SOBRE LA ALEGRÍA

“La alegría del día, el día en flor, una mañana de agosto con su humor y su resplandor,  totalmente brillante  — escribe el francés Bernanos en “La alegría” —y ya, en el aire demasiado pesado, los pérfidos perfumes otoñales — estallaba en cada una de las ventanas de vidrios rojos y verdes de la interminable galería. Era la alegría del día y no sabemos gracias a qué esplendor perecedero, era también la alegría por primera vez en la ardiente cúpula de la canícula, la insidiosa bruma que aún se arrastraba por debajo del horizonte, pero que descendería algunas semanas más tarde sobre la tierra agotada, los prados marchitos y el agua dormida, con el aroma de los follajes secos.”

(Imagen —Raoul Dufy — 1925– museo de Bellas Artes— Nancy)

EL «PASO ATRÁS» EN LA CREACIÓN

 

Como ocurre con los pintores, los escritores y tantos otros artistas, el creador cinematográfico da también unos pasos hacia atrás en su trabajo para adquirir más perspectiva, calcula la distancia y las dimensiones que tendrá lo que quiere llevar a cabo, y su ojo de creador domina el cuadro entero antes de acercarse otra vez a la cámara  y disponerse  a filmar. Ese «paso hacia atrás»  lo confesó , como tantos otros, el escritor y cineasta francés Philippe Claudel cuando realizó la película «Hace mucho que te quiero«. «Imaginé – dijo- la historia de Juliette y Léa , dos hermanas que no han hablado en 15 años. Lo apunté en una libreta y me fui a Laponia. Allí, en invierno, las noches son larguísimas, sólo hay dos horas de luz. Fue un momento mágico para escribir».

Y allí, en las noches de Laponia, Philippe Claudel evocó a Nancy, la ciudad francesa en cuya Universidad había estudiado Literatura e Historia, pero sobre todo puso en pie esa otra pequeña historia de las separaciones y los reencuentros humanos que en la película protagonizan Kristin Scott Thomas y Elsa Zylberstein.

Una vez más la distancia que toman los creadores para enriquecer su perspectiva se revela importante. Es en esas dos horas de luz del invierno de Laponia cuando las calles de hace años, y también los portales, las ventanas y las sombras toman cuerpo. Claudel pensó en las dos actrices y declaró después que era importante que en el film «Juliette lleve los años de cárcel tatuados en la cara, y que Léa tenga el rostro y la silueta de una adolescente que rehusó crecer. Las dos actrices aceptaron esta transformación, lo que les obligó a rodar gran parte de la película sin maquillaje, desnudas. (…) Me fascinan las vidas secretas que convierten a los conocidos en desconocidos. Me encantan las mujeres, me fascina su fuerza, su capacidad de recuperación, de renacer, de apoyarnos y aguantar la vida miserable de los hombres. Tengo la impresión de que los hombres se rinden muy deprisa, pero no las mujeres».

 Eso debía ir pensando el director cinematográfico dando «pasos atrás» en su pasado, en su experiencia y en su tiempo mientras iba escribiendo por las noches aquel guión. Había dos horas de luz únicamente en Laponia pero ellas estaban iluminando todo cuanto había vivido y todo cuanto al fin quería entregar al espectador.

(Imágenes: Kristin Scott Thomas y Elsa Zylberstein en «Il y a longtemps que je t´aime», de Philippe Claudel/ Kristin Scott Thomas, en otra escena del film)