¿ REVUELTA O REVOLUCIÓN ?

«La revolución, incluso si no ha sido preparada, desemboca en un cambio radical en las instituciones. Es portadora de un proyecto de sociedad, que puede ser loco o delirante, pero que es coherente. La revuelta, al contrario, es un movimiento más eruptivo, más imprevisible, y que no está centrado necesariamente en el futuro. Así las revueltas son interesantes por aquello que revelan y aquello que las ha hecho nacer, mientras que las revoluciones son interesantes por aquello en que desembocan. Los movimientos de revuelta se han manifestado constantemente a través de la violencia pero siempre han conducido a un regreso al orden anterior. Es con la aparición de la idea de progreso que la revuelta se ha convertido en revolución, provocando los acontecimientos de 1789″.

Estas palabras del historiador francés Le Goff siempre han estado en mi mente cuando me han preguntado por los «sucesos» del mayo francés de los que fuí testigo. No hubo revolución – en el sentido estricto – en mayo del 68. Habría que añadir – como digo en mi libro – las palabras de André Malraux , al que yo ví aquellos días como ministro de De Gaulle – intelectual hoy debatido en muchos foros pero que posee un bagaje cultural extraordinario -, cuando señaló: «Mayo no fue sino una inmensa ilusión lírica, el problema estaba en saber qué saldría de allí…La imaginación al poder no quiere decir nada. Porque no es la imaginación la que toma el poder, sino las fuerzas organizadas. La política no es lo que se desea, es lo que se hace. Lo importante no es gritar «¡Viva la libertad!»; es conseguir que las libertades se realicen en el Estado. Para mí, la ilusión lírica, en una revolución, es algo que debe ser superado. Mayo no fue más que materia prima…Lo que los jóvenes deseaban de nosotros, ante todo, era una señal de esperanza, en el fondo de unos malestares que sentían más que nosotros aún…»

Cuarenta años después de todo aquello, vienen también a mi recuerdo aquellas frases del director de una famosa librería parisina de izquierdas: » 1968 me dejó completamente sorprendido. Tenía cierta idea del proceso revolucionario, y no era en absoluto como aquello. Vi a estudiantes levantar barricadas, pero no sabían nada de la revolución. Eran chavales de instituto, que ni siquiera estaban metidos en política. No había organización, ni planificación de ninguna clase».

Testimonios, declaraciones, puntos de vista, debates en el tiempo.

(Foto: una calle del Barrio Latino tras una noche de barricadas)

ROBO EN LA BIBLIOTECA NACIONAL

ROBO EN LA BIBLIOTECA NACIONAL

Hoy 25 de agosto anuncian los periódicos el robo de dos mapas en la Biblioteca Nacional, en la Sala Cervantes donde yo he trabajado tanto. Yo no los he robado. He robado ideas que estaban entre los pupitres, fogonazos encontrados en Bibliografías, enlaces de imaginación, viajes a autores que me han entreabierto sus puertas. Me acuerdo que el pasado viernes, mientras robaban los mapas del siglo XV con una cuchilla afilada, robé con mucho cuidado y sin hacer ruido una idea de Malraux sobre los jóvenes que aparecía doblada en la página izquierda de un volumen. Era una idea sugerente, leída por muchos, pero me dí cuenta de que era de todos, estaba al alcance de cualquiera, bastaba poner los ojos entrecerrados como la cuchilla del mapa e ir cortando la idea sin hacer ruido. Luego la metí entre otras ideas fotocopiadas y la saqué, pasando entre los controles, hasta llegar a la calle. En el autobús la leí. Ya no era una idea de todos sino mía y la extendí ampliándola, viéndola en toda su dimensión. Hablaba de la rebeldía y del nihilismo de los años sesenta y, como todas las ideas robadas, al hacerla mía quedó por todos sus bordes una pigmentación amarilla, como si Malraux mismo hubiera puesto su pulgar al escribir. Siempre que robo ideas procuro al llegar a casa cambiarme de traje, disimular, pasar de un aire a otro, mentir, no decir de dónde vengo, ir haciendo esa idea mía como piel, como una segunda piel. Ya por la noche pensaba yo- lo había pensado siempre- cosas sobre el nihilismo y la rebeldía de los años sesenta que el mismo Malraux me había copiado.

Hacia las once vino a verme el ladrón de mapas. Los traía enrollados. Quería cambiarme mi idea por sus mapas. Me negué. Aún no me han detenido.