CANTAN EN MÍ

 


“Cantan en mí, maestro mar, metiéndose

por los largos canales de mis huesos,

olas tuyas que son olas maestras,

vueltas a ti otra vez en un unido,

mezclado y sólo mar de mi garganta:

Gil Vicente, Machado, Garcilaso,

Baudelaire, Juan Ramón, Rubén Darío,

Pedro Espinosa, Góngora… y las fuentes

que dan voz a las plazas de mi pueblo.”

Rafael  Alberti —“Arión” – “Pleamar, 1944)

 

(Imagen —-Winifred Nicholson)

EN TANTO QUE DE ROSA Y AZUCENA

 

 

“En tanto que de rosa y azucena

se muestra la color en  vuestro gesto,

y que vuestro mirar ardiente, honesto,

con clara luz la tempestad serena;

y en tanto que el cabello, que en la vena

del oro se escogió, con vuelo presto,

por el hermoso cuello blanco, enhiesto,

el viento mueve, esparce y desordena;

coged de vuestra alegre primavera

el dulce  fruto, antes que el tiempo airado

cubra de nieve la hermosa cumbre.

Marchitará la rosa el viento  helado,

todo lo mudará la edad ligera

por no hacer mudanza en su costumbre.”

Garcilaso – soneto XXlll

(Imagen- Armand Point)

EN TANTO QUE DE ROSA Y DE AZUCENA

mujer.- 3drr-,. Gustav Klimt

“En tanto que de rosa y de azucena

se muestra la color en vuestro gesto,

y que vuestro mirar ardiente, honesto,

con clara luz la tempestad serena;

y en tanto que el cabello, que en la vena

del oro se escogió, con vuelo presto

por el hermoso cuello blanco, enhiesto,

el viento mueve, esparce y desordena:

coged de vuestra alegre primavera

el dulce fruto, antes que el tiempo airado

cubra de nieve la hermosa cumbre.

Marchitará la rosa el viento helado,

todo lo mudará la edad ligera

por no hacer mudanza en su costumbre.”

Garcilaso de la Vega.- Soneto XXlll

mujer.- 533ee.- Donata Wenders.- 2010

(Imágenes:- 1.- Gustave Klimt/ 2.- Donata Wenders.-Ysai Chin- 2010)

PÁJAROS EN LA POESíA

animales.-4vgn.-pájaros.-Giovanni Dalessi

De Berceo a Gerardo Diego los pájaros van y vienen por los bordes de los poemas, van y vienen por entre sus ramas, picotean unas veces en Alfonso el Sabio, descienden luego al Arcipreste de Hita, suben piando por las Cantigas, saltan a Garcilaso, la corneja aparece de pronto en Juan de Mena, las aves del Romancero  (alguna avecilla, algún ruiseñor) se mezclan con las aves épicas de la caza de altanería, el halcón, el gavilán, la garza. Garcilaso mismo seguirá en sus versos el arco en el cielo de una cacería de pájaros, las cumbres de Góngora hablarán de una “lira de pluma volante”, de “sirena con plumas“; Quevedo, en cambio, evocará a los pájaros que huyen, jilgueros que pican en los labios de la amada, avecillas que mueren en las manos de las muchachas…

Recuerdo que cuando estábamos en clase de literatura mi admirado y excelente profesor José Manuel Blecua abría las ventanas de los poemas y entraban desparramados y esparcidos los mullidos vaivenes de los pájaros alados de todos los colores, alondras, ruiseñores, golondrinas, jilgueros, tortolillas enamoradas; volaban entonces los cuellos y las plumas, se vaciaban los nidos y piaban entre libros sus cantares, cada hoja era lamento y a la vez requerimiento, movían el pico, doblaban la cabeza, los versos saltaban de una a otra rama del soneto y los pinzones y los petirrojos, con los gorriones y las golondrinas, volaban y volaban por toda la clase llamando a ruiseñores de Jorge Guillén que llamaban a ruiseñores de Juan Ramón Jiménez. Así nos quedábamos, estudiando la lección de los pájaros para examinarnos luego sobre los poemas.

pájaros.-rffbnn.-Giovanni Dalesssi

(Imágenes:- 1y 2 .-Giovanni Dalessi)

UN DÍA DE VERANO

“La línea roja del horizonte la transforma enseguida Juan Ramón en una estela de oro y la coloca sobre el verso del papel para que todos la contemplen. Vienen después, a primera hora de la mañana, las marismas suaves, un cabeceo de azules entre velas a las que acuden pájaros y pintores; a los primeros se les ve cruzar jugando como flechas, los segundos limpian con sus paños los pinceles. Poco antes del mediodía, elevándose el disco del sol, Juan Ramón vuelve a pintar de oro su poema, los pájaros se suman a los pinceles, los pinceles dibujan a los pájaros, los pinceles gritan entre nubes, los pájaros callan. Es la hora de las olas de Gil Vicente, olas de Góngora, olas de Lorca. El mar hierve muy poco a poco, aún no crepita nada en la olla del océano, un barco pasa por el pincel y aprovechando su recorrido el pincel lo pinta. Toda la pintura de ese barco que pasa la contempla una algarabía de niños, brazos que señalan el azul. Las madres explican desde la arena cómo el barco avanza entre pinceles, y cómo los pájaros señalan en el aire su camino. Es la hora de los pájaros de Berceo, palomicas sobre la mar, la hora de Garcilaso. Un ruiseñor se asoma a ver qué ha escrito en el papel Juan Ramón pero el sol no le deja: el sol ciega los ojos de Juan Ramón y el oro refulge en el poema, el poema arde. El incendio del poema a mediodía lo ve un pescador desde lejos, es un pescador dibujado por Sorolla, los bueyes del mar le empujan agua adentro, pero él sigue mirando: nunca ha visto arder un poema, cómo las palabras se elevan en el humo, cómo los versos queman. Los versos ya quemados van dejando un olor sobre la playa que el pincel no sabe cómo pintar porque nunca ha pintado los olores. Pero el olor persiste. Los peces, asustados, brincan sobre las olas de las poesías y en las ondulaciones se ve la plata de los lomos que pintan los pintores, las crestas a las que acuden los pájaros. Pájaros que vienen desde Lope de Vega, pajarillos suaves, tortolillas de Meléndez Valdés, tórtolas más grandes de Tirso de Molina. Han pasado esta noche los pájaros durmiendo bajo el techo de Cancioneros antiguos y ahora sobrevuelan ligeros encima de pinceles de todos los matices, buscando libertad. La libertad es esta hamaca tendida en la que los poetas sueñan sus poesías. Va y viene esta hamaca en el aire, atada al aire, las dos cuerdas que la atan al aire vienen y van en la sombra del mediodía y el sol sigue en el verso de Juan Ramón. Ese cabeceo de la hamaca, ese cabeceo de las olas, difumina a los pájaros que parecen agitarse asombrados huyendo del pincel. Pero el pincel los persigue. Están todos los pintores en la costa con sus blancos lienzos extendidos, los lienzos apoyados en caballetes, los caballetes igual que un ejército mirando al mar. El ejército de los colores de la tarde dilata los malvas, va tiñendo de motas violetas las ropas de los niños que se alejan despacio con sus madres retornando a las casas. En las casas se enciende la primera luz en la ventana y la tarde huye. Se oyen lejanas unas canciones entre acordeones que abren y cierran los poemas, que cierran y abren pinceles y pájaros. Es la música somnolienta y nostálgica de las despedidas del día que se despide muchas veces, cada vez con una ola distinta, cada vez con  distinto rumor. El agua al pasar se ha hecho acordeón y la música resbala entre las piedras, lame el muelle, deja una espuma en cada escalón, desnuda la piedra. La piedra se va quedando poco a poco en penumbra, muy poco a poco, al lento ritmo con que se oculta el sol. El sol, en el horizonte del verano, parece ahora una línea delgada, la curva de un poema. Acaba entonces Juan Ramón su poema y desaparece el sol”.

José Julio Perlado.- publicado hace unas semanas en Alenarterevista

(Imágenes.-1.-Miss Kelly/ 2.-Peter Max.-sombrilla con Rainbow Sky.-1990.-Peter Max Limited.-BNR.-art com)

FLORES DEL DESIERTO

“Florecillas azules,

el verde romero

prado de mi gusto,

color de mi cielo.

Romerito verde,

que verde os estáis,

viendo que se os pasa

la flor de la edad,

mis puertas entrad,

el verde romero,

prado de mi gusto,

color de mi cielo”.

José de Valdivielso: “Florecillas azules…” (Siglo de Oro español)

“Por ti el silencio de la selva umbrosa,

por ti la esquividad y apartamiento

del solitario monte me agradaba;

por ti la verde hierba, el fresco viento,

el blanco lirio y colorada rosa

y dulce primavera deseada.

¡Ay, cuánto me engañaba!”.

Garcilaso de la Vega: “Por ti el silencio de la selva umbrosa” (Siglo de Oro español)

“Breve tesoro, rica flor indiana,

y sol rizado en hojas,

oro florido que tu patria niegas,

que a tu oriente despojas

y en extranjeros valles te avecinas,

y a ser desvelo llegas

de laureles y rústicas encinas.

Por ti en alado pino

por selvas de coral, pasó amimoso

el avariento, el vano codicioso,

sin que el fatal destino

que le asalte, presuma

en valles de cristal, montes de espuma”.

Salvador Jacinto Polo de Medina: “Las clavellinas de Indias” (Siglo de Oro español)

(Imágenes:- 1.-Hydrangea.- flores del desierto.-Sueo Takano.- fotblur/ 2.- flores del oeste de Texas.- flores del desiertos.- Billey A. Blanco.-fotoblur/ 3.- flores del desierto.-Sandra McCabe.-fotoblur)