NIEBLA

 

 

“Niebla por todas artes. Niebla río arriba, donde mana entre verdes islotes y praderas; — escribe Dickens en “Casa desolada” — ; niebla río abajo, donde ondula viciada entre las hileras de embarcaciones y por la contaminada ciudad, grande y sucia, que se extiende al borde del agua. Niebla entre los marjales de Essex, niebla en los cerros de Kent. Niebla reptando por las chimeneas de los barcos carboneros, niebla densa en los muelles, flotando entre los aparejos de los grandes navíos; niebla que cae sobre las barcazas y botes. Niebla en los ojos y gargantas de los viejos pensionistas de Greenwich, que resuellan junto  al hogar de sus guardianes; niebla  en la pipa que por la tarde fuma el colérico patrón; niebla que pellizca con crueldad los dedos de los pies y las manos del tembloroso grumete que está en cubierta. La gente vaga por los puentes, asomándose desde  las barandillas a los cielos desplomados en la niebla, mientras esta los envuelve  a todos, como si colgasen de un globo y pendieran de las brumosas nubes+.

(Imagen— Alfred Cohn- 1920)

NIEBLA

 

ciudades.-7juuj.- Londres.-21 enero 1939-foto Kurt Hutton.-Images Picture Post.-Getty

 

“La niebla es cómoda. Transforma la ciudad en una enorme bombonería. La niebla une e invita a la vida doméstica. El amor queda también favorecido por la niebla, encerrado y tibiamente humano (…) En la niebla pasan mujeres y jovencitas bajo sus capuchas. Un aliento ligero flota en torno a sus narices y a su boca apenas cerrada. Los ojos brillan bajo los sombreros. ¿Ha llegado el tiempo de las noches danzantes? ¡ Yo te conozco bonita máscara! Seguir a esas máscaras hasta las habitaciones, encontrarse con ellas ante los prolongados espejos de un salón, entre los muebles “graves” que hacen familia, mientras que la niebla fuera presiona contra la ventana y, discreta, silenciosa, protege el espacio.

Se comprende por qué en el Norte la voluntad de vivir es tan fuerte. La muerte también es menos brutal en las ciudades con niebla, ella que suele ser tan cruel en las ciudades con sol”.

Alberto Savinio.-Ciudad, escucho tu corazón” (1944)

 

ciudades.-ttynn.-Nueva York en la niebla.-Mike Dillingham

 

(Imágenes.- 1.- Kurt Hutton– Londres, enero 1939- images. picture-post. getty/ 2.-Mike Dillingham. Nueva York

W. G. SEBALD, ARQUEÓLOGO DE LA MEMORIA

“Esto del escribir no es como lo que hace un abogado o un cirujano: si uno ha hecho ciento veintinco operaciones de apendicitis la ciento veintiseis puede hacerla con los ojos cerrados. Con la escritura es exactamente lo contrario”. Así lo confesaba el excelente escritor alemán W. G. Sebald  -del que alguna vez ya he hablado en Mi Siglo – en “L ´Archéologue de la memoire” (Actes Sud)

Ocho días antes de morir, en diciembre de 2001, comentando la fascinación que en él ejercía el fenómeno de la niebla, evocaba esa bruma “que nos hace casi incapaces de discernir aquello que nos rodea- y añadía como ejemplo -: uno de los grandes golpes de genio de la ficción clásica del siglo XlX es la bruma en “Casa Desolada“. Esta aptitud de hacer de un fenómeno natural un hilo conductor que corre todo a lo largo de un texto para, de cualquier modo, sostener el hilo de la metáfora, es algo que yo encuentro muy, muy atrayente en un escritor”.

Pero esa bruma que Sebald comentaba no es únicamente física sino que puede aplicarse tantas veces a la tarea creadora del escribir. “Con cuánto placer, dijo Austerlitz, – revela Sebald en una novela – me he quedado ante un libro hasta muy entrado el crepúsculo, hasta que no podía descifrar ya nada y mis pensamientos comenzaban a dar vueltas, y qué protegido me sentía cuando, en mi casa, en la noche oscura, me sentaba ante el escritorio y sólo tenía que ver cómo la punta del lápiz, al resplandor de la lámpara, por decirlo así por sí mismo y con fidelidad total seguía a su sombra, que se deslizaba regularmente de izquierda a derecha y renglón por renglón sobre el papel pautado. Ahora, sin embargo, escribir se me había hecho tan difícil, que a menudo necesitaba un día entero para una sola frase, y apenas había escrito una frase así, pensada con el mayor esfuerzo, se me mostraba la penosa falsedad de mi construcción y lo inadecuado de todas las palabras por mí utilizadas. Cuando, sin embargo, mediante una especie de autoengaño, conseguía a veces considerar que había heho mi trabajo diario, a la mañana siguiente me miraban siempre, en cuanto echaba la primera ojeada al papel, los peores errores, inconsecuencias y deslices. Hubiera escrito poco o mucho, me parecía siempre al leerlo tan fundamentalmente equivocado, que, al punto, tenía que destruirlo y comenzar de nuevo”.

Pocas veces se ha escrito tan magistralmente que no se logra escribir. Con la morosidad y la cadencia de las ondas de un concierto, la prosa de Sebald nos introduce en una música que sin duda no destaca como moda pero que revela el nervio interior de un escritor avanzando con paso independiente. Fiel a lo que él cree que debe contar y a cómo debe contarlo, Sebald profundiza siempre en la memoria de la Historia pero lo hace igualmente en su memoria personal, aquella que le llevará a narrar de una manera determinada. “Escribir, crear – dijo en otra entrevista-, tiene mucho que ver con la composición.  Uno dispone de algunos elementos. Construye alguna cosa. Uno trabaja hasta obtener alguna cosa parecida a aquella que le satisface. (…) En la ficción en prosa uno debe concebir, elaborar, construir. Se tiene una imagen y se debe extraer algo de ella  – media página, tres cuartos de página, página y media – y esto no funciona más que a través de una construcción de tipo lingüístico o imaginario”.

Brumas de la gran Historia y de la historia pequeña que un escritor desvela para nuestra lectura.

(Imágenes:- 1.- Antonio Mancini.-1875-Galleria Nazionale d´arte moderna/ 2.-W.G. Sebald.-wikipedia/ .3.- Man of the Cloth.-William T. Wiley.-1998.-artnet)