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Posts Tagged ‘Juan Belmonte’

 

 

La apertura este mes del museo Ignacio Sánchez Mejías en Manzanares (Ciudad Real) , localidad donde el diestro fue cogido por el toro  “Granadino” el 11 de agosto de 1934, nos lleva hasta las palabras de Francisco García Lorca, hermano de Federico, que en “Federico y su mundo” nos acerca a su figura. “Torero por vocación – comenta de Sánchez Mejías -, era Ignacio, no obstante, de formación universitaria. Por inclinación natural, acaso también por razones de ambiente profesional, e incluso familiar, se orientaba con entusiasmo hacia el canto y el baile andaluces. Estaba casado con una hermana de los “Gallo”, de estirpe gitana. Y el mayor de ellos, el incalculable Rafael Ortega, era el esposo de la gran Pastora Imperio, a la que Falla eligió para estrenar, con “La Argentinita”, “El amor brujo”.

 

 

Había tenido gran fama de joven como torero, y había hecho su carrera por sus pasos contados, habiéndose distinguido antes como excepcional banderillero en la cuadrilla de  Joselito, el “Gallo”. Maestría, técnica y arrojo eran las características de Ignacio en la arena. No tuvo nunca la gracia inspiradora y casi alada de su cuñado Joselito, ni el casi angustioso dramatismo estatuario de Belmonte, las dos estrellas incomparables que iluminaban el cielo taurino de entonces. Enjuto y vigoroso, daba más bien Ignacio la nota de gladiador. La muerte de Ignacio determina dos grandes elegías: la de Alberti, “Verte y no verte”, y el “Llanto por Ignacio Sánchez Mejías” de Federico. El “Llanto” ha sido considerado como una culminación de la poesía de García Lorca. Es un poema de integración y por ello, en cierto modo, el más lorquiano, el que refleja mejor el rostro del poeta. En él alternan innovación y tradición, libertad creadora y disciplina, ímpetu lírico y enfrentamiento. Se dan la mano el  eco andaluz y popular con el tema abstracto de la muerte; se  conjugan luciente claridad y poético hermetismo. Su vocación de poeta elegíaco la desata la muerte del amigo. Y todo el poeta está en su elegía.

Federico evita, no obstante, la palabra “elegía” y opta por la designación “llanto”, que es lo que la palabra griega quiere decir en castellano. Resucita así la vieja voz “planto”, con que se designaba a las elegías medievales.

 

 

Ignacio no murió en la enfermería de la plaza de Manzanares, sino que fue trasladado en una ambulancia a Madrid, donde murió dos días después de su gravísima cogida. Un lapso de tiempo separa, pues, la cogida y la muerte, que, no obstante, se superponen en una parte del poema, la única que lleva un título: “La cogida y la muerte”. De haber muerto Ignacio en la plaza de Manzanares, el título sería “Cogida y muerte”, o “La cogida y muerte”. Pero la serie de imágenes que componen esta parte del poema se centran en lo accidental; es decir, en la cogida, que llega a identificarse con la muerte misma. El poema ignora que la muerte misma acaeció en Madrid, el día 13 de agosto, a las 9, 45. La hora poéticamente mortal son las cinco de la tarde. Federico necesita un tiempo que fije el encuentro con la muerte, y ése no fue, por elección del poeta, la sórdida, lenta hora de la clínica, sino el trágico instante de la cogida a las cinco de la tarde.”

 

 

Entre muchos otros, Marcelle Auclair en su “Vida y muerte de García Lorca” ha evocado en varias páginas los versos del “Llanto” comentando a la vez el curso de esos días y horas entre la cogida y la muerte del torero. Ese “Llanto por Ignacio Sánchez Mejías” que Lorca, según quiso recordarlo así José Luis Cano, lee en abril de 1935, en Sevilla, en el Palacio del Alcázar, ante Jorge Guillén, Joaquín Romero Murube y Pepín Bello

 

 

(Imágenes.-1 , 2 y 4 – Francisco de Goya / 3- museo del Prado/ 5- Ignacio Sánchez Mejías – ABC es)

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escritores-buec-Ernest Hemingway

 

“Quedamos con Antonio Ordóñez para la hora de cenar en “Las Pocholas”. Y regresamos hacia la Plaza del Castillo. Hemingway pisaba las grandes losas con la dignidad y el gozo de quien vuelve a tomar posesión de algo muy suyo. A fin de cuentas, a partir de “Fiesta había comenzado su vida literaria.

Se fue derecho a la terraza del bar “Choko”, después de echar una mirada a la plaza entera.

– Antes iba al “Iruña”, allí enfrente – dijo Hemingway -, pero se ha puesto cargante ese bar.

Además del “Choko” había a mano otros bares, el “Kutz” o “El Torino”, y como el día era largo, habría tiempo para probar las sillas de uno y otro.

Y seguía constante, clamoroso, arrebatado, el homenaje del pueblo, no sólo del pueblo navarro, sino de españoles de todas las regiones que se mezclaban en la cola con los extranjeros. Hemingway hablaba, firmaba. Y de vez en cuando se quedaba abstraído, aturdido, como burlado. De repente, a mí me entraban ganas de preguntarle sobre personajes o hechos pasados.

– ¿Qué tal era Belmonte cuando lo conociste?- le dije en un descanso.

– Más bien callado, un tipo poco expresivo.

– ¿Tímido acaso?

– Un poco raro. Se pasaba uno con él un mal rato hasta que se ponía en facha. Cuando se ponía bromista era divertido, pero esto ocurría poco. Lo natural es que se mantuviera taciturno, como desdichado.

– ¿Tanto?

– Siempre me pareció preocupante”.

 

escritores.-thhui.-Hemingway

 

Todo esto lo cuenta Castillo Puche en su “Hemingway“, cuando pasea con el escritor por Pamplona y por diversos sitios de España. Es sabido que Hemingway, años antes, en el verano de 1924, había vuelto a los Sanfermines (había estado ya en 1922 y 1923) y corre los toros por las calles. En Pamplona se hospeda  en el Hotel Quintana, cuyo dueño le presenta a  diversos toreros. “Aunque los tablones del encierro estaban puestos – prosigue contando Castillo Puche-, todavía no había aparecido el personaje principal de la Fiesta: el toro”. Lo sucedido en Pamplona le fascinó por completo. Anthony Burgess recuerda que Hemingway idolatró al torero Nicanor Villalta y pensó que cuando tuviera un hijo le iba a bautizar con ese nombre. Durante años escribió breves apuntes de las corridas, apuntes vigorosos, sangrientos, para unos imparciales, para otros brutales.

 

escritores.-Ernest Hemingway

 

Las relaciones con el arte taurino y el arte de narrar han sido estudiadas por muy diversos autores. “La gran cosa es resistir – escribe Hemingway hablando de su oficio enMuerte en la tarde – y hacer nuestro trabajo, y ver y oír e intentar comprender; y escribir cualquier cosa cuando sea;  y no antes; y no demasiado tarde (…) Se trata de trabajar y aprender a rendir”. “Escribiendo para un periódico – había dicho en otra ocasión – se cuenta eso que sucede y, con uno o dos trucos, se llega a transmitir  la emoción gracias al elemento de temporalidad que hace emocionante no importa el tipo de suceso que se haya producido ese día. Pero la verdadera realidad, el encadenamiento de movimiento y de hechos que constituyen la emoción y que serán aún válidos un año o diez años después, esto no se encuentra aún a mi alcance, y debo trabajar muy duro para intentar alcanzarlo (…) Yo querría dotar la prosa de una cuarta dimensión, algo más difícil de escribir que la poesía, escribir sin trucos y sin mentira alguna, sin nada que arriesgue el corromper la prosa inmediatamente”.

 

escritores,-.55ec.-Hemingway.-Jean Philippe Charbonnier.-1950

 

(Imágenes.- 1,2 y 3 – Hemingway/ 4.- Hemingway- Jean Philippe Charbonier- 1950)

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Marañón-hiu- en su biblioteca de El Cigarral- elmundo es

 

De la frase “el trapero del tiempo” y de Gregorio Marañón he hablado en distintos lugares y en muchas ocasiones. Marañón, al que conocí en el entierro de Ortega, siempre me ha enseñado el valor del aprovechamiento del tiempo, la importancia de esos ratos aparentemente perdidos entre quehacer y quehacer que pueden llenarse, paciente y tenazmente, con otro importante quehacer. Son restos de horas que creíamos inservibles y que pueden estar perfectamente colmadas o con esbozos primeros de tareas o con correcciones últimas. Con esos retazos de tiempo, asombrosamente y pieza a pieza, se va construyendo una larga historia. Lo importante es que el reloj no nos tiente con el vacío de sus huecos y que uno logre aprender cuanto antes a “trabajar descansando”.

 

Marañón- mil novecientos treinta y uno- foto Alfonso

 

La muy excelente biografía de Marino Gómez Santos, “Vida de Gregorio Marañón” (Taurus), me ha acompañado muchas  veces. Allí está la vida del médico y del humanista, pero también detalles de extrema delicadeza del protagonista, como cuando, acompañado por su hijo Gregorio, pasea en uno de sus últimos días por la Casa de Campo simulando ante su mujer que ha estado en un Concierto para no preocuparla. “Se puede – escribió Marañón – por arrebatos de la pasión, malbaratar la vida; pero el que quiera guardarla para lo que más nos acerca a Dios, que es la creación, nada tiene que aprender, porque es una ciencia que se aprende sola”.

 

Marañón- nhy- Marañón- Ortega - el doctor Teófilo Hernando- en el Cigarral- foto Miguel Ortega Spottorno

 

Ahora el libro sobre el Cigarral de Toledo (Taurus) que publica Gregorio Marañon Bertrán de Lis nos invita a recorrer el “Cigarral de Menores” – visitado a su vez periodísticamente hace años por Gómez Santos y recogido en sus “Vidas contadas” (Renacimiento) – y entramos en el espacio que ocuparon tantas figuras relevantes en recitales y en tertulias: aquí leyó LorcaBodas de sangre”, aquí estuvieron Valle-Inclán y Galdós, Juan Belmonte, Sebastián Miranda, Azorín, Maurois, Salvador de Madariaga, Fleming, MariaCurie y tantos otros…

 

Marañón- nhy- con Lorca y Francisco Iglesias Braga- en el Cigarral- mil novecientos treinta y uno- foto Alfonso

 

Cuando se recorre la biblioteca que Marañón usaba en este Cigarral un cenicero nunca utilizado nos muestra esta frase: “Señor, bendice a quien no me hace perder tiempo“. Y la voz del escritor-médico parece que volviera: “Soy un trapero del tiempo. Alguno de mis pequeños trabajos están escritos en ese cuarto de hora que tardan en llamarnos a la mesa”.

 

Marañón-nhu- Marañón en su Cigarral abc es- foto Rodríguez

 

(Imágenes.-1.-Marañón en su “Cigarral”-elmundo es/2.-Marañón con Antonio Machado, Ortega y Pérez de Ayala.- 1931- foto Alfonso/ 3.-Marañón con Ortega y el doctor Teófilo Hernando en el “Cigarral”- foto Miguel Ortega Spottorno/ 4.-Marañón con García Lorca y Francisco Iglesias  Braga.-1931- foto Alfonso/ 5.-Marañón en su “Cigarral”- ABC- foto Rodríguez)

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toros.-768.-Las Ventas-2006.-Esteban Pastorino Diaz.-PDNB photografie.-NOT BEN Gallery.-photogtafie.-artnet

 

Ahora – y sin duda con motivo de la Feria de San Isidro -, vuelve a evocarse  la incidencia del vocabulario taurino en el lenguaje popular -“cortarse la coleta”, “ver los toros desde la barrera”, “coger el toro por los cuernos”, “no hay quinto malo”, “entrar a matar”, “recibir un rejón”, “embestir como un miura”, “estar para el arrastre”, “hasta el rabo todo es toro”, “salir por la Puerta Grande”, “al hilo”, “a toro pasado”, “ponerse el mundo por montera”, “entregar los trastos”, “acoso y derribo”, “rematar la faena”, “dar la puntilla”, “saltar a la torera”, “echar un capote”, “más cornás da el hambre”, “cambiar el tercio” y varias expresiones más – y uno retorna al sobresaliente y preciso estilo de Pepe- Hillo en su “Tauromaquia o el arte de torear”( 1796) donde puede leerse:

“La suerte de frente, o a la verónica es la que se hace de cara al toro, situándose el diestro en la rectitud de su terreno. Es la más lucida y segura que se

 

toros- bfe- Pepe Hillo- cogida de Pepe Hillo- Goya- grabado número treinta y tres de La tauromaquia- wikipedia

 

ejecuta; y sus reglas son a proporción de los toros (…) Se debe dejar venir por su terreno, y cuando llegue a jurisdicción cargarle la suerte y sacarla, y a este acto, parará el diestro los pies, para echarle cuantas suertes quiera, procurando siempre que quede la res derecha y no atravesada (…)

El toro bravucón  prosigue Pepe-Hillo -, se llama así aquel que salió manso, y después embiste alguna cosa,  o el que desde luego parte poco. Estos toros se burlan con facilidad; pero para sortearlos será muy bueno prevenirles siempre el terreno de afuera; lo uno, porque estando ya en el engaño suelen rebrincarse, y si el diestro ocupa todavía su terreno, podrá darle una cogida; y lo otro, porque muchas veces se quedan en el centro sin hacer suerte: bien que en este último caso será más oportuno, que el diestro forme nueva suerte, adelantando el terreno”.

 

toros- bbhy- Pepe Hillo- portada de la primera edición de Tauromaquia- mil setecientos noventa y seis- wikipedia

 

 

Es una prosa que va y viene entre los capotes y las advertencias, entre el movimiento de los caballos y la experiencia, entre el lucimiento de los engaños y los consejos. “Es regla general en todos los toros cuando usan la acción ofensiva – escribe Pepe- Hillo -, que parten precipitadamente a coger el objeto que se les presenta; y como que las armas que esgrimen las llevan en la cabeza, cuando quieren ofender la humillan, tirando una cabezada, la que repiten si se quedan sin objeto. Esto lo hacen todos, y lo harán siempre por ser cualidad natural de que no pueden prescindir; y véase ya cómo con este fundamento solo se descubre la seguridad de las suertes; porque si el toro, para ofender corre al objeto con precipitación, y le tira una cabezada para cogerlo, ¿ qué cosa más natural y cierta para burlarlo, que reducirlo a mismo objeto, y luego que llegue, quitárselo delante? Este es el constitutivo esencial de la suerte, y principio elemental con que se forman todas las que se conocen”,

 

toros-nhui-Pepe Hillo- cogida mortal del torero en la Plaza de Madrid- Goya- serie Tauromaquia- wikipedia

 

Hay un lenguaje, un léxico y un estilo en torno a la corrida, y ese lenguaje no sólo está en la arena y en la descripción de lo que en ella ocurre sino también en los ojos del tendido que pedirán más tarde una crítica certera. El 28 de julio de 1828, en el “Correo literario y mercantil un aficionado exigía para la crítica taurina “mucha inteligencia en la materia, mucho manejo de las voces tauromáquicas, saber marcar edades, pelos y señales del toro, y mucho ojo durante la corrida para no dejar en el tintero un suceso, el más mínimo, y lo que es más, conocer las suertes y dar razones que convenzan de por qué el lidiador hizo ésta o aquélla”.

 

toros-unng-Pepe-Hillo haciendo un recorte al toro- grabado de Goya- wikipedia

 

La prosa en torno a los toros se abre a veces a todo un vasto ambiente. “Negro, triste. frío, desolado – escribía enEl Imparcial” su crónica López Barbadillo -(propio de la estación acuosa y melancólica que pronto se inaugura) se le presenta al pueblo de Madrid el horizonte de la otoñal temporada taurina. Es cosa de echarse a llorar (…) Tristeza, frío, desolación sin los tres altos héroes- Pastor, Gallito y Belmonte – ausentes este otoño de la plaza. Para mayor dolor, por las gradas del circo corría ayer, como un treno jeremíaco, la horrible afirmación de que es verdadera, real, cierta, positiva, la retirada de Juan el Trainero, tal vez aún no mediado el año próximo, tal vez en la madrileña feria Sevilla, tal vez, sin que Madrid vuelva a temblar de miedo y de emoción al ver sus proezas”.

 

toros-ness- Juan Belmonte - junto a Joselito El Gallo- Murcia- abril mil novecientos veinte- wikipedia

 

El toro y la prosa, la prosa y el toro.

 

toros-nnju-Juan Belmonte- por Julio Romero de Torres- wikipedia

 

(Imágenes.- 1.-Esteban Pastorino Díez- photografie not ben gallery- artnet/2.- Francisco de Goya- cogida de Pepe-Hillo- grabado de la Tauromaquia de Goya/3.-portada de la primera edición de la Tauromaquia- 1796/4.- Goya- cogida mortal de Pepe- Hillo- grabado de la Tauromaquia de Goya/ 5.-Goya- Pepe- Hillo haciendo un recorte al toro- grabado de la Tauromaquia de Goya/ 6.-Juan Belmonte junto a Joselito “El Gallo”, en Murcia, abril 1920- Wikipedia/ 7.- Juan Belmonte por Julio Romero de Torres)

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Ahora que los tendidos de la vida están divididos entre taurinos y antitaurinos, quizá sea curioso recordar algunas de las cosas que el periodismo recogió en torno a la Fiesta. J López Pinillos (Parmeno) escuchaba de labios de Juan Belmonte –  respetando su acento peculiar sevillano y trasladándolo en lo posible al lenguaje de la entrevista – las palabras del diestro, y así las entregaba a los lectores enLo que confiesan los toreros” (Turner):

“¿Mi mayor apuro? El de Tablada. Escuche usté. – le decía Belmonte al periodista – Por entonses yo no había toreao más que en los tentaderos y en los puebleciyos, y pa aprender iba de noche a Tablada con otros muchachos, ensendía unas luses de asetileno que yebábamos de Seviya y me ensayaba con las reses del corralón. Un amigo íntimo de mi padre, Carderón, el banderiyero, que, como por aquella época no toreaba, iba hasia Nimes pa vender porvorones y mantecaos – y por sierto que se comió las muestras en el camino -, me escribió desde Valensia ofresiéndome una corrida, y dos noches antes de emprender el viaje, al salir yo del teatro con mi terno nuevo – que tenía tres temporás -, me encontré a Riverito, a Toboso y a otros amigotes y nos fuimos a Tablada. Tuvimos la suerte de que uno de los bichos embistiera con bravura, y ya habíamos resuelto chaquetearlo hasta que se cansara, cuando se levantó un airaso que apagó las luses, y mis amigos, prudentemente, se fueron. Yo, que, enfrascao toreando, me quedé, le di algunos lanses al bulto – porque no veía más que un bulto – y de pronto sentí un choque, subí como una flecha, caí como un peñón, oí unos resoplíos y aguanté unos trastasos… y al levantarme comprendí que más decentemente entraría en Valensia en carsonsiyos que con la aljofifa que había dejado el toro sobre el cuerpo”.

Cuando el entrevistador le pregunta a Belmonte por su toreo, el diestro comenta primero su cogida en Granada y pasa después a explicar lo que para él son las “reglas”:

“Mi cogida en Granada es una cogida que nadie vio cómo fue, y yo, menos que nadie. Estaba toreando de muleta a un toro de Nandín, confiao y seguro; di un lanse, pasó to el bicho debajo de la franela, desde los pitones hasta el rabo, y de pronto ¡purrumpumpúm!, me encontré en el aire, pegué un  guarraso bestial y me recogieron con la ropa hecha trisas ¿Cómo fue?… Yo todavía estoy esperando que me lo expliquen.

Yo no sé las reglas del toreo – sigue diciendo Belmonte -, ni tengo reglas, ni creo en las reglas. Yo “siento” el toreo, y, sin fijarme en reglas, lo ejecuto a mi modo. Eso de los terrenos, el del bicho y el del hombre, me parese una papa. Si el matador domina al toro, to el terreno es del matador. Y si el toro domina al matador, to el terreno es del toro. Esa es la fija. Y lo de templar, mandar, parar y recoger depende de los nervios del tocaor y de la madera de la guitarra ¿Me comprende? Y de cuando en cuando, el toque no le disgusta a uno y no entusiasma al público. Por ejemplo: yo, que no me engrío nunca con lo que hago, el año 15 toreé y maté a mi gusto, en Seviya, un toro de Santa Coloma, y la gente me aplaudió menos que otras tardes que había toreao y matao mejor. Pues ¿y los oles y los aplausos que saca uno si se arrodiya?… Y como casi siempre se arrodiya uno porque la guitarra no le deja tocar bien…”.

Ahora que los tendidos de la vida – también los periodísticos – dividen sus opiniones entre taurinos y antitaurinos, volver alo que confiesan los toreros” – Joselito, Belmonte, Rafael el Gallo y tantos más – es al menos un ejercicio evocador de originales entrevistas.

(Imágenes:- 1.-Juan Belmonte ( a la derecha) junto a Joselito “el Gallo”, en la plaza de Murcia, en abril de 1920.-wikipedia/ 2.-retrato de Belmonte, por Ignacio Zuloaga)

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“Yo quería ver a Belmonte en otro ambiente de más calma que el de Sevilla, en donde a diario se riñen las más tremendas batallas boquilleras con, de, en, por, sin, sobre el novillero de Triana; y me vine a Barcelona, en donde si es verdad que el público es tan impresionable o acaso más impresionable que en cualquier otra parte por ser menos entendido, es también menos aficionado y no se preocupa de toros y toreros más que mientras está en la plaza.

En Barcelona no hay belmontistas y antibelmontistas que le sugestionen a uno; ni más bandos que los dos en que la población se ha dividido con motivo de la cuestión del negocio de las aguas de Dos Ríus, a saber: los concejales y los vocales asociados que son dosriusistas, y el resto de la población, que son unos cientos de miles de almas, que constituyen el partido antidosriusista. Y no les hable usted de otra cosa.

Pero hétenos en la plaza.

Hemos llegado un poco tarde, y cuando, a viva fuerza, nos vemos en el callejón, el malagueño Larita, materialmente metido en la cuna, está realizando una de las faenas más apretadas que yo he visto en mi vida. ¡Vaya un tío fresco! El público se harta de aplaudir al muchacho, que a su vez se harta de adornarse, y torea con más seriedad que le habíamos visto en Madrid.

Pero yo no he venido a la plaza vieja de Barcelona a hacer la revista de esta corrida, sino a decirles a ustedes, aunque no les importe mucho, mi opinión respecto a Juan Belmonte. (….) Indudablemente, en todo este alboroto que se ha armado tiene una gran parte la simpatía del chiquillo. La figurilla delgadilla, esmirriadilla, desgarbadilla, no puede ser menos torera; feo también lo es el chico, y, sin embargo, tiene a manta, qué quieres, la simpatía. (…) Ni en Sevilla, ni en Madrid, ni en Valencia, ni en otro público menos impresionable hubiera producido tanto efecto esta faena pura, simple y sencillamente efectista, desarrollada toda en pases de “entra, torito”, sin mandar una sola vez.  Pases de guardabarrera, trinchera, pecho, con la derecha, dos molinetes con ambas manos, muy valientes ambos, y ni un natural. El toro entraba solo a la muleta en cuanto la veía; el torero limitábase a alzar el brazo y dejarlo pasar; el toro seguía su camino, y como era muy bravo y muy noble, cuando se encontraba con que por allí no había gente, volvíase el solito de su bueno, en busca de su enemigo, y éste, al verle venir, le volvía a invitar:

-Pasa, torito.

Y el toro pasaba y se iba y volvía solo”.

 (Crónica deDon Pío” (Alejandro Pérez Lugín): ·Mirant les agullas” en “La Tribuna“, de Madrid, 1913) (Taurus)

“Ahora, he aquí el edificante castigo: seis o siete puyazos en los brazuelos, morrillo y cercanías; noventa lances de capa, en los que las vértebras, cuernos y músculos sufren martirios imponentes al dilatarse, contraerse y moverse sin hallar oposición, en redondo, en semicírculo, de frente, cuarteando, etc; seis u ocho pinchos de banderillas y, por fín, nuevos trasteos de muleta y un pinchazo en hueso, una estocada en el lomo, un descabello, otro descabello, dos estocadas más y lances nuevos de capa en todos los sentidos o puntos cardinales.

Este nobilísimo toro antes de ser martirizado era un bello animal, una fiera poderosa que no se hubiera atrevido a hacer daño a no iritarla nosotros. Su destino era ayudarnos, poner toda esa resistencia pasmosa a nuestro servicio. Nosotros lo entendimos mejor, y le toreamos. El se defendió magníficamente. Nos dio un profundo ejemplo de amar su vida, que vale tanto como la nuestra, aunque algunos superhombres hagan aspavientos. Y fue en la plaza un consumado artista. Poseía la fuerza, la belleza y la fe en sí mismo, sobre todo esto último, que es lo que distingue a los toros”.

(Eugenio Noel: “El mártir“.- “Lo que hay en una plaza de toros”, en  “Escritos antitaurinos“.-1913.-(Taurus)

(Imágenes:- 1.-toros de Francisco de Goya/ 2.- patronatodeltorodelavega.com/ 3.-Juan Belmonte.-Enciclopedia Británica)

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