«¡ Buenos días! – dijo el porche, sacudiéndose el polvo almacenado en su maderamen durante la noche.
¡Buenos días! – repitió la cortadora de césped, acariciando la fresca yerba.
¡Buenos días! .-saludó Ray Bradbury, sonriendo. Y su sonrisa dio, en un segundo, la vuelta al mundo varias veces».
En distintas ocasiones he escrito en Mi Siglo sobre Bradbury y su Fahrenheit 451.
«Otros autores estampan una fecha venidera y no lo creeemos – escribió Borges sobre él -, porque sabemos que se trata de una convención literaria; Bradbury escribe 2004 y sentimos la gravitación, la fatiga, la vasta y vaga acumulación del pasado. Ya el Renacimiento observó, por boca de Giordano Bruno y de Bacon, que los verdaderos antiguos somos nosotros, y no los hombres del Génesis o de Homero».
«¿Qué ha hecho este hombre de Illionis, me pregunto, al cerrar las páginas de su libro, para que episodios de la conquista de otro planeta me llenen de horror y de soledad?
¿ Cómo pueden tocarme estas fantasías, y de una manera tan íntima?…».
(Pequeña evocación el día de la muerte de Ray Bradbury. Descanse en paz)
(Imágenes.-1.-Ray Bradbury.-wingedtiger.com/ 2.-Peter van Straaten.-el hombre de la calle/ 3.-Donato Giancola/ 4.-Dmitry Korotchenko)



