EL INCONSCIENTE LO HACE TODO

 

 

“Escribir narrativa – dice Martin Amis enEl roce del tiempo” – es menos mental y más fisiológico de lo que generalmente se piensa: una vez se empieza, las decisiones y los cálculos, las cuestiones de la razón, apenas interfieren. Me llevó años descubrir cuán verdad es esto. Cuando era más joven, me topaba con alguna dificultad en el proceso narrativo y me devanaba  los sesos durante horas e incluso días. Ahora me siento compelido a levantarme de la mesa y coger un libro y no vuelvo a la mesa hasta que mis piernas me llevan a ella. Cuando lo hacen, veo que la dificultad se ha resuelto.  Es el inconsciente el que lo hace. El inconsciente lo hace todo.”

”La inspiración para una novela puede venir de una frase, una  expresión, una imagen, una situación.  Pero los novelistas no son poetas. Son trituradoras. Lo que me hace subir al estudio es una sensación en la parte de atrás de la garganta  —me pasa igual con el deseo del primer cigarrillo —. Escribir es un proceso más físico de lo que se suele creer. Es como si la mitad del tiempo te vieras mudo e incapaz de incumplir las órdenes  del cuerpo.”

 

 

(Imágenes – Isidro Ferrer/ 2- Laziz Amani)

JANE AUSTEN

escritores.-rvuuj.-Jane Austen.- retrato realizado por su hermana.-wikipedia

«Desearía que el conocimiento de mi ser – le escribe Jane Austen  a su hermana Cassandra en enero de 1809 – no fuera a dañar mi estilo. Ya empiezo a sopesar más mis palabras y mis frases de lo que hacía antes y ando rebuscando un sentimiento, una imagen o una metáfora en cada rincón de la habitación. Si las ideas me brotaran con la rapidez de la lluvia en Store Closet, sería estupendo».

Las cartas de Jane Austen a su hermana han sido comentadas en muchas ocasiones, entre otros, por Somerset Maugham  en «Diez novelas y sus autores» y por Pietro Citati en «El mal absoluto». «Son cartas llenas de naturalidad – evoca Maugham -. Jane Austen no imaginaba que nadie más que Cassandra leería sus cartas, y contaba a su hermana sólo las cosas que creía de interés. Le hablaba de los vestidos que llevaba la gente, de lo que había pagado por la muselina bordada que se había comprado, de las relaciones que había hecho, qué viejos amigos había encontrado y qué chismes había oído». «Mr. Richard Harvey se va a casar – decía por ejemplo en una de ellas -, pero como es un gran secreto y sólo lo sabe medio barrio, no debes hablar de ello». Comentando los bailes, anotaba: «Había pocas bellezas, y las que se encontraban presentes no eran muy notables. Miss Iremonger no tenía buen aspecto y Mrs Blunt fue la única admirada. Apareció exactamente como en septiembre, es decir, con el mismo amplio rostro, la diadema de brillantes, zapatos blancos, marido rojo y cuello grueso».

escritores.-tgbn.-Jane Austen.-ilustración para Orgullo y prejucio.-wkipedia

«Me han hecho un vestido nuevo – le escribía también a su hermana en otra ocasión -, una túnica blanca tipo cota verdaderamente estupenda, también un vestido de vuelo con una chaqueta y la parte delantera cruzada, abierto a un lado, y un bordado en la misma tela, y las mangas sencillas». Y por supuesto los sombreros: sombreros de terciopelo negro, cintas de color plata, plumas de color amapola (mucho más elegantes que las negras plumas militares); sombreros de paja, de muselina de cambray, cintas de terciopelo negro en torno a la cabeza; sombreros «de raso y encaje blanco con una flor también blanca que asoma detrás de la oreja izquierda».

Jane Austen – recuerda Maugham  – era una buena costurera. Su hermano Henry, en sus «Memorias« confiesa que lo era «tanto en cosas sencillas como en adornos, y esto se demuestra porque reformaba los vestidos viejos y utilizaba parte de una falda desechada para adornar un nuevo sombrero. Lograba todo lo que se proponía con sus hábiles manos. Sus hazañas en el juego de bolinche eran

escritores.-tunnm.-Jane Austen.-ilustración de Orgullo y prejucio.-1895.-wikipediamaravillosas. El que se usaba en Chawton era uno muy sencillo, y ella solía acertar cien veces seguidas, hasta que se le cansaba la mano. A veces encontraba un descanso en este sencillo juego cuando, obligaba por la debilidad de sus ojos, no podía continuar leyendo o escribiendo.»

Jane Austen, después del desayuno, se ponía a escribir. Se sentaba en una pequeña escribanía en un cuarto de paso. Escribía sobre pequeños pliegos de papel que podían ser escondidos fácilmente o cubrirse con un trozo de papel secante, pues tenía mucho cuidado de que su ocupación no fuera sospechada por los criados, por los visitantes o por cualquier otra persona que no fuese de la familia. Entre la puerta principal y las dependencias de la casa había una puerta pendular cuyos goznes chirriaban cuando alguien la abría. Pero ella no quiso que se suprimiera este pequeño inconveniente, pues así sabía cuándo llegaba alguien.

escritores.-yybbn.-Jane Austen.-ilustración para Orgullo y prejuicio.-wikipeda

(Pequeño apunte cuando se cumplen estos días los doscientos años de “Orgullo y prejuicio” , sobre la que Martin Amis dijo en el Atlantic Monthly que «no obstante sus leves incongruencias y cierta presunción, y que a veces huele un poco a moho y es estrecha de miras, es la novela más sociable de Jane Austen, y, por extraño que parezca, la que muestra un mayor idealismo social»)
 
(Imágenes:- 1.-Jane Austen: retrato basado en un dibujo de su hermana.-wikipedia/ 2, 3 y 4.-ilustraciones para «Orgullo y prejuicio».-wikipedia)
 

FÚTBOL Y AJEDREZ

«Ya antes incluso del inicio de la partida las piezas, en las que parece insinuarse sutilmente una malevolencia casi humana – escribe Steiner en «Campos de fuerza: Fisher y Spasski en Reykiavic« (La Fábrica) -, se miran al acecho en medio de un silencio electrizante. Con la primera jugada el silencio da la sensación de rasgarse con un chasquido, como la seda tal vez, ya que tu contrario abre las alas, la masa y la energía interactúan por completo para formar un encaje tan finamente tejido, tan multidimensional, que no podemos concebir su patrón. (…) Cuando empiezas a respirar el aroma de la victoria – una aura almizclada, embriagadora, levemente metálica, indescriptible, pues no la puede comprender quien no sea ajedrecista -, la piel se te tensa en las sienes y tus dedos tiemblan«.

Es el silencio del ajedrez, la gran concentración del deporte mental, un especial juego de guerra que entablan los dedos en el aire moviendo con táctica las piezas. El escritor británico Martin Amis, que además de reconocido novelista es excelente constructor de críticas y reseñas, va relatando esta atmósfera al describir en «La guerra contra el cliché : escritos sobre literatura.- (Anagrama), algunos libros de Nabokov, de Steiner y de otros varios apasionados a este juego. Añade también juicios en torno a otros libros sobre  fútbol – el de Bill Buford, por ejemplo, y el vandalismo a veces que los seguidores de este deporte propagan -, y es casi inevitable acodarse sobre el borde de los estadios –  el pequeño del ajedrez y el grandioso del campo de fútbol – para comparar el vocerío y el silencio, el alarido de las muchedumbres y el mutismo cerebral de quienes observan el tablero. Es la competición, el azar, el simulacro, el vértigo en el balón y en la pieza, el aguante, la rapidez, la lentitud, el vigor y la memoria, la ingeniosidad y la destreza. Cada uno mira de distinta forma los saltos calculados de un caballo o el arco que traza una pelota hasta los pies de un extremo. Es la oportunidad, la atención, el equilibrio de un torneo. Es la invitación, el desafío, la persecución, el duelo.

«¡La vamos a armar…! ¡La vamos a armar…! – gritan ciertos hinchas después del partido, según recuerda Buforf en Entre los vándalos¡La energía…, la energía es elevadísima! ¡Sentid la energía! (…) ¡La ciudad es nuestra…, nuestra, nuestra, nuestra!«. Son algunos gritos tras salir de los estadios con la victoria en las manos, exultantes alegrías eléctricas enardecidas tantas veces por el alcohol. Detrás queda una tarde de esfuerzos sostenidos, la voluntad de vencer, el haber sido reconocido desde la grada por la excelencia. Detrás queda, en otros tableros, la caída del adversario cercado en un jaque mate premeditado y conseguido, certero movimiento último que los espectadores admiten admirados y aplauden en silencio.

(Imágenes:- 1.-Man Ray.-autorretrato ante el ajedrez.-all-art.org/2.-Will Barnet– 1975 -The Old Print Shop.-arnet/ 3.-Zhong Biao.-9 masterpiece. París-artnet)

ATRACCIÓN DE LA LUNA

La atracción de la Luna logró que hace cuarenta años unos pasos de hombre pisaran por vez primera aquella corteza. En una madrugada de hace cuarenta años quise seguir en directo el ruido de aquellos pasos caminando bajo el ojo de la televisión.

Como pequeño homenaje a aquellos pasos y a aquella atracción de la Luna – a aquella ciencia ficción hecha realidad – publiqué hace unos días en Alenarterevista el artículo que aquí transcribo:

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«¿Qué hubo antes de la ciencia ficción? ¿Hubo algo anterior? ¿Vivimos el fin de la ciencia ficción, puesto que toda anticipación es entre nosotros ya realidad? El término “ciencia ficción fue usado por primera vez en 1851, año de la Gran Exhibición londinense. Brian Aldiss, novelista inglés, autor entre otras obras importantes de “Intangibles S.A.” (Alianza), declaró que “la ciencia ficción es la búsqueda de una definición de la humanidad y su status en el universo, que se basa en nuestro adelantado pero confuso estado de conocimiento”. Pero sobre la ciencia ficción las definiciones se pulverizan en el tiempo: “todos nosotros sabemos qué es la luz, pero no es fácil decir qué es”, quiso recordar Samuel Johnson. Así ocurre con la ciencia ficción: la utopía, la alienación, los experimentos científicos, los universos fantásticos y muchas otras variantes se expanden sobre libros y películas intentando horadar nuestras costumbres con la sorpresa, algo cada vez más difícil en un mundo que ya no suele sorprenderse de nada.

 

 

Margaret_Cavendish Mucho antes que emprendieran su camino los viajeros espaciales, todas las geografías de los mitos, islas, dominios y mundos alternativos poblaron la imaginación de las nubes y así autores antiguos descendieron velozmente a la superficie de los infiernos para ascender seguidamente hasta  los cielos y mostrarnos de par en par abiertas las puertas de la fantasía. “El hombre en la Luna o discurso sobre un viaje al más allá” es obra de 1638, la “Historia cómica de los estados e imperios de la Luna” data de 1656, la “Historia cómica de los estados e imperios del Sol” aparece cuatro años después, en 1661, y siete años más tarde, en 1668, la duquesa de Newcastle publica “La descripción de un Nuevo Mundo, llamado el Mundo Ardiente” en donde la autora plantea cómo la humanidad podría ser gobernada por un no-humano, una “inteligencia” animal”.

    

 

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Los relatos fantásticos de Cyrano de Bergerac, las proporciones y dimensiones que presentan “Los Viajes de Gulliver” de 1726, las soledades y descubrimientos de “Robinson Crusoe” en 1718, y mucho más tarde las historias de las  máquinas pensantes, serán tocadas con los rígidos, fríos y mecánicos movimientos de Frankenstein, mientras el checo Karel Capek – autor de “La guerra contra las salamandras” – en su drama “ R.U:R”, en 1902, unirá la palabra “robot” precisamente al sentido del “trabajo”. Por tanto, la Luna – tan lejana y cercana – iluminará ya en el siglo XVll el borde de las páginas que estamos leyendo y su rostro blanco, poblado de huecos sin descubrir, nos vigilará desde cualquier ventana. Ambrose Bierce filosofará en “Una partida de ajedrez” sobre la inteligencia no humana y  en 1785 el escritor alemán Rüdolf Erich Raspe, coleccionista de objetos raros y curiosos, devoto de joyas y piedras preciosas, publicará la “Segunda ascensión a la Luna”.

 

 

luna

La Luna siempre estará, pues, presente a través de los siglos. Es una Luna tentadora para toda imaginación y esa  imaginación viaja pronto a la Luna queriendo cubrirla o desnudarla, y cuando en 1969 la pisada del primer hombre deje allí su huella miles de ojos la habrán visitado antes gracias a la literatura. En 1966  el escritor inglés Kingsley Amis, padre del novelista Martin Amis, quiso definir una vez más la ciencia ficción como “aquella forma de narración que versa sobre situaciones que no podrían darse en el mundo que conocemos, pero cuya existencia se funda en cualquier innovación de origen humano o extraterrestre planteada en el terreno de la ciencia o de la técnica, o incluso en el de la pseudo-ciencia o la pseudo-técnica”. Cada día, sin embargo, la ficción no sólo no hace ciencia sino que la modifica y la supera, y la anticipación se disfraza para todos nosotros en utilidad real: ella nos acompaña como objeto corriente que nos mira deslumbrante y paciente desde los escaparates.

   

Antes de la ciencia ficción creíamos que alguna vez nos encontraríamos de repente con ella, pero ahora, al verla cara a cara, nos sorprende que ya no nos sorprenda nunca. Vivimos desde hace tantos años dentro de una ciencia ficción asimilada que ya no nos arriesgaríamos a entregar nuestra vida para que a cambio nos den una fascinante novela».

(Imágenes: ilustraciones pertenecientes a Alenarterevista)