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Posts Tagged ‘George Steiner’

 

 

”Todo lo había dicho y hecho una y otra vez en sus libros. Pero habia una diferencia. – así describía Virginia Woolf al crítico de arte inglés Roger Fry mientras pronunciaba una de sus conferencias -. Cada vez que una diapositiva aparecía en la pantalla, se producía una pausa. Él observaba el cuadro de nuevo. Y luego, en un instante, encontraba la palabra que quería: añadía de improviso lo que acababa de ver como si fuese la primera vez. Tal vez ese fuera el secreto de su influencia sobre el público. La gente podía ver cómo la sensación surgía y tomaba forma; él conseguía poner al descubierto el momento mismo de la percepción. Así, con pausas y a borbotones, fue emergiendo el mundo de la realidad espiritual, diapositiva tras diapositiva – en Poussin, en Chardin, en Rembrandt, en Cézanne -, con sus elevaciones y sus valles, todo relacionado, todo dotado de algún modo de integridad y plenitud, sobre la gran pantalla.

 

 

Y, al final, tras mirar largamente al público a través de sus gafas, el conferenciante hizo una pausa. Señaló una de las últimas obras de Cézanne con aspecto de estar desconcertado. Sacudió su cabeza; dejó el puntero en el suelo. Dijo que aquella obra estaba mucho más allá de su capacidad de análisis, así que en vez de decir “siguiente diapositiva”, hizo una reverencia y el público comenzó a salir.”

 

 

Es el silencio obligado del comentarista, el silencio del crítico. La obra tiene tal  calidad que está imponiendo su rotundidad y su belleza, que deja sin habla a la reflexión. Tiene más valor siempre, y así lo señala Steiner, la creación que el comentario. “Habían estado dos horas  – prosigue Virginia Woolf – mirando imágenes, pero también habían visto una de la que el conferenciante no tenía conciencia: el contorno del hombre contra la pantalla, una  figura ascética en traje de noche que se detenía y reflexionaba y después levantaba el puntero para señalar. Esa imagen permanecía en la memoria junto a las demás, un tosco boceto que serviría a muchos de los asistentes, durante los años venideros, como retrato de un gran crítico, un hombre de una sensibilidad profunda y de una rigurosa honestidad que, cuando la razón no podía seguir avanzando, ponía punto final; y que estaba convencido, y era capaz de convencer a los demás, de que lo que él veía realmente estaba ahí”.

 

 

(Imágenes-1- Rembrandt- autorretrato/ 2- Cezanne- autorretrato. -1885- museumsyindicate/ 3- Chardin- cesta de fresas salvajes-1750/  4- Chardin-1740- Museo del Louvre)

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LAS PREGUNTAS DE UN CLÁSICO

 

 

“Un “clásico” de la literatura, de la música, de las artes, de la filosofía es para mí – dice Steiner enErrata”, su especial autobiografía, (el examen de una vida) (Siruela) – una forma significante que nos “lee”. Es ella quien nos lee, más de lo que nosotros la leemos, escuchamos o percibimos. No existe nada de paradójico, y mucho menos de místico, en esta definición. El clásico nos interroga cada vez que lo abordamos. Desafía nuestros recursos de conciencia e intelecto, de mente y de cuerpo. El clásico nos preguntará : ¿ has comprendido?, ¿ has re- imaginado con seriedad?, ¿ estás preparado para abordar las cuestiones, las potencialidades del ser transformado y enriquecido que he planteado?.

(…)  El texto, la obra de arte, la composición musical, no sólo exige comprensión: exige “re-acción”. Debemos actuar “de nuevo”, traducir a conducta la respuesta y la interpretación. Leer a Platón, a Pascal o a Tolstoi “a la manera clásica”, es intentar una vida nueva y diferente. Es, como postula Dante de un modo explícito, entrar en una “vida nueva”.

(Imagen -biblioteque tumblr)

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“Centro geográfico de la provincia de Jaén – se lee en la gran biografía de San Juan de la Cruz escrita por el padre Crisógono de Jesús -. Alta colina a la derecha del Guadalquivir, con larga explanada por el norte, que baja en ondulaciones hasta el río Guadalimar. Aquí está Baeza”. Por estas calles estrechas de Baeza andaba Fray Juan de la Cruz en la primavera de 1579. Y años más tarde, en 1591, en el convento de la Peñuela, perdido en las estribaciones meridionales de Sierra Morena, en plena serranía, el monte bravío cuajado de jaras, higueras silvestres, brezos, madroños, carrascos y hierbas aromáticas, el olivar de tres mil árboles y la viña de siete mil cepas que habían ido plantando durante aquellos años los religiosos: el olor del monte bravío, espeso de matorrales y arbustos.

Pienso que por encima de todas las corrientes el verdadero poeta toca con la mano la esencia del tiempo, tiempo de alta poesía, poesía que atraviesa los siglos. “Artista extraordinario – dirá Dámaso Alonso de San Juan de la Cruz -, quizá único en la historia del mundo, ¿qué se propuso este poeta exquisito e intenso?”. Steiner en sus “Gramáticas de la creación” habla de “la faceta nocturna de la soledad creadora” . Esa soledad acompañaba a Juan de la Cruz. Uno se queda asombrado de que Juan de la Cruz, para escribir, no necesitara ningún libro. Fray Juan Evangelista – que anduvo y vivió con el Santo once años – asegura que para componer sus obras, Juan de la Cruz no leyó libro alguno: “los cuales libros le vi componer – dice su compañero -, y jamás le vi abrir un libro para ello”. Dámaso insiste en ello: “durante la época de su producción, San Juan de la Cruz no leía. Su producción intelectual derivó, pues, ante todo de su divina contemplación; luego, de la Biblia; en fin, de estudio antiguo, sedimentado, asimilado; del ambiente, de su pueblo, de la literatura popular, viva a su alrededor”. Es decir, de la interior contemplación y de la contemplación exterior de aquellas tierras andaluzas .

 

 

(Imágenes-1-Jan van eyck/ 2.- Sierra Morena)

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“La escultura de Oceanía, los relieves jemeres, las tallas esquimales, la primitiva polifonía medieval pueden entrar en nuestros hogares con sólo pulsar – literalmente – un botón. La “gran” pintura se reproduce sin fin; existen hasta treinta grabaciones de la misma obra de Beethoven o Chaikovski; los “clásicos” aparecen en múltiples ediciones”‘.

Así lo va recordando George Steiner en “Presencias reales” iluminando  el tema de los gustos y las artes. ” Como nunca antes, los “grandes libros”, las obras preeminentes de los maestros de la música y las artes, son accesibles y ampliamente comunicados. Sin embargo, esta accesibilidad y este consenso disminuyen el potencial de encuentro inmediato con la experiencia estética. En cualquier sociedad concreta es pequeño el número de seres humanos que se preocupan en profundidad por la literatura, la música y las artes;  para quienes semejante preocupación comporta una inversión y una apertura del ser verdaderamente personales (…) El visitante  medio de museo, el lector intermitente de poesía o de prosa exigente, el asistente al concierto de música clásica y contemporánea tal como se interpretan, emiten o graban, participan en un rito de encuentro y respuesta que, tras el período de educación secundaria y, posiblemente, terciaria, en la cual a semejante encuentro le pueden haber sido asignadas sus funciones culturales y sociales, pertenece menos a la esfera del compromiso que a la del decoro. Además, en numerosas sociedades, incluso esta participación selecciona sólo a los privilegiados. En caso de gozar de libertad de voto el grueso de la humanidad elegirá el fútbol, la serie televisiva de sobremesa y el bingo por encima de Esquilo“.

 

 

(Imágenes – 1- Guy Péne Du Bois– 1926/ 2.- Robert Doisneau- 1950)

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Ahora que está de moda tratar los beneficios y perjuicios del error, incluida la valoración del error como fuente de inspiración, repaso las anotaciones de Alberto Savinio en su “Nueva enciclopedia”:  “En una nota mía publicada en un diario – evoca el escritor italiano  – citaba yo tres veces el nombre de Ludwig van Beethoven, y otras tantas leí al día siguiente en su lugar Ludwig von Beethoven, porque el corrector de pruebas sabía que la partícula nobiliaria alemana es “von”, y pensó que “van” era un error. Parecido error es el del camarero que, en lugar de traerme el aurum que le pido, me trae en su lugar un aurúm, porque piensa que el nombre de este licor se deriva de ron. Errores doctos. Errores inteligentes. Errores no derivados de la ignorancia ni de la distracción, sino de una instrucción enana y de la reflexión que tal instrucción inspira. Y son los peores de todos, y los más nocivos, porque el ignorante común y corriente puede llegar a ser nocivo, ciertamente, ya que su mente está rodeada de oscuridad y le guía por tinieblas, pero mucho más nocivo, mucho más peligroso, es el hombre mediocremente instruido que, engañado por el ruin candil de su minúscula sapiencia, se cree en posesión del faro que ilumina al mundo y descubre todas las verdades, y, guiado por tal candil, se pone a razonar, a deducir, a forjar teorías”.

 

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“El que piensa grandemente – había dicho Heidegger – debe equivocarse grandemente”. Hay errores en algunas vidas que se han reconocido y confesado. Entre otros muchos, Steiner en su “Errata(Siruela), ha querido explicar que en su vida intelectual ha desperdigado sus fuerzas, y por tanto las ha derrochado. “Lamento – dice – no haber seguido dibujando, con carboncillo, pastel y tinta, para ilustrar alguno de mis propios libros. La mano dice verdades y alegrías que la lengua es incapaz de articular. Lamento no haber aprendido hebreo, que permite un acceso directo a la Biblia”. Y así sigue con varios lamentos, con algunos errores que, según él, ha cometido.

No todo son lamentaciones, pues hay aciertos.  De los errores se aprende siempre que se reconozcan. Logros y equivocaciones se entrelazan continuamente en la existencia.

 

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(Imágenes.-1.-Lorene Anderson– 2016/ 2.-Brice Marden– 20o2/ 3.-Eva Hesse- 1986)

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juegos-nhu- ajedrez- Alice Kent Stoddard

 

Música, matemáticas y ajedrez son tres campos intelectuales en los que los seres humanos han realizado importantes hazañas antes de alcanzar la pubertad”. Así lo explicaba George Steiner en “Muerte de reyes” en 1968. Ahora que se anuncia para el otoño una exposición sobre las relaciones entre Marcel Duchamp y el ajedrez, las reflexiones sobre este juego vuelven a estar de actualidad. “El niño prodigio – sigue diciendo Steiner – sabe el orden, la dimensión apropiada de la suma o de la figura geométrica antes de haber dado los pasos intermedios. El niño predice el jaque mate en seis jugadas porque la victoriosa posición inicial, la configuración más eficiente de sus piezas en el tablero, se encuentra “allí” de cierto modo, clara y precisamente enfocada en su mente (…) El ajedrez es un juego en el que treinta y dos piezas de marfil, cuerno, madera, metal o ( en los campos de concentración ) aserrín pegado con betún, son movidas en un espacio de sesenta y cuatro casillas de colores alternos. Para el aficionado, una descripción de este tipo es una blasfemia.

 

juegos.-rtggb.-ajedrez.-Thomas Eakins.-1876

 

Para el verdadero jugador de ajedrez, el acto de mover treinta y dos piezas en un espacio de 8 x 8 casillas es un fin en sí mismo, un mundo muy completo al lado del cual la vida biológica, política o social da la impresión de ser desordenada, aburrida y contingente (…) ¿ Existe algo más en el mundo fuera del ajedrez? Pregunta necia, que, sin embargo, todo verdadero jugador se ha hecho alguna vez. Y cuya respuesta es al menos incierta. Se ha calculado que hay más variantes posibles en una partida de ajedrez que átomos en nuestro vasto universo. El número posible de modos legítimos de hacer las cuatro primeras jugadas de cada lado llega a 318. 979. 584. 000. Jugando una partida por minuto y sin repetirla nunca, todos los habitantes del globo terráqueo  necesitarían doscientos dieciséis billones de años para agotar todas las maneras concebibles de hacer las diez primeras jugadas de los ajedrecistas que narra Nabokov“.

 

juegos.-ajedrez.-8877b.-vidriera de jugadores de ajedres del Hotel de la Bessée.-1430.1440.-Villefranche -sur- Saône

 

“Hoy me conformo con jugar – escribió a su vez Duchamps -. Todavía soy una víctima del ajedrez. Tiene toda la belleza del arte y mucho màs. No puede ser comercializado. El ajedrez es más puro que el arte en su posición social. Las piezas del ajedrez son los bloques del alfabeto que moldean los pensamientos, aunque forman un diseño visual en el tablero, expresan abstractamente su belleza como poema… He llegado a la conclusión personal que, si bien no todos los artistas son jugadores de ajedrez, todos los jugadores de ajedrez son artistas”.

 

ajedrez-unnb-Pamela J Crook-jmrw com

 

(Imágenes.-1,. Alice Kent Stoddard/ 2.-Thomas Eakins– 1876/ 3.-vidriera de jugadores de ajedrez del Hotel de le Besée- Villafranche-sur-Saone- 1400/ 4.-Pamela J. Crook-jmrw)

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mujer-nji- Pietro Antonio Rotari

 

“Hay ciertas lenguas, en el norte de Siberia, y también en el sudeste asiàtico – explicaba Steiner en una de sus entrevistas con Laura Adler (Siruela)  – en las que  existe un lenguaje para las mujeres y otro para los hombres. Quiere decir que las mujeres no pueden emplear ciertas formas sintácticas y deben conocer el vocabulario masculino para enseñárselo a sus hijos. Es una de las ironías de la injusticia de la condición femenina, que se encuentra realmente cristalizada allí, anclada en la forma.

 

mujer- nhu- Edward Robert Hughes

 

En nuestras lenguas ha habido milenios en los que las mujeres hablaban entre ellas. No se metían en las discusiones políticas, sociales o teológicas de los hombres. Las mujeres han tenido que desarrollar sus propios hábitos casi orgánicos de referencias, alusiones y comprensión. La entrada de la mujer en el discurso general es muy reciente. Yo mismo – recordaba Steiner – he llegado a conocer una Inglaterra – en Cambridge y Oxford – en la que después del postre las mujeres dejaban la mesa para ir a otra sala. Los hombres se quedaban juntos y se hablaba de política, de “cosas serias”. Esa grotesca convención está desapareciendo en la actualidad, gracias a Dios. ¡Pero imagínese! Hay ciertos colleges de Oxford y Cambridge – la costumbre va desapareciendo poco a poco – en los que, cuando hay grandes celebraciones o cenas de gala, los hombres que van de etiqueta o con frac cenan en las grandes mesas del refectorio mientras que las mujeres están en una galería.

 

espejos- nuj- Christoffel Bisschop- mil ochocientos setenta y dos

 

El discurso femenino debe tener raíces muy profunda en la experiencia que la mujer vive con su hijo – que el hombre nunca puede compartir del todo (…) En gran medida la novela se ha convertido también en un territorio de las mujeres. Son ellas quienes la dominan. Y la novela es precisamente la forma multilingüe y políglota por excelencia, que pone en escena distintos niveles de discurso y de vocabulario. Virginia Woolf era perfectamente consciente de ello: escribió sobre el tema. Las grandes novelistas contemporáneas también han descubierto la incomprensión debida a la diferencia de género. En el fondo, nos comprendemos muy poco. De hecho, en los momentos esenciales de la comunicación suele haber diálogos de sordos, como suele decirse. Y en muchos hombres se da un sentimiento infantil (“no me comprende”), una especie de resentimiento profundo ante el lenguaje femenino, que tiene cada vez más pujanza (… ) El ascenso de las mujeres tal vez traiga un discurso político y sociológico totalmente nuevo. ¡Será una gran aventura!”.

 

nieve-nnhho-mujer- Christine De Grancy- mil novecientos noventa y seis

 

(Imágenes.- 1.-Antonio Rotari/ 2.-Robert Hughes/ 3.-Christoffel Bisschop– 1872/ 4.- Christine de Grancy– 1996)

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