MELVILLE, FAULKNER, BRADBURY

 

 

“Faulkner y Melville son grandes escritores, no importa que no pudieran captar a las mujeres tan bien como F. Scott Fitzgerald. — decía Joyce Carol Oates —. La medida del genio es sui generis. Los genios no se comparan entre sí. Es decir, nadie le echa en cara a Chopin que nunca escribiera una ópera.

Melville — proseguía — vivió durante muchos años en el completo fracaso. Que un hombre de ese genio pudiera creer que era un fracaso es descorazonador. Es una de las historias más tristes de la literatura americana. Cuando estaba escribiendo Moby Dick no había ningún prototipo para ella, era una historia de aventuras, era una tragedia shakespeariana, era una especulación metafísica y filosófica. Nadie había hecho eso antes en América. Y cuando fue publicada recibió las más crueles, ignorantes y sarcásticas reseñas. Obviamente se le rompió el corazón, no ganó nada de dinero y después su vida dio un giro. Me identifico algo con él. Muchos escritores lo hacen. Es como si hubiéramos hecho lo mismo pero hubiéramos tenido más suerte. Cuando murió, su obituario en el New York Times hablaba de Henry Melville, hasta pusieron mal su nombre.”

 

 

Por su parte,  Bradbury contaba  que cuando John Huston le encargó el guión de Moby Dick en 1953, Bradbury le preguntó: “¿Qué quieres? ¿Perteneces  a la Sociedad Melville?”  Él dijo: “Quiero el Moby Dick de Ray Bradbury”. Yo dije: “Genial, eso es lo que te voy a dar”. Porque tengo que sentirlo, no puedo intelectualizarlo. E inmediatamente empiezas a cometer toda clase de errores, todo va a ser acartonado y superficial. Tienes que adentrarte en ello como lo hizo Melville. Melville se enamoró de Shakespeare. Shakespeare  se quedó bajo su ventana una noche y dijo: “Oh Lázaro, Herman Melville, preséntate ante mí”, y le arranca a Melville el alma del cuerpo. Y Moby Dick fue creado de una vez porque Shakespeare fue la parturienta. No hay intelecto. Todas las metáforas son automáticas.

 

 

En cuanto Melville cobraba conciencia de lo que estaba haciendo, — comentaba Bradbury —se volvía acartonado y no funcionaba. Pero cuando estaba sintiendo, cuando deja que Ahab y Shakespeare escriban por él — Shakespeare en el interior de Ahab —, entonces tienes un gran arpón en el costado de la ballena y él se lo está clavando y está escribiendo la novela en el costado de la ballena. ¡Pura y maravillosa emoción poética! Yo he leído muchas veces Moby Dick. Ese año en concreto lo leí nueve veces para  metérmela en la corriente sanguínea. Después, tras seis meses leyendo la novela, estando en Londres, una mañana me levanté de la cama y me miré en el espejo y me dije: “Soy Herman Melville”. Ese día reescribí el último tercio del guión. Fue emoción pura y me vino directamente.”

 

 

“También Faulkner  — continuaba  diciendo Joyce Carol Oates —fue denigrado en su casa y tratado muy, muy mal. Después ganó el Nobel y con mucho retraso el Pulitzer. Faulkner obtuvo su reputación en Francia y en Europa y después la obtuvo en  su casa. Eso podría haberle sucedido a Melville en el siglo XX, pero lo hizo demasiado temprano, era esencialmente  de una sociedad de pioneros, y ahí no había lugar para esa clase de escritores.”

 

 

(Imágenes-1-Faulkner- foto Alfred Eriss – time lige pictures getty Images/ 2-Ray Bradbury – windgedtiger com/ 3- Melville/ 4- cadena ser/ 5- William Faulkner)

ANIMALES, HISTORIA, LITERATURA

interiores-innju- perros- Andrew Wyeth- mil novecientos sesenta y cinco

 

 

“Los mejores animales de la literatura – comenta Ricardo Piglia enLos diarios de Emilio Renzi” – son los de Kafka:Investigaciones de un perro”,Josefina, la rata que canta“, “El mono que presenta su informe a la academia”. En verdad en Kafka los animales son intelectuales o artistas.  Mientras que el oso de Faulkner o la ballena de Melville son formas de la naturaleza bravía. Ahora bien, ¿ qué decir de los caballos que abundan en la literatura argentina?”. Animales célebres han poblado novelas y poesías. Biografías de perros han sido inmortalizados por Virginia Woolf o por Mujica Láinez, entre numerosos escritores.

 

perros-nnhh-William Wegman

 

Los perros, a su vez,  en la Historia han tenido muchas veces espacios sorprendentes. Cuenta Paul Morand y así lo evoca Ignacio Peyró enPompa y circunstancia” – que  un tal lord Egerton tenía  siempre la mesa puesta con doce cubiertos: para sus doce perros; por su parte, el excéntrico John-Jack-Mytton tenía dos mil perros, ante todo rehalas para la caza del zorro, y no pocos de ellos iban con librea y eran alimentados por su generoso dueño con filetes y champagne. Respecto a gatos, el más célebre de la historia de Inglaterra, según Peyró, fue el gato Hodge, tal como nos lo cuenta James Boswell: el gran doctor Johnson se aliviaba las melancolías jugando con él y se ocupaba personalmente de comprarle comida, no fuera que los sirvientes “tomaran en desagrado a la pobre criatura” y Johnson lo alimentaba con ostras, por entonces baratas.

 

animales.-89nn.-gatos.- Chefchaouen.-Marruecos - copia

 

Durante mucho tiempo los gatos han sido mirados en Europa como un animal negativo. Poco a poco se ha ido transformando en animal doméstico, después en compañero familiar de la vida cotidiana para llegar al fin a ser alguien en el que depositar cariño. Montaigne, La Fontaine, Montesquieu, entre muchos otros, han hablado de su gato y han procurado revalorizarlo. Aldous Huxley, cuando le pidió consejo un joven amigo para iniciar su carrera literaria, se limitó a decirle: “Si quiere usted escribir, tenga gatos”.

(Imágenes.- 1.-Andrew Wyeth- 1965/ 2.- William Wegman/ 3.- Chefchaouen– marruecos)

TIERRAS FRONTERIZAS

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“El concepto de frontera ha venido siempre conmigo – afirmaba Claudio Magris en una entrevista en Trieste, en 1998 – alargándose hasta “Microcosmos”, que es la frontera no tanto entre países, culturas, naciones, sino frontera también entre el agua y la tierra, el sendero de los ciervos y las desviaciones animales, entre la vida y la muerte.” El escritor italiano recordaba que desde muchacho existían para él unas fronteras vividas : detrás de las colinas, por ejemplo, el lugar donde comenzaba el mundo del Este, Stalin, y cuanto suponía aquello de desconocido. En el campo de los autores y de las lecturas, quienes le habían influido de un modo u otro en el concepto de frontera – comentaba Magris – habían sido Salgari, Conrad, Canetti, Melville, Kipling, Kafka.

 

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Ahora la atracción por la frontera perdura. Así lo revelan las fotografías de Pierre Gonnord por tierras fronterizas hispano-portuguesas pero también los lindes dentro de los rasgos masculinos y femeninos, las barbas, ojos, cicatrices, algún animal con el cuello reflejado en la sombra, chispazos de mirada atenta. En la actual exposición de Gonnord la línea de frontera del campo se funde con la que marca el rostro. Paisajes de rostros sorprendentes, imán de imágenes. Canetti escribía: “todos los antiguos confines de la tierra, desde que existen los hombres, están destinados a vigilar si ellos son reales”. Él lo llamaba la Academia de los Confines.

 

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Estas fronteras de Gonnord muestran igualmente el contorno y la separación entre firmeza y ternura, realidad e ilusión, pasados de llanto y mentones rotundos, decisiones, arrugas, nieblas en pupilas, soñadas miradas, ojos resueltos.

 

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Está todo el recorrido de unas vidas en esos rostros humanos,  ambiciones defraudadas y nostalgias, el camino del desengaño, los labios fruncidos, el brillo de la última esperanza y de la desesperación.

 

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Están todas las existencias cruzadas, los límites invisibles de los matices.

 

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Y sobre todo los rostros, cada rostro con su voz.

(Imágenes.- 1.-Gonnord-elpais-com/2.-Gonnord- realvenice.com/3.-cartel de la exposición/ 4.-Gonnord-eldiario.es/5.-Gonnord-peaton. info/ 6.-pierregonnord. com)

 

ESTAMPAS DE TOLSTÓI ( y 4) : MUERTE DE IVÁN ILICH

“Habíamos vivido en el reino de la representación, del como siempre nos recuerda Pietro Citati en “El mal absoluto” (Galaxia Gutenberg) comentandoLa muerte de Iván Ilich” -;  ahora la muerte nos hace percibir algo terrible y nuevo, aunque esta novedad se convertirá, a su vez, en una obsesionante repeticion. (…) El relato – prosigue el gran crítico italiano – es la historia simbólica de cada ser humano pero es, en primer lugar, la historia de Tolstói, que, en esos años se sintió invadido y penetrado por la muerte, la dejó crecer dentro de él, vivió con ella una pura y obsesionante soledad – los ojos en los ojos, los pensamientos en los pensamientos – como no había vivido con ninguna persona”.

Esta novela corta está escrita en marzo de 1886, cuando Tolstói rondaba ya los sesenta años y dos meses antes, el 18 de enero, había muerto Alioscha, uno de los hijos del escritor. “Querida Tania – escribía Sonia a su hermana – ¿tu corazón siente mi pena? Hoy enterré a Alioscha“. Por su parte León Tolstói reaccionó ante esta desgracia de modo distinto: “Todo lo que puedo decir – le escribió a Tchertkoves que la muerte de un niño, que en otros tiempos me parecía insensible y cruel, me parece hoy razonable y buena. Por esta muerte nos encontramos de nuevo unidos en un afecto más estrecho y más vivo que antes“.

Alexandra Tolstói recoge en “Una vida de mi padre” que “La muerte de Iván Ilich” o “La muerte de un juez“, como al principio iba a llamarse, la empezó a escribir Tolstói en 1892 y se inspiró para ella en la muerte de un juez del distrito de Tula, redactándola con intervalos, dejándola y reanudándola, hasta acabarla en marzo de 1886. “Había muchas familas burocráticas como la del juez Iván Ilich – dice Alexandra -. Vivían como las demás personas de su clase, ejercían carreras regulares, cobraban el sueldo hacia el día 20 de cada mes, pasaban las veladas en el teatro o en casa de amigos, y al fin enfermaban y morían“.

Esta novela corta, analizada y comentada por tantos críticos, fue también uno de los temas expuestos por Nabokov en sus clases de Cornell y las notas fragmentarias de su disertación quedaron incorporadas luego a su “Curso de literatura rusa“. “Ningún escritor de talla es sencillo – les recordaba a los estudiantes -. El Saturday Evening Post es sencillo. La jerga periodística es sencilla. Mamá es sencilla. Las versiones abreviadas son sencillas. Pero los Tolstói y los Melville no son sencillos”.

La aparente o no sencillez de la muerte instalándose en la existencia del hombre se cuenta en este relato de Tolstói de modo preciso. Entra lo terrible y nuevo, lo inesperado, y se establece dentro del organismo humano como siempre, tal y como si hubiera anidado allí toda la vida. Y en verdad allí anidaba y allí vivía. Es “la arañita en el espejo” de la que hablaba Azorín.

Muerte y vida en Tolstói. Muerte ante Iván Ilich , vida ante “Guerra y paz” sobre la que nos dejó  bellísimas imágenes en su gran film Sergéi Bondarchuk desde 1965 a 1968 . “No tenemos nada que inventar- dijo entonces el director ruso -. El autor del film es Tolstói“.

Muerte y vida en Tolstói evocadas en estas pequeñas estampas de Mi Siglo a los cien años de su muerte: 1910-2010

(Imágenes: 1.-Tolstói en su vejez/ 2.-Tolstói en familia.-1907.-foto Carlos Bulla.-rian.ru)