EN EL CENTRO DE LISBOA

“Vengo de tierras de Beja.

Voy al centro de Lisboa.

No traigo nada  y no encontraré nada.

Traigo el cansancio anticipado de lo que no encontraré,

y la saudade que siento no está  ni en el pasado ni en el futuro.

Dejo escrita en este libro la imagen de mi designio muerto:

Fui como hierbas, y no me arrancaron”

 

así escribe Fernando Pessoa, y yo escucho mientras tanto la melodía que entona Teresa Salgueiro, de  Madredeus, en el centro de la películaLisbon Story” de Wim Wenders, en el centro, en el corazón de la ciudad.

(Video: escenas de la película “Lisbon Story”, escrita y dirigida por Wim Wenders)

LISBOA , CIEN AÑOS

Leo que el gran director de cine portugués Manoel de Oliveira entra en el 2008, año en que, si Dios quiere, llegará a su centenario, con una nueva película, Cristóbal Colón. El enigma.
La edad no parece hoy, al menos en muchas ocasiones, obstáculo para que la imaginación vuele. En la Historia, Goethe escribió su gran obra a los ochenta y dos, Cervantes acabó El Quijote a los sesenta y ocho, Miguel Ángel pintó frescos a los setenta y uno, Verdi compuso a los setenta y cuatro, Haendel a los setenta y dos. Tras la afirmación de la individualidad en la juventud, tras la crisis del desasimiento en la madurez – esa expectación que estira el tiempo, ese saber a qué atenerse que le obliga a uno a aprovechar el tiempo al máximo- he aquí al hombre sabio cuya conciencia es cada vez más clara sobre aquello que no pasa, sobre aquello que es eterno.
Lisboa es el escenario ante el que se abren varias películas de Oliveira. Como también los barrios populares de Oporto. “El cielo negro al fondo del sur del Tajo – describirá Pessoa – era siniestramente negro contra las alas, por contraste, vívidamente blanco de las gaviotas de vuelo inquieto. El día, sin embargo, no estaba ya tempestuoso. Toda la masa de la amenaza de lluvia había pasado hacia la otra orilla, y la ciudad baja, húmeda todavía de lo poco que había llovido, sonreía desde el suelo a un cielo cuyo norte se azulaba todavía un poco blandamente”.
Eso, respecto a la luz, a los reflejos. Porque del ruido – los ruidos perceptibles o no de una Lisboa de sueños – hablará otra película, Lisboa Story, la investigación- documental de Wim Wenders, ese paseo inolvidable y mágico en busca de grabaciones por las calles, ese sonido del casco antiguo, el sonido persiguiendo a la imagen hasta fundir imagen y sonido entre canciones de Teresa Salgueiro y de Madredeus.