VIAJES POR EL MUNDO (28) : LLUVIAS EN LA INDIA

 

 

“Según el calendario hindú — escribía Tagore—, cada año está gobernado por un planeta especial. Asimismo he encontrado que, en cada período de la vida, una estación asume una importancia particular. Cuando miro atrás a mi infancia recuerdo, mejor que nada, los días lluviosos. La lluvia inundada por el viento ha inundado el suelo de la galería. La fila de puertas que dan a los cuartos está toda cerrada. Peari, la fregona vieja, viene del mercado, con su cesto repleto de verduras, metiéndose hasta los tobillos en el lodazal, y calada de lluvia. Yo estoy en la escuela; se ha levantado nube sobre nube durante la tarde, y ahora están amontonadas tapando el cielo, y, mientras miramos, la lluvia cae en torrentes juntos y espesos; el trueno, a intervalos, va rodando ruidoso y largo; alguna mujer loca con uñas de relámpago parece estar rasgando el cielo de extremo a extremo; las paredes de estera se estremecen bajo las ráfagas de viento como si fuéramos a hundirnos hacia adentro; apenas podemos ver para leer, de lo oscuro que está.

 

 

El pat pat de la lluvia que se abre paso por los bosques de mi sueño, crea dentro un descanso alegre más profundo que los sueños más profundos. Y en los intervalos en que estoy despierto rezo para que a la mañana vea continuar la lluvia, nuestra calleja bajo el agua, y la plataforma de la alberca sumergida hasta la última grada.

La gran diferencia que veo entre la estación de lluvias de mi infancia y el otoño de mi juventud es que en la primera es la Naturaleza exterior la que me rodeó muy de cerca, teniéndome entretenido con su numerosa comitiva, su variado disfraz, su mezcolanza de música; mientras que la fiesta que se verifica en la reluciente luz del otoño está en el mismo hombre. El juego de nubes y sol queda en el fondo, mientras que los murmullos de alegría y de pena ocupan el entendimiento.”

 

 

 

(Imágenes —1-Lewis Noble/ 2- Ivan Shishkin- 1891/ 3-Laura Mcphee)

SONREÍR EN UN BLOG (10) : UN SABIO DE LA INDIA

 

 

“Un hombre sabio de la India – contaba Woody Allen –  apostó con un mago a que éste no le encantaría, pero el mago dio unas palmaditas en la cabeza al hombre sabio y le convirtió en una paloma. La paloma salió entonces volando por la ventana hacia Madagascar e hizo que le enviasen el equipaje.

La esposa del hombre sabio, que había presenciado esto, preguntó al mago si era capaz de transformar objetos en oro, y,  en caso de que así fuera, si podía convertir a su hermano en tres dólares en efectivo, para que el día no fuese completamente perdido.

El mago respondió que para aprender tal encantamiento era necesario viajar a los cuatro confines de la tierra, pero que esto debía de hacerse fuera de temporada, porque tres de los confines suelen hallarse completos.

La mujer reflexionó por un instante y prefirió entonces realizar una peregrinación a La Meca, olvidándose de apagar el horno.

Diecisiete años después retornó, tras platicar con el Gran Lama, e inmediatamente se dedicó a obras de beneficencia.

( Este relato pertenece a una serie de mitos hindúes que explican por qué tenemos trigo.)

(Imagen -Jim Tsinganos)