A LA BUSCA DEL HOTEL PERDIDO

 

 

“Yo no puedo separar a Marcel Proust — escribe Philippe Soupault — del recuerdo de esta hora preciosa que es la de la puesta del sol… Era su hora, aquella de su reposo, de sus recuerdos. Más tarde, yo solía encontrarle sentado a la mesa.” Es el verano de 1912, cuando Proust está en busca de un editor para su gran novela y Cabourg, su Casino y su  Gran Hotel constituyen su refugio. “Este sol me hace daño, le explica Proust a Soupault, un día que salí, estaba muy oscuro, y el sol reapareció de pronto. No era de noche, era una nube. Y sufrí mucho.”

 

 

Entre 1907 y 1914 pasará en ese Hotel todos los veranos. De niño había pasado el escritor una temporada con su abuela en Cabourg, regresó con su madre en 1890, y después, solo, en 1891. “No puedo escribirle en medio del tumulto ensordecedor y melancólico de este atroz y suntuoso hotel”, le escribe a un amigo.

 

 

Un verano coge un cuartito mal ventilado del cuarto piso porque tiene una chimenea y no vive nadie ni encima ni al lado  – recuerda Nathalie de Saint Phalle -. Al verano siguiente reservara una “suite” de cinco habitaciones en el último piso, después será la habitación 147. Se acerca en bata al fondo del pasillo, cada tarde, para ver cómo desaparece el sol a través de una ventana circular. Se queja, aunque no pueda prescindir del ambiente teatral del hotel de lujo, del gran restaurante o de los salones mundanos. “El hotel tiene todo el aire de un decorado para el tercer acto de una farsa.” Como evoca el gran conocedor de Proust, Jean-Yves Tadié,  en ese Gran hotel duerme por las mañanas, llama a su sirvienta Céleste para que le traiga el café, y trabaja en sus cuadernos. A veces desciende al piso bajo, pero sin cenar. Es 1914 y el Hotel está requisado por la armada y por los heridos de guerra, aunque, como dice Céleste, no se vea ninguno.

 

 

Será la última vez que Proust vaya a Cabourg. El Hotel pasará a la historia de la novela con otro nombre y los lectores encontrarán en él el tiempo perdido.

 


 

(Imágenes —1- Cabourg- 1919- tomato/2- Marcel Proust- Jacques Emile Blanche/ 3-Gran Hotel de Cabourg- Proust y sus personajes/ 4-gran Hotel Cabourg – unoensalle/ 5-Cabourg- coulise dela cultura)

SINFONÍA DE LOS SALMOS

 

 

“Yo miré aquella tarde el perfil, a muy pocos metros de donde yo estaba, de Igor Stravinski que a sus 81 años de entonces, con la mano en el mentón y en la butaca que le habían dispuesto, se abandonaba con ojos semicerrados al breve preludio de la “Sinfonía de los Salmos, aquella obra suya escrita hacía más de treinta años en Echarvines, en los Alpes franceses, entre bosques, cumbres, cielos y naturaleza, y que ahora iniciaba el sonido de los primeros oboes y fagotes, mientras se extendía la oscuridad en la sala de conciertos y no creo equivocarme al decir que ese fue el momento en que comenzaron a sobrevolar ante él los recuerdos conforme escuchaba en latín “yo soy como un sordo, no quiero oír, como un mudo, no abro la boca; soy como un hombre que no oye, ni tiene réplica en su boca”, aquel Salmo 38 sobre el que él había trabajado tanto en sus manuscritos caligrafiados con plumas diferentes, algunas de tinta roja, que para el compositor fabricaban especialmente.

 

 

E igualmente para mí no era nada arriesgado indagar en ese proceso de creación y pensar que Stravinski seguiría evocando en aquel momento todos sus numerosos cuartos de trabajo en distintos países, sus incontables viajes en avión, las servilletas que había ido pidiendo a las azafatas y en las que él componía rápidamente los primeros rasgos de un puzzle que luego iría pegando en los hoteles, un puzzle musical sobre su mesa de trabajo bajo la mirada del pequeño icono ruso que siempre le acompañaba, aquella atmósfera tan propia del compositor, las interrupciones e invitaciones de repente para dirigir conciertos en cualquier parte del mundo, su batuta en el aire, su batuta en zigzag, su batuta pausada ante la orquesta, aquella maestría que, según él, no tenía nada de prodigioso al dirigir porque era el simple acompañamiento de medidas y de ritmos, sin arriesgar demasiado, con un mínimo de seguridad y de aplomo. Pero en aquel momento recuerdo que también avanzaban de nuevo desde el fondo del escenario el poderío de las trompas, y comenzaron a sonar cuatro trompetas y tres trombones, se alternaban timbales, bombo y arpa con los dos pianos, y muy poco después violonchelos y contrabajos dejaron entrar un coro infantil en cuatro voces que fueron levantando los salmos en el escenario (“me sacó del pozo de la miseria – cantaban los niños en latín -, del fango cenagoso, asentó mis pies sobre roca y consolidó mis pasos”), aquel Salmo 39 que era toda una mezcla de suavidad y de aspereza, mientras el coro y la orquesta lo conducían desde la plegaria hasta el profundo agradecimiento y desde el profundo agradecimiento hasta la seguridad de la respuesta.

 

 

Aquello lo había compuesto, ahora lo recordaba él bien, en su habitación de Echarvines por las mañanas, ya que las mañanas para Stravinski tenían distinta fuerza que las tardes, por las mañanas pensamos, lo había dicho él muchas veces, de modo diferente a como lo hacemos por la tarde. Cuando tropiezo con una dificultad, había añadido, espero al día siguiente. Soy capaz de esperar lo mismo que es capaz de esperar un insecto. Y así había esperado absolutamente inmóvil la “Sinfonía de los Salmos” en aquella habitación de los Alpes, y luego en el jardín, sentado con su pantalón y su camisa blanca en la escalera exterior de la casa dejando que la tarde se consumiera, llegara la noche y volviera otra vez la mañana para componer.”

José Julio Perlado – (del libro “Relámpagos”) (texto inédito)

 

 

(Imágenes:- 1- Stravinsky – Irving Penn- 1948 – The New York Times/ 2- Stravinski – Thomas Oboe Le/  3-  Stravinski- Retrato de Jacques Emile Blanche /4- Robert Doisneau- 1957 – all art)

PROUST, 14 DE NOVIEMBRE DE 1913

escritores.-9jbbn.-Marcel Proust.-colección Martinie

El viernes 14 de noviembre de 1913 apareció “Por el camino de Swann”, primer volumen de “En busca del tiempo perdido” publicado por Bernard Grasset. El 18 de noviembre se presentaba en “Le Temps” una entrevista con el autor firmada por el periodista Élie- Joseph Bois. El texto – excepto el preámbulo – había sido  redactado por el propio Proust y en una época en la que aún no existía la publicidad literaria, el autor se esforzó para que el libro fuera anunciado en los días siguientes en “Le Figaro”, “Gil Blas” y “Les Annales”. Jean Cocteau en “Excelsior” el 23 de noviembre y Lucien Daudet en “Le Figaro” el 27 de ese mes

escritores.-95ff.-bloc de notas de Marcel Proust

firmaron sus artículos y el texto de Daudet se publicó gracias a la intervención de la emperatriz Eugenia. “Proust – decía Daudet conoce lo desconocido, explica lo inexplicable y es de una tal claridad que ella hace soñar con el azul puro de ciertos días de verano.” Pero quizá el más importante de todos los comentarios fuera el de Paul Souday en “Le Temps” el 10 de diciembre, donde los elogios se mezclaban con las críticas, a las cuales Proust respondería por carta. El 21 de diciembre André Arnyvelde en “Le Miroir” entrevistará al autor y éste hablará de

escritores.-56yy.-Marcel Proust.-por Richard Lindner

su trilogía que formará un todo y de sus personajes que revelarán facetas nuevas. Y otro artículo muy destacado será el de Maurice Rostand que en “Comedia” lo calificará de libro “único“, a propósito del cual puede hablarse de verdadero milagro, pues el autor emplea una lengua “que ha creado él mismo con el fin de hacer que se exprese su alma, una lengua que posee todos los matices, todas las singularidades, todas las audacias y todas las sensibilidades.

escritores.-77gg.-Marcel Proust.- carta manuscrita

Indudablemente la lectura de Proust encantará a muchos a lo largo del tiempo y a otros aburrirá o desencantará. Como en tantas cosas de la vida y del arte hay opiniones para todos los gustos y todas han de respetarse. Pero ante Proust se ha hablado siempre de la poesía de un mundo de sensaciones: sensaciones de las apariencias. “Estos encantos de una tristeza íntima  – dirá Proust – es lo que ella ensayaba imitar, recrear, e incluso ante su esencia que es por tanto incomunicable (…) la pequeña frase la había captado y hecha visible.” Se ha recordado que Proust evoca el mundo exterior a través de sí mismo, a través de

Proust.-2sww.-café de la Paix en 1900

sus visiones efímeras, ilusorias, las que él hace. No se presenta a sí mismo “mas que en la medida en que intenta comprender el mundo que le rodea. No es la confesión íntima ni tampoco la pintura de una sociedad. Es un texto que no es exactamente novela, ni relato, ni poema. Ofrece una forma nueva de visión y de reconstrucción del mundo. Desafía las tradiciones de la construcción novelesca, y su arquitectura es infinitamente más sutil que la de toda novela ya que las épocas del tiempo se deslizan unas sobre otras. Es una especie de sueño, un sueño

ciudades.-00n.-París.-Proust.-Bois de Boulogna.-J H Lartigue.-Ministere de la Culture -France

preciso, puesto que Proust sigue siendo un memorialista, memorialista de sí mismo y de una sociedad que habita en su memoria (…) Proust renuncia a la fatalidad y al interés superficial de una intriga continua y todo se compone bajo una forma de sueño, con todas las precisiones del sueño y bajo la forma de la música, también con todos los rigores matemáticos de las evoluciones musicales. El texto se abre así a toda suerte de encantamientos y se libera de las supersticiones de la intriga.”

escritores.-88hh.-Marcel Proust

(Imágenes.-1-Proust- fotografía H. Martinie/2.- cuaderno de notas de Proust/3- Proust por Richard Lindner/4- carta manuscrita de Proust/5- café de la Paix en 1900/6- Bois de Boulogne- Jacques- Henri Lartigue Ministerio de la Cultura francesa/ 7.- Marcel Proust por Jacques- Emile Blanche)