EL TAHÚR CON EL AS DE TRÉBOLES

Los profesores y juristas se asoman de vez en cuando a los cuadros con mirada singular. Jean Carbonnier se acerca, por ejemplo, a este lienzo de Georges de La Tour y observa con atención los movimientos de las dos figuras, la de la derecha y la de la izquierda, que esconde bajo su espalda el golpe de gracia del juego. «Este cuadro – comenta Carbonnier – puede ser interpretado como un texto jurídico. La prueba, es que existen numerosas interpretaciones de este lienzo como siempre ocurre con los textos jurídicos. En general, se contempla a este tahúr como una ilustración de la parábola del hijo pródigo en la etapa en la que éste disipa su herencia con las mujeres, el vino y el juego. El vino es parsimonioso, puesto que es necesario que el juego prosiga sin que el jugador se emborrache, ya que su atención quedaría nublada. El vino, incluso a pequeñas dosis, se hace necesario para el mecanismo del juego cuando éste no se desarrolla con lealtad. Sobre este hijo pródigo, yo propongo – dice Carbonnier – una consideración que va contracorriente. Georges de La Tour no ha titulado su cuadro «El hijo pródigo«, sino «El tahúr con el As de Tréboles«. El protagonista es el tahúr, y no el hijo pródigo. Éste es insignificante, es un muchacho algo rubicundo. Parece un pájaro muy ingenuo. Está absorto en su juego y no imagina lo que va a suceder.

El verdadero protagonista es pues el tramposo. Hace trampas, o más bien se prepara para hacer trampas, ya que en el cuadro aún no ha comenzado a hacerlas. Se encuentra, como los juristas definen tales momentos, en los actos preparatorios, en la tentativa. Aún no ha cometido ninguna infracción característica. Si uno se acerca a él, se advierte un personaje con aspecto preocupado. Es un hombre maduro que ciertamente se plantea preguntas. No parece estar visiblemente cómodo, y sin embargo él es la figura principal del lienzo. Se prepara para hacer trampas. Pero el juego ya de por sí es ilícito. Se está desarrollando no en un salón aristocrático sino en lo que se denomina un garito, y el juego es ilícito. Entonces se puede plantear la cuestión: ¿alguien que hace trampas en un juego que de por sí es clandestino no está restableciendo de algún modo la justicia? Pero el tramposo no se encuentra cómodo: se vuelve hacia un lado, aguarda, teme que alguno entre. Puede ser tal vez un agente de policía el que va a aparecer, que confiscará todas las apuestas, enviando unos a prisión y otros con sus familias. Por eso no se encuentra cómodo, espera. Alguien va a venir, alguno va a entrar y a sentarse. Puede ser el Diablo».

He aquí la mirada del jurista. Muchos comentaristas han recordado que, unido al tema del tahúr, se presenta aquí el del Hijo pródigo, reuniendo las tres máximas tentaciones del siglo XVll: la mujer, el juego y el vino. Pero cada ojo, al mirar el lienzo, es distinto. Jean Carbonnier, al acercarse hasta la pintura, acerca también su formación profesional para interpretarlo.

(Imágenes: 1.-Georges de la Tour.-«El tahúr con el As de Tréboles».-Ginebra.-propiedad privada/ 2.-detalle de «El tahúr con el As de Tréboles)

MÚSICA DEL AJEDREZ

AJEDREZ.-B

Los dedos de la música evolucionan en el aire antes de posarse en la torre o en el alfil, antes de aterrizar en el suelo de las matemáticas. Las matemáticas ordenan y desordenan el cerebro del tablero y la mano, conducida por la mente que ha tardado en decidir pero que ya ha decidido, mueve al fin una pieza esencial que modificará el ritmo de la partida y nos llevará a la salvación o al jaque mate. «La música, las matemáticas y el ajedrez – nos dice SteinerSteiner en «The New Yorker») (Siruela) – son, en algunos aspectos vitales, actos dinámicos de localización. Unos elementos simbólicos son dispuestos en hileras que tienen un significado.(…) La música y las matemáticas figuran entre las maravillas más destacadas de la raza humana (…) El ajedrez, por otra parte, es un juego en el que treinta y dos figuritas de marfil, cuerno, madera o metal o (en los campos de prisioneros) serrín pegado con cera de zapatos se arrastran de un lado a otro sobre sesenta y cuatro casillas de colores alternados. (…) Para un verdadero jugador de ajedrez, llevar de un lado a otro treinta y dos figuras sobre 8 x 8 casillas es un fin en sí mismo, todo un mundo al lado del cual la mera vida biológica, política o social resultan desordenadas, rancias y contingentes».ajedrez.-16

De aquí esa fascinación de los ojos clavados sobre las combinaciones del tablero, el movimiento mental de las piezas que atacan o defienden, la estrategia de ritmos que jamás adivinará el contrario, la música silenciosa de la mano que siempre toma su tiempo antes de salir al escenario. Los ajenos al ajedrez no descubrirán nunca música o poesía en este juego, y en cambio sus devotos advertirán enseguida cuánta poesía ycuánta música esconden las artimañas de un caballo o la protección de un rey. Nabokov recordaba que «los problemas de ajedrez exigen del compositor las mismas cualidades que caracterizan cuaquier otra actividad artística: originalidad, inventiva, concisión, armonía, complejidad, y una espléndida falta de sinceridad. Componer en esta trama de ébano y marfil es un don infrecuente y una ocupación dispendiosamente estéril; pero todas las artes son inútiles, divinamente inútiles, si se las compara con un buen número de populares ocupaciones humanas. Los problemas son la poesía del ajedrez, y esa poesía, como toda poesía, está obligada a intervenir con su florete en los diversos conflictos que enfrentan a las viejas y nuevas escuelas«.

Mientras tanto la mano sigue calculando pros y contras en el tablero de los movimientos, precisión en sus combinaciones matemáticas. Luego decidirá en el aire y el  aire llevará los dedos seguros bajando en picado hasta las piezas. Al fin un definitivo jaque mate suena a música.