Ya soy un hombre acabado, jamás me recuperaré.” Pero sí, me recuperaba. Nadie se acuerda ya de lo que entonces se escribió. Yo mismo, después de tanto tiempo, lo he olvidado. Por tanto no caiga usted en la vulgaridad de intentar defenderse. Siga su trabajo.  Comience una nueva serie de conferencias, tenga calma, mantenga una sangre fría irritante, y un desdén alegre.”

(Imagen —Felix de Boeck)

EN LOS MÁRGENES

 

 

“En los márgenes de los libros yo he escrito mucho durante años. Quizá treinta, cuarenta años. Sigo haciéndolo. Ha cambiado mi letra pero no mi curiosidad. Cuando abro de nuevo el “Rilke” de Angelloz , por ejemplo,  leo mi letra en los márgenes y me lleva a mañanas solitarias — las seis, las siete de la mañana, antes de irme a la Universidad —en donde Rilke me hablaba y me habla, hablaba también Rodin con sus consejos: trabajo y paciencia. La paciencia me ha acompañado a esas horas, me ha acompañado siempre, hemos ido la paciencia y yo buscando un banco ante el mar, en el campo, la paciencia se ha sentado conmigo y me ha abierto la página del trabajo, el dedo de la paciencia me ha  ido indicando la cita de Rodin, la de Rilke la de Proust, la de Tolstoi, la de Woolf, me ha ido indicando qué debía anotar,  corregir, analizar, cómo no tenía que  correr,  cuánto había que esperar, apuntar  las sorpresas, dejar testimonio manual de  aquello que me estaba formando, el libro de los márgenes, el libro de mi letra personal, subrayados, flechas, pensamientos,  regalos asombrosos de autores, ocupaciones,  ideas, obsesiones, inquietudes.

Uno  quizá debía  de publicar los márgenes de lo que escribió en su día durante años mientras iba leyendo. Es un río de pensamientos. Viene la paciencia y el trabajo a lo largo del río y me entrega años de lectura y de  silencio.

José Julio Perlado

(Imagen- Diario de Katerine Mansfield – 6 septiembre 1911)

LA ESCRITURA CRECE DE NOCHE

” ¿El proceso de escribir es difícil? – se preguntaba Clarice Lispector -, pero es como llamar difícil al modo extremadamente prolijo y natural con que es hecha una flor (…) La enorme impaciencia al trabajar (quedarse parado junto a la planta para verla crecer y no se ve nada) no está en relación con la cosa propiamente dicha, sino con la paciencia monstruosa que se tiene (la planta crece de noche). Como si se dijera: “no soporto un minuto más ser tan paciente”, “la paciencia del relojero me irita”, etc. Lo  que más me impacienta es la paciencia vengativa, buey sirviendo al arado”. 

Paciencia de la planta.

Paciencia de la escritura.

 

De estas y de otras cosas hablo en mi reciente artículo sobre la gran escritora brasileña, de cuya personalidad creadora hay tanto que aprender.

(Imágenes:- 1.-“Pestwurz” 2002.-Franz Gertsch.-Mónica de Cárdenas Galleria.-artnet/ 2.- Clarice Lispector.- foto tomada de Alenarterevista)

RILKE Y RODIN

“Se percibe lo que inspiró a  Rodin al modelar esta cabeza, la cabeza de un hombre envejecido y feo, cuya nariz quebrada contribuía a intensificar aún más la torturada expresión del rostro (…) – dijo Rilke en una conferencia sobre el escultor escrita en 1903 -: no hay en esa cabeza una línea, un contorno, una intersección, que Rodin no haya previsto y querido. Uno cree sentir, cómo algunos de estos surcos aparecieron antes y otros después; cómo entre esta y aquella grieta que recorre los rasgos, yacen años, años de miedo; uno sabe que de las marcas de ese rostro, algunas fueron grabadas lentamente, como dudando; otras, dibujadas primero con suavidad, e intensificadas por una costumbre o un pensamiento que siempre volvía. Y se reconocen esas profundas mellas que tenían que haber surgido en una noche, como cavadas por el pico de un pájaro en la frente despierta de un insomne”.

Se publica ahora esta conferencia, acompañada de la que pronunciara en 1907, también sobre el escultor, en Auguste Rodinde Rainer María Rilke (Montesur). “Estoy en París… – le escribe Rilke a su mujer en agosto de 1902 – Soy una sola Espera”. Dos meses antes Rilke anuncia a Rodin que desea consagrarle una monografía. Para el poeta es “una vocación interior, una fiesta, una alegría, un grande y noble saber“. Con una asignación de 200 francos al mes, Rilke  vive como secretario particular del escultor desde septiembre de 1905 a mayo de de 1906. ¿Qué aprende de él? Entre otras cosas, algo fundamental: trabajo y paciencia: “vivir, tener paciencia, trabajar”, dice Rilke en una carta. Describe la mirada de Rodin, cuando éste trabaja, como si atravesara el aire como un hilo; es capaz de una inmovilidad de piedra cuando sus ojos se detienen en las cosas; sus manos dice- están hechas para tomar con fuerza, para hacer gestos que creen cosas y les den su forma; entraba en su taller con una regularidad invariable y, durante años, no se acostó sin antes haber realizado lo que había imaginado durante la jornada; nunca dejó de rehacer sus obras y, a veces, como en el caso de La Puerta del Infierno, las destruía para rehacerlas de manera más conforme con su visión; en los conciertos, Rodin – cuenta Rilke – se mantiene sentado “con el busto erguido, algo inclinado hacia adelante, las manos reposando apenas sobre las rodillas, como hecho de una pieza, sin miradas para el mundo exterior y semejante en todo a una cosa bajo la lluvia”.

Rilke, al conocer a Rodin, descubrirá también el aspirar perpetuamente a “lo abierto” y  la alegría. “Este sabio y este grande – dice en otra carta – sabe encontrarla, una alegría inefable como esas alegrías de niño que uno recuerda (…) Las cosas más pequeñas vienen a él y se le muestran; una castaña que encontramos, una piedra, una concha en la arena, todo habla como si hubiera estado en el desierto y hubiera ayunado y meditado”. Pero sobre todo, la paciencia y el trabajo: “permanecer en mi trabajo, poner toda mi confianza en él y solamente en él, esto es lo que aprendo en su grande ejemplo, dado con grandeza, – confiesa en otra nueva carta – como aprendo de él la paciencia; mi experiencia, es verdad, me repite sin cesar que no debo contar con muchas fuerzas; quiero, en consecuencia, tanto tiempo como sea posible, no hacer dos cosas, no separar provecho y trabajo, sino, por el contrario, tratar de hallar el uno en el otro mediante un solo esfuerzo concentrado”.

Hace ahora cuarenta años, en París, paseando por el Museo Rodin, evoqué al escultor. Tiempo después, leyendo el gran estudio de  Angelloz sobre Rilke (Sur), logré avanzar más en el conocimiento del poeta.

(Imágenes:- 1.- Rodin: “El hombre de la nariz quebrada”/ 2.-Rainer María Rilke.-wikipedia/ 3.-“Los burgueses de Calais”.-wikipedia)