JOHN LENNON

Lennon.-4drr.-Robert Whitaker.-vi.sualize.us

“No, yo no soy los Beatles, Yo soy yo. –le contestaba Lennon a Jann S. Venner en 1971  para “Rolling Stone” – Los Beatles son los Beatles. Por separado son otra cosa. George era un cantante que tenía su propio grupo antes de unirse a nosotros. Nadie es los Beatles. ¿Cómo podría serlo? En el grupo cada uno de nosotros teníamos nuestro papel.”

NPG P1348; The Beatles (Ringo Starr, John Lennon, George Harrison, Sir Paul McCartney) by Robert Whitaker

Ahora que se reúnen “Las cartas de John Lennon” (Libros Cúpula), las palabras de aquel diálogo recogidas por Christopher Silvester en “Las grandes entrevistas de la Historia(El País/ Aguilar) nos acercan de nuevo a muchas facetas de su vida. Cuando Venner le pregunta a Lennon, “¿Te consideras un genio?”, éste responde:” Sí. Si existen los genios, yo soy uno de ellos. (…) La gente como yo es consciente de que posee eso que se llama genio a los diez, los ocho, los nueve años…Yo siempre pensaba: “¿Por qué no me ha descubierto nadie?”. ¿No se daban cuenta en el colegio de que yo era más listo que los demás? (…) Me sentí muy perdido cuando pasé a la enseñanza superior. Solía decirle a mi tía: “Si tiras mis poemas, lo lamentarás cuando sea famoso”. Y ella seguía tirando toda aquella morralla. (…) Para mí era algo evidente. ¿Por qué no me mandaban a estudiar arte? ¿ Por qué no me facilitaban las cosas? ¿ Por qué querían obligarme a que me convirtiera en un patán como el resto de ellos? Yo era diferente; siempre fui diferente. ¿Por qué nadie se fijaba en mí?.”

lennon.-Robert Whitaker.-telegraph. co-uk

Tres años antes, en 1968, Jonathan Cott charlaba con Lennon en un sótano londinense cuyas paredes – como recuerda el entrevistador – estaban cubiertas de fotos de John y de Yoko, un emblema gigante de la banda del Sargento Pepper, el collage de Richard Chamberlain a base de recortes de prensa alusivos a la detención de los Stones y la portada que Time Magazine dedicó a los Beatles.

“¿Te sientes suficientemente libre – le preguntó entonces Cott – como para poner cualquier cosa en una canción?”, y Lennon respondió: “Sí. En los primeros tiempos yo – bueno, todos nosotros – prescindíamos de muchas cosas por el hecho de ser éstas banales, clichés, había incluso acordes que no utilizábamos porque pensábamos que eran clichés. Precisamente, este mismo año nos ha supuesto a todos nosotros una liberación por la decidida vuelta a los acordes básicos que hemos emprendido, como, por ejemplo, en “Revolution” en la que yo toco la guitarra y no he mejorado nada desde las últimas veces en que había estado tocando. Pero me gustó. Suena de la forma en que yo quería que sonase. (…) Yo solía escribir un libro o una serie de historias, mientras que por otra, componía canciones. Y yo solía escribir el libro o incluso las cosas que escribía en trocitos de papel con absoluta libertad formal. (…) Nosotros escribimos letras, y yo escribo letras, de cuyo significado no me doy cuenta hasta después. En particular en algunas de las mejores canciones o de las más valoradas como”Walrus“. Todo el primer verso fue escrito sin ningún conocimiento. Y en “Tomorrow Never Knows“, pues no sabía lo que estaba diciendo y ocurre que lo descubres más tarde. (…) Me encanta que la gente se da cuenta de que tengo una especie de extraño tinglado en cuanto al ritmo, porque nunca he sido capaz de seguir el ritmo en escena. Por lo general yo siempre me perdía”.

Confidencias y confesiones que ahora, con sus Cartas, nos revelarán más aún su personalidad.

(Imágenes.- 1.-John Lennon.-Robert Whitaker.-vi- sualize. us/ 2.-The Beatles.-por Robert Whitaker.-1964.-National Portait Gallery.-Londres/ 3.-The Beatles.-por Robert Whitaker.-telegraph. co. uk)

LIBROS COMO MEDICINA

“¿Por qué, en ciertos momentos de nuestra vida, escogemos la compañía de un libro y no de otro?- se pregunta Alberto Manguel en El sueño del Rey Rojo” -.  La lista de títulos que Oscar Wilde solicitó en Reading Gaol incluía “La isla del tesoro” de Robert Louis Stevenson y un método de conversación para principantes en francés e italiano. Alejandro Magno llevaba a sus campañas una copia de “La Ilíada” de Homero. Al asesino de John Lennon le pareció adecuado leer “El guardián entre el centeno” de J. D. Salinger cuando estaba planeando su crimen”, y así va desgranando Alberto Manguel sus reflexiones en su interesante obra en torno a “Lecturas y relecturas sobre las palabras y el mundo” (Alianza).

Indudablemente las afecciones del alma y los vaivenes de la vida – la violácea melancolía, la aceleración de la existencia, el paso del tiempo, los decaimientos y las exaltaciones, las estaciones del año y hasta las horas de día – empujan nuestras manos hacia lomos de libros singulares y nuestros ojos se asoman a diversos cristales de lecturas. “¿Leer en el mar? – se preguntaba Azorín – ¿ Leer en la montaña? ¿ Leer en la tierra nativa? ¿ Leer en tierras extrañas? En cada una de esas lecturas somos distintos”. “Así como para las enfermedades corporales hay copiosísimo número de medicinas – recordaba también Rodríguez Marín -, también hay muchas y muy eficaces pra los males del espíritu: su botica son los buenos libros”.

Cuando se adentra uno en una copiosa biblioteca el tiempo acumula la densidad de cuanto se escribió y las imaginaciones encuadernadas dejan pasar horas de páginas, vienen deprisa las curiosidades y muy despacio las relecturas, vienen precisas las anotaciones en los márgenes y llega el silencio, el silencio toca el pensamiento y el sentimiento, la soledad acompaña. “Desde hace siete años – confiesa Manguel -, vivo en una antigua casa parroquial de piedra en Francia, al sur del Valle del Loira, en una aldea de menos de diez casas. Escogí este lugar porque junto a la casa había un granero, medio derribado hace siglos, de tamaño suficiente para dar cabida a mi biblioteca de unos treinta mil libros, reunidos a lo largo de seis décadas itinerantes. Sabía que cuando los libros encontraran su lugar, encontraría el mío”.

(Imágenes.-1.-biblioteca de Alberto Manguel.-studio bibliográfico Apuleyo/ 2.- Harriet  Backer.-La biblioteca de Thorvald Boeck)