COLORES DEL FAUVISMO

 

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«Yo quería traducir instintivamente, sin método – decía Vlaminck -, una verdad no tan artística como humana. Me atrevía con todos los tonos; rompía y aplastaba los ultramares, los bermellones. Sufría por no conseguir un máximo de intensidad». La exposición sobre el fauvismo que se celebra en Madrid nos trae los colores de aquel movimiento en donde Matisse recordaba a Vlaminck «como un joven gigante que expresaba su entusiasmo en tono dictatorial, declarando que había que pintar con cobalto puro, bermellón puro y verde esmeralda puro», y a su vez Derain comentaba sobre su asociación con Vlamink: «estábamos siempre borrachos de colores, de las palabras que describen los colores, y del sol que da vida a los colores».

 

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En aquel movimiento quedaron fijos los matices. «Lo que impide que Gauguin sea asimilado por los fauvistas – dijo Matisse – es que no emplea el color para crear espacios, sólo lo utiliza como medio de expresión del sentimiento». Como recuerda Cirlot, el fauvismo «es, dentro de los estilos puros, el que más concesiones hace a lo circundante, entendiendo por tal no sólo la materialidad de los objetos, sino también la de las costumbres, ideas, etc, inherentes a la época, lo que conduce a esta tendencia a un tipo de elaboración que con placer «suprime» muchos rasgos de la realidad, por considerar que es una redundancia de mal gusto insertarlos puesto que se dan por sabidos».

 

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(Imágenes.- 1.- Maurice de Vlaminck/ 2- Maurice de Vlaminck – l Etang de l Ursine- 1905/ 3 -Alfred Henry Maurer- 1912- paisaje-Provenza- Wikipedia)

 

VLAMINCK, EL HOMBRE DE LA CORBATA DE MADERA

vlaminck-ff-remolcador-1905-artexpertisinc«Maurice de Vlaminck cuenta el marchante D. H. Kahnweiler Mis galerías y mis pintores») (Ardora)   – se fabricó una corbata de madera que se enganchaba al cuello de la camisa y que era, creo recordar, de lunares amarillos. Apollinaire habla de ella como «de un arma defensiva y ofensiva». Le impresiona sobre todo esa corbata de madera barnizada con crudos colores que le sirve para distintos usos, en general ruidosos y ofensivos; Apollinaire estaba convencido de que Vlaminck «por simpatía personal y, sobre todo, digámoslo sin ambages, por interés, ha asumido la peligrosa tarea de asesinarnos. Vestido con un traje de caucho y armado con una corbata, nos sigue a todas partes, acechando el momento de poder asestarnos, a traición, un golpe mortal con su instrumento».vlaminck-8-el-hombre-de-la-pipa-1900-elmundoes

La pintura de este «gigante rubio de ojos de porcelana, cubierto con un minúsculo sombrero hongo y vestido con un hermoso traje de entrenador» es la que se presenta estos días en Madrid, en Caixa Forum, hasta el 7 de junio. Vlaminck, como señaló el crítico de arte Gustave Coquiot, era «un gigante de alma tierna, un zafio que se enfrenta al gran camino con un montón de telas por pintar». Violinista dotado, ciclista en todo tiempo, su padre -cuenta Pierre Assouline en «En el nombre del arte» (Ediciones B) – desplegaba argumentos para probarle advirtiéndole que viviría más tranquilo si lograba ser director de banda en una pequeña ciudad de Seine-et-Oise que si se dedicaba a la pintura.

– ¡La pintura!, para dedicarse a la pintura es necesario ser rico.- le decía.

Pero el hijo no le escuchó. Siguió su vocación.

Vlaminck y Kahnweiler se compraron un velero y una canoa automóvil que hacían evolucionar por el Sena. Los habían bautizado respectivamente, y como homenaje a los primeros libros de Max Jacob y Apollinaire, Saint Matorell y L´Enchanteur pourrisant. En aquellas tardes y en otras muchas el célebre marchante decía del pintor:

Vlaminck… -señalaba Kahnweiler – ¡Qué buen pintor! Para mí representa la abundancia. Es el río Nilo que fertiliza las tierras con sus aguas.vladminck-gg-el-camino-1958-artexpertsinc

(Imágenes: Maurice de Vlaminck : 1.-Remolcador.-1905.-artexpertsinc/ 2.-El hombre de la pipa.-1900.-elmundo.es/ 3.-El camino.-1958.-artexpertsinc)