UNOS CABALLOS

 


“Peludos, tristemente naturales,

en inmovilidad de largas crines

desgarbadas, sumisos a confines

abalanzados por los herbazales,

unos caballos hay. No dan señales

de asombro, pero van creciendo afines

a la hierba. Ni bridas ni trajines.

Se atienen a su paz: son vegetales.

Tanta acción de un destino acaba en alma.

Velan soñando sombras las pupilas,

y asisten, contribuyen a la calma

de los cielos — si a todo ser cercanos,

al cuadrúpedo ocultos — las tranquilas

orejas. Ahí están : ya sobrehumanos.”

Jorge Guillén — “ Unos caballos” —( “Cántico”, 1928- 1950)

(Imagen – Giovanni Boldini- 1980)

MI INCESANTE PRIMAVERA

 

 

“¡Tú, tú, tú, mi incesante

primavera profunda,

mi río de verdor

agudo y aventura!

¡Tú, ventana a lo diáfano:

desenlace de aurora,

modelación del día:

mediodía en su rosa,

tranquilidad de lumbre:

siesta del horizonte,

lumbres en lucha y coro:

poniente contra noche,

constelación de campo,

fabulosa, precisa,

trémula hermosamente,

universal y mía!”

Jorge Guillén

(Imagen —Paul Klee -1918)

OTOÑO, CAÍDA

 

 

“Caen, caen los días; cae el año

desde el verano.

Sobre el suelo mullido por las hojas,

cae el aroma,

que errando solicita la atención

del soñador.

Atento el soñador, a pie, despacio

va contemplando

cómo en los amarillos de la flora

la luz se posa,

reconcentrada ya en la claridad

de un más allá.

Más acá se difunde por la atmósfera

casi una gloria

que es ya interior, tan íntima al amparo

de los castaños,

tan dulcemente abandonada al sol

del peatón.

Con ondas breves de silencio el lago

llega hasta el prado,

propicio a recibir algunas ondas

de remadoras.

 

 

Apariciones que a los sueños dan

cuerpo real.

Y el soñador y el sol, predestinados

por tanto hallazgo,

se exaltan con asombro ante las frondas

cobrizas, rojas

de esos arces divinos en furor

de donación.”

Jorge Guillén —“Cántico” (1928)

 

 

(Imágenes—1-Michael Yamashita- National a Geographic/ 2-Lynn Geesaman/ 3-foto Elliot Eskey)

IGNACIO SÁNCHEZ MEJÍAS

 

 

La apertura este mes del museo Ignacio Sánchez Mejías en Manzanares (Ciudad Real) , localidad donde el diestro fue cogido por el toro  “Granadino” el 11 de agosto de 1934, nos lleva hasta las palabras de Francisco García Lorca, hermano de Federico, que en “Federico y su mundo” nos acerca a su figura. “Torero por vocación – comenta de Sánchez Mejías -, era Ignacio, no obstante, de formación universitaria. Por inclinación natural, acaso también por razones de ambiente profesional, e incluso familiar, se orientaba con entusiasmo hacia el canto y el baile andaluces. Estaba casado con una hermana de los “Gallo”, de estirpe gitana. Y el mayor de ellos, el incalculable Rafael Ortega, era el esposo de la gran Pastora Imperio, a la que Falla eligió para estrenar, con “La Argentinita”, “El amor brujo”.

 

 

Había tenido gran fama de joven como torero, y había hecho su carrera por sus pasos contados, habiéndose distinguido antes como excepcional banderillero en la cuadrilla de  Joselito, el “Gallo”. Maestría, técnica y arrojo eran las características de Ignacio en la arena. No tuvo nunca la gracia inspiradora y casi alada de su cuñado Joselito, ni el casi angustioso dramatismo estatuario de Belmonte, las dos estrellas incomparables que iluminaban el cielo taurino de entonces. Enjuto y vigoroso, daba más bien Ignacio la nota de gladiador. La muerte de Ignacio determina dos grandes elegías: la de Alberti, “Verte y no verte”, y el “Llanto por Ignacio Sánchez Mejías” de Federico. El “Llanto” ha sido considerado como una culminación de la poesía de García Lorca. Es un poema de integración y por ello, en cierto modo, el más lorquiano, el que refleja mejor el rostro del poeta. En él alternan innovación y tradición, libertad creadora y disciplina, ímpetu lírico y enfrentamiento. Se dan la mano el  eco andaluz y popular con el tema abstracto de la muerte; se  conjugan luciente claridad y poético hermetismo. Su vocación de poeta elegíaco la desata la muerte del amigo. Y todo el poeta está en su elegía.

Federico evita, no obstante, la palabra “elegía” y opta por la designación “llanto”, que es lo que la palabra griega quiere decir en castellano. Resucita así la vieja voz “planto”, con que se designaba a las elegías medievales.

 

 

Ignacio no murió en la enfermería de la plaza de Manzanares, sino que fue trasladado en una ambulancia a Madrid, donde murió dos días después de su gravísima cogida. Un lapso de tiempo separa, pues, la cogida y la muerte, que, no obstante, se superponen en una parte del poema, la única que lleva un título: “La cogida y la muerte”. De haber muerto Ignacio en la plaza de Manzanares, el título sería “Cogida y muerte”, o “La cogida y muerte”. Pero la serie de imágenes que componen esta parte del poema se centran en lo accidental; es decir, en la cogida, que llega a identificarse con la muerte misma. El poema ignora que la muerte misma acaeció en Madrid, el día 13 de agosto, a las 9, 45. La hora poéticamente mortal son las cinco de la tarde. Federico necesita un tiempo que fije el encuentro con la muerte, y ése no fue, por elección del poeta, la sórdida, lenta hora de la clínica, sino el trágico instante de la cogida a las cinco de la tarde.”

 

 

Entre muchos otros, Marcelle Auclair en su “Vida y muerte de García Lorca” ha evocado en varias páginas los versos del “Llanto” comentando a la vez el curso de esos días y horas entre la cogida y la muerte del torero. Ese “Llanto por Ignacio Sánchez Mejías” que Lorca, según quiso recordarlo así José Luis Cano, lee en abril de 1935, en Sevilla, en el Palacio del Alcázar, ante Jorge Guillén, Joaquín Romero Murube y Pepín Bello

 

 

(Imágenes.-1 , 2 y 4 – Francisco de Goya / 3- museo del Prado/ 5- Ignacio Sánchez Mejías – ABC es)

JUAN RAMÓN, AMISTADES Y ENEMISTADES

 

juan-ramon-biografias-y-vidas-com

 

La historia de las rencillas entre escritores ocuparía varios volúmenes. El ego de los literatos establece a veces unas fronteras difíciles; se une en ocasiones la envidia con la ambición y el resultado nunca es beneficioso.

Contaba el critico y profesor Ricardo Gullón, excelente conocedor de Juan Ramón Jimenez, que el gran poeta español mantuvo varios enfrentamientos con sus contemporáneos. ” Odios, no – confesaba – pero en cambio puede hablarse de antipatía o recelos mutuos. En ocasiones Juan Ramón creía que algunos poetas se le oponían y quizá minaban el terreno en que el escritor de Moguer estaba asentado, tratando de reducir su estatura o su valor en relación a la de otros poetas de su edad o poco mayores como Miguel de Unamuno.

El choque mas violento lo tuvo con Neruda. Decía Juan Ramón que cuando Neruda estaba en España, le llamaba por teléfono para insultarle y decirle cosas desagradables. El caso es que Neruda se sintió herido por algunas consideraciones sobre “Poética y poesía” que hizo Juan Ramón en “el Sol” y quiso contestarle de manera muy acre en la revista “Caballo verde para la poesía”.
Incidentes parecidos tuvo con Bergamin y menos importantes con Jorge Guillén y Pedro Salinas. Hubo un famoso telegrama a Jorge Guillén: ” Retirada amistad y poesía“. Sin embargo los dos eran grandes poetas y habían convivido o mantenido estrecha relación sobre todo en el tiempo en que colaboraban en el suplemento de “La Verdad” de Murcia. Si esas cosas no se cortan, los periodistas – ” esos escandaleros de oficio”, los llamaba Juan Ramón – al exagerar los incidentes, los desvirtúan por completo.
En cambio, con los llamados “nietos” de Juan Ramón, el poeta de Moguer únicamente ha recibido admiración. Pienso en José Hierro o Pere Gimferrer, o en Octavio Paz, por ejemplo, a pesar de ser muy distintos”.

Juan Ramón, inventor de muy bellas palabras como no solamente decir “sonreír” sino “sonllorar” al referirse a episodios de guerra, vivió en algunas etapas de su vida depresiones y grandes altibajos. Las rencillas – nunca nuevas entre los escritores – rasgaron de un modo u otro sus amistades que parecían fuertes y también entrañables convivencias.

(Imagen- Juan Ramón Jiménez -biografías y vidas)

EL PRINCIPAL RASGO DE MI CARÁCTER

 

figuras- ubgr- Helen Frankenthaler

 

Marcel Proust, a los trece años-  en 1885 – contestaba a las preguntas formuladas en el álbum inglés de Antoinette Faure, y esas contestaciones no serían exactamente las mismas que expondrá a los veinte años, cuando responda prácticamente a idénticas interrogaciones. Proust irá confesando la cualidad que prefiere en el hombre y en la mujer, su principal defecto y ocupación, el país, el color y la flor que más le gustan, sus autores preferidos, sus héroes en la vida real y en la ficción, y todo lo que ya se conoce como el célebre “cuestionario Proust”.

La primera de las preguntas de ese cuestionario indagaba sobre cuál era el principal rasgo de su carácter: “La necesidad de ser amado más que la necesidad de ser admirado”, contestó Proust. Pero la ruleta de esas cuestiones prosiguió su camino y muchos otros personajes fueron interrogados sobre ese tema. ¿Cuál es el principal rasgo de mi carácter?. Narciso Yepes, por ejemplo, confesó que el tesón.

 

figuras-iutt- Paul Jenkins

 

Salvador de Madariaga, la espontaneidad. El poeta Joan Brossa, la voluntad. Eduardo Chillida, la desorientación. El pintor Guinovart, la inseguridad. Jorge Guillén, el interés por lo otro y los otros. Octavio Paz, el entusiasmo y la melancolía. Mercé Rododera, la necesidad de huir. Ernesto Sábato, angustia, paradójicamente unida a una gran vitalidad. El escultor Amadeo Gabino, la impulsividad y la sinceridad. El músico Luis de Pablo, la reflexión, la timidez, la previsión.

Acercándonos al espejo de la página cada uno sabrá cuál es el principal rasgo de su carácter. Tantas veces pendiente del momento, de la edad y del tiempo.

 

pintores-buun- Yves Klein-pinstake com

 

(Imágenes. -1- Helen Frankenthaler/2-Paul Jenkins/ 3-Yves Klein- pinstake com)

VARIACIONES

escribir-uwvvbnb-Rembrandt van Rijn- mil seiscientos treinta y dos

 

“Variación” es un término musical –  me explicaba aquella tarde de 1966 Gerardo Diego  en su casa madrileña de la calle Covarrubias -. Hay siempre variaciones en literatura. En una conferencia que di en Santo Domingo – me decía – aludí a lo que es la “variación” en la historia del arte: en las novelas, en la poesía, pero también en la pintura, lo que se llaman réplicas. Hace tiempo escribí un poema sobre la canción e hice entonces unas “variaciones” que abordan el amor de la poesía hacia la música y el amor de la música hacia la poesía. “Variaciones” han hecho muchos poetas, incluso en traducciones; por ejemplo, Jorge Guillén, al traducir un poema de Jean Cassou.

 

 

libros-yuh-una de las tres Biblias de Gutenberg.-foto Todd Eberle- dos mil siete- The Morgan Library Museum

 

Voy a leerle  – me dijo entonces el poeta – esta “Invocación al soneto” que fue escrita por vez primera hace dieciocho años. Más tarde, hará ahora unos diez años, volví a escribir algunos de sus versos, o mejor dicho, realicé “variaciones” sobre algunos de ellos. Escúchelo usted”

Y Gerardo Diego, recogido en sí mismo, empezó a recitar:

 

“Vuelvo otra vez a tu regazo eterno.

Hijo pródigo fui que se destierra

de la heredada paz y busca guerra

por dulce hastío del hogar paterno.

Tú eras severo, sí, pero eras tierno.

En ti medida y luz y amor se encierra

para cantar la gloria de mi tierra

antes que nieve sobre mí el invierno.

Quiero cantar ahora, en este juicio

del año y de la vida, ahora que el fuego

sobre las peñas arde en sacrificio

y el de Asís olvidó su cordonazo

y el mar adula mitos de pasiego.

Quiero cantar, soneto, en tu regazo”

 

Diez años después – continuó – hice esta segunda versión, esta “variación”:

 

“Vuelvo otra vez a tu regazo eterno.

Hijo pródigo fui que se destierra

de la heredada paz y busca guerra

por dulce hastío del hogar paterno.

Tú eras severo, sí, pero eras tierno.

En ti medida y luz y amor se encierra

para cantar la gloria de mi tierra

antes que nieve sobre mí el invierno.

Cantar ahora, cuando llega octubre

del año y de la vida, ahora que roja

la hoguera en la montaña se descubre

Y la marina sueña, mansa, en Noja.

Y el caloyo. feliz, topa la ubre.

Mientras lenta en mi alma cae la hoja.”

 

libros-vvbbh-Jan van der Heyden- mil setecientos doce

 

Una tarde en que aprendí  nuevos secretos de la poesía.

(Imágenes.- 1.-Rembrandt van Rijn- 1632/ 2.-una de las tres biblias de Gutenberg-foto Todd Eberle- 2007- the morgan library museum/ 3.-Jan van der Heyden- 1712)