EL SERVICIO DE UN POETA

 

 

“El poeta no puede estar al servicio del poder —porque él mismo es el poder —dice Marina Tsvietáieva —.El poeta no puede estar al servicio de la fuerza —porque ėl mismo es —la fuerza. El poeta no puede estar al servicio del pueblo —porque él mismo es —el pueblo. —Y por cierto un poder —de orden superior, una fuerza — de orden superior. El poeta no puede estar al servicio, porque ya está al servicio y lo está —íntegramente… ¡ya que el poeta no puede ni siquiera estar al servicio de sí mismo! Del único de quien  el poeta puede estar al servicio en esta tierra — es de otro poeta, de un gran poeta.”

(Imagen —James Hilliard)

MI DÍA ES DESORDENADO Y ABSURDO

 

mujer-rttgg-belleza- Mark B Anstendig

 

“Mi día es desordenado y absurdo:

al mendigo pido pan,

al rico le ofrezco una limosna.

En la aguja enhebro un rayo de luz,

al ladrón le doy la llave,

con polvos blancos encubro mi palidez.

El mendigo no me da pan,

el rico no acepta mi dinero,

el rayo no pasa por la aguja.

El ladrón entra sin llave,

y la tonta llora a lágrima viva

ese día sin gloria, día inútil”.

Marina  Tsvetáieva  (julio 1918)

(Imagen.-Mark B Anstendig)

PIANOS DE MARINA TSVIETÁIEVA

“En cualquier infancia musical hay: uno, dos, tres -cuatro pianos.- recuerda Marina Tsvietáieva en el delicioso libro “Mi madre y la música(Acantilado) – En primer lugar – aquel delante del que estás sentado (¡cuánto padeces y cuán poco te enorgulleces!). En segundo lugar – aquel delante del que otros se sientan – mi madre se sienta – es decir: te enorgulleces y te complaces. (…) El tercero y, probablemente, el más largo, – es aquel debajo del que estás sentado: el piano desde abajo es un mundo subacuático y subpianísitico. Subacuático no sólo por la música que se derramaba sobre la cabeza: detrás del nuestro, entre él y las ventanas que su masa negra tapaba, bosquejadas y en él reflejadas como un lago negro, había flores, palmas y filodendros, que

transformaban el parquet debajo del piano en un auténtico fondo acuático, con luz verde en las caras y en los dedos, y verdaderas raíces que podían tocarse con las manos, y donde, como enormes seres fantásticos, se movían silenciosos los pies de mi madre y los pedales”. Un canto a la infancia, a la intimidad, a la madre y también a la robustez y volumen del sonido del piano evocado por esta destacada poeta rusa.(El Premio Nobel Joseph Brodsky en “Menos que uno” dedicó un luminoso ensayo a Tsvietáieva)  Los cinco pianos se suceden en sus recuerdos y sus teclas presionadas por los dedos van resucitando lentamente las

escenas. “El cuarto piano  – dice – :aquel encima del que estás: lo miras y, en mirándolo, entras en él; el mismo que, con el paso de los años, al contrario de la entrada en un río y de toda ley de profundidad, primero es más alto que tú, después te llega a la garganta (¡y es como si te cortara la cabeza con su negro filo más frío que un cuchillo!), después al pecho, y después, finalmente, a la cintura. Lo miras y, en mirándolo, te miras a ti mismo, haciendo coincidir poco a

poco con su negra y dura frialdad, primero la punta de la nariz, después la boca, después la frente. (…) El piano fue mi primer espejo, y la primera toma de conciencia de mi propio rostro fue a través de la negrura, de su traducción a la negrura como a una lengua oscura, pero comprensible. (…) Y, finalmente, el último piano – aquel al que te asomas: el piano de las entrañas, las entrañas del piano, sus entrañas de cuerdas, como toda entraña – misterioso, el piano de Pandora: “¿Qué hay allí dentro?” – ese al que Afanasi Fet aludió en un verso comprensible sólo para el poeta y el músico, una línea que asombra por su visualidad:

“El piano estaba todo abierto,

y en él las cuerdas se inquietaban…

Pianos de infancia, escenas musicales, páginas musicales de infancia…

(Imágenes.-1.- Pierre- Auguste Renoir/ 2.-Carl Larsson.-1908/3.-Theodore Robinson.-1887/ 4.-Willen Haenraets/ 5.-La tapa:  “Encuentro de Isaac y Rebeca”.- Marc Chagall.-1980.-Museo Nacional Marc Chagall.-Niza)