DE ERRORES Y LAMENTACIONES

 

figuras-ngr-lorene-anderson-dos-mil-dieciseis

 

Ahora que está de moda tratar los beneficios y perjuicios del error, incluida la valoración del error como fuente de inspiración, repaso las anotaciones de Alberto Savinio en su «Nueva enciclopedia»:  «En una nota mía publicada en un diario – evoca el escritor italiano  – citaba yo tres veces el nombre de Ludwig van Beethoven, y otras tantas leí al día siguiente en su lugar Ludwig von Beethoven, porque el corrector de pruebas sabía que la partícula nobiliaria alemana es «von», y pensó que «van» era un error. Parecido error es el del camarero que, en lugar de traerme el aurum que le pido, me trae en su lugar un aurúm, porque piensa que el nombre de este licor se deriva de ron. Errores doctos. Errores inteligentes. Errores no derivados de la ignorancia ni de la distracción, sino de una instrucción enana y de la reflexión que tal instrucción inspira. Y son los peores de todos, y los más nocivos, porque el ignorante común y corriente puede llegar a ser nocivo, ciertamente, ya que su mente está rodeada de oscuridad y le guía por tinieblas, pero mucho más nocivo, mucho más peligroso, es el hombre mediocremente instruido que, engañado por el ruin candil de su minúscula sapiencia, se cree en posesión del faro que ilumina al mundo y descubre todas las verdades, y, guiado por tal candil, se pone a razonar, a deducir, a forjar teorías».

 

figuras-btr-brice-marden-dos-mildos

 

«El que piensa grandemente – había dicho Heidegger – debe equivocarse grandemente». Hay errores en algunas vidas que se han reconocido y confesado. Entre otros muchos, Steiner en su «Errata» (Siruela), ha querido explicar que en su vida intelectual ha desperdigado sus fuerzas, y por tanto las ha derrochado. «Lamento – dice – no haber seguido dibujando, con carboncillo, pastel y tinta, para ilustrar alguno de mis propios libros. La mano dice verdades y alegrías que la lengua es incapaz de articular. Lamento no haber aprendido hebreo, que permite un acceso directo a la Biblia». Y así sigue con varios lamentos, con algunos errores que, según él, ha cometido.

No todo son lamentaciones, pues hay aciertos.  De los errores se aprende siempre que se reconozcan. Logros y equivocaciones se entrelazan continuamente en la existencia.

 

figuras-eder-eva-hesse-mil-novecientos-sesenta-y-seis

 

(Imágenes.-1.-Lorene Anderson– 2016/ 2.-Brice Marden– 20o2/ 3.-Eva Hesse- 1986)

LÉVI-STRAUSS

LEVI STRAUSS.-BB.-foto Daniel Mordzinski.-EFE«La invención de la melodía es el supremo misterio de las ciencias humanas». Esta frase de Lévi-Strauss, repetida muchas veces por Steiner en sus libros, asombraba al autor de «Gramáticas de la creación».

En 1967, las Conversaciones de «L´Express» con diversos intelectuales del mundo recogieron, entre otras, estas declaraciones del pensador recientemente fallecido: «Es posible que nuestro mundo camine hacia un cataclismo o hacia una guerra atómica que extermine a las tres cuartas partes de la humanidad. En ese caso, el cuarto restante se encontrará en unas condiciones de vida bastante parecidas a las de las sociedades que estudiamos. Pero, incluso si se descarta esta hipótesis, podemos preguntarnos si nuestras sociedades, cada vez más grandes y cada vez más parecidas las unas a las otras, no tienden a recrear en su propio seno ciertas diferencias, centradas sobre ejes diferentes a los que ahora presiden el desarrollo de las similitudes.».

La mezcla de ideas materialistas, marxistas y freudianas llevó a Lévi-Strauss a una antropología que fue calificada por muchos como «antihumana», entre otras cosas por la disolución que supone de la persona. Emmanuel Lévinas, filósofo del Otro y del Rostro,  al cual me he referido más de una vez en Mi Siglo, declaró sobre Lévi-Strauss: «El ateísmo moderno no es la negación de Dios, es el indiferentismo absoluto de «Tristes trópicos«. Lévinas denuncia el lenguaje reducido a un sistema de signos, la formalización matemática. «El pensamiento contemporáneo se quiere mover así en un ser sin trazas humanas, donde la subjetividad ha perdido su sitio, en medio de un paisaje espiritual que se puede comparar a aquel que se ofrece a los astronautas que, al llegar los primeros, ponen su pie sobre la luna donde la tierra misma se muestra deshumanizada».

Recuerdan de algún modo estas frases de Lévinas las declaraciones que Heidegger hiciera a la revista Spiegel en 1966 mostrando su recelo ante ciertas actitudes del mundo actual: «Todo funciona – decía Heidegger -. Esto es precisamente lo inhóspito, que todo funciona y  que el funcionamiento lleva siempre a más funcionamiento y que la técnica arranca al hombre de la tierra cada vez más y lo desarraiga. No sé si usted estaba espantado, pero yo desde luego lo estaba cuando vi las fotos de la Tierra desde la Luna. No necesitamos bombas atómicas, el desarraigo del hombre es un hecho. Sólo nos quedan puras relaciones técnicas. Donde el hombre vive ya no es la Tierra«.

cielo.-121.-por Cornelia Parker.-Galeria Carles Taché.-photogrfie.-artnet

(Imágenes:-1.-Claude Lévi-Strauss.-foto Daniel Mordzinski.-EFE/ 2.-«Einstein abstract».-1999.-foto Cornelia Parker.-Galería Carles Taché.-artnet)

SOBRE LA UNIVERSIDAD

libro.-5511.-por William Ignatius Blemly.-Metropolitan Museum of ArtAhora que están desiertas aulas y edificios y uno puede pasear tranquilamente sobre briznas de aire que rozan los campus sin alumnos, pasadas lecturas – como las sabias de Alejandro Lano hablando de la Universidad  -, me llevan nuevamente hasta la reflexión:

«Heidegger solía citar el lúcido verso de Hölderlin: » Donde está el peligro, allí surge también la salvación». Ahora bien – recuerda Llano -,cuando el peligro no comparece, cuando uno se cree a salvo, la necesidad de salvación permanece oculta: donde no hay peligro, tampoco hay salvación. Y esto es quizá lo que sucede actualmente en muchas Universidades. Resulta muy significativo que los recientes diagnósticos de Alan Bloom y Alasdair MacIntyre, en los que se denuncian las ilusiones residuales de la educación ilustrada y liberal, apenas hayan encontrado eco en los ambientes académicos, tantas veces dominados por el activismo y la trivialidad.

Como ha dicho Robert Spaemann, la utopía está muerta. Pero ¿qué nos queda cuando lo que presuntamente sustituía a la religión se revela como ilusorio? O bien la vuelta al origen, el retorno al Dios vivo, o bien una radical antiutopía que niega cualquier dimensión transcendental del pensamiento humano. Richard Rorty, entre otros escritores relativistas, ha dibujado esta antiutopía: es el sueño de una sociedad liberal, en la cual han desaparecido todas las exigencias absolutas del conocimiento, la religión y la ética; en la cual sólo se consideran como verdaderos el placer y el dolor, sopesados según aquello que Amartya Sen ha llamado una «métrica mental». No debemos tomarnos nada en serio: queremos sentirnos bien, y eso es todo. El lugar del nihilismo heroico de Nietzsche lo ha ocupado un nihilismo banal que, como también dice Spaemann, se llama a sí mismo «liberal» y a sus adversarios «fundamentalistas». Para este nihilismo light, libertad significa multiplicación de las posibilidades de opción. Pero no deja emerger ninguna opción por la que valga la pena renunciar a todas las demás. Ya no hay lugar para el tesoro escondido en el campo, por el cual vende cuanto tiene quien lo encuentra.figuras.-9690.-por Junko Yoda.-2004.-Zabriskie Gallery.-photgrafie.-artnet

El relativismo escéptico de la cultura en apariencia dominante no sólo implica la muerte espiritual del alma, sino también de toda cultura vital, sin la cual la Universidad misma acaba por responder  a la fúnebre descripción que de ella hiciera Ortega y Gasset: » Cosa triste, inerte, opaca, casi sin vida». La Universidad que, desde hace ocho siglos, ha sido capaz de responder a los desafíos provenientes del exterior, se muestra ahora inerme ante la amenaza que brota de ella misma y que la está vaciando de su propio contenido. Estamos ante el fenómeno que los sociólogos actuales denominan «implosión», es decir, explosión seca, hacia dentro, producida por un interno vacío. No se trata de un problema funcional; se trata de una decisiva encrucijada institucional. Lo que le sobra a la Universidad es organización; lo que le falta es vida. Lo que necesita es, con palabras de Karl Jaspers, «esa fuerza espiritual básica sin la cual son inútiles todas las reformas de la Universidad».

Así voy pensando y rememorando lecturas por estos campus sin alumnos que ahora, por ser época estival, está visitando solamente la brisa.

(Imágenes: 1.-William Ignatius Blemly.-Metropolitan Museum of Art/ 2.-«Ice Floe».-2004.- por Junko Yoda. –Zabriskie Gallery.-artnet)

THEO ANGELOPOULOS

angelopoulos.-aa.-vertigomagazine.co.ujEl tiempo. Siempre el tiempo en el cine y en la vida. «En una ocasión estaba en Japón y fui invitado a cenar a casa del gran cineasta Nagisa Oshimacuenta Theo Angelopoulos en una interesante entrevista que publica el semanario «El Cultural» – Acababa de perder a su mujer a la que estaba muy unido. Nos sentamos a la mesa y allí estaba, en una esquina, una foto de ella. Para mi sorpresa, puso un plato enfrente de su imagen para que comiera. Después le pregunté por su último guión y me dijo que primero tenía que leerlo ella. Ahí tiene usted un caso de cómo el pasado y el presente suceden al mismo tiempo. Lo mismo pasa con el futuro, ¿qué es? Una respiración después. Ya está aquí (…) Yo parto de la idea de Heidegger de que el tiempo somos nosotros, con todo lo que ello implica. En este sentido, pasado, presente y futuro son, en realidad, una misma cosa».

En varias ocasiones he hablado en Mi Siglo de este gran director griego comentando algunas de sus películas. Puede ser polémico para algunos pero siempre es atrayente. Cuando se refiere, por ejemplo, a la nueva «forma de mirar» tan influida por los americanos señala que ellos «han sido muy listos y han logrado imponer una determinada manera de contar las cosas; la consecuencia es que han contaminado de una forma profunda nuestra forma de mirar. Ahora el público, influido también por la televisión, pide eso. El resultado es una falta total de educación estética. Lo vemos todos los días. Hoy la mayoría de películas escamotean el diálogo con la obra fílmica. Sucede todo tan rápidamente que no hay tiempo de pensar conjuntamente, que es lo que debe procurar un filme».angelopoulos.-9

Pero quizá una de las declaraciones más sugerentes de esta entrevista es la que alude de algún modo al proceso de creación, ese instante de magia, a veces mínimo, que nace dentro de la mente de un artista y transforma en un segundo una novela o un escenario. Cuando Angelopoulos estaba preparando «El paso suspendido de la cigüeña»  había una escena de una boda a la que el director le estuvo dando muchas vueltas porque quería algo realmente original. «De pronto recordé una noticia que había leído veinte años atrás- dice Angelopoulos – sobre una pequeña isla de Creta a la que era tan difícil acceder en invierno que a sus habitantes el cura les decía misa o los casaba subido a un monte de la isla de al lado. Yo quise rizar el rizo y puse a la mujer a un lado y al marido al otro. El resultado fue maravilloso».

Siempre un chispazo que roza lo fascinante, que penetra en lo insólito.

(Imágenes: 1.-vertigomagazine.co.uk/ 2.-escena de una de las películas de Theo Angelopoulos)

OREJA DE VAN GOGH, MIRADA DE VAN GOGH

van-gogh-1887par-de-botas-baltimores-museumof-art-museum-syndicate

Oreja de Van Gogh, mirada de Van Gogh

«He aquí unos simples zapatos de campesinos.

Simple naturaleza muerta de las botas.

Simple par de botas.

¿Simple de verdad?

La mirada de Van Gogh es mirada de pintura, está cargada de pintura. Es, a pesar de cuanto digan luego sus intérpretes, una mirada virgen que se acerca a la pesantez de este calzado desabrochado y se fija en él intensamente, y lo pinta, tal vez porque no tiene otra cosa. Por desgracia ‑le escribe Van Gogh en estos meses a su hermana Wilhelmina‑, no he tenido ocasión de encontrar modelos; en cambio, he tenido ocasión de profundizar en la cuestión del color. Más adelante, cuando pueda encontrar modelos para las figuras, espero poner de manifiesto que lo que busco es todavía diferente que pintar flores o paisajes verdosos.

Van Gogh no tiene dinero para pagar modelos. Es 1887; vive en París, en la rue Lepic, con su hermano Theo. Ha venido de Holanda y su mirada no se ha perdido aún en los violetas azulados de Arles ni se expande en destellos amarillos. Se detiene únicamente en estas suelas que a su vez se encuentran detenidas. Las titula Naturaleza muerta de las botas. Las naturalezas muertas ‑dicen los estudiosos‑ no son objetos inmóviles, sino cosas que se han parado en un instante o también, vida parada en un instante. Más aún: vida parada en un instante inmóvil, puesto que lo inmóvil es más bien el instante y la vida en sí misma es movimiento.

Detenidas, pues, estas botas en su caminar, no tienen ‑como toda naturaleza muerta‑ ningún horizonte: el fondo está borrado por una superficie opaca, por una pared. ¿Dónde se encuentran estos zapatos? ¿en qué suelo? ¿Están en un pasillo? ¿Son los zapatos de Van Gogh? Quizá sí, eso sea lo que ocurra en estos zapatos de suelas rotas que evocan la existencia del vagabundo. ¿Qué hay de más banal, de más vulgar que este par de zapatos? Y sin embargo ¡qué grandes, bellas y nobles imágenes nos ha dejado Vincent de estos objetos! No es sorprendente que se haya escrito tanto sobre esta naturaleza muerta que, si hemos de creer a los psicoanalistas, sería un espejo de su alma.

Los psicoanalistas miran por encima de esta mirada del pintor y deducen que Vincent, fiel al mito una vez más, parece pedir a estos viejos zapatos, símbolos de resurrección, una prueba de renacimiento. Es, en todo caso, un hecho establecido que Vincent consideraba su estancia en París, que tan ardientemente había buscado, como un nuevo comienzo.

Hay entonces mirada sobre mirada. Una mirada médica sobre una mirada artística y hasta una mirada filosófica sobre la mirada estética. Así las célebres palabras de Heidegger observando fijamente este calzado:

    » Un par de botas de campesino y nada más. Y sin embargo…

En la oscura boca del gastado interior del zapato está grabada la fatiga de los pasos de la faena. En la ruda y robusta pesadez de las botas ha quedado apresada la obstinación del lento avanzar a lo largo de los extendidos y monótonos surcos del campo mientras sopla un viento helado. En el cuero está estampada la humedad y el barro del suelo. Bajo las suelas se despliega toda la soledad del camino del campo cuando cae la tarde. En el zapato tiembla la callada llamada de la tierra, su silencioso regalo del trigo maduro, su enigmática renuncia de sí misma en el yermo barbecho del campo invernal. A través de este utensilio pasa todo el callado temor por tener seguro el pan, toda la silenciosa alegría por haber vuelto a vencer la miseria, toda la angustia ante el nacimiento próximo y el escalofrío ante la amenaza de la muerte. Este utensilio pertenece a la tierra  y su refugio es el mundo de la labradora. El utensilio puede llegar a reposar en sí mismo gracias a este modo de pertenencia salvaguardada en su refugio.

 

Pero tal vez todas estas cosas sólo las vemos en los zapatos del cuadro, mientras que la campesina se limita sencillamente a llevar puestas sus botas. ¡Si fuera tan sencillo como parece!».

Así mira Heidegger estos zapatos.(«El origen de la obra de arte«, en «Caminos del bosque«) (Alianza)

Da igual que él hable en femenino o en masculino. La psicoanalista Gilberte Aigrisse y el filósofo Heidegger miran dando vueltas en torno a lo que significan estas botas que Van Gogh ha pintado y sobre todo ha mirado. El estilo, para el escritor lo mismo que para el pintor, decía Proust, es una cuestión de “visión” y no de técnica. Lo importante en Vincent es, pues, mirar. Como Cézanne ante las manzanas colocadas sobre una colcha, como Kafka ante el castillo checo de Wossek, el pintor y el escritor se quedan fascinados e imantados, clavados los ojos en la manzana y en el castillo. La manzana es realista y el castillo es simbólico; a la manzana se llega con toques de pincel y al castillo se llega con toques de pluma saliendo de la aldea y dando infinitos rodeos. Lo esencial es mirar».

El ojo y la palabra«, págs 41-44)

La oreja izquierda de Van Gogh y el sablazo de Gauguin son estos días la actualidad; la mirada de Van Gogh es lo que permanece siempre.

(Imagen: par de botas.-Vincent Van Gogh.-1887.-Baltimore Museum of Art.-Museum Syndicate)