NUBES TRANSPARENTES

 

“Nubes transparentes

con sus estratos grises y azulados,

llegadas aquí desde lejos,

de más allá del valle y del Istra,

para que en el estratificado humo

por el nuboso rastro

percibir podamos

el combate de los ángeles radiografiado.”

Mijaíl Aizenberg—(Moscú 1948) – (traducción de Marta Lloret Llinares)

 

 

(Imágenes—1- Constable- 1822- museo Victoria Alberto / 2- Ted Kinkaid- 2004-Walker gallery -Dallas- artnet)

EL DRAGÓN Y LA NUBE

 

.

 

“El vapor que exhala el dragón se convierte en nube. Es evidente que ni la nube ni el dragón poseen virtud sobrenatural alguna. No obstante, el dragón cabalga en la nube, vaga por la inmensidad del cielo, distribuye la luz y la sombra, desata el trueno y el relámpago y preside así los cambios de la naturaleza. El agua que cae del cielo inunda valles y colinas. En consecuencia, la nube posee una virtud sobrenatural. Pero esta virtud no le es propia; le viene del dragón. Y la virtud del dragón, ¿de donde viene? No de la nube, por cierto. Y, sin embargo, sin la nube el dragón no puede ejercitar su virtud sobrenatural. Ella es su punto de apoyo y la única ocasión que tiene para manifestarse. Y esto resulta más extraño si se piensa que el dragón no es nada sin la nube, que a su vez no es nada.”

Han Yü – “El dragón y la nube”(poeta chino del 800 después de Cristo)

 

 

(Imágenes—1-Neeta Madahar – 2005 -artnet/ 2- Masami tarda-artnet)

UNA CONVERSACIÓN CON OLGA

 

 

“El viernes pasado nos sentamos Olga y yo en una cafetería, como hacemos siempre, para repasar toda la semana.

— El martes, a media tarde, ¿sabes? – me confió Olga de repente  mientras se bebía una naranjada  -, vi una nube. Era una nube en forma de animal, yo diría que de caballo. Había posado su grupa encima de mi ventana. Tenía una pigmentación oscura y una especie de pelos blancos. El blanco lechoso de la crin se extendía en el cielo e iba cambiando de modo muy gaseoso hasta hacerse mate, yo diría que algo leonino. La nube no se movió durante mucho tiempo de mi ventana. Ya sabes que las nubes apenas se mueven. En ésta sus articulaciones estaban quietas sobre el marco. Las patas traseras eran muy cortas y su hocico era blanco. No daba la  impresión de caminar. Ninguna nube camina. El blanco mate de la gasa se fue haciendo lentamente gris hierro y poco a poco dorado. Ten en cuenta que era el atardecer. Después, por la parte de la cola, el gris moteado pasó a ser pardo y luego acabó en un puntito negro. Más tarde se fue agrandando el pecho de aquella nube, sus riñones se fueron deshilachando, desparramándose en círculos con gran lentitud hasta irse separando en muy pequeñas nubes transparentes, cada vez más gaseosas, cada vez un poco más lejanas hasta que yo ya no las pude seguir con la mirada. Eran diminutos círculos dentro de otras nubes diminutas que giraban muy despacio, ya irreconocibles hasta desaparecer. Entonces empezó la tormenta. ¿Te acuerdas de la tormenta del martes? Pues ahí empezó la tormenta. Tuve que cerrar enseguida la ventana. ¡Pues todo eso me pasó el martes, fíjate!

—¿Y en la oficina? ¿Qué tal en la oficina? ¿Has tenido mucho jaleo? – le pregunté.

—No. Lo más importante para mí en toda la semana ha sido esa nube. Esa nube en mi ventana. Esa nube no se me va de la cabeza,”

José Julio Perlado ( del libro “Relatos”) (texto inédito)

(Imagen – foto -:  George Hurrell- 1936)

PERDERSE, CAMINAR

caminos- bbrr- paisajes- Ellen Auerbach- mil novecientos cuarenta y nueve

“Perderse significa que entre nosotros y el espacio – recordaba Franco La Cecla en “El hombre sin ambiente” (Laterza) – no existe solamente una relación de dominio, de control por parte del sujeto, sino también la posibilidad de que el espacio nos domine a nosotros. Son momentos de la vida en los cuales empezamos a aprender del espacio que nos rodea (…) Ya no somos capaces de otorgar un valor o un significado a la posibilidad de perdernos. Cambiar de lugares, confrontarnos con mundos diversos, vernos obligados a recrear con una continuidad los puntos de referencia, todo ello resulta regenerador a un nivel psíquico, aunque en la actualidad nadie aconsejaría una experiencia de este tipo. En las culturas primitivas, por el contrario, si alguien no se pierde no se vuelve mayor. Y este recorrido tiene lugar en en el desierto, en el campo. Los lugares se convierten en una especie de máquina a través de la cual se adquieren nuevos estados de conciencia.”

paisajes-ednn-T Enami- caminos

“Mi forma de arte – decía también Hamish Fulton -es un breve viaje a pie por el paisaje (…) Lo único que tenemos que tomar de un paisaje son fotografías. Lo único que tenemos que dejar en él son las huellas de nuestros pasos (…) Los paseos son como las nubes. Vienen y se van.”

caminos-eewwe-T Enami org

“Utilizando una piedra como almohada – escribía a su vez en un haiku Santoka Taneda -, me dejo arrastrar hasta las nubes.”

Perderse, caminar, siempre ha sido una tentadora tarea para el hombre.

(Imágenes.-1.-Ellen Auerbach.-1949/ 2 y 3 .-T. Enami)

AQUELLA ÉPOCA (4)

paisajes.-99uun.-Andy Thomas

“Contemplando amplísimas franjas de países al sobrevolar entre aquellas “ciudades- nubes” cuyas manchas adquirían en la atmósfera formas idénticas a las capitales que cubrían, la mirada llegaba a perderse en desiertos que iban enlazando la soledad de su vegetación los unos a los otros, apareciendo todo despoblado de hombres, abandonados y despojados de vida animal, y con sólo un denso silencio y un aire limpio entre cada “ciudad- nube”. Allí, conforme los

cielos.-reevv.-paisajes.-Jans Ferdinand Willumsen.-1902

ojos se acercaban, las masas de vapor y sus frentes, cuerpos y colas desplazándose en sistema y haciéndose visibles en su condensación, desgajaban sus velos sombríos e iban deshilachando grandes balas de algodón: copos aislados, sombras, trazos tan precisos como espinas, agujas, setas o penachos, se disolvían suavemente como alejándose en el espacio. Dejaban paso a la extensión grasienta de aquella gran capital de gases suspendida como aceite en el cielo: bajo ella estaban los hombres, allí vivían, allí dormían. Su respiración se delataba en ese aliento.ciudades.-66ttg.-Londres en la niebla.- Alfred Smith.-1939

Porque el respirar de las muchedumbres concentradas, su ir y venir incesante y gran parte de su sistema de vida, reflejaba incluso en el aire la emanación de aquel cuerpo; como si al quedar abiertas las bocas de la ciudad, la capital tumbada sobre tierra empañara el espejo. Dentro ya  del recinto podía seguirse el plano de supuestos pasillos interminables – largos cauces para ríos de automóviles – y la distribución de habitaciones cuyos techos se remontaban cada año, salpicados sus muros por aberturas todas simétricas y anónimas: ojos cuadrados para que se observaran unos edificios a otros.”

JJ Perlado.- “Contramuerte”, pág 24

(Imágenes.- 1.- Thomas Andy Kristianto.- fotoblu. com/ 2.– Jens Ferdinand Willumsen.- 1903/ 3.- Alfred Smith.– Londres.-1939.- varg4.com)

LAS NUBES, LAS NUBES, WISLAWA SZYMBORSKA

Ahora la acogerán las nubes.” Happening” de nubes, como aquí escribí. La mujer que escribía de las nubes. La mujer que prefería el cine, los gatos y los robles a la orilla del río. La mujer que aconsejaba lo que había que hacer después de cada guerra.

Muchas veces he hablado en Mi Siglo de Wislawa Szymborska.

Las nubes,

las nubes.

Ahora la acogerán las nubes.

El poeta está sentado a la mesa o tendido en un sofá, con la vista clavada en la pared o en el techo – contó en su discurso al recibir el Premio Nobel -, de vez en cuando escribe siete versos, uno de los cuales tacha al cabo de un cuarto de hora, y pasa una hora más en la que no ocurre nada…¿Qué espectador aguantaría semejante cosa?”.

Las nubes,

las nubes.

Ahora la rodearán las nubes a Wislawa Szymborska que acaba de morir.

(Imágenes:- 1.-Wislawa Szymborska.-poetryfoundation org/ 2.-nubes.-Charlie Schreiner.-contemporayworks)

LA CASA DEL TIEMPO

A través de la Casa del Tiempo, de la casa del Viento y de la Lluvia, y de la casa de las Nubes, describió y se adentró por escaleras y ascensores de la atmósfera del cielo el científico R. A. Watson Watt, tal y como – en la ficción – quiso adentrarse también Italo Calvino creando y bautizando a sus “Ciudades invisibles”.

Los cielos que vemos o no vemos – a los que alzamos alguna vez la mirada desde la ciudad o desde el campo – elevan su casa entre humedad de nubes, provisiones de agua, ventilaciones, iluminaciones y refrigeraciones. El piso más bajo de todos – así nos lo va contando Watson en “A través de la Casa del Tiempo(Austral) -, es decir, la planta baja, es aquel en el que transcurre nuestro tiempo habitual de viento y nublados, de lluvia y nieve, de claridad y pureza, de calor y frío. El techo de esta planta baja está a más de diez kilómetros sobre nuestras cabezas, pero esta casa del Tiempo tiene más de cien pisos, y sólo alcanzaremos a ver algo de su hermosa decoración entre los pisos décimo y el piso número cien.

Recuerda Watsonen estas conferencias que pronunció en la B. B. C. en 1934 –  que en la iluminación decorativa de la Casa del Tiempo existen “colgaduras aurorales, tenues y luninosas de los pisos superiores de la Casa del Tiempo -que se cuentan entre las más bellas -, pero es la magia diurna del cielo azul, la magia nocturna del fondo de la estrellas, la que se extiende en la primera planta, en esta planta en la que vivimos“. Y también explica por qué son azules las sombras lejanas de los paisajes montañosos y cómo las estrellas, que lucen durante el día, no podemos verlas sino dificultosamente por culpa de la luz desviada por las moléculas de aire, partículas de polvo, gotas de agua y cristales de hielo de la atmósfera situadas en la planta baja de esta Casa.

Abrimos así las puertas de este grande y alto edificio, subimos por sus escaleras de nubes, utilizamos la caja de los ascensores, observamos el cielo raso de la planta baja, las diferentes salas, los colores, las luces, y alcanzamos incluso al fin – en un espacio de reflexiones – lo que Watson Watt llama  “los cuartos de la servidumbre“, es decir, allí donde trabajan los hombres y mujeres entregados diariamente a observar el mapa, investigadores constantes del tiempo que hará mañana, metereólogos y comunicadores que verterán en la prensa, la radio y las pantallas lo que el Tiempo les transmite.

Esta casa invisible quizá nos lleve también – entre realidad y ficción – a otras casas eslabonadas que se extiendan por ciudades invisibles. Hasta la ciudad de Zaira, Anastasia, Zora, Despina, Zirma, Isaura y tantas otras más. Memorias, signos, deseos, cambios y nombres de mujer que Calvino nos propone.

(Imágenes:- 1.-Steve y Chris.-luces del Norte/2 -la luz blanca.-1954.-Jackson Pollock.-MOMA/3.-Gary Simmons.-2008.-Metro Pictures)

CIELOS

“Sería difícil citar un paisaje del cual el cielo no fuera la clave – comentaba John Constable en una carta de 1821 -, la escala y el órgano esencial del sentimiento”.

El cielo es fuente de luz en la naturaleza, y lo gobierna todo, e inspira incluso nuestras obervaciones cotidianas más corrientes acerca del tiempo”.

“La dificultad de los cielos es muy grande en pintura, tanto en la composición como en la ejecución; porque, si son brillantes, no han de acaparar la atención, sino que ha de pensarse en ellos más que como último plano; no ocurre así con los fenómenos o efectos celestes accidentales, los cuales atraen siempre de modo particular la atención”.

“Sé muy bien lo que significan para mí, y que yo no he desperdiciado los cielos; sin embargo, la ejecución es a menudo precaria, sin duda por exceso de preocupación, la cual, por sí sola, destruye la facilidad que la naturaleza tiene siempre en sus movimientos”.

“A causa de la estación, y por el brusco cambio de la estación – sigue diciendo Constable -. hay aquí un halo húmedo ininterrumpido, que hace las sombras a cualquier hora, absolutamente azules, y le da un tono frío al paisaje”.

“5 de septiembre 1822 – anota el pintor en su cuaderno de trabajo -: Hora: diez de la mañana, mirando al sudeste, viento fuerte al oeste. Nubes muy luminosas y grises en rápida carrera sobre un estrato amarillo, aproximadamente a media altura del cielo”.

“Busco en el mediodía.– escribe también Constable en su cuaderno, en septiembre de 1822 -Viento muy rápido. Efecto brillante y fresco. Nubes que se mueven muy rápido. Apertura muy brillante al azul”-

“Lo grande no está hecho para mí, y yo no estoy hecho para lo grande…Mi arte limitado se encuentra en cada sendero…; piénsese en ello lo que se quiera, pero, al menos, eso es mío, y preferiría tener la más pequeña posesión – aunque solamente fuese una cabaña – a vivir en un palacio que pertenezca a otro”.

“Hace dos años que persigo pinturas, que busco la verdad de segunda mano – escribe en una carta a su amigo Donthorne en 1802 -. No he buscado representar la naturaleza con la misma elevación mental con que partí, sino que he preferido buscar que mis obras se parecieran a las de los demás… Volveré a Bergholt, donde intentaré realizar en un estilo sincero y sencillo las escenas que llamarán mi atención”.

“El paisajista que no hace de sus cielos parte auténtica de la composición, desperdicia una ayuda de las más preciosas”, le escribe a su amigo, el reverendo John Fisher en 1821.

Vamos tropezándonos con la realidad de las ciudades, sorteando las hendiduras del suelo, sin mirar casi nunca a las nubes, como Wislawa Szymborska recordaba; sin mirar – como hacía Constablecasi nunca a los cielos.

(Imágenes:- 1.-embarcadero de Vermont.-1823.-Tate Gallery.-Museum Syindicate/2.-Faro de Arwich.-1820.-Tate Gallery/3.-el mar cerca de Brighton.-1826.-Tate Gallery.-Museum Syindicate/4.-catedral de Salisbury, vista desde los campos.-1829.-National Gallery/5.-Las espigadoras.-1824.-Tate Gallery/6.-la bahía de Weymouth.-National Gallery/7.-estudio de nubes.-1822.-Victoria y Alberto Museo/8.-vista en Epson.-1809.-Tate Gallery.-Museum Syincate/9.-estudio de cielo y árboles.-1821.-Victoria y Alberto Museo/10.-el maizal-1926.-wikipedia/ 11.-paisaje con arco iris.-1812.-Victoria y Alberto Museo)

RECIBIENDO EL PREMIO NOBEL

          “Entonces, cuando ya parece que se ha sentado el Rey porque todo va a comenzar, cuando ya parece que todos  vamos a escuchar desde nuestros asientos, mi abuelo, el Premio Nobel de Literatura Dante Darnius, levanta su mano en el aire y hace una seña para que atendamos.

          –Majestadempieza a decir respetuosamente mirando al Rey.

          Y como tantas otras veces en nuestra casa cuando está sentado ante la familia y nos cuenta sus dificultades para trasladar las historias al papel, ahora se dirige primero al Rey de Suecia y luego a todos nosotros y nos explica lo que él tenía pensado para esta solemne ceremonia de recepción del Premio Nobel.

          –Quería haber traído escrita para leerles a ustedes –dice tímidamente– una historia que llevo desde hace tiempo en la cabeza, pero que no me ha salido, que no he podido escribir.

          Está pálido Dante ahora, de pie ante el atril, vestido con su frac, con su barbita puntiaguda, con sus ojos muy vivos.

          –No, me ha sido imposible escribirla –repite con angustia.

          Y el pobre Dante ya no sabe cómo continuar.

          –Es una historia –dice con voz muy fina– sobre el vuelo nocturno de un Delta.

          Y ayudándose poco a poco con las manos para trazar sus gestos intenta contarnos el principio de esa historia.

          –Como se dice en los cuentos, Majestad –y Dante se dirige ahora con sus palabras al Rey–, a mí me hubiera gustado traer escrita aquí una historia que comenzara así: “Érase una vez”. Érase una vez, Majestady Dante se va animando–, una península que tenía prendida en uno de sus costados frente al mar un trozo de tierra llamado delta, una lengua de arena con forma de punta de flecha con la que la tierra solía burlarse cada tarde del océano y hacerle muecas a las olas. Aquel trozo de tierra llamado delta estaba tumbado sobre el mar. Parecía un animal dormido o abatido. Poseía dos alas enormes envolviendo a dos bahías y sobre esas dos alas de marismas y lagunas se posaban día y noche toda especie de aves del cielo, desde la golondrina de mar hasta las gaviotas y los rayadores. Intentaba aquel delta con su pico de arena irse quitando de las alas la algarabía de flamencos posados, el crotoreo de mandíbulas de las cigüeñas y las patas de las garzas que luchaban para no hundirse en el fango. Pero no lo conseguía. Cada vez venían desde más lejos –desde el sol de las migraciones, desde la guía de las estrellas, desde las presiones barométricas, desde los viajes insomnes remando por el aire– el alcatraz de elegante vuelo, el chorlito dorado, el cuclillo bronceado o el collalba gris. Tantas aves empezaron a posarse en las alas del delta, tantos picos danzaron sus galanteos y tantas plumas aletearon deslumbrantes, que aquel delta poco a poco se fue transformando en un ave inmensa, fue dejando caer al fondo del mar el polvillo de su erosión, hinchó los pulmones de sus marismas, dobló y pegó sus alas llenas de aves contra su cuerpo para reducir el choque del viento y una noche, sin avisar a nadie, cuando estaban las luces apagadas en la península y todos dormían, emprendió vuelo nocturno batiendo y alzando sus alas y entreabriendo sus plumas primarias igual que una persiana para dejar que se deslizara el aire con soltura. Así, batiendo las alas en forma circular –hacia adelante en los aletazos descendentes y hacia atrás en los ascendentes– aquel delta convertido en ave gigantesca voló toda la noche por el mundo, visitó los nidos de las nubes, se entretuvo con el regocijo de las alondras, oyó la murmuración de los estorninos y escuchó las trompetas de las grullas. Volvió antes del amanecer, reduciendo en el aire su velocidad, haciendo cóncavas sus alas, resistiendo sus patas al descenso, posándose muelle y suavemente antes de que empezara el día. A la hora violácea de las primeras luces, el delta apareció otra vez, tendido como siempre, como si nunca se hubiera movido de su sitio, con sus alas de lagunas cubiertas por el graznido de los patos y su pico en punta de flecha bebiendo en el océano azul. Nadie supo que había realizado un vuelo nocturno. Las gentes de la península no podían imaginar que su delta volase e hicieron su vida como siempre, ajenos a aquel apéndice de arena que esperaba a la noche siguiente para convertirse en ave. Estuvo así, volando cada noche puntualmen­te, aquel delta de las alas enormes transformado en ave viviente y en cada vuelo nocturno descubría más mundo. Volvía siempre antes de la aurora y jamás era sorprendido. Hasta que un día no volvió.

          Y Dante se detiene.

          –No, ya no volvió más.

          Y Dante ya no continúa.

          Esperamos todos a ver qué dice Dante, pero Dante no añade nada.

          Empiezan las toses entre las sillas, empiezan los murmullos entre los asistentes.

          Nadie se atreve a preguntar.

          –No sé qué ha pasado con ese delta, Majestaddice Dante al fin tímidamente, casi sin voz–, porque no he podido escribir esa historia que hubiera querido leer aquí. No sé cómo continúa.

          Aumentan los murmullos en la sala.

          Quisiéramos preguntarle a mi abuelo, el Premio Nobel, quisiéramos saber qué ha pasado con ese delta.

          Y de repente nos sobrecoge un ruido impresionante en el techo que va apartando todos los rumores, que nos deja a todos en silencio.

          Un batir de enormes alas, gigantescas, pesadas, inmensas, cruza solemne sobre esta sala, pasa majestuoso por el cielo de Estocolmo.

          No, no es un avión.

          Causa escalofrío.

          Todos miramos hacia arriba.

          Tarda mucho en pasar.

          –¿Es el delta, verdad? –le susurro temblando a mi hermana Amenuhka, cogiéndola de la mano.

          Sí, debe ser el delta. Baten las enormes alas llenas de aves y pasan sobre nosotros cruzando el techo”.

José Julio Perlado: (del libro “Nosotros, los Darnius“) (relato inédito)

(Imágenes:- 10 de diciembre de 2007.- ceremonia de de los Premios Nobel. -foto Pascal Le Segretain/Getty  Images Enternainment.-Foundation Nobel)

LA NUBE DISTRIBUYE LA LLUVIA

estaciones.-mn56.-Berta-Lumn.org“La nube distribuye la lluvia con imparcialidad, pero una gota cae sobre el bosque en llamas, y vuelve a la nube  revestida de gloria. Otra cae en el pantano, adonde nadie irá a beber: vivirá el instante, ese punto geométrico, ese gozne de la realidad. Al llegar la Primavera, rechazando un mundo inaceptable en el cual, para evitar males mayores, será preciso arrojarse en la más hipócrita bestialidad, la apestada se construirá un mundo en el que pueda vivir, la flor del estío, por ejemplo. Entonces, el coro alterno de un mundo creado y un mundo rechazado, ese combate en la sombra, esa indestructible sinfonía, esas heridas y esas sonrisas se deslizarán lentamente hacia la oscuridad y la soledad. En otoño, los horizontes desaparecen, la tierra se ara y nos damos cuenta de que el mundo ha cambiado”.

Maurice Blanchard: La nube distribuye la lluvia”

(Imagen: Bertha-lum.org)

CÁNTICO A LAS NUBES

nubes.-BB“Oh libertad errante, soñadora,

desnuda de verdor, libre de venas,

arboleda del mar, fugaces nubes:

si en lluvia el desengaño te convierte,

la forma de mi copa podrá darte

una pequeña sensación de cielo.

 

Vuelve a la tierra, oh mar, vuelve a la vida,

a las cadenas de los largos ríos,

a las prisiones de los hondos lagos;

vuelve afilada a penetrar mil veces

angostos laberinto vegetales.

 

Oh libertad, tus puertas son heridas.

No las quieras abrir, sigue encerrada

en la sediente piel, o te sostenga

el inclinado cauce del torrente.

 

Todo sueño que es nube se deshace.

Vuelve a brillar el sol, pues la blancura

de esa ilusión de libertad celeste

es tan sólo una sombra hecha jirones.

 

No sueñe más el agua y tenga vida

en la savia o la sangre, tenga sólo

en mí su libertad, libre en mis lágrimas”.

Manuel Altolaguirre: “Las nubes” (“Poemas en América”) “(El arroyo de los ángeles”.-Málaga,1955)

Varias veces he hablado en Mi Siglo de las nubes. Los poetas las han cantado siempre. El poeta José Luis Cano tuvo en su cabeza durante años lo que luego iría publicando como “Antología de la nube“.

 

También Altolaguirre escribió en su poema “A la nube“:

“Ni un músculo se mueve

en tu fuga veloz, nube tranquila;

no eres ya como el cuerpo

líquido que saltaba

en la tierra, en tu vida;

no eres ola ni río,

eres un alma o ángel

que pese a su blancura

ha de ser condenado

a deshacer su túnica

en lluvia, nieve o llanto”.

nubes.-abc.-por Neeta Madahar.-2005.-Howard Yezerski Gallery.-artnet

 

Y mucho tiempo antes Abu Abd-al -Malik había dicho de ellla:

“La nube es como un amante apasionado:

en el trueno está el ardor y el lamento;

los relámpagos son el fuego de su amor;

la lluvia, sus lágrimas flluyentes”.

(Imágenes: 2.– Falling 2.-2005.-Neeta Madahar .- Howard Yezerski Gallery.-artnet)

VERANO 2009 (6) : JOSÉ HIERRO

nubes.-2286.-por Masami Tada.-Soh Gallery.-Tokio.-photographe artnet

LAS    NUBES

“Inútilmente interrogas.

 Tus ojos miran al cielo.

Buscas, detrás de las nubes,

huellas que se llevó el viento.

 

Buscas las manos calientes,

los rostros de los que fueron,

el círculo donde yerran

tocando sus instrumentos.

 

Nubes que eran ritmo, canto

sin final y sin comienzo,

campanas de espumas pálidas

volteando su secreto,

 

palmas de mármol, criaturas

girando al compás del tiempo,

imitándole a la vida

su perpetuo movimiento.

 

Inútilmente interrogas

desde tus párpados ciegos.

¿Qué haces mirando a las nubes,

José Hierro?”

José Hierro: “Cuanto sé de mí” (1974)

(Imagen.-foto de Masami Tada– 2008 .-Soh Gallery.-Tokio.-artnet)

ISLA DE LA PALMA

Paseo botánico.-1

calle Real.-1

 

Se pasea entre las verdes hojas, se pasea sobre el color de las calles, se pasea junto a las laderas, se pasea al costado de las brumas. Como en “El año pasado en Marienbad“, aquella película de las sucesiones y los pasos, aquí los pasos marcan las sucesiones y la orografía de la montaña deja filtrar el agua de las nubes. Se pasea entre el color de las nubes, se pasea entre las rocas de los volcanes, se pasea al borde de los barrancos,  pasos de paseos cruzan verdosas tonalidades y claros amarillos. Se pasea sobre el suelo y la humedad, entre el laurel y el azebiño,  hojas verdes oscuras reciben a palomas y a pinzones. Se pasea junto a los refugios, cuevas y rediles del cielo guardan   vasijas de agua que se vierte en hendiduras de montañas. Se pasea sobre el silencio, se pasea sobre el colorido, el aroma de las flores rosadas nos lleva poco a poco al descanso, a esta canción de esta plazuela. Están los cantantes en piedra, la piedra canta sin ruido, cantan cómo es el aire de  Santa Cruz de La Palma.Plaza S. Cruz.-1

(Imágenes: Santa Cruz de La Palma, La Palma, islas Canarias.- 21 de julio 2009 .-fotos JJP)

EL ARREGLADOR DE DÍAS

nubes-ccEl último fin de semana llegué con mi mujer al Hotel B., en la sierra de Madrid. Teníamos reservada habitación desde hacía bastante tiempo y el día, que contra todo pronóstico se había ido estropeando pocas horas antes, me hizo decir nada más dejar las pequeñas maletas en la habitación:

– ¡Vaya!, mira que pedí unas habitaciones donde el día no se estropease…Mírame, por favor, el número de reparaciones para ver si sube el arreglador de días y paisajes.

Efectivamente, como el Hotel B. ha sido siempre enormemente acogedor y muy pendiente del cliente, subió con rapidez el arreglador de días uniformado con su pulcro traje azul  y extendió con habilidad sus instrumentos en el cuarto. Colocó junto al ventanal la escalera plegable, acercó su cubo de plástico, tomó sus paños aéreos, las cremas y ceras de colores, y dio un largo vistazo al paisaje.

– Esto es que en primavera, señora, – le dijo a mi mujer con gran respeto -, los clientes a veces son muy descuidados.

Se le veía un técnico con experiencia y años de servicio, muy educado y gentil, y con deseos de agradar.

Se subió primero en una banqueta, midió, abrió el ventanal. De modo muy serio y meticuloso ascendió luego por la escalera y observó cómo pasaba el día con unas nubes plomizas y grises por las montañas. Acercó más sus brazos a unos nimbos de forma indefinida que, indudablemente, podían provocar precipitaciones. Limpió después con la bayeta el aire, cepilló bien unos cirros de aspecto deshilachado y estuvo redondeando un poco más pequeños cúmulos que parecían impregnados de niebla. Luego eliminó los cristales de hielo y de gotitas de agua que amenazaban desprenderse en caída vertical, apartó el viento a la derecha – unas ráfagas molestas -, y lo dejó todo lo mejor que pudo, limpio, aseado e incluso deslumbrante.

– El sonido del día se lo he dejado bajo, ¿sabe usted? Porque se oye mucho en las habitaciones…Con este botoncito puede regular el piar de los pájaros.

Al salir le di una propina que al caer tintineó en el suelo de la habitación. Una moneda de plata.

INMORTALIDAD

cielos-1-moodaholic-imagery-our-worldAhora que tantos periódicos nos quieren vender el secreto para cargar de años nuestra ancianidad recuerdo que Benjamín Constant recordaba que “el emperador Live-Song, en el siglo lX, murió de continuos brebajes de inmortalidad”.

(Imagen: foto.-Moodaholic.-Imagery Our World)