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Posts Tagged ‘“Las Meninas”’

 

 

Los dos patios, los ventanales de frágil madera blanca y los pasillos laberínticos del número 4 de la casa de la calle Padre Luis Llop – es decir, la casa donde nació Velázquez y que ahora va a ser recreada para mostrar el ambiente del pintor y la Sevilla barroca-, quedaban entonces rodeadas por aquella ciudad que en 1599 ( el año en que nació el pintor ) era la más rica y poblada de España – como así  quiso recordarlo el director hace años del museo del Prado,  Alfonso Pérez Sánchez -. Era la ciudad de carácter más abierto, complejo y cosmopolita de todo el imperio y por decreto real gozaba del monopolio del comercio con América, y esto atraía sobre ella una rica colonia de mercaderes flamencos y genoveses que prestaban a las calles un tono de animación, vitalidad y riqueza.  Era la Sevilla del siglo XVl, con la nobleza de su abolengo y su cultura, heredera del ambiente humanístico, y que presentaba a la vez una burguesía de negocios en torno al oro de América. Pero ofrecía también la Sevilla de entonces un variado submundo de aventureros, pícaros y gente de mal vivir, al margen de la sociedad organizada, que llenaban los hospitales y acudían a recibir la “sopa boba” que los conventos repartían entre los pobres. Allí se encontraba  la famosa cárcel de Sevilla  y el mundo de su  picaresca que aparece en las ”Novelas ejemplares” de Cervantes. Y aquella Sevilla sirvió también en ocasiones de animado marco de la acción en comedias de Lope de Vega o de Tirso de Molina.

 

 

En medio de ese ambiente tan variado se encontraba la casa natal de Velázquez, el gran pintor al que Antonio Palomino en su “Museo pictórico” recuerda que  “ pronto se descubrió  en él su ingenio, prontitud y docilidad para cualquier ciencia, de suerte que los cartapacios de los estudios le servían a veces de borradores para sus ideas” Y es precisamente Palomino quien, al considerar en su práctica  de la pintura los diversos grados de los artistas , muestra su mundo y sus talleres. Talleres sevillanos a los que en sus primeros años acudió Velázquez, cruzando aquellas calles, saliendo de aquella casa hoy recobrada.

 


 

(Imágenes – 1 y 3- Sevilla en el siglo XVl/ 2- “las Meninas”, de Velázquez)

 

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“…este eco no existe en parte alguna sino en El Prado cuando está desierto, el mundo se ha cerrado entre unos muros, y el eco, al fondo del larguísimo pasillo, me tentaba en cartones luminosos y para allí fui y aún voy ahora muy despacio, atravesé arcos de luz, una mesa florentina apoyada sobre cuatro leones atenazando bolas me vio pasar, mis ojos eran atraídos por el eco, mundo ido, mundo despojado de todo ruido que no sea el creado por el pincel, Madrid, Recoletos y el Botánico transmitían rumores de vehículos veloces o silencios de flores entre árboles, pero no aquel eco, ¿lo oye usted?, el ojo desnudo avanza muy despacio por este corredor, es el Museo para mí, festín de cuadros que adquieren vida, han dudado un momento los animales que pintó Velázquez pero me sorprendió que un suave aliento de refrigeración escapara a la altura del suelo y por los dientes de aparatos mecánicos y por las rejillas de los rincones un aire artificial moviera algo, y tuve entonces que volverme y retroceder

 

 

porque oí ruidos y eran las hojas del gran libro que sostenía el bufón y que estaban esparcidas por el suelo, era don Diego de Acedo, el Primo, pintado por Velázquez, enano de bigote y de perilla, vestido en ropa negra brochada y con mangas bobas pues así se llaman, y lo vi en calzones con pasamanería y lazos, y estaba él en cuclillas en la gran sala, con sus calzas y sus zapatos negros sosteniéndose apenas sobre sus cortas piernas y recogiendo con una manecita las grandes hojas desperdigadas mientras con otra mano intentaba sostener el enorme sombrero, y así le sorprendí, fuera del marco, y estaba el marco vacío de blancos, negros y grises azulados, y un fuerte olor a pintura salió del fondo como un fulgor que esperara a que el bufón volviera a su retrato, pero el Primo me vio y debió sorprenderse de hallarme allí a tales horas, y al observarme con su mirar distante, perdido y pensativo, se le volvieron a escapar las hojas del enorme libro y ese ruido alertó  a muchos animales creados por Velázquez y nadie supo cómo, pero los perros fueron los primeros, y no hubo ni ladridos ni gemidos, fue un silencioso movimiento, jamás se escuchó a tantos perros mansos moverse como sombras en un Museo, bajó el mastín de “Las Meninas” y se desperezó como la espuma y tras ese mastín entraron como el humo otro

 

perro de larga mancha blanca en el hocico que dormía a los pies del príncipe Baltasar Carlos niño junto a un árbol, un perdiguero blanco y canela que había levantado su hocico del suelo y sacudiendo su sopor adormilado, entró campante viniendo desde una sala vecina y le seguía un galgo dorado y avispado, de nariz negra y mirada viva, y ambos juntándose con otros muchos en mansedumbre y humo, y parecían de lana transparente o acaso de vidrio tan invisible y tenue que ni rumor hacían, paseando sobre losas desiertas y husmeando el aire, ladrando sin emitir sonidos, jamás escuché sin oír a tantos perros  y tan entremezclados que ni olor despedían, llevaban en sus lomos pegada la pintura pero eran auténticos y poseían tal fuerza que ellos atrajeron a más potentes animales, escuché ahora cómo bajaban de los cuadros las pezuñas de los corceles de Velázquez, y la grupa del caballo del Conde Duque caracoleó de pronto y se unió al concierto de aquel otro  mastín de cara negra , perro de caza, perro real, despierto y vigilante y de tan gran vitalidad que apenas le oí saltar del lado donde estaba, al costado de la escopeta de cañón que sostenía Felipe lV, aquella grupa del corcel del Conde Duque movió su torso y se salió del marco de manera tan suave que el poderío del gran caballo abandonó al jinete y el valido del Rey quedó ridículamente, ya sin cabalgadura y sin apoyo para su altanería y pretensión…”

José Julio Perlado  – ( del libro “Ciudad en el espejo”) ( relato inédito)

 

 

( Imágenes–Velázquez: 1-Las Meninas/ 2- bufón don Diego de Acedo, el Primo /3- príncipe Baltasar Carlos/ 4- caballo del Conde Duque de Olivares)

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Se prepara “El Prado” para celebrar amplia y solemnemente su bicentenerario. Aún recuerdo la impresión que me causó ese gran museo cuando hace unos años – y tras los convenientes permisos – pude visitarlo de noche, con el museo cerrado,  disfrutando y tomando notas sobre las pinturas negras de Goya, acompañado únicamente por un guarda, aquella luz encendida de la sala y el resto del museo solitario y a oscuras. Diferentes y muy célebres pasos en muy distintas ocasiones han recorrido este Museo y han dejado valoraciones e  impresiones. En las “Lecciones sobre el Museo Del Prado” que tuvieron lugar en la Fundación March en 1997 – diez conferencias en torno al edificio y a sus pinturas -, se habló ampliamente de la  biografía constructiva del museo, de las colecciones reales, de los cuadros, de la comparación entre el Prado y los demás museos, y de su cara y cruz en el tiempo.

 

 

Sánchez Cantón, en una conferencia pronunciada en 1961 en la Universidad InternacionalMenéndez Pelayo” de Santander, evocaba, entre muchas otras cosas, la preferencia de los Felipes por la pintura veneciana del XVl y la flamenca del XVll, y al comentar los fondos de El Prado quiso recordar que éste ” no es un tesoro arqueológico, testimonio del pasado, inoperante fuera de la erudición, inteligible no más que por el docto, sino fuente viva de enseñanzas y de goces. Hay museos más completos; pero cada día son más los que piensan que ninguno aventaja al nuestro en riqueza estética”.

 

 

Los pasos también de María Zambrano en su visita a El Prado, pasos escritos en 1953 en La Habana y que vieron la luz en París en 1955, nos llevan a su contemplación : “allí estaban – nos dice Zambrano  – los Felipes de la Casa de Austria, simples aun a caballo encabritado, con banda de raso y sombrero de plumas, pues vestían así y tenían aquella apostura porque era el Rey, pero allí, al fondo del cuadro estaba la sierra desnuda con la luz primigenia, no un salón con un trono. Y Felipe ll ya fantasma, mirando de frente, como diciendo : “Miradme, aquí me tenéis, cómo los trabajos me han dejado de aquel mozo enamorado que fui”. Y en la sala de Tiziano, Carlos V, el más ensimismado, yéndose cada vez más dentro de sí. Y los pobres Borbones pintados por Goya, marionetas de la historia, ¿quién gobernaba a sus hijos? Y se dieron cuenta de que no miraban la pintura  como tal, sino lo que en ella había, lo revelado por su magia invisible, y no es que fuera real, ¿realista Velázquez? Ni siquiera Goya lo era”.

María Zambrano se va alejando por las salas con estos textos recogidos hoy en “Algunos lugares de la pintura” y El Prado se dispone a congregar muchos acontecimientos para  celebrar su bicentenario. Es este un museo tesoro del arte pero es también espectáculo.  Así quiso anotarlo Félix de Azúa en su “Diccionario de las artes” : ” la última vuelta de tuerca  -escribe – se  produjo cuando, a mediados del siglo XX, los museos pasaron a ser  centros turísticos de notable interés económico y, por lo tanto, anexos a la ingeniería del ocio, el turismo y la diversión. Desde entonces los museos han pasado del mundo del conocimiento al mundo del espectáculo (…) Los turistas no visitan colecciones sino recintos, no ven piezas maestras de todos los tiempos o las vanguardias del siglo XX, sino “el Guggenheim” , el “ReinaSofía – de Nouvel” o “la Tate Modern”.

El Prado, pues, conocimiento y espectáculo.

 

 

(Imágenes -1- Elliot Erwitt/ 2 – Velázquez – las Meninas /  3 – Goya – el majo de la guitarra / 4 – Goya- dibujo – la calle – museo de El Prado)

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Velázquez- Las Meninas- museo del Pado

 

“Hoy, cuando entro en un museo, todo lo realista me parece falso y todo lo inventado me parece real y cuando salgo, qué muerto se me queda atrás lo inventado real del museo y qué vivo lo irreal. Tan vivo que la vida de la calle me parece muerta.

Naturaleza y museo, al entrar o al salir yo de uno a otra, siempre se contradicen. Lo que no se contradice es museo y cuerpo o espíritu y naturaleza.

De todo lo realista pintado, sólo me permanece inexplicable un cuadro ¡ qué cuadro! Las Meninas de Velázquez. Caso de tiempo y de silencio”.

Juan Ramón Jiménez

(Imagen.- “Las Meninas” de Velázquez- museo del Prado)

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“Las obras maestras – recordaba  Dominique Vivant Denon – son los guardianes silenciosos del misterio del arte”.

Cuadros como “El jardín de las delicias”, “Las Meninas”, “La ronda de noche”, “Los girasoles” o “Las señoritas de Avignon“, entre muchos otros, han sido considerados por varios autores como obras maestras y ese “misterio del arte” lo llevan consigo.

“Las artes tienen un desarrollo – comentaba Matisseque no viene sólo de un individuo, sino de toda una fuerza adquirida en la civilización que nos precede. No se puede hacer cualquier cosa. Un artista dotado no puede hacer lo que fuere. Si no empleara más que sus dones no existiría. No somos dueños de nuestra producción; la producción nos es impuesta”.

“Si cuando Van Gogh estaba pintando se hubiese controlado el flujo de sangre en sus venas – señaló un crítico japonés en 1912 al ver el cuadro de “Los girasoles” -, sin duda se habrían registrado las mismas ondulaciones que encontramos en su pintura“. Así lo recuerda Neil MacGregor en uno de los estudios que completan el volumen conjunto “¿Qué es una obra maestra?” (Crítica).

” Ante la obra maestra de todas las obras maestras de nuestros días, conocemos que “Los girasoles” de Van Goghsegún opinión de MacGregor -, tenía que ser una expresión de gozo y de alegría. Lo pintó para celebrar la llegada de su amigo Gauguin a la Provenza y demostrar con ello toda la satisfacción que le producía dicho acontecimiento. Pero nos obsesiona de tal manera la personalidad del artista, la personalidad angustiada de Van Gogh, que queremos encontrar sin falta en él, como en todos sus cuadros, las huellas, los indicios de la angustia que sufrió.(…) El cuadro se convierte no sólo en indicio del sufrimiento redentor del artista sino, en cierta medida, en una reliquia de dicho sufrimiento”.

“Los girasoles avanzan – le escribía Vincent Van Gogh en agosto de 1888 a su hermano Theo -, hay un nuevo ramo de 14 flores sobre fondo amarillo verde, es pues exactamente el mismo efecto que una naturaleza muerta de membrillos y de limones que tú tienes ya, pero en los girasoles la pintura es mucho más simple”.

(Imágenes:- 1.-Géricault.-La balsa de la Medusa.-1818- 1819.-Louvre/ 2.-Watteau.- Lémbarquemente por Cythere.-Louvre/3.-Henri Matisse.-vista de Collioure.-1905.-L´Hermitage.-San Petersburgo/ 4.-Van Gogh.-florero con quince girasoles.-1888.- National Gallery)

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“Lo que me ha importado al escribir sobre Buenos Airesme dice Mujica Láinez – ha sido tratar de exaltarla, creándole los mitos de los cuales esa ciudad carece, porque las grandes ciudades europeas los tienen hace mucho tiempo;  la mía, tenía elementos con los cuales se la podía rodear de un hálito mítico; en los cuentos de Misteriosa Buenos Aires, una de las cosas que busqué fue el vincular esta ciudad tan remota con ciertos temas universales: así escribí un cuento en el que un hombre, al fallecer hacia 1800, sólo entonces se da cuenta de que él es el hijo de Maria Antonieta; en otra narración, unos pilletes le envían una carta al niño enano del cuadro de Las meninas para entregarle una receta que quitara el embrujo del rey Carlos, etc.”.

“Yo no he tenido nunca seguridad como escritor – me sigue diciendo el autor de Bomarzo -. ¿Qué escritor la tiene? Yo no marqué ningún camino, pero lo que sí es cierto es que he podido ver cómo los libros míos se dividen en distintos períodos: el período porteño; luego, los libros de reconstrucción histórica; después los libros en que despego de la historia; por fin, el retorno a los tiempos primeros. Esas distintas etapas se conjugan en cierto modo y sin duda crean una unidad: son como peldaños.

Pienso que una de mis grandes características ha sido quizá la inconsciencia; gracias a eso todavía ahora miro hacia delante como si me faltaran treinta o cuarenta años de existencia. Me ha ayudado mucho mi gran vitalidad, como también me perjudicó el periodismo, y respecto a la ilusión siempre he pensado que la justificación de mi paso por el mundo era la obra que pudiese hacer, puesto que no soy de los que anhelan sobre todo plantar un árbol o tener muchos hijos; los tengo, y por supuesto los quiero, pero algo ha habido en mí más principal”.

“Quien conozca mis novelas verá cómo me gusta jugar con el tiempo – sigue diciéndome -. En Bomarzo o en El Unicornio voy y vuelvo hacia adelante y hacia atrás con el tiempo; lo mismo va a suceder con El escarabajo, donde van a tener tanto papel los dioses egipcios, como Mercurio, o como la Musa, o como los ángeles…, todos van a estar en el mismo plano. Para mí, la ciudad es menos inportante que las casas: las casas me importan mucho; las casas y lo que ellas encierran: lo mismo el castillo y el parque de Bomarzo que la vivienda de mi novela La Casa o la quinta de Aquí vivieron. Lo del pasado reconstruido, creo que proviene de tradición familiar; cuando escribo los libros sobre Buenos Aires, mucho elemento de la reconstrucción nace del anecdotario; en el caso de Bomarzo y El laberinto ellos me han exigido muchísimo estudio y rigor, los he ido haciendo como podía elaboraralos un historiador, y después se sumará a él un narrador, calculándolo todo para que no pese”.

“Lo que más ha influido en mi obra literaria – me continúa diciendo – ha sido mi adolescencia. Mi primerísima juventud ha influido sobre las novelas, puesto que yo me dediqué a reconstruir un poco lo que fue la sociedad tradicional de Buenos Aires; como yo era un muchacho muy andariego y frívolo, iba de aquí para allá; eso luego me fue muy útil para escribir novelas. Me pasó algo parecido a Proust. Con todo ese material escribí libros de la sociedad de Buenos Aires e inluso esa novela que transcurre en el teatro Colón, tiene por origen aquellas épocas mías primeras.

Otra novela mía, en cambio, El escarabajo, es un libro aparte de lo que he hecho hasta ahora. (…) En cualquier cosa que he escrito, antes de empezar un capítulo trazo de modo exacto un plan, y me atengo a él; los personajes no me conducen, como a tantos otros autores les sucede; los reduzco a que vivan dentro del mismo plan; y lo mismo, los capítulos”.

“Hay una tendencia en mí –me dice Mujica -a todo lo invisible, desde niño siempre he tenido la impresión de vivir rodeado de presencias invisibles. Me han sucedido en la vida cosas curiosas. No he podido apartar la idea de que algunas de esas ideas curiosas eran muy reales; por ejemplo, que cuando se apaga la luz y está la oscuridad todo cambia, y quién sabe qué habrá ahí en lugar de lo que había; eso me asusta un poco”.

De repente se apaga la luz. ¿Estamos en 1979 o en 2010? ¿ Soy yo el que está presente y Mujica Láinez es el desaparecido, o es él el que se me aparece en la oscuridad evocándome aquellas frases que me dijo en Madrid hace ya 31 años? Del  cansancio de los objetos me habló aquel día y lo reproducí en Mi Siglo. Como me habló de la misteriosa desaparición de su sortija y también lo conté. Le miro ahora fijamente con la luz apagada al autor de El Laberinto y parece que no hubiera pasado el tiempo, parece que fue ayer.

(“Diálogos con la cultura”, pás 205-212)

(Recuerdo del gran escritor argentino en el centenario de su nacimiento: septiembre 1910-2010)

(Imágenes: 1.-Manuel Mujica Láinez.-foto Aldo Sessa.-lanación.com/2.-Jorge Luis Borges, Ernesto Sábato y Mujica Láinez.-lanación.com/3.-Mujica Láinez en la presentación de su novela “El gran teatro”, con Mirtha Legrand y Nicolás García Uriburu, en 1979.-foto La Nación.-lanación.com/4.-casa de Mujica Láinez en “El Paraiso” La Cumbre.-Córdoba.-alacumbre.com/5.-foto La Nación.-lanación.com)



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“Supongamos que alguien quiere copiar pura y simplemente Las Meninasle dijo Picasso a su amigo Sabartés -, llegaría un momento en que si fuese yo quien lo hiciera, me diría: “¿qué pasaría si pusiera este personaje un poco más a la derecha o a la izquierda?”. Y trataría de hacerlo a mi manera, sin preocuparme de Velázquez. Esta tentativa me llevaría sin duda a modificar la luz o disponerla de otra forma, puesto que habría cambiado de sitio un elemento. Asi, poco a poco, lograría hacer un cuadro, Las Meninas, que sería detestable para cualquier pintor especializado en copiar y no serían Las Meninas tal como aparecen en el cuadro de Velázquez: serían Las Meninas del que lo hiciera”.

Esa tarea de realizar sus propias Meninas la emprende Picasso desde el 17 de agosto al 30 de diciembre de 1957 en su casa de “La Californie“, consagrando cuarenta y cuatro pinturas al tema de Velázquez.

Velázquez está visible en el cuadro –le explica Picasso hablándole de Las Meninas a Roland Penrosse – cuando en realidad no debería estarlo puesto que le vuelve la espalda a la infanta del primer término que tiene por modelo. Está delante de un gran lienzo en el que parece estar trabajando, pero como se ve solo el reverso del cuadro, no podemos ver lo que pinta. En realidad, está pintando al rey y a la reina de quienes vemos la imagen reflejada en el espejo al fondo de la habitación. Sin embargo, el hecho de que los veamos implica que ese rey y esa reina no miran a Velázquez sino a nosotros. Y las meninas se han agrupado en torno al pintor no para posar, sino para mirar el retrato del rey y la reina, y como éstos, nosotos, espectadores, estamos detrás de ellas”.

El 2 de octubre de 1957 Picasso pinta estas Meninas.

Les dio una personalidad propia, transformó el lenguaje de los signos y hasta el flemático perro de Velázquez se convirtió en el perro que hacía poco el fotógrafo David Duncan le había regalado.

Veinticuatro horas después – el 3 de octubre de 1957 Picasso pinta estas otras Meninas.

“La realidad es más que la cosa propiamente dicha – le diría a Penrose, y así lo cuenta éste en la biografía del pintor -.Yo siempre busco la suprarrealidad. La realidad reside en la forma en que ves las cosas. Un loro verde también es una ensalada verde y un loro verde. Aquél que sólo hace de ello un loro reduce su realidad. El pintor que copia un árbol queda ciego ante el árbol real. Yo veo las cosas de otra manera. Una palmera puede convertirse en un caballo. Don Quijote puede incorporarse a Las Meninas“.

Picasso pinta casi cada día unas Meninas distintas. Pinta aparte el grupo de la infanta y sus meninas, el perro y el hombre de la capa, luego la infanta sola. El 6 de septiembre deja Las Meninas por las palomas, el palomar y la vidriera del balcón abierta, el jardín, el mar y el cielo, que son los motivos de su creación. Y el día 14 vuelve otra vez a su serie de Las Meninas con 19 estudios sucesivos que acabará en diciembre.

Es la fascinación por un mismo tema. Las variantes de una fascinación. Siempre han existido fascinaciones y de algunas de ellas hablé ya en Mi Siglo. Pero ahora el Museo del Prado – dentro de ese mundo de las fascinaciones – presenta diversas Meninas.

Las de Picasso:

Las de Goya:

También las de Richard Hamilton:

Y al final siempre vuelve a plantearse la misma pregunta: ¿qué está pintando Velázquez?.

Uno se acerca al misterio de esta pintura y cada pintor se acerca también a ella intentando descubrirla, intentando pintarla, como hiciera Picasso, como hiciera Goya, como hiciera Hamilton, y como hicieran muchos.

(Museo del Prado.-“Las meninas de Richard Hamilton”.-hasta el 30 de mayo de 2010)

(Imágenes: 1.- Meninas de Picasso.-17-8-57/ 2.-Las Meninas de Velázquez.-wikipedia/3.-Meninas de Picasso.-2-10.57/4.- Meninas de Picasso.-3-10-57/5.-Meninas de Picasso- 1957.-Barcelona.-Museo Picasso-16- 8-57/ 6.-Meninas de Goya.-preparado a lápiz.-1778.-colección particular/ 7.-Meninas de Richard Hamilton.-1973.-colección del artista)

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