MARUJA MALLO Y EL “SINSOMBRERISMO”

” La provocación de Maruja Mallo – cuenta Marcia Castillo-Martín – era en aquellos años “tan aparentemente inocente como el llamado “sinsombrerismo“: saltarse esa formalidad de clase que eran para las señoritas respetables el sombrero y los guantes. La madre de Concha Méndez le advierte de que si insiste en no llevar sombrero corre el riesgo de que le tiren piedras por la calle, a lo que Concha desafiante responde “Me mandaré construir un monumento con ellas”.

“Íbamos muy bien vestidas -recuerda Ulacia Altolaguirre -, pero sin sombrero, a caminar por el Paseo de la Castellana. De haber llevado sombrero, decía Maruja, hubiese sido en un globo de gas: el globo atadito a la muñeca con el sombrero puesto. En el momento de encontrarnos con alguien conocido, le quitaríamos al globo el sombrero para saludar. El caso es que el sinsombrerismo despertaba murmullos en la ciudad”.

Ese “sinsombrerismo“, aplicado a la audacia intelectual, hizo que Maruja Mallo fuera la única mujer en la tertulia de Pombo” o que Ortega le encargara a los dieciocho años colaboraciones en la “Revista de Occidente“.

“Pequeñita –  dibujaba a la pintora Ramón Gómez de la Serna -, con ojos de lince, la cabeza como una veleta de giros rápidos, apretada la nariz a la barbilla, como un pájaro orgulloso de su nido de colores“. “Aguda y con cara de pájaro, tajante y llena de irónico humor“, dijo de ella Alberti.

A veces -seguía diciendo Ramónmezcla un  espantapájaros, que es una cruz del camino disfrazada de hombre“.

Ramón la llamó “la brujita joven“, la “artista de las catorce almas“. Madrid le inspira – decía en la biografía que escribió en 1942 .- Interesada por las cloacas, por el paisaje mineral de Castilla. Su “panorama terrero, enterrador, austero –seguía Ramón – frente al que no vale sino la gran pintura“. Luego añadía: “se enreda la pintura en los sargazos secos, en los alambres enguizcados y perdidos, en el cardizal de las afueras de la corte de las Españas. (…) Con los cardos figuran los trapajos, los harapos, volando sobre los rastrojales o rastrojeras, sobre los abrojos, los espartales y los más despeinados matorrales”. 

Después el “sinsombrerismo” de Maruja Mallo tomó otros vuelos. Otro tipo de audacias, búsquedas y resultados.

 París. América del Sur. De nuevo Madrid. Interesada por el número, traza sobre la geometría volutas y caracolas. Tras el surrealismo, una pintura de de moldes precisos, casi geométricos. Muchas veces geometría de intenso dramatismo. 

( (Y ahora, en Madrid, en la Academia de Bellas Artes -hasta el 4 de abril – una gran retrospectiva de toda su obra)

Imágenes: 1.-La sorpresa del trigo/ 2.-cabeza de negra.-1946.-Museo de Pontevedra/ 3.-Espantapájaros.-Galería Lorenzo/4.-Escaparate.-1927/5.-mujer con cabra.-1922/ 6.-la Verbena.-1927)

EL CIRCO Y El ARTE, Y El ARTE DEL CIRCO


Las joyas de las mujeres de circo son las joyas más maravillosas del mundo, son las joyas superiores a las de la corona de Inglaterra. Los brillantes, sobre todo los que se colocan sobre la cabeza, son como estrellas, marcando en el espacio los radios de las estrellas radiosas y sus seis puntas clásicas. Las gargantillas las ahogan en espesor y en luz, haciendo arder sus cuellos.
Los sprits también son cosa rica, son grandes manojos que elevan su figura hasta hacer de ellas mujeres altísimas. También usan plumas de las aves del Paraíso, que cuando suben a los centros de luz lucen su amarillo único, su amarillo volandero y angélico, porque no todos los ángeles tienen las alas blancas.
Así era escribiendo Ramón Gómez de la Serna, el gran Ramón, inventor de la greguería, autor de obras inimitables, como El Rastro (1915), Pombo (1918/1924), El circo (1916) o Automoribundia (1949). Creaba desde su página números de saltimbanquis de las letras, hacía subir y bajar por las escalas adjetivos y adverbios que se cruzaban luego en el aire con sustantivos vestidos de payasos de cuyas cintas pendían bailarinas de interrogaciones y de admiraciones. El público aplaudía, muchos lo hemos leído y como yo cuento en mi último libro El artículo literario y periodístico. Paisajes y personajes tuve incluso la fortuna de asistir a la sesión que el Circo Price dedicó a Ramón el 25 de enero de 1963 y allí pude ver a su viuda, Luisa Sofovich.
El circo le debe a Ramón muchos homenajes y estos días en Segovia acabo de ver la exposición “El Circo en el arte español” en donde se reúnen cuadros con eternos motivos de malabarismos, trapecios, animales domésticos y salvajes, el movimiento y el equilibrio en lienzos y esculturas firmados por Juan Gris, Picasso, Maruja Mallo, Vázquez Díaz, Cuixart, Guinovart, Juan Muñoz, Alberto García-Alix, Cristina Garcia Rodero y tantos otros antiguos y contemporáneos, la pintura y la fotografía unidas en la pista de la memoria.
Mientras tanto hay que recordar en el tiempo cuando el 21 de noviembre de 1923 el Gran Circo Americano quiso ofrecer un homenaje más a Ramón Gómez de la Serna como su cronista oficial.
Quiso pronunciar Ramón una conferencia desde el trapecio y así lo hizo:
Así – dijo leyendo un larguísimo papel -, por primera vez realizo yo con franqueza lo que muchos oradores hacen sin darse cuenta: columpiarse y estar en el trapecio de la coladura. Sólo sabiendo como yo ahora que se está de verdad en el trapecio, no se está en la higuera.
Eso sí, ya que la red es muy entretenida de tender, pedí que pusieran debajo una de esas colchonetas de circo de deformes abultamientos que están rellenas con artistas malogrados, deshechos, y que así no pierden el contacto con el espectáculo y son algo útiles.

En caso en de apuro bajaré por la escala de mi larga cuartilla.
(…)
El mundo, al fin, se dará cuenta del sentido humorístico de la vida y acabará siendo un gran circo, franco, sincero, desengolado, en que los regisseurs lucirán las casacas ministeriales, a las que habrán sacado los ojos que hoy las decoran, y la gran farsa caprichosa y disparatada del mundo habrá encontrado su sincero ritmo y su estilo verdadero.
He dicho.
Y ahora, maestro, ¡música!