“LOS CUADERNOS MIQUELRIUS” : MEMORIAS (35): EL ASOMBRO Y LA BELLEZA

 

(Dada la actual situación  que atravesamos – y que afecta también al ritmo y vida de las editoriales —he decidido ir  publicando aquí mis “Memorias”, tituladas “Los cuadernos Miquelrius”, que estaban previstas se publicaran dentro de unos meses y que quizá en su día aparezcan como libro.  Se están publicando desde el 30 de marzo, los lunes, miércoles y viernes en MI SIGLO)

 

 

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MEMORIAS   (35):  El asombro y la Belleza

 

 

—Usted precisamente ha querido recordar varias veces esa frase de Dostoievski, “la Belleza salvará al mundo”.—me dice hoy la periodista.

—Sí, la he comentado con mucha frecuencia.

—Y en una entrevista, que a mí al menos me pareció interesante y que la Universidad de Montevideo publicó hace unos años, usted hizo varias consideraciones sobre el tema de la Belleza. Me gustaría que se extendiera algo sobre ello.

—Bueno, comenzaré por la referencia a Dostoievski a la que usted acaba de aludir: “la belleza salvará al mundo“. Indudablemente, como señalaba en aquella entrevista de Montevideo, eso ocurrirá siempre que se sepa contemplar la belleza y siempre que el ojo humano no se distorsione atraído por la fealdad. En estos momentos pienso que hay una invasión de fealdad en muchas partes, desde la ocupación “vanguardista” de ciertos museos intentando imponer muchas veces lo detestable como “arte”, hasta el descenso escalonado del gusto en imágenes chabacanas de cine o de televisión. Es tan obvio que no hacen falta demasiados comentarios.

Entonces, creo que hay algo importante que hacer, que es educar al ojo en la belleza, no inclinarlo hacia la fealdad. No es bello todo lo que los hombres realizamos durante el día y durante la vida. No es bella – hablando claramente – una defecación, aunque sea necesaria para la vida. Y sin embargo, defecaciones se han expuesto en los museos… Por tanto, hay que educar al ojo en la belleza. En un artículo que publiqué hace años sobre la necesidad del asombro al contemplar la manifestación de la belleza, hablé de recuperar ese asombro y esa sorpresa que tantos han perdido creyendo que ya lo han visto todo. Un pensador griego contemporáneo, al referirse a sus antepasados, recordaba que los griegos querían ser un pueblo de filósofos, y no de tecnócratas, es decir, eternos niños, que veían en el asombro la condición más elevada de la existencia humana. Eternos niños, pues, unidos al asombro, abiertos al asombro. El asombro, la sorpresa, la curiosidad, son esenciales para la vida. La gran poeta polaca Wislawa Szymborska lo recordaba: afirmaba que la sorpresa es una categoría importante en la vida. Pero, al menos para mí, añadía, todavía hay otra cosa importante en la creación, que es la curiosidad. Nadie incluye la curiosidad entre los sentimientos, pero yo creo que la curiosidad es un sentimiento. Cuando la miro a usted – le decía la poeta a la periodista que la interrogaba -, tengo curiosidad por usted.

-Y usted, ¿tiene curiosidad por mí?

-Sí, naturalmente. Tengo curiosidad por saber quién es usted, para quién trabaja, ya que aún no me lo ha dicho, por qué viene a verme muchas tardes a este despacho: en resumen, por qué viene usted hasta mí.

-Yo simplemente soy una periodista freelance. Es lo que ahora se lleva. Cuando acabe mi trabajo, si éste merece la pena, lo ofreceré a varias publicaciones por ver si les interesa. Eso es todo – me dice la periodista con una sonrisa -. Pero ahora, si le parece, continuemos hablando del asombro y la belleza .-

 

—Pues, como le digo, a mi siempre me ha enriquecido el asombro y siempre me ha acompañado. Puede ser – o así al menos desearía que fuese – un cierto síntoma de juventud interior. Eso sí me gustaría que me ocurriera. A veces, al dejarme llevar por el asombro, me he planteado también cuestiones más profundas, entre ellas ésa de la que usted me acaba de hablar: la belleza. Por ejemplo, hace ya varias semanas, uno de los días en que usted no vino a verme porque habíamos quedado en hacer un alto en estas entrevistas, estando yo solo en este despacho y dándole vueltas a las cosas, volví a pensar en el mundo submarino, un tema muy querido para mí y al que acudo con frecuencia. Porque siempre que veo las extensiones del fondo del mar (en fotografías, pero sobre todo en videos, películas, documentales, etc), “me asombra” esa creación. Precisamente porque permanece oculta y porque tan sólo pueden bajar a ella de vez en cuando aquellos seres humanos con escafandras que nos lo filman. Y siempre pienso : ¿por qué Dios ha hecho esto así, algo que casi nadie ve? Y sobre todo, ¿por qué lo ha hecho con esas gamas de colores casi infinitos en las aletas de los peces, en los movimientos rítmicos de las colas con su belleza inaudita, en el encanto de las grutas por las que se cuelan toda clase de animales submarinos, en el colorido de las hierbas flotantes, todo ese mundo inacabable? ¿Quién ve esa belleza de modo continuo? Nadie. Los peces mismos únicamente la viven, y el hombre en su superficie está ajeno a ella, excepto cuando se la presentan por haberla filmado. Si pensamos la cantidad de kilómetros de belleza oculta al ojo del hombre que se extiende bajo los océanos inmensos, entonces nos podemos preguntar por la razón de todo ello, que no es solamente una razón de utilidad (que indudablemente lo es), sino que hay algo más: la utilidad de los peces y cuanto ellos generan podría haber sido creada en una sola tonalidad – por ejemplo en el verde o el azul – y con una sola forma, ausente de variantes, y la utilidad hubiera permanecido lo mismo: sin las variantes y matices de la belleza habría permanecido esa misma utilidad. Entonces, ¿para qué se ha añadido a la utilidad toda una deslumbrante belleza? Confieso que cada vez que la veo, (y aquí no me hacen falta sólo las explicaciones de Cousteau, que por otro lado, agradezco), todo ese mundo me lleva a Dios, no me lleva al azar. Habrá gentes que les lleve al azar, y yo lo respeto profundamente. A mí no me lleva al azar. No me imagino al azar como causa de todo ello. Porque si esto ocurre debajo de nosotros sin que nadie lo esté viendo ( por ejemplo, en estos momentos, mientras yo le contesto a esta pregunta), ha de haber alguna explicación a tanta belleza. El ojo humano se sumerge en esa belleza casi irrepetible y tiende a ella naturalmente, como ante un imán. No creo que ningún ojo humano pueda ver fealdad en ese incesante espectáculo del mundo submarino. (Y lo mismo ocurre ante la gama de colores de los pájaros, ante las tonalidades del atardecer, etc). Esa imagen se presenta diariamente, su imagen nunca es repetitiva y esa imagen nos ofrece como en un espejo la Creación. Rilke aconsejaba para entender la belleza: “aproxímese, decía, a la Naturaleza”. Y San Agustín se preguntaba : ¿quién ha creado la Belleza? Y añadía: “Interroga a la belleza de la tierra, interroga a la belleza del mar (acabo de hablarle del mundo submarino), interroga a la belleza del aire que se dilata y se difunde, interroga a la belleza del cielo… interroga a todas estas realidades. Todas te responden: Ve, nosotras somos bellas. Su belleza es una profesión. Estas bellezas sujetas a cambio, ¿quién la ha hecho sino la Suma Belleza?

 

José Julio Perlado —“Los cuadernos Miquelrius” – Memorias

(Continuará)

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“LOS CUADERNOS MIQUELRIUS” : MEMORIAS (4)

(Dada la actual situación  que atravesamos – y que afecta también al ritmo y vida de las editoriales —he decidido ir  publicando aquí mis “Memorias”, tituladas “Los cuadernos Miquelrius”, que estaban previstas se publicaran dentro de unos meses y que quizá en su día aparezcan como libro.  Se irán publicando lunes, miércoles y viernes en MI SIGLO)

 

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MEMORIAS.  (4)

 

 

El  estilo, ¿de dónde nace el estilo?, ¿cómo se adquiere?, de esto seguiría preguntándome sin duda la periodista, pues no lo sé, le diría, quizá leyendo, rozándose con los grandes nombres, con los grandes estilos, lo mismo que se adquieren poco a poco los rasgos del padre o de la madre sin saber por qué ni de qué modo y uno refleja alguno de sus gestos, así el estilo, mirándose al espejo, retrata aquí y allá la comisura de una boca que puede parecerse a Cervantes, o a Malraux, o a cualquier ensayista o prosista al que varias veces hayamos visitado, pero no, de nuevo me digo otra vez , cuidado con la “literatura”, con la frase brillante, hay que escribir o intentar al menos escribir evocando la realidad, ver aquellos paisajes, aquellos amigos, aquellas tardes en que no ocurría nada, esas son las más valiosas de la vida, es el pasar silencioso, estar, por ejemplo, con F. tantas veces andando por el campo, por las afueras de Bilbao, o por la costa bilbaína, por Mundaka por ejemplo, uníamos los dos silencios, era la amistad, una cadena de silencios eslabonada con pequeñas palabras, recuerdos, de nuevo silencios, ese “nosotros” que durante años me ha atraído, recuerdo precisamente en Mundaka la gran playa azul y la espuma del surf practicado en olas continuamente, estábamos sentados en un restaurante con amplia galería acristalada frente a la playa y los dos veíamos y seguíamos enfrente, a lo lejos, mientras comíamos, aquellos movimientos alados del surf y los surfistas, movimientos blancos, movimientos azules, nada decíamos o muy poco porque todo estaba dicho, o a veces sí, hablábamos mucho, nos adentrábamos en gustos literarios, en libros, en proyectos o recuerdos, en carcajadas, era el “nosotros” de nuevo, el “nosotros” en el tiempo, ¡tantas conversaciones, tantos intercambios de amistad, los vericuetos de los diálogos y los silencios!, habíamos vivido tantas cosas juntos que aquella era nuestra unión de amistad mientras los surfistas iban y venían a lo lejos, se encaramaban en el calor de la ola, la cresta blanca, la espuma que iba, venía y se derramaba, y los dos estábamos allí, en la galería acristalada, ¿cómo es posible que ya desde muy joven, quizá a los veinticinco o veintiséis años, me interesara tanto por el “nosotros” en la vida y en la escritura, por el plural del hombre?, el “yo” para mí siempre fue la soledad, también el “tu” en muchas ocasiones, sí, era la soledad, el repliegue del hombre en sí mismo, el aislamiento, se contaban siempre las cosas desde el “yo”, la existencia la iba narrando un permanente “yo”, el yo” miraba, escuchaba, olía, palpaba, resumía, pero el hombre de repente se da cuenta, yo al menos sí me daba cuenta, de que no está solo, había algo en el aire, también dentro de mí, que me acompañaba, recuerdo el movimiento de los peces en otras ocasiones, no he podido ni he sabido bucear en el océano pero la cámara buceaba por mí, no era solamente Cousteau el que buceaba sino todas las cámaras cinematográficas y televisivas que se adentraban y se sumergían conmigo deslizándose horizontales, giraban dando vueltas en el agua y se revolvían , la revolvían, nuestro visor miraba desde su cristal plano, con sus ojos artificiales, avanzaba nuestro cuerpo ágil y escurridizo dentro del traje, nuestros guantes dirigían aquí y allá la cámara, moviéndose y deslizándose con las aletas, el cuerpo todo sensible, estaban todos los corales y los arrecifes, eran ciudades de agua las que veíamos, ciudades de colores, las ventanas y las puertas de los edificios eran rocas por donde salían corales blandos en forma de hongos a la manera del Bosco, fragmentos gelatinosos que tomaban el ascensor hasta el cuarto piso, a veces se colaban por grietas y surcos y pasaban de la luz a la sombra siempre en silencio, siempre a toda velocidad, sobre todo atravesando salones de color, un denso color azul de agua profunda entre las rocas, aquellos salientes de las rocas submarinas, continentes enteros que nadie veía, sólo nosotros y algunos más que habían bajado a filmar, corrientes de agua de una gran belleza, no podíamos imaginar desde la superficie que aquí abajo hubiera volcanes dormidos, pasábamos al lado de aquel sueño de los volcanes y atravesábamos e indagábamos otras habitaciones, dormitorios de canales y de túneles, algas rojas que flotaban detrás de las puertas, hierbas submarinas saliendo de los cajones, surtidores y pozos y troncos y bloques de coral verde, verde, espumoso verde, una plataforma azul, las crines amarillas de unas hierbas, la luminosidad de las esponjas, y luego todos los peces que iban y venían cruzándose por las ciudades, por los campos, algunos ojos enormes que pasaban enigmáticos rozando nuestras aletas, rozando nuestro visor y desfilando ante nuestros cristales, los veíamos atravesar y esconderse en las esquinas rojas, y pasaban también plateadas escamas de otros cuerpos, algunos transparentes, con una extraña luz que dejaba ver su columna vertebral prolongada en espinas, ¿pero entonces descendía o no descendía usted al mundo submarino? me preguntaría sin duda la periodista, antes ha dicho usted que nunca buceó, ¿cómo puede entonces describir todo eso?; sí, quizá tenga razón ella con esa pregunta, ¿pero cómo decirle que son las astucias de la creación?, sentado en este despacho veo la televisión, este programa que tengo grabado desde hace tiempo y que suelo contemplar muchas veces a lo largo del año, lo veo desde la butaca y a la vez me sumerjo en el agua, el bolígrafo azul recorre de un lado a otro la superficie en papel de este cuaderno Miquelrius y cuando llega al borde de la página anota el movimiento de esos peces cruzando la pantalla, sus colas fantasmales que pasan del orificio a la gruta, sus cabezas enanas y gigantes, las garras torpes de los moluscos.

José Julio Perlado—“Los cuadernos Miquelrius”

(Continuará)

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UN SUBMARINO

 

 

“En lo profundo del mar, muy abajo, algo tenía una cita con el mar y con este barco y con los marineros que iban a bordo. Era una especie de pez, su vientre era gris y negro, no se parecía a ningún pez que hayas visto antes, su cabeza era más brillante que cualquier otra cosa que hayas visto antes. Puedes llamarlo pez de acero, o hierro pisciforme. Su cuerpo está lleno de engranajes. Tuvo una cita con nosotros. No se parecía en nada a un animal estúpido. No tenía boca, no hacía ruidos mientras nadaba, no podías oírle, no sabías si se acercaba. Su cerebro era algo inaudito en la naturaleza. Al acercarse su ojo brillante se fija en el barco como el olfato de un tiburón  en la sangre, percibía desde lejos a todos los marineros que iban a bordo. Este pez era nuevo en el mar, era el terror y el espanto de Dios, pero no podía aterrorizar a los hombres, por mucho daño que pudiera hacerles, pues estaba fabricado por ellos.”

James Hanley“La canción del marinero”

(Imagen -Felix Vallotton

MUNDO SUBMARINO

 

 

” Recuerdo el movimiento de los peces. La cámara buceaba por mí, no era solamente Cousteau el que buceaba sino todas las cámaras cinematográficas y televisivas que se adentraban y se sumergían deslizándose luego horizontales, giraban en el agua y entre el agua y se revolvían, la revolvían, nuestro visor miraba desde su cristal plano con sus ojos artificiales, avanzaba nuestro cuerpo ágil y escurridizo dentro del traje, nuestros guantes dirigían aquí y allá la cámara, moviéndose y deslizándose con las aletas, el cuerpo todo sensible, estaban todos los corales y todos los arrecifes, eran ciudades de agua las que veíamos, ciudades de colores, las ventanas y las puertas de los edificios eran rocas por donde salían corales blandos en forma de hongos a la manera del Bosco, fragmentos gelatinosos que tomaban el ascensor hasta el cuarto piso, a veces se colaban por grietas y surcos y pasaban de la luz a la sombra siempre en silencio, siempre a toda velocidad, sobre todo atravesando salones de color, un denso color azul de agua profunda entre las rocas, aquellos salientes de las rocas submarinas, continentes enteros que nadie veía, sólo nosotros y algunos más que habían bajado a filmar, corrientes de agua de una gran belleza, no podíamos imaginar desde la superficie que aquí abajo hubiera volcanes dormidos, pasábamos al lado de aquel sueño de los volcanes y atravesábamos e indagábamos otras habitaciones, dormitorios de canales y de túneles, algas rojas que flotaban detrás de las puertas, hierbas marinas saliendo de los cajones, surtidores y pozos y troncos y bloques de coral verde, verde, espumoso verde, una plataforma azul, las crines amarillas de unas hierbas, la luminosidad de las esponjas, y luego todos los peces que iban y venían cruzándose por las ciudades, por los campos, algunos ojos enormes que pasaban enigmáticos rozando nuestras aletas, rozando nuestro visor y desfilando ante nuestros cristales, los veíamos atravesar y esconderse en las esquinas rojas, y pasaban también plateadas escamas de otros cuerpos, algunos transparentes, con una extraña luz que dejaba ver su columna vertebral prolongada en espinas”.

José Julio Perlado – ( del libro “Relámpagos“) (relato inédito)

(Imagen -Utagawa Kuniyoshi)

CRIATURAS DEL MAR

 

pescado- bhu- peces- Canan Berber

 

“Cuando contempla uno el mar aparecen, invisibles, sus criaturas entre las aguas, criaturas bañadas por las artes, lomos y estelas y escamas transparentes atraídas por la música, la pintura o el teatro. Hijas del Océano son llamadas por poetas anteriores a Cristo y llegarán hasta lienzos de Renoir o de Picasso. Como también las Nereidas, nietas del Océano, que viven en el fondo del mar y que pintará Delacroix, esculpirá Rodin y pondrá música Dvorak en una balada.

 

peces- nui- Armand Vallée- mil novecientos veintitres

 

Plinio el Viejo, en su “Historia natural”, habla de la aparición de “un hombre marino“, un hombre-pez en la bahía de Cádiz, uno de los innumerables “hombres-peces” que asoman a lo largo de los siglos. En el teatro, el francés Giradoux, en “Ondine”(1939) nos lleva hasta la historia dramática de un espíritu del agua. Y en el teatro también, una criatura del mar como la sirena entra en las tablas de “La sirena varada” de Alejandro Casona (1934) y nos acerca a las ensoñaciones del autor.

Cuando contempla uno el mar asoman entre las aguas azules estelas, escamas y lomos transparentes: brillo de criaturas del arte bañadas en teatros, en pintura o en músicas”.

José Julio Perlado

 

peces-vvgy-infancia- Josef Koudelka- dos mil ocho

 

(Imágenes.- 1.- Canan berber/ 2.-Armand Valleé- 1923/ 3.-Josek Koudelka- 2008)

NEREIDA

mar-bbcce-caracola- diccionarioimagenes com

 

“El rabino Moisés, viejo judío de Harlem,

cuya riqueza astral a los propios reyes cautiva,

entre los mil prodigios de su palacio

posee, en un salón precioso, una nereida viva.

 

mar.-6999.-fondo del mar.-colores subamarinos.-Ken Bondy.-NSF

 

Muda y pálida como un rosal moribundo,

en el triste rincón de un sombrío jardín de hospital,

la infeliz nereida sus días va consumiendo,

escuchando aquello que le cuenta la caracola rosa.

 

MAR.-345.-el pez payaso y la anémona burbuja en la punta.-foto David Doublet.-Natiomal Geographic

 

Hechizada por la caracola, retorna en espíritu,

al armonioso jardín de las espumas natales,

donde ve tritones con algas coronadas

que persiguen ninfas, ornadas de corales.

 

animales.-98nn.-peces.-Madame Yevonde.--peces y burbujas de vidrio.-1934

 

Hechizada por la caracola, se adormece al claro de luna

escuchando el lánguido adagio de los alciones,

y con sus hermanas desciende al fondo del mar,

donde, entre plantas marinas, va

en busca de los tesoros de los náufragos.

 

figuras.-62sd.-Victoria Horkan.-peces voladores

 

Y así, atenta en escuchar lo que le dice la caracola únicamente,

en un sonoro eco que le encanta y arrebata enteramente,

en ese rico salón, la infeliz nereida nada escucha ni ve

de aquello que en torno a ella sucede…”

Eugénio de Castro-“La nereida de Harlem” (traducción de Eugenio D`Ors)

 

 

mar-ynnff-photo Jeff Mullins-reefwreckandcritter com

 

 

(Imágenes- 1.-diccionarioimagines.com/ 2.-Ken Bondy/ 3.-David Doubilet– National Geographic/ 4.-madame Yevonde– 1934/ 5.- Victoria Horkan/ 6.– Jeff Mullins.-reefwreckandcritter)

IMÁGENES Y PALABRAS (3) : LA BELLEZA SALVARÁ AL MUNDO

En torno a la importancia de la belleza es otra de las preguntas que se me formulan en esta entrevista publicada por la Universidad de Montevideo y que estos días estoy resumiendo en Mi Siglo.

Pregunta:  Si, como usted afirma en El ojo y la palabra -me dice el Dr. Alberto Sánchez León -, la imagen de por sí es insuficiente, pero por otro lado parece que es hoy lo que predomina, entonces ¿es posible que sólo desde ella podamos recuperar el logos, esa racionalidad perdida? ¿No es esto, en definitiva, lo que afirma Dostoievski cuando afirma que la belleza salvará el mundo?

Respuesta: Empiezo por la alusión final sobre Dostoievski y su frase: “la belleza salvará al mundo“.

Indudablemente, eso ocurrirá siempre que se sepa contemplar la belleza y siempre que el ojo humano no se distorsione atraído por la fealdad. En estos momentos hay una invasión de fealdad en muchas partes, desde la ocupación “vanguardista” de ciertos museos intentando imponer muchas veces lo detestable como “arte”, hasta el descenso escalonado del gusto en imágenes chabacanas de cine o de televisión. Es tan obvio que no hacen falta demasiados comentarios.

Entonces, creo que algo importante es educar al ojo en la belleza, no inclinarlo a  la fealdad. No es bello todo lo que el hombre hace durante el día y durante su vida. No es bella – hablando claramente – una defecación, aunque sea necesaria para la vida. Y sin embargo, defecaciones se han expuesto en los museos… Por tanto, hay que educar al ojo en la belleza. En mi artículo “Necesidad del asombro” hablo de recuperar ese asombro y esa sorpresa que tantos han perdido creyendo que ya lo han visto todo.

En mi caso particular, he de decir que hay imágenes sin palabras – sin necesidad de las palabras, imágenes solas, puras imágenes- que siempre me han asombrado y me han remontado a cuestiones profundas. Por ejemplo, las del mundo submarino. Siempre que veo las extensiones del fondo del mar (en fotografías, pero sobre todo en videos, películas, documentales, etc) me asombra” esa creación. Precisamente porque está oculta y tan sólo pueden bajar a ella de vez en cuando aquellos seres humanos con escafandras que nos lo filman. Siempre pienso : ¿por qué Dios ha hecho esto que casi nadie ve? ¿Estas gamas de colores casi infinitos en las aletas de los peces, los movimientos rítmicos de las colas con su belleza inaudita, el encanto de las grutas por las que se cuelan toda clase de animales submarinos, el colorido de las hierbas flotantes, ese mundo inacabable?¿Quién ve esa belleza de modo continuo? Nadie. Los peces mismos no la contemplan sino que únicamente la viven, y el hombre en su superficie está ajeno a ella, excepto cuando se la presentan. Si pensamos la cantidad de kilómetros de belleza oculta al ojo del hombre que se extiende bajo los océanos inmensos, entonces nos podemos preguntar por la razón de todo ello, que no es una razón de utilidad (que lo es ), sino que hay algo más: la utilidad de los peces y cuanto ellos generan podría haber sido creada en una sola tonalidad y con una sola forma, ausente de variantes, y la utilidad hubiera permanecido lo mismo. Sin belleza habría permanecido esa  misma utilidad. Entonces, ¿para qué se ha añadido a la utilidad toda esta deslumbrante belleza?

Por tanto, ¿para qué la belleza del mundo submarino?  Confieso que cada vez que la veo – y recalco que sin palabras, aquí no me hacen falta las explicaciones de Cousteau,que, por otro lado, agradezco -, todo ese mundo me lleva a Dios, no me lleva al azar. Habrá gentes que les lleve al azar, y lo respeto. A mí no me lleva al azar. No me imagino al azar como causa de todo ello. (…) Si esto ocurre debajo de nosotros, sin que nadie lo esté viendo en estos momentos, mientras estoy contestando a esta pregunta, ha de haber alguna explicación a tanta belleza. Insisto en que aquí es pura imagen; no hay palabras. No se necesitan palabras. Por tanto, el ojo humano se sumerge en esa belleza casi irrepetible y naturalmente tiende a ella como ante un imán. No creo que ningún ojo humano pueda ver fealdad en ese espectáculo incesante del mundo submarino. (Lo mismo ante la gama de colores de los pájaros, ante las tonalidades del atardecer, etc).

La imagen, pues, sin palabras, también reina en el mundo. La Creación nos presenta diariamente su imagen nunca repetitiva y esa imagen nos ofrece como en un espejo la Creación. Por tanto, cuando digo en “El ojo y la palabra” que la imagen ha de ser completada por la palabra, creo que es cierto. Pero también hay imágenes sin palabras que nos remontan hacia arriba. Se me pregunta si sólo desde la imagen se puede recuperar el logos, la racionalidad perdida. Creo que sí. Siempre que ante la imagen mantenga uno el asombro y, a través de esa imagen, al otro lado de esa imagen, se plantee uno preguntas y busque cada cual su respuesta. Acabo de hacerlo ante la imagen del mundo submarino y podría hacerse con el mundo de la astronomía, por citar alguno más ¿Qué hay detrás de esas bellezas? (…)

Siempre que nos “asombremos” de las maravillas que nos rodean, esa imagen no se quedará encerrada en sí misma sino que nos hará atravesarla para llegar a una pregunta que está detrás. A través de la imagen llegaremos sin duda a esa nueva era de la palabra, a  que nos explique, en la medida en que se puede, el misterio del mundo. ¿Quién ha creado la Belleza? ¿Se ha creado a sí misma y por sí misma? También en “El ojo y la palabra“, incluí la referencia a Rilke: “Entonces, aproxímese a la Naturaleza” y este texto de San Agustín que puede ir unido a la frase de Dostoievski:
Interroga a la belleza de la tierra, interroga a la belleza del mar (acabo de hablar del mundo submarino), interroga a la belleza del aire que se dilata y se difunde, interroga a la belleza del cielo…interroga a todas estas realidades. Todas te responden: Ve, nosotras somos bellas. Su belleza es una profesión (“confessio”). Estas bellezas sujetas a cambio, ¿quién la ha hecho sino la Suma Belleza (“Pulcher”), no sujeto a cambio?”.

(Imágenes:- 1.-Georgia O `Keeffe.-1963.-Georgia O `Keeffe Museum.-New York.-artdaily.org/2. Flower.-número 86.- 1997 -foto Amanda Means. -Gallery 339.-Philadelphia.-artnet/3.-Liu Wei.-2007.-ArtChina Gallery.- Hamburg.-artnet/4.-foto Michael Benson.-Telescopio espacial Hubble- The New York Times/5.- Colore e luce Danzante 01.-Mia Delcasino.-photographers gallery.-artnet)

OCÉANOS DE COUSTEAU

Como en las listas que han confeccionado Perec o Umberto Eco así se eslabonaron uno tras otro en todas las aguas del mundo, sumando aletas a aletas y colores a colores, los diminutos caballitos de mar mecidos en las corrientes de Australia, los racimos y tentáculos de las medusas en Tasmania, el león marino de Steller en el Pacífico.

También los pingüinos bajo el agua en la Antártida, también la ballena jorobada de Stellwagen en el Atlántico.

Acudieron el pez payaso y la anémona, se sumaron los dientes de tiburones en la arcilla roja, los cienos blandos, los lirios de mar, la Manta en la Bahía Hanifaru.

También el ojo submarino del pez clown.

Y las especies de Florida.

Y las esponjas vítreas.

Y las algas azules,verdes, pardas y rojas.

Y las placas calizas.

Se añadieron al fin los camarones escondidos en la arena, los cuerpos bulbosos, las pequeñas esponjas, las conchas globulares, los leños flotantes, también los corales.

Como en las listas que han confeccionado Perec o Umberto Eco, los colores y las aletas, el movimiento y la quietud  – plantas y animales de todos los mares –  se congregaron allí para saludar a Jacques Cousteau cuando el pasado 11 de junio quiso bajar al mundo submarino para celebrar su centenario.

(Jacques Cousteau, 11 de junio 1910-2010)

(Imágenes:-1.-elpezpayaso y la anémona burbuja en la punta.-  Papua.-Nueva Guinea.-foto David Doubilet.-National Geographic/ 2.-pingüinos bajo el agua en la Antártida-foto Maria Stenzel.-National Geographic/3.-Manta Rayas, Bahía Hanifaru.-Maldivas.-foto Thomas Peshak.-National Geographic/4.-Clownfish Tomate.-foto David Doubilet.- National Geographic/ 5.-Manatí en Florida.-foto Yusuke Okada.-National Geographic/6.-camarones escondidos en la arena.-Florida.-foto Robert F. Sisson.-National Geographic/7.-Clownfish Skunk y anémona de mar.-Syechelles.-foto David Doubilet/8.-enjambre de medusas.- lagos marinos de Palau.-foto David Doubilet/9.-Jacques Cousteau.-wikipedia)