FLOR DE AGUA

 

 

“Se abre a ras del agua más limpia del mundo: la de los lagos, que está hecha de esponja de nieve. Es pequeña, blanca-marfil, melisa, toronjil. Es una flor que bebe. Los pétalos se acucharan, recogen el agua, cuando están bien llenos se junta deprisa en capullo para que el agua no se derrame y se la beben. Después se abren perezosos y descansan.  Cuando están descansados, vuelven a beber. Cada noche hacen lo mismo. Cuando acaba la floración la planta encoge los tallos y deja a sus criadas, las flores, solas con el agua. Todo el provecho de tanto y tanto beber era para la planta. Para las flores nada. Sólo el gran trabajo, un poco de frescor dentro y un cementerio azul”.

Mercé Rodoreda – “Viajes y flores” (1980)

(Imagen- Jasmina Danowski -2008- sapiernam modern -New York – artnet)

PERFILES OLVIDADOS (4) : MONTSERRAT ROIG.

 

“Tenía claro desde muy pronto – confesaba Montserrat Roig – que quería escribir. Y también muy pronto me di cuenta de que no era nada fácil. Tenía que trabajar en mí el oficio de escritora, preocuparme de su proceso interno, pero también observarlo desde fuera”.
Así empezó a concienciarse en una de las modalidades del periodismo una personalidad fuertemente marcada por las ideas de izquierdas, el catalanismo y los derechos de la mujer. Hija de un escritor y abogado y de una defensora de las ideas feministas, autora de la novela El tiempo de las cerezas (1977) –  galardonada con el Premio Sant Jordi -, y La hora violeta (1980) entre sus principales obras de ficción, recibió diversos premios literarios y periodísticos –el Victor Català y el Recull -así como el Omnium Cultura en 1980 por sus diálogos en TVE, en el programa Claro y catalán, y a la vez reunió en varios libros –Retrats parallels (tres volúmenes) (Biblioteca Serrador, 1978) y Personatges (dos Series)(Editorial Portic, 1980) las numerosas entrevistas aparecidas en distintos medios.

Varios grupos generacionales de escritores y artistas fueron interrogados por ella. Desde Benet y Llorenc Villalonga, Mercé Rododera, Torrente Ballester o Donoso hasta Néstor Luján, Pla, Mompou, Ferrater Mora, Joan Fuster y tantos otros más. “Soy partidaria del escribir bien antes que dejarse vencer por la banalidad de los gustos que mandan en el momento – decía – No soy de las que enfrentan puerilmente contenido y forma. Son dos cosas complementarias que deben estar para existir. Creo, no obstante, que las ideas tienen que ser anteriores a la forma”.

Paralelamente a su quehacer periodístico y sobre su tarea literaria, la profesora de la Universidad de Venecia Susanna Regazzoni valoraba en ella, en 1984, por un lado la utilización del testimonio y la biografía como herramientas básicas en la construcción de sus novelas, y por otro la elección de un punto de vista femenino mediante el cual se intentaban retratar las voces inquietas de una época.

 

 

Montserrat Roig había nacido en Barcelona. “Soy del Ensanche – decía -, de un barrio de segunda categoría, con iglesias que hacen la competencia dominical. De un barrio de señoras y señores que poseen más cordura que oro”, señaló en el prólogo de Molta roba i poc sabó…i tan neta que la volen, el retrato de la burguesía catalana desde principios del siglo XX a través de la repetición de personajes, especialmente, de las familias Miralpeix y Claret. Fue lectora de catalán y de castellano en la universidad inglesa de Bristol. Políticamente, entró en el PSUC, salió, volvió a entrar y volvió a salir. Firmaba en la revista Treball con el seudónimo de Capitá Nemo. En 1968 se había licenciado en Filosofía y Letras (Románicas) y quiso apuntarse a la Escuela de Arte Dramático Adriá Gual, donde conoció a Josep Maria Benet i Jornet y a Maria Eulalia Capmany. Trabajó como redactora de la Gran Enciclopedia Catalana y del Diccionari de literatura catalana.
Como entrevistadora solía acompañarse por la fotógrafa Pilar Aymerich, a la que había conocido en la Escuela de Arte Dramático. Como periodista colaboró en Tele/Express, Serra d´Or, Destino, Triunfo, Oriflama, Presencia, Avui, Arreu, Cavall fort, El temps. En su libro Els catalans als camps nazis (1977) (Edicions 62) investigó y recogió testimonios de los supervivientes, y en L´aguila daurada (1985) sobre el sitio de Leningrado por el ejército alemán, quiso mezclar personajes históricos, como Pushkin, con la experiencia de una ciudad sitiada. En 1990 escribió El canto de la juventud (Ediciones 62), en 1991 se publicó Digues que m`estimes encara que sigui mentida” y tras su muerte, se publicaría Un pensament de sal, un pessic de pebre: dietari obert (1992).

Pero quizá su personalidad destaque sobre todo en algunas de sus novelas y en su trabajo como excelente entrevistadora. Murió a los 45 años víctima de un cáncer. Se encontraba dando clases en la Universidad de Arizona y tuvo que volver precipitadamente a Barcelona. “Conciencia de finitud – escribió –, atrapar el tiempo. He aquí el castigo del oficio de escribir. Sueño que tengo palabras y que, con ellas, poseo el mundo”.

 

 

(Imágenes- 1-Montserrat Roig- foto Pilar Aymerich- Aula de las Artes/ 2.- Montserrat Roig -catalán films/ 3.-Montserrat Roig- el diario es)

FLOR DE VIDA

 

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«Matusalén la descubrió, la metió en una maceta, metió la maceta en una bolsa de color de nata, cosida al vestido, y se pasaba los ratos perdidos mirándola a la sombra del cedro y del ciprés, delante de un campo de lirios en delirio. Comía cocas de uva. ¿Y el gozo qué es? Pero un día espeso de nubes y encortinado de lluvia resbaló en el charco de barro, se le rompió la maceta y Matusalén se murió a los tres míl años y pico, de ver pasar el mundo y las golondrinas. La flor fue a buscar vida y a darla más lejos. Una generación pasa, una generación viene: la una de cara a la locura, la otra de cara al juicio. Los hombres iban con una maceta con la flor. Se encontraban en la Plaza de Todos y se preguntaban los unos a los otros : «¿ Y la tuya?». » Ha florecido siete veces». «¿ Y la de tu padre ?». «¿ Y la de tu hermano?». La flor vivía resguardada, nutrida de hermosas palabras y de pura sabiduría. Cada día había más flores. Más hombres con mucha vida. No estaban nunca enfermos. Los años les caían encima, los años iban bajando y elllos los aguantaban con los hombros, con las manos si era nenester. Hasta que una mañana de sol rabioso, cuando las serpientes andan erguidas, se reunieron en un establo los médicos, los farmacéuticos, los notarios, las mujeres casadas, los hijos  deseosos de heredar… Quemaron las flores en medio de la plaza, rompieron las macetas y todo acabó haciendo cola en el cementerio porque no se daba abasto a cubrir de tierra a viejos con cara de lechuza y con los huesos carcomidos».

Mercé Rodoreda – «Viajes y flores» (1980)

 

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(Imágenes- 1-James Hilliard/ 2.-Robert Mapplethorpe- 1983)

EL PRINCIPAL RASGO DE MI CARÁCTER

 

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Marcel Proust, a los trece años-  en 1885 – contestaba a las preguntas formuladas en el álbum inglés de Antoinette Faure, y esas contestaciones no serían exactamente las mismas que expondrá a los veinte años, cuando responda prácticamente a idénticas interrogaciones. Proust irá confesando la cualidad que prefiere en el hombre y en la mujer, su principal defecto y ocupación, el país, el color y la flor que más le gustan, sus autores preferidos, sus héroes en la vida real y en la ficción, y todo lo que ya se conoce como el célebre «cuestionario Proust».

La primera de las preguntas de ese cuestionario indagaba sobre cuál era el principal rasgo de su carácter: «La necesidad de ser amado más que la necesidad de ser admirado», contestó Proust. Pero la ruleta de esas cuestiones prosiguió su camino y muchos otros personajes fueron interrogados sobre ese tema. ¿Cuál es el principal rasgo de mi carácter?. Narciso Yepes, por ejemplo, confesó que el tesón.

 

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Salvador de Madariaga, la espontaneidad. El poeta Joan Brossa, la voluntad. Eduardo Chillida, la desorientación. El pintor Guinovart, la inseguridad. Jorge Guillén, el interés por lo otro y los otros. Octavio Paz, el entusiasmo y la melancolía. Mercé Rododera, la necesidad de huir. Ernesto Sábato, angustia, paradójicamente unida a una gran vitalidad. El escultor Amadeo Gabino, la impulsividad y la sinceridad. El músico Luis de Pablo, la reflexión, la timidez, la previsión.

Acercándonos al espejo de la página cada uno sabrá cuál es el principal rasgo de su carácter. Tantas veces pendiente del momento, de la edad y del tiempo.

 

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(Imágenes. -1- Helen Frankenthaler/2-Paul Jenkins/ 3-Yves Klein- pinstake com)