CLAROSCUROS DE LA AMISTAD

 

”Apoyándome  en Montaigne — comentaba el peruano Julio Ramón Ribeyro con una persona —, le decía que una de las condiciones de la amistad era la separación periódica de los amigos. La ausencia robustece más la amistad que la  presencia. La presencia engendra la saturación, el hastío, a veces la antipatía. Me ha sucedido muchas veces desear que parta un amigo para no perderlo. Los amigos desarrollan en nosotros nuestras virtudes potenciales. Una persona sin amigos corre el riesgo de no llegar jamás a conocerse. Cada amigo crea en nosotros una zona de contacto, un campo propicio al desarrollo de un determinado tipo de amistad.  Es por ello que podemos tener dos amigos íntimos  que no lleguen jamás a comprenderse entre sí. Perder un amigo significa muchas veces neutralizar un sector de nuestra personalidad. Sensación desagradable producida por el encuentro simultáneo con dos amigos, con los cuales tenemos contactos en zonas diferentes de nuestra personalidad. Es necesario comportarse  de una manera especial con cada uno de ellos. Si complacemos a uno sorprenderemos al otro. Si tratamos de complacer  a ambos, nos sorprenderemos a nosotros mismos.”

 

 

(Imágenes—1- Kevin Hendley- 1961/ 2-Jack Spencer-2001)

EN TORNO A LA AMISTAD

 

 

“Nada supera “ser un amigo para un amigo” (decía Schiller). La pérdida de un amigo es irreparable (uno puede volver a contraer matrimonio, adoptar un hijo…) La fuente de la amistad es insondable —sigue diciendo Steiner en “Fragmentos” —“Porque él es él, porque yo soy yo (decía Montaigne).  El hombre o la mujer inmune a la amistad, que no tiene amigos, ya sea por accidente o por designio, es un exiliado, un caminante de la noche. Él o ella no pueden contar con una bienvenida segura. La amistad nos autoriza a decir: “Yo soy porque tú eres”. Al mismo tiempo no hay dolor más persistente, ninguna cicatriz más irremediable que la de la amistad traicionada. Ya sea que se haya  conspirado contra un amigo o que él o ella nos haya sido desleal. La causa puede ser una palabra expresada con descuido, un gesto intranscendente. Quienes han sufrido tortura para revelar un nombre cuentan que la voz silente de la amistad puede más que la agonía. Quienes no lograron soportar y enviaron a un amigo a la muerte, viven el resto de su vida en un intermedio.

 

 

En la infancia pueden darse incontenibles amistades de la más grande efusión. La fidelidad inquebrantable marca la adolescencia. Se intercambian claves, se inventan idiomas secretos, se establecen rituales de confianza. El caleidoscopio de la amistad adulta es diverso. Pasa por encima de ideologías, barreras étnicas, largas separaciones. El amigo verdadero se vanagloria por los laureles  del otro. La amistad de los viejos tiene su propio encanto distintivo. Acepta las generosidades del recuerdo, las ironías que hacen tolerables  las debilidades.

La amistad es la compensación de la existencia humana, su inmerecida recompensa.”

 

(Imágenes —1- Kevin hendley-1961/ 2-Katie Griesar/ 3-Jack Spencer)