LA OBRA DE LOS DEDOS

 

 

“Al igual que la lectura — dice Giovanni Pozzi al elogiar el silencio —, la escritura es un proceso silencioso, pero animado por un movimiento inverso: la lectura extrae de los caracteres alfabéticos un significado y lo deposita en el espíritu; la escritura, en cambio, lo busca en el mismo espíritu y lo despliega en la página trazando un camino silencioso. La tinta corre sin gemir, y la pluma discurre por la superficie uniforme de la hoja sin raspar. Una vez completada la página, las curvas y astas de los caracteres dibujan sobre el blanco de la hoja contornos armónicos parecidos a los que forman el conjunto solitario de las flores de su parterre. El significado emana de ellos como el perfume emana de las flores. Este encantamiento no pertenece al mundo de las máquinas de escribir con sus repiqueteos oscilantes. Obra de dedos movidos por manos inertes y fijas, en lugar de por el movimiento de la mano entera que avanza al ritmo de la palabra, el texto escrito a máquina llega al mundo por cesárea y no por parto natural; máxime en el nuevo tipo de soporte electrónico, que rompe el tradicional vínculo entre la escritura y su soporte, inseparables hasta ahora. Los dedos no median, sino que dominan, y los caracteres ya no representan el silencio elocuente del texto impreso en la página en blanco, sino la locuacidad muda de la multitud metropolitana. Cruzarse sin saludarse, apiñarse sin tocarse, observarse fugazmente, encontrarse sin conocerse en la soledad de la masa inquieta.”

 

 

(Imágenes – 1- Henry Moore- 1979/ Janine Antoni – 2004- artnet)

GUIJARROS DE HENRY MOORE

Todas las maternidades del mundo parece que estuvieran concentradas en las curvas envolventes de Henry Moore. El niño en bronce es amparado por el bronce de la madre recostada y todas las inseguridades de la vida quedan diluidas al amparo de la maternidad.

Pero hasta llegar a esto el gran escultor británico puso toda su atención – desde niño – en los guijarros perdidos en el suelo, desperdigados por los caminos. «Los guijarros y las piedras – decía Henry Moore en 1934 al hablar de «las características de la escultura» – nos muestran cómo trabaja la piedra la naturaleza. Los guijarros pulidos por el mar nos muestran cómo puede alisarse o frotarse la piedra y los principios de la asimetría. Las secciones y hendiduras de las rocas, por otra parte, nos muestran el vigor de un bloque irregular. Los huesos tienen una fuerza estructural maravillosa y un gran interés formal; los troncos de los árboles nos muestran principios como el desarrollo y la fuerza de las articulaciones, que permiten pasar ágilmente de una parte a otra; las conchas muestran las formas duras pero huecas de la naturaleza (la escultura en metal) y poseen una plenitud formal absolutamente única».

Todo era por tanto observación en Henry Moore, todo era atención. Paul Klee, al que recientemente me he referido en Mi Siglo, hablaba de las dos clases de atención en el artista, una atención normal y una atención con esfuerzo, las dos aplicadas – decía Klee – a la pintura o a la música. Pero naturalmente esta atención era permanente en Moore, le acompañaba en todos sus paseos.

En «La voz del escultor«, en 1937, confesaba: «durante muchos años he pasado temporadas en la misma parte de la costa, pero cada año la forma nueva de algún guijarro captaba mi atención, una forma que el año anterior no había visto aunque hubiera cientos de guijarros. De los miles de guijarros con que me topaba al pasear por la orilla, había uno cuya forma me entusiasmaba pues se adecuaba al interés formal que me ocupaba en aquella época«. También en 1937, al hablar de «la ceguera para las formas» en «The Listener«, se refería a las limitaciones de la atención. «La «ceguera para las formas» – decía – es más común que la ceguera para los colores. Cuando los niños aprenden a mirar, al principio sólo distinguen formas en dos dimensiones (…) Más tarde (…)  terminan desarrollando ( en parte mediante el tacto) la capacidad de juzgar rudimentariamente las distancias tridimensionales. Pero una vez satisfechas las exigencias de las necesidades prácticas, la mayoría de personas no va más lejos. Aunque pueden llegar a desarrollar una considerable agudeza en la percepción de las formas planas, no llegan a realizar jamás los esfuerzos intelectuales y emocionales necesarios para captar la forma en toda su realidad espacial».

Era Moore el hombre de la atención como artista, el hombre de la observación.»La observación de la naturaleza forma parte de la vida del artista – decía -, enriquece su conocimiento de la forma, le ayuda a mantener cierta pureza, evita que su trabajo se limite a meras fórmulas, y le proporciona inspiración«. Pero cuando en 1941 la naturaleza es violentada por la guerra y la serenidad del paisaje se agrieta en refugios, la atención de Moore se hace lúcida y dolorida y su mano dibuja las imágenes de los subterráneos, vidas dormidas en los miedos del metro.

Nace así otro tipo de atención al tremendo silencio de los cuerpos, al sopor de las bocas entreabiertas,

Nace así la atención a los pliegues, a los sueños apenas esbozados,

Nace así la atención a la hilera de túneles, esperas interminables bajo los bombardeos.

Se ha dicho de Moore que más que enseñar a dibujar enseñaba a mirar. Mirar huesos y conchas, mirar el nacimiento de bóvedas y gargantas, mirar agujeros y  huecos en maderas y en piedras, mirar guijarros en el dolor.

(Imágenes- 1.- madre y niño reclinados.-bronce – 1983.- foto Anita Feldman.- Fundación Henry Moore/ 2.-grupo familiar.- 1946.-fundido en bronce.- Fundación Henry Moore/ 3.- rosa y verde de Henry Moore.- Sleepers.-1941.- dormir en el metro de Londres durante los bombardeos.- Fundación Henry Moore.-Tate/ 4.- refugio/ 5.- la perspectiva del tubo refugio.- la extensión de Liverpool Street.- 1941.- foto Tate.-Fundación Henry Moore/ 6.-Henry Moore.- foto Jane Bown.- guardian. co. uk)

MODOS DE VER

«Cada vez que miramos una fotografía somos conscientes, aunque sólo sea débilmente, de que el fotógrafo escogió esa vista de entre una infinidad de otras posibles. Esto es cierto incluso para la más despreocupada instantánea familiar. El modo de ver del fotógrafo se refleja en su elección del tema. El modo de ver del pintor se reconstituye a partir de las marcas que hace sobre el lienzo o el papel. Sin embargo, aunque toda imagen encarna un modo de ver, nuestra percepción o apreciación de una imagen depende también de nuestro propio modo de ver».

John Berger.-«Modos de ver» ( Gustavo Gili)