LA MAGIA DEL TEATRO

“El manto es demasiado estrecho; es menester agregar un ancho más. En el momento del asesinato de Banquo, hacer la noche total. Pintar de un rojo más vivo los frutos que están en la mesa. Los velos de las brujas deben estar interiormente sostenidos con una armazón de alambre; no deben ir pegados a las cabezas; quizá deba ponérseles corona, resultaría una especie de adorno y recordarían las SibilasMacbeth no debe batirse con manto de armiño“. Estas recomendaciones hacía Goethe en una carta perfilando hasta el mínimo detalle la puesta en escena de Macbeth. Desde siempre los grandes escritores de todos los siglos han sido atraídos por la magia del teatro: por los ropajes, las luces, los parlamentos, la dicción de las frases. En el arco de 1791 a 1817, es decir, en lo que va de sus cuarenta y dos años a sus sesenta y ocho, Goethe dirige un teatro permanente ; ambiciona hacer de él un lugar de comunión, de exaltación, de amor, de consolación, de fe.

Léon Chancerel  recuerda en su “Panorama del teatro” que Goethe logra llevar a cabo 4.136 representaciones: 77 tragedias, 372 comedias o dramas, 17 farsas, 31 óperas cómicas y 1.040 óperas. Su preocupación – casi obsesión – por los intérpretes le obliga a colocar en una “tablilla” colgada de la puerta de los camerinos: “Me han hecho observar – escribe – que muchas veces desde el palco del duque se oye mal a algunos actores, y que en el curso de la representación, y muy particularmente en las escenas de pasión, muchas cosas se pierden. El primer deber del actor es el de hacerse oír desde todos los puntos de la sala. En el futuro, en caso de que un actor no hable de manera inteligible, se le llamará inmediatamente al orden : así me lo ha señalado el duque. He querido informar de ello a la Compañía a fin de que nadie se sienta sorprendido si incurre en falta”.

Le consumía al autor del Fausto un celo ejemplar, gastando en ese teatro sus propios fondos, reclutando y educando a los actores enviciados por falta de buena dirección, alternando y sustituyendo poco a poco las óperas y comedias de baja estofa por espléndidas representaciones de Schiller o de Shakespeare. El actor Genest en sus” Memorias” retrata las intervenciones de Goethe dirigiendo. Un día yo ensayaba en una obra de Calderón el personaje de un capitán que venía a detener al emperador Aureliano. Salí con seguridad de entre bambalinas y, espada en mano, avancé con dignidad. Apenas había dado algunos pasos en el escenario cuando Goethe, desde la sala, me interpeló:

“Mal; así no se detiene a un emperador. Recomenzad”.

Me hizo repetir cinco veces la entrada. Y a cada nueva tentativa, repetía: “Recomenzad”. Finalmente saltó él al escenario. Aún lo veo con su chaquetón azul, con el sombrero sobre su cabeza. Me quitó la espada de las manos y me dijo: “Quedaos ahí y miradme”. E interpretó la escena con tal ímpetu y autoridad que aquello me marcó para siempre”.

La magia del teatro hizo salir a Goethe – como a tantos otros – de la erudición y de los libros. Parlamentos, luces, decorados y ropajes le impulsaron a una nueva vida.

(Pequeño apunte cuando el actor José Luis Gómez va a ingresar pronto en la Academia con su viaje lingüístico de aprendizaje)

(Imágenes:- 1.-Gerard Gauci.-Teatro Yousupov.-St Petersburgo -2009.-Galerie de Bellefuille/2.-actor en su camerino.-Edouard Vuillard/ 3.-Macbeth viendo el espectro de Banquo.- Théodore Chassériau.-wikipedia)

EL ACTOR FRENTE AL ESPEJO

“Se calculan diez minutos para el maquillaje de un hombre, veinte para el de una mujer – decía hace ya varios años Georges Sadoul en “Las maravillas del cine” – Ignoro si continúa así la medición de los minutos en lo que se refiere a la preparación del actor tanto en el teatro como  en el cine, peroañadía entonces Sadoul -“la operación puede durar una hora cuando se trata de disimular las patas de gallo, las ojeras, los carrillos o la papada de una estrella ilustre que se niega a envejecer. (…) El maquillaje que se aplica al rostro hace resaltar su belleza, disimula sus defectos, acentúa o simula la juventud o la vejez. Colores que avivan sobre todo los ojos y la boca, principales medios de expresión de un actor”. Ahora, cuando nos acercamos al rostro de Núria Espert, que a su vez se acerca al espejo disponiéndose a interpretar a Celestina, podemos oir al fondo del camerino los recordatorios que seguía evocando Sadoul junto al espejo: “Un cráneo falso o una nariz de cartón (o de otra materia rígida) no pueden amoldarse a los movimientos del rostro y se mueven rígidamente. Pelucas, postizos, falsos cráneos, falsos mentones, narices artificiales, dentaduras, todo puede transformar a un actor en un  monstruo”.

Jean Cocteuseguía diciendo Sadoul – para “La Bella y la Bestia“, había tomado el argumento del film de un cuento en el que el amor de una muchacha transformaba a un monstruo en un príncipe encantador. Para crear la Bestia fueron necesarios muchos meses de trabajos previos; durante el rodaje se necesitaron cuatro horas para transformar el rostro del intérprete en una cabeza leonina. Los pelos fueron dispuestos sobre tul, como cabellos, y el conjunto pegado sobre la piel del actor; esta pelambrera adjunta a la epidermis permitía a Jean Marais rictus, expresiones y parpadeos. Se le puso en el cráneo una peluca parecida a una melena y colmillos mostruosos en las encías oscuras. Las manos estaban cubiertas de pelo, armadas con garras, transformadas en patas”.

Es el disfraz, el simulacro, el camuflaje del rostro ocultando el yo profundo y haciendo emerger el otro yo de intérprete.  “El actor – recordaba Gouhier – no es un hombre desnudo sobre un tablado desnudo. Su cuerpo necesita un vestido y su cuerpo vestido se mueve en un  ámbito en el cual la luz ilumina las cosas, y la oscuridad borra los objetos”. El espejo va y viene hacia las transformaciones y las arrugas y las arrugas van y vienen – como tantas veces en la vida – para ser retocadas ante el espejo. “Yo trabajaba ante mi espejo – confesaba Jacques Copeau – : buscaba los gestos de mis personajes, y esperaba que la palabra justa, la frase exacta me viniese a los labios…”.

(Pequeño apunte sobre “Camerinos“, la exposición de fotografías de actores y actrices que se ofrece en el Festival del Teatro de Mérida)

(Imágenes: 1.- Nuria Espert caracterizándose para  ” La Celestina”.-foto Sergio Parra/ 2.- José Luis Gómez preparándose para “Informe para una academia”.-foto Sergio Parra/ 3.- Jean Marais caracterizado en “La Bella y la Bestia”/ 4.-Humphrey Bogart maquillándose a sí mismo para “El regreso del Doctor X”)