GORBACHOV Y LA CAÍDA DEL MURO

MURO.-DD.-El beso entre Breznez y Honecker, inmortalizado en la East Side Gallery.-foto AFP

Mañana, 9 de noviembre, hace veinte años de la caída del muro de Berlín.

 Copio de Scriptor.org:

«Joaquín Navarro-Valls ha publicado un artículo en el diario italiano Repubblica («Wojtyla, Gorbaciov e la caduta del muro», $, descargar aquí .pdf) en el que destaca el papel de Gorbachov en la caída del muro de Berlín, el 9 de noviembre de 1989″.

MURO XX.-foto AP.-elmundo.es

MURO.-AA.-9 noviembre 1989.-elmundo.es

» Navarro-Valls escribe con recuerdos y testimonios personales, de primera mano. Entre otras cosas, refiere la inutilidad del bello discurso de Kennedy definiéndose a sí mismo como un berlinés, y la fuerza de la intuición de Walesa de comenzar la batalla pacífica con los trabajadores en Solidaridad, apoyada por Juan Pablo II».

MURO.-BB.-tramo que se conserva del Muro.-foto Sonia Aparicio

«Sobre todo, destaca el papel de Gorbachov en el sentido que tuvo como responsable primero de la caída del muro. Y lo supo con certeza desde la visita de Gorbachov a Juan Pablo II, un mes después de los hechos. En su encuentro, coincidieron en ver lo que la «activa pasividad» de Gorbachov supuso, y en ver las consecuencias de aquel evento.

Ambos –Gorbachov y Juan Pablo II-, cuenta Joaquín Navarro-Valls, coincidieron en entender la libertad como una dimensión humana imprescindible y no suprimible, un riesgo al que nunca se puede renunciar. Y coincidieron, por tanto, en no entenderla como un simple hecho político. 

Recuerda también Navarro-Valls la cortedad de visión de Kissinger, quien -años después- le confió su estupefacción ante la «ceguera» y la  «pasividad» de Gorbachov en su visita a Berlín (aún «oriental») un mes antes de la caída del muro…

La deliberada «debilidad» rusa, o soviética, no fue un error de Gorbachov, sino más bien una consciente apuesta por la libertad».

MURO.-CC.-Puerta de Brandeburgo en noviembre de 2009.-foto Sonia Aparicio

«Siempre se agradece saber acerca de la historia que hemos vivido con buena dosis de seguridad en la verdad. Esto es lo que he encontrado en el magnífico artículo de Navarro-Valls

Termina echando de menos la figura y la imagen de Gorbachov, junto a Khol y Juan Pablo II, ya curvado por el paso de su historia, cuando estos dos últimos atravesaron juntos la Puerta de Brandemburgo, siete años después de la caída del muro».

Gorbachov,.AAA.Scriptor org

(Imágenes:-1.-el beso entre Breznez y Honecker, inmortalizado en la East Side Gallery.-foto AFP/2. -construyendo el Muro.-foto AP./3:–9 de noviembre de 1989.- Reuters.-elmundo.es/4.-.-tramo que se conserva del Muro.-foto Sonia Aparicio.-elmundo.es/ 5.–Puerta de Brandemburgo en noviembre de 2009.-foto Sonia Aparicio.-elmundo.es/ 6.–Gorbachov y Navarro- Valls.-fotos tomadas de Scriptor.org)

LOS EJÉRCITOS DE LA NOCHE

Hay otros lenguajes que no son el de las palabras, hay lenguajes de símbolos y lenguajes de naturaleza. Hay lenguajes del cuerpo. Y el boxeo es uno de ellos. Jamás podremos comprender a un campeón de boxeo, si nos negamos a reconocer que se expresa a través de un dominio de su cuerpo que es, en su inteligencia, tan independiente, sutil y amplio como cualquier ejercicio mental llevado a cabo por destacados ingenieros sociales cual Herman Kahn y Henry Kissinger. Desde luego, según nos dicen, Herman Kahn es un hombre que pesa más de cien kilos. No, sus pies no son alados. Y también es cierto que más de un buen boxeador, a poco sonado que esté, no habla con excesiva brillantez. Pero esto no significa que sea incapaz de expresarse con ingenio, estilo y un especial concepto estético de la sorpresa cuando boxea con su cuerpo, de la misma manera que la obesidad de Kahn no nos impide darnos cuenta de que piensa con vigor. El boxeo es un diálogo de cuerpos. Hombres ignorantes, por lo general negros, por lo general casi analfabetos, se dirigen el uno al otro por medio de un conjunto de intercambios de carácter conversacional que van directamente a los puntos más sensibles de cada uno de ellos. En realidad, pura y simplemente, conversan con su físico.
Así describía la pelea de mentes y de puños Norman Mailer que hoy acaba de morir y que, aparte de sus novelas largas, quedará como el autor de «Rey del ring» (Lumen), de «El negro blanco» (Tusquets) o de «Los ejércitos de la noche» (Grijalbo).

El periodismo literario le debe – como a Truman Capote o a William Styron – paginas precisas y memorables. Los ejércitos de la noche no se disolvieron tras los días de «demostración» contra la guerra del Vietnam en la ciudad de Washington en 1967. Los ejércitos de la noche han proseguido manifestándose ante cada contienda aunque no se hayan cantado siempre de la misma forma por los escritores.

Norman Mailer poseía un poderoso ego que convocaba a la vez admiraciones y desprecios. La diferencia entre el noble ego de los campeones – escribió él – y el más débil ego de los escritores radica en que el campeón vive en el ring unas experiencias que, en ocasiones, son tan formidables que sólo pueden comunicarse a otros púgiles de la misma altura, o a las mujeres que han vivido minuto a minuto un parto angustioso, experiencias misteriosas, a fin de cuentas. Lo mismo les ocurre a los montañeros. Estos ejercicios del ego llegan a dar lugar a algo parecido al alma, de la misma manera que quizá la tecnología haya comenzado a superarse a sí misma, en el momento en que pisamos la Luna. En el curso de un gran combate, dos grandes púgiles navegan por subterráneos ríos de agotamiento, alcanzan altos picos de dolor, a la luz de su propia muerte, miran a los ojos al hombre con quien combaten, y atraviesan encrucijadas de las más angustiantes dudas cuando se levantan del suelo, haciendo caso omiso de las dulces invitaciones de las catacumbas del olvido. Pero nosotros no nos damos cuenta de que estos hombres son así debido a que no son hombres de palabras, y a que este siglo es siglo de palabras, de números y de símbolos.

Norman Mailer era así.