LA BREVE VIDA DE UN PÁRRAFO

«Hay que aprovecharse de tener en casa a un Premio Nobel de Literatura.

Mi abuelo Dante es Premio Nobel de Literatura, vive con nosotros, y entra todas las tardes en el comedor. Lo hace despacio, a pasitos cortos, con sus ojos muy vivos y su barbita puntiaguda.

Mi hermana y yo le preguntamos:

          –  Dante, ¿qué has escrito hoy?

Se sienta delante de nosotros, ante la mesa camilla. Como todas las tardes le hemos puesto encima del tapete un vaso y una pequeña jarrita con agua.

Así estará más cómodo, pensamos.

         Dante  levanta los ojos.

         Nos mira.

          Tose.

          Saca del bolsillo de su chaqueta una hoja de papel.

        -«La breve vida del Párrafo«.-nos dice- Eso es lo que he escrito.

          Nos mira.

          Vuelve a toser.

          No se atreve.

         ¿Es verdad que no se atreve o es que es tímido?

         Tarda en decidirse.

          Y por fin comienza a leer:

                   «Yo quisiera que ya desde ahora –empieza Dante con su voz muy fina– estuviéramos todos muy atentos al Párrafo, al párrafo siguiente a éste, que vamos a leer enseguida. –Y hace una pausa– Porque me parece de una importancia primordial ese párrafo, y lo que en él va a decirse, y que juntos –vosotros y yo– vamos a ir am­pliando a cada paso y en su momento«.

          Se detiene, extiende su mano, toma el vaso y bebe un sorbo de agua.

          –¿Qué, qué te ha parecido este principio? –le pregunto a mi hermana Amenuhka.

          –Bien. Hasta ahora va bien –me dice mi hermana.

                   «Nos vamos a adentrar, pues, tal como hemos dicho –prosigue Dante después de haber bebido y haber­se secado los labios con una pequeña servilleta–, en este párrafo segundo. Pero no podemos ni debemos olvidar el anterior. ¿Y qué encontrábamos en el anterior? Una invitación a leer éste, que es lo que estamos haciendo. El impulso de este párrafo nos está llevando casi sin querer, como con velas desplegadas, hacia el párrafo tercero. No estamos aún en el párrafo tercero, seguimos en el segun­do; aún más: nos complacemos de estar en el segundo. Pero ya el párrafo tercero nos está llamando con sus sones misteriosos. ¿Qué nos irá a decir? Es la llamada de lo desconoci­do, de lo aún no leído. Todo lo no leído, como lo no escrito, es un enigma. Si el párrafo anterior nos empujaba a leer, éste nos proyecta sobre lo que va a seguir. A su vez –como nos sucede tantas veces en la vida– lo que sigue quedará proyectado e iluminado por lo que nos ha precedido«.

          Se detiene, extiende su mano hasta el vaso y bebe otro pequeño sorbo de agua.

          –Tiene sed Dante, ¿eh? –le murmuro a mi hermana–. Lo que ha escrito le está dando sed.

          –Sí, sí tiene sed –constata mi hermana Amenuhka.

          El escritor vuelve a secarse los labios con la pequeña servilleta.

                   «Y he aquí –sigue leyendo Danteque hemos llegado casi sin darnos cuenta al párrafo tercero. Nos encontra­mos, pues, en el centro de la cuestión. Equidistantes tanto del principio como del final. Ante eso no debemos tener miedo. Avancemos con precaución. Ahora es menester sobre todo no correr y paladear muy bien estas líneas que son el núcleo de todo lo que estamos diciendo. Nos ayudamos con alguna línea más –por ejemplo, con ésta que ahora estamos leyendo– para ir con más cuidado hacia adelante. ¿Y qué encontramos aquí? ¿Dónde nos hallamos? Al fin estamos tocando el centro del significa­do, el corazón del recorrido. Pero aún hay más. Una investigación no se detiene y un camino no es nada en sí mismo si no nos lleva hasta un final. Para ello el siguien­te párrafo va a ser vital. No titubeemos ante él. Demos con valentía ese paso necesario. Yo animo a todos vosotros, los que me habéis acompañado hasta aquí, a poner la atención en lo que sigue. Nos sentiremos atraídos –yo diría incluso que fascinados– por esta búsqueda«.

          Dante bebe otro sorbito más, se limpia los labios y prosigue ahora más seguro que nunca:

                   «Acabamos de decirnos a nosotros mismos que avancemos y así lo hemos hecho. Ya está cumplido. Espoleados y animados por todo lo anterior, notamos que ha merecido la pena llegar hasta aquí. Nuestros esfuerzos han sido recompensados. Tan sólo unas palabras más y habremos dado un paso de gigante, el paso decisivo«.

          Entonces el escritor levanta sus ojos y nos mira a mi hermana y a mí. Se le nota firme, exultante, a punto para rematar muy bien el texto que ha escrito. Lo hace sin mirar al papel.

                   «Y ésta ha sido la Breve Vida de un Párrafo.– concluye – Muchas gracias«.

          Le aplaudimos. Estamos en el comedor. Solamente somos dos personas, somos  sus nietos. Pero a los escritores les gusta que les aplaudan. Le aplaudimos varias, varias veces.

          –¿Qué, qué te ha parecido? –le pregunto a mi hermana mientras aplaude.

          –Un poco corto –contesta Amenuhka sin dejar de aplaudir.

          –Bueno, él ya lo ha advertido antes.- le  digo – Lo ha titulado la Breve Vida del Párrafo, no una vida larga.

          –Sí, pero a pesar de eso me ha parecido corto. Yo creo que para un Premio Nobel esto debería ser más largo.

          –A lo mejor no se ha atrevido. O no se le ha ocurrido nada más. Ya sabes cómo es Dante –le digo a mi hermana–. Yo creo que para lo que es él ya ha dicho bastante.

          –Sí –acepta Amenuhka no muy convencida–, quizás ha dicho bastante.

          Yo también creo que ha dicho bastante.

Mi abuelo Dante está emocionado. Se levanta de la silla, guarda su papel en el bolsillo. Nos agradece mucho los aplausos. Seguro que se va a escribir más cosas a su cuarto.

Como es un Premio Nobel nos inclinamos al dejarle pasar».

José Julio Perlado: (del libro «Nosotros, los Darnius«) (relato inédito)

INSTRUCCIONES PARA SONREIR EN UN BLOG (2)

fantasía.-foto Scarlett Hooft Graafland.-Michael Hoppen Contemporay

 

A veces es necesaria una mínima sonrisa en un blog.

En alguna ocasión he recogido en Mi Siglo diversas instrucciones para sonreir en un blog 

Eran textos de Georges Perec, de Cortázar, de Jardiel Poncela.

 Copié aquí la Receta de cocina que aconsejaba Jardiel para hacer guisantes rellenos  y hoy añado una más, también  de su libro «Para leer mientras sube el ascensor» (Aguilar):

CHUFAS  A   LA  GRAN  DUMONT

«Cómprese cuarto kilo de chufas y pónganse a secar colgadas de una cuerda. Cuando estén bien secas, échense en agua.

Prepárese un perol grande, viértanse en él las chufas y sírvanse.

Si se quiere que los comensales queden contentos, en lugar de servir las chufas sírvase otra cosa. Por ejemplo, un bistec».

(Indudablemente el humor siempre será un esencial condimento)

(Imagen: Harvest Time.-foto Scarlett Hooft Graafland.-Michael Hoppen Gallery)

DESHOJAR CIUDADES

ciudades-56tj-por-caio-locke-2008-exhibit-x-london-artnet«No me gustaría vivir en Norteamérica pero a veces sí.

No me gustaría vivir al aire libre pero a veces sí.

Me gustaría vivir en el quinto distrito pero a veces no

No me gustaría vivir en un torreón pero a veces sí

No me gustaría vivir con apremios monetarios pero a veces sí

Me gustaría vivir en Francia pero a veces no

Me gustaría vivir en el Ártico pero no demasiado tiempo

ciudades-bbbm-foto-william-furmiss-2005-10-chancery-lane-gallery-jatie-de-tilly-contemporary-artist-hong-kong

No me gustaría vivir en una aldehuela pero a veces sí

No me gustaría vivir en Isudún pero a veces sí

No me gustaría vivir en un junco pero a veces sí

No me gustaría vivir en una ciudad fortificada pero a veces sí

Me hubiera gustado ir a la Luna pero es un poco tarde

No me gustaría vivir en un monasterio pero a veces sí.ciudades-742ss-por-david-choe-2008-lazarides-london-artnet

No me gustaría vivir en el Hotel Negresco pero a veces sí

No me gustaría vivir en Oriente pero a veces sí

Me gusta vivir en París pero a veces no

No me gustaría vivir en Québec pero a veces sí

No me gustaría vivir en un arrecife pero a veces sí

No me gustaría vivir en un submarino pero a veces sí

No me gustaría vivir en una torre pero a veces sí

No me gustaría vivir con Ursula Andress, pero a veces sí

Me gustaría vivir para llegar a viejo pero a veces no

(…)

Me gustaría vivir en Xanadú, pero no para siempre

No me gustaría vivir en el departamento de Yonne pero a veces sí

No me gustaría que viviéramos todos en Zanzíbar pero a veces sí »

Así va hilando  e hilvanando el francés Georges Perec en su texto titulado  «De cuán difícil es imaginar una ciudad ideal» («Pensar/clasificar«) (Gedisa) las razones y sinrazones de su elección, pétalos arrancados al humor, el no y el sí de la predilección por las ciudades, los paisajes, las naciones. De Perec he hablado varias veces en Mi Siglo, sobre todo de las especies de espacios por los que a él gustaba atravesar, fuera en el interior de las casas, de los cuadros o, como sucede aquí, de los lugares y de las ciudades. Cada uno puede ir deshojando lo que desearía en sueños y lo que luego escogería al despertar. Siempre hay  un sí pero no al elegir y un no pero sí al decidir finalmente. Cuán difícil es imaginar en la vida una elección completa y total.

(Imágenes:-1- «Metropolis»,  por Caio Locke, 2008.-Exhibit X– London.-artnet/ 2.-«Hong Kong Harbour Contac», foto: William Furmiss, 2005.-Chancery Lane Gallery – Katie de Tilly Contemporary Artist.-Hong Kong- artnet/ 2.»Dark Hair», 2008,  por David Choe.-Lazarides.-London.-artnet)

INSTRUCCIONES PARA SONREIR EN UN BLOG

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Los escritores suelen tener la delicadeza de mostrarnos cómo debemos emprender tareas difíciles, como por ejemplo subir una escalera, y así Cortázar nos recuerda que «las escaleras se suben de frente, pues hacia atrás o de costado resultan particularmente incómodas. La actitud natural consiste en mantenerse de pie, los brazos colgando sin esfuerzo, la cabeza erguida aunque no tanto que los ojos dejen de ver los peldaños inmediatamente superiores al que se pisa, y respirando lenta y regularmente. Para subir una escalera se comienza por levantar esa parte del cuerpo situada a la derecha abajo, envuelta casi siempre en cuero o gamuza, y que salvo excepciones cabe exactamente en el escalón.»

dinero-a-foto-michael-nagle-for-the-new-york-times

Pero si el argentino Cortázar nos ayuda con sus instrucciones a subir perfectamente una escalera por si hubieramos olvidado cómo hacerlo,  el francés Georges Perec tiene igualmente la delicadeza de echarnos una mano a la hora de abordar a nuestro jefe para pedirle un aumento de sueldo y así nos aconseja « que si usted está decidido a buscar a su jefe para pedirle un aumento de sueldo entonces va a  ir al encuentro de su jefe digamos para simplificar pues es necesario siempre simplificar que él se llame señor xavier es decir señor o mejor señor x entonces usted va a ir a buscar al señor x ocurriendo dos cosas una o bien el señor x está en su despacho o bien el señor x no está en su despacho si el señor x está en su despacho aparentemente no existe ningún problema pero evidentemente si el señor x no está en su despacho usted no tiene que hacer más que una cosa que es esperar en el pasillo su vuelta o su llegada pero supongamos que él no llega en ese caso usted no tiene más que una solución que es la de retornar en su propio despacho y aguardar a esta tarde o a mañana para recomenzar la tentativa pero si usted ve que él todos los días tarda en llegar en este caso lo mejor que puede hacer más que continuar paseando por el pasillo es ir a ver a su colega la señorita que para dar más humanidad a nuestra seca demostración llamaremos a partir de ahora señorita yolanda aunque pueden ocurrir dos cosas una que la señorita yolanda esté en su despacho o bien que la señorita yolanda no esté en su despacho si la señorita yolanda está en su despacho no existe ningun problema pero supongamos que la señorita yolanda no esté en su despacho en ese caso no teniendo ya ganas de continuar paseando por el pasillo en espera de una hipotética vuelta o de una eventual llegada del señor x una solución que se le ofrece es…», y así sigue explicándonos con enorme delicadeza el escritor Georges Perec – al que ya me he referido alguna vez en Mi Siglo -, cómo debemos actuar y qué pasos debemos dar para intentar conseguir ese aumento de sueldo.

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Pero la delicadeza de los escritores con todos nosotros llega mucho más lejos, y Cortázar no nos abandona a nuestra suerte en mitad de la escalera sino que, preocupado como escritor por nuestro destino, nos sigue explicando cómo debemos continuar subiendo esa  escalera y de este modo nos aconseja, «puesta en el primer peldaño dicha parte, que para abreviar llamaremos pie, se recoge la parte equivalente de la izquierda (también llamada pie, pero que no ha de confundirse con el pie antes citado), y llevándola a la altura del pie, se la hace seguir hasta colocarla en el segundo peldaño, con lo cual en éste descansará el pie, y en el primero descansará el pie. (Los primeros peldaños son siempre los más difíciles, hasta adquirir la coordinación necesaria. La coincidenciaa de nombres entre el pie y el pie hace difícil la explicación. Cuídese especialmente de no levantar al mismo tiempo el pie y el pie.)

Llegado en esta forma al segundo peldaño –nos sigue recomendando Cortázar -, basta repetir alternadamente los movimientos hasta encontrarse con el final de la escalera. Se sale de ella fácilmente, con un ligero golpe de talón que la fija en su sitio, del que no se moverá hasta el momento del descenso». ( » Instrucciones para subir una escalera» «Historias de cronopios y de famas«) ( Minotauro)

Por su parte Georges Perec -(«L´art et la manière d´aborder son chef de service pour lui demander une augmentation«) (Hachette) – tampoco se olvida de acompañarnos con sus consejos en esa complicada tarea de  golpear la puerta del jefe para intentar pedirle un aumento de sueldo: «…entonces – nos dice – el señor x está en su despacho y como el señor x es su jefe llama usted antes de entrar y después espera su respuesta evidentemente teniendo en cuenta dos cosas una o bien el señor x levanta la cabeza o bien el señor x no levanta la cabeza si él levanta la cabeza significa al menos que él ha escuchado su llamada y que tiene la intención de responder de modo afirmativo o por la alternativa negativa que no tardaremos en aclarar y que entonces podremos analizar pero si él no levanta la cabeza sino que continúa hablando por teléfono o compulsando su dossier o cargando su estilográfica en resumen ejercitándose en la ocupación en la cual él se estaba ejercitando cuando usted ha llamado a la puerta esto significa o bien que él no ha oído y por tanto yo estoy seguro de que usted ha llamado de una manera neta y distinta o bien que él no ha querido oirle de todos modos para usted esto viene a ser lo mismo porque si él no le ha escuchado sería de cualquier modo desagradable por no decir inconveniente insistir entonces si él no levanta la cabeza usted retorna a su sitio y decide si debe intentar otra vez la suerte por la tarde o al día siguiente o el martes siguiente o cuarenta días más tarde evidentemente será entonces necesario que usted vuelva de nuevo a ver si el señor x está en su despacho porque si no está tendrá usted que esperar en el pasillo a que él llegue si él tarda deberá ir usted a ver a la señorita yolanda y si la señorita yolanda no está usted tendrá que dar una vuelta por los diferentes servicios cuyo conjunto constituyen toda o parte de la organización…»

Es muy de agradecer la delicadeza de estos y otros escritores que nos aconsejan y nos dan precisas instrucciones en momentos difíciles, bien sea para saber subir una escalera, bien  para pedir al jefe un aumento de sueldo o bien para leer con una sonrisa el post de un blog.

(Imágenes: escalera.-flickr/ foto Michael Nagle for The New York Times/ escalera.-flickr)

HUMOR 2009

A veces no hay más que copiar en un blog los aciertos de otro blog.

Leo en Scriptor.org una sonrisa para 2009

Fundamental mantener el humor:

Escritores en apuros

2009-01-02_nyt_gash Leo el artículo de Paul Greenberg en un NY Times del mes pasado, Bail Out the Writers! Es interesante ver cómo los escritores se convierten en tema de chistes deprimentes. 

Traduzco el que cuenta Greenberg, que dice haberlo escuchado de su hija:

Señora: ¿Y usted qué hace?Señor: ¿Yo? Pues escribo libros.Señora: ¡Qué interesante! ¿Y ha vendido algo recientemente?Señor: Pues sí. Mi sofá, mi coche y mi televisión de plasma…

 

 

 

Greenberg comenta con gracejo algunos apuros y necesidades de apoyo propias de los escritores. Insiste en los apuros económicos

EL COCHECITO

RECETAS CULINARIAS: Guisantes rellenos.-

Apodérense a viva fuerza de los guisantes elegidos y díganles cosas agradables hasta conseguir que se pongan huecos. Entonces introdúzcase en ellos el relleno, rehóguense y sáquense a la mesa.

El relleno puede ser vario. Desde luego, lo que le mejor les va a los guisantes es la perdiz. Este relleno tiene la ventaja de que metiendo en cada guisante una perdiz no hacen falta más que tres o cuatro guisantes – uno por cada comensal -, y eso siempre es un ahorro.

(Vayan estas líneas de Jardiel Poncela, de su libro «Para leer mientras sube el ascensor«, como recuerdo del desaparecido Rafael Azconaguionista, entre otras muchas películas, de «El cochecito»que, leyendo este humor español, no dejaría de sonreir).