PONIATOWSKA Y GARCÍA MÁRQUEZ

garcía márquez- vnnd- cien años de soledad-orestes castro garcía- artelista com

“Me preguntaron si quería dar una conferencia  – le confesaba García Márquez a Elena Poniatowska en 1973 – y yo les dije que no, que una conferencia no, pero que sí quería hacer una lectura de capítulos de una novela en preparación. Para ello, hice una cosa muy curiosa: una lista de gente nada similar: obreros y linotipistas de un taller de imprenta en el cual trabajé, secretarias, estudiantes y toda la gente que había conocido en alguna parte, en el cine, en la publicidad, además de mis amigos los intelectuales, personas de todos los niveles culturales y sociales. No llevé un solo  capítulo de Cien años de soledad, sino que seleccioné párrafos de distintos capítulos porque tenía un gran interés de saber si

garcía márquez- vffu- academiacile wordpresera buena idea y no algo que Álvaro Mutis me había metido en la cabeza (…) Me senté a leer en el escenario iluminado; la platea con “mi” público seleccionado, completamente a oscuras. Empecé a leer, no recuerdo bien qué capítulo, pero yo leía y leía y a partir de un momento se produjo un tal silencio en la sala y era tal la tensión que yo sentía, que me aterroricé. Interrumpí la lectura y traté de mirar algo en la oscuridad y después de unos segundos percibí los rostros de los que estaban en primera fila y al contrario, vi que tenían los ojos así, muy grandes, y entonces seguí  mi lectura muy tranquilo.

Realmente la gente estaba como suspendida; no volaba una mosca. Cuando terminé y bajé del escenario, la primera persona que me abrazó fue mi mujer,

garcía márquez- bfw-Amaranta Uusula- micheline LoMercedes, con una cara – yo tengo la impresión desde que me casé que ese es el único día que me di cuenta que Mercedes me quería – porque me miró ¡con una cara!… Ella tenía por lo menos un año de estar llevando los recursos a casa para poder vivir y que yo pudiera escribir, y el día de la lectura la expresión en su rostro me dio la gran seguridad de que el libro iba por donde tenía que ir.”

garcía márquez-nnhu-micheline-lo-beAsí se lo iba contando García Márquez a Elena Poniatowska y así lo cuenta ella en “Todo México” (Diana) en una larga conversación con el escritor.

(En el día en que a Elena Poniatowska le entregan el Premio Cervantes)

(Imágenes.-1.-Orestes Castro García- artelista. com/ 2.-academiacile.wordpress/ 3 y 4.-Micheline Lo)

IR Y VENIR DE LIBROS POR EL MUNDO

El interés por los libros procura pasar, paciente y tenazmente, de padres a hijos (aunque muchas veces no lo logre) , pero en otras ocasiones retorna de forma inesperada y emocionada de hijos a padres. En el primer tomo de su Autobiografía, “La lengua absuelta,” (Muchnik Editores) – Elías Canetti  cuenta las lecturas que siempre deseaba disfrutar su madre. “No se limitaban a Strindbergrecuerda el escritor de lengua alemana– , aunque era éste quien más le ocupaba en esta época. (…) Habría querido esos libros de regalo. Nuestra asignación no hubiera alcanzado, pues era muy modesta, y ello pese a que la ahorrábamos casi íntegra para este fin. Pero yo recibía a diario unos céntimos con que comprarle al bedel un buñuelo para el almuerzo matutino. Pasaba hambre, por cierto, pero prefería ahorrar hasta reunir con qué comprarle otro libro a mi madre. Primero me había acercado a Rascher para enterarme del precio, y ya era todo un placer entrar en aquella animada librería para ver a la gente, que solía pedir justamente el libro que sería nuestro próximo regalo, y naturalmente abarcar de un vistazo todos los libros que alguna vez yo leería. No era tanto el sentirme más grande y responsable entre aquellos adultos, sino en realidad el presagio

de lecturas futuras que nunca se agotarían. Pues si en aquel tiempo en algo me preocupaba el futuro, era en cuanto al efectivo de libros en el mundo. ¿Qué ocurriría cuando los hubiera leído todos? Por supuesto, lo mejor era volver a leerlos una y otra vez, pero este placer suponía la certeza de que se le irían sumando muchos más.

Una vez conocido el precio del regalo, empezaban las cuentas. ¿Cuántas meriendas tenía que saltar para reunir lo suficiente? Siempre se trataba de un par de meses: así, suma tras suma, se armaba el anhelado libro. La tentación de comprarme por una vez un  buñuelo, como algunos compañeros, y comérmelo ante ellos, no era nada comparada con este objetivo. Al contrario, gozaba acercándome a alguien que comía un buñuelo, e imaginando con una especie de placer, no lo puedo llamar de otra forma, la sorpresa de mi madre cuando le entregáramos el libro.

Ella siempre se sorprendía, aunque el hecho se repitiera. Nunca sabía de qué libro se trataba. (….) ¿Cómo no iba a sorprenderse? Entonces tenía que prometerle, por supuesto, que no lo volvería a hacer nunca más, y que a partir de ese momento me comería el buñuelo en la escuela, pero nunca me amenazó con retirarme la diminuta asignación de la merienda. Tal vez esta actitud integraba su política de formación del carácter; quizás el libro le causaba una alegría especial por haberlo conseguido yo mediante pequeños actos de renuncia cotidiana”.

La llama de los libros enciende así emocionadas vivencias. Vienen y van los libros por el mundo, vienen y van – con esfuerzo – de los hijos a los padres, como llegaron y vinieron también – siempre con gran esfuerzo – aquellos otros libros producto de la dedicación de los padres hacia sus hijos. Vienen y van corrientes de lectura.

¡Felíz Año 2012 a todos los que leen MI SIGLO!


(Imágenes:- 1.-T. F. Simon.- libreros de segunda mano.-1912.- wikipedia/ 2.-dibujo de A. K. Womrath  para The Savoy.-vol. 3 -London-1896.-archive.org)

PUDRICIÓN Y SALVACIÓN DE LAS ALMAS

Copio aquí la reseña crítica – firmada por Juan Pedro Quiñonero – que acaba de publicarse en la Revista TURIA, y que yo tanto le agradezco:

“PUDRICIÓN Y  SALVACIÓN DE LAS ALMAS

“La cultura, la sociedad, la vida en común, amenazadas por la destrucción de la lengua. La familia, amenazada por el sabotaje moral, social, político, cultural, incluso económico, de sus antiguos principios. La identidad humana, amenazada por el hundimiento de todos los valores…

¿Cómo salvar, si salvar se puede, ese naufragio de todo cuanto fundó y justificó nuestra vida en común…?

De tal cuestión habla, sin hablar, en escorzo, la última novela de José Julio Perlado, Mi abuelo, el Premio Nobel, de la que ya tenían noticia los lectores de su blog, MI SIGLO.

Lo hace de la manera más simple, honrada, comprensible y noble: con las palabras sencillas de un nieto que nos cuenta la vida y milagros de un abuelo, Dante Darnius, trasnsmitiéndole el misterio más alto, el de los dones de la palabra, construyendo mundos imaginarios que salvan, redimen y refutan el nuestro, minado por la podredumbre espiritual, la confusión de las lenguas, la glorificación de la indiferencia inmoral, la tiranía de la palabra que todo lo niega en nombre de la nada y la adoración de la nada, los distintos rostros del Mal y el Demonio en la obra de Thomas Merton y el segundo Fausto de Goethe.

En la primera parte de su relato, el nieto de Dante Darnius nos cuenta viejas historias familiares… El abuelo no solo era el patriarca de la familia. También era el ser histórico, familiar, mítico, que había transmitido la vida y el don de la palabra, las artes de la memoria y la imaginación.

Tales artes, en el relato de José Julio Perlado, no son frutos retóricos destinados a construir arquitecturas artificiales. La “retórica” desaparece para mejor nombrar cosas sencillas, que todavía unen a algunas familias, a la hora de compartir el pan y el vino en la más íntima comunión de las almas, los seres humanos.

El narrador de Mi abuelo... desaparece como “artista” de la “retórica”, para mejor expresar lo que solo se expresa con humildad y sencillez: lo bueno, lo bello y lo justo están muy alejados del campo de minas de la retórica endemoniada que pudre nuestras sociedades. El narrador de Mi abuelo... se limita a recordar, con limpieza, los instantes de gloria que fundaron su familia y justificaron su vida y la vida de su abuelo.

“Muchos años después…”, en el tiempo mítico del relato, el narrador, que no es Dante Darnius y quizá no sea su nieto, ha conquistado definitivamente su territorio más íntimo, el de las palabras al fin restauradas en su pureza original. Y puede deslumbrarnos con la luz de su tiempo recobrado: en las páginas en blanco de los viejos relatos por escribir ha florecido una prosa tersa y limpia, donde la memoria del autor y la construcción de su alma – indisociable de la construcción de su familia – se confunden en el devenir del texto.

Dante Darnius legó a su nieto – y ambos personajes quizá sean solo uno: rostros que iluminan el rostro íntimo de José Julio Perlado – un don único… el don de una pureza rayana en el silencio iluninado de los místicos. Y el nieto nos entrega a sus lectores los frutos de aquella siembra que se confunde con la revelación de la lengua, la palabra, la escritura. Que son palabras de todos: de ahí su tarea cívica, sembrando con su libro la esperanza de unas almas más limpias, crecidas en la comunión de esa fe”.

(Juan Pedro Quiñonero.-Revista TURIA.-número 100.-noviembre 2011- febrero 2012.-págs 400-401)

José Julio Perlado, Mi abuelo, el Premio Nobel, Madrid, Funambulista, 2011

(Imagen_ Toni DeMuro…illustrations.-quiring)

FUNCIÓN DE LA POESÍA

“Si existen libros de provecho – recordaba Leopardi – pienso que los más provechosos son los poéticos, digo poéticos tomando este vocablo en su sentido más amplio, es decir, libros destinados a estimular la imaginación, ya sean éstos de prosa  o de versos. Ahora bien, ninguna estima le tengo a la poesía que, después de leerla y meditarla, no deja en el ánimo del lector un sentimiento noble que, por media hora, le impida tener un pensamiento vil o realizar una acción indigna”.

“Un poema – decía a su vez Eliot – no es lo que el poeta se propuso ni lo que el lector concibe, ni su funciòn queda por completo restringida a la que el autor se proponía o a la que realmente cumple cerca de los lectores. Aunque la cantidad y la calidad del placer que una obra de arte ha proporcionado desde que fue creada no es irrelevante, no la juzgamos a esa luz; lo mismo que no nos preguntamos, tras conmovernos hondamente con la contemplación de una obra arquitectónica o la audición de una pieza musical, ¿qué provecho he sacado de este templo, de esta música?”.

Temas constantes sobre utilidad y contemplación – ese “estar- fuera-de- sí” -, varias veces comentados en Mi Siglo.

(Imagen: Maxfield Parrish.-ilustración para Tolonia.-1903.- colección privada)

EL LIBRO MÁS CARO DEL MUNDO

Imágenes del interior del libro. | Efe
 

Después que usted haya fallecido, lo compraré a bajo precio” – le aseguró el bibliófilo francés Pixérécourt al que había pagado muy caro un libro que él deseaba. No tuvo que esperar mucho – comenta Antonio Palau en suMemoria de libreros” -, pues poco después de esta especie de maldición, el aludido murió”. Esperemos, lógicamente, que esto no ocurra ante la subasta por la que “Aves de América“, del naturalista James Audubon, se han pagado en Londres 7,3 millones de libras esterlinas (8,7 millones de dólares), rompiendo el record de subasta de un libro impreso, según cuentan las Agencias.

“Su comprador en Sotheby’s – dicen las informaciones – ha sido un marchante londinense, Michael Tollemache, que ofertó desde la propia sala y que ofreció esa cantidad récord por los cuatro volúmenes de la primera edición del libro de Audubon, de la que existen sólo 11 copias en manos privadas mientras que otros 108 ejemplares restantes pertenecen a museos, bibliotecas y universidades“.

“El libro contiene 1.000 ilustraciones de cerca de 500 especies de aves y Audubon tardó 12 años en completarla. Este ejemplar pertenecía a la colección del segundo lord Hesketh, un famoso bibliófilo que lo adquirió en julio de 1951 en Christie’s por sólo 7.000 libras”.

En torno a las subastas de libros las curiosidades son muy numerosas. Mediado el siglo XlX, un gran bibliófilo, el conde de Bedoyère, decidió poner a la venta su biblioteca. Un capricho de coleccionista le empuja a tal decisión, pero más tarde se conmueve e irrita ante la idea de que cualquiera pueda poseer sus preciosos ejemplares. Y a partir del número 1 del catálogo de la subasta se dedica a pujar furiosamente, de tal modo que al terminar ésta se encuentra de nuevo en posesión de todos sus libros, a los que debe, naturalmente, que añadir la nota de gastos del tasador.

(Imágenes:- 1.- láminas del interior del libro “Aves de América”.-EFE/ 2, 3,4 y 5.- New York Historical Society)

SANATORIOS DE LIBROS

Manos que van y vienen sobre cortezas de libros enfermos, manos que deshojan páginas y arreglan sábanas de capítulos, manos que vienen y van alisando colchas, entreabriendo ventanales de márgenes, ventilando con las yemas de los dedos los lomos sueltos…, manos que vienen y van por esta habitación de la Historia en torno a la cabecera de portadas, moviéndose sin apenas ruido, manos especialistas en pergaminos, suaves cirujanos ante hierros, dedos que acarician suntuosidades escondidas, precisos dedos certificando nudos, desatando y atando cuerpos inmensos, cuerpos abandonados, letras extendidas, mapas de heridas cubiertas en batallas, cicatrices de conquistas, extensiones de reinos y de aguas, cifras agazapadas en volúmenes, marcas en márgenes, rótulos en tapas, rúbricas, fascículos…; luego lavados, cosidos, brochas, pegamentos, telas, hilos, cordeles, paños, forros, limas, ajustes, manos que vienen y van una vez más con la pericia enamorada de los viejos oficios, enfermeros de tantas encuadernaciones aplicando ungüentos y  pócimas, ponen en pie lomos articulados, luego los tumban, nuevamente los alzan, es el ejercicio de la rehabilitación, la suave flexibilidad curativa que dará vida a un cuerpo abandonado, cuerpo de hojas, índices, sumarios, cuerpo mostrando ilustraciones abiertas, tatuado de estampas, leído antes por mil ojos…, manos que vienen y van, que vienen y van paciente, despaciosamente, hasta que al libro lo resuciten vivo.