EXTRAÑOS HABITANTES DE LA LUNA

 

 

“La ciencia ficción y la Luna se remontan mucho tiempo atrás, en diversos textos, como por ejemplo, éste del siglo XVlll. : “Ya os he hablado, señores, de un viaje que hice a la Luna, adonde fui en busca de mi hacha de plata —cuenta el alemán Rüdolf Erich Raspe  en  su “Segunda ascensión a la Luna” —. Más adelante tuve ocasión de volver a ella, pero de una manera mucho más agradable, permaneciendo allí el tiempo suficiente  para hacer varias observaciones, que voy a comunicaros, con tanta exactitud como me lo permita mi memoria.

En la Luna, porque la Luna era la isla resplandeciente a la que acabábamos de arribar, vimos grandes seres montados en buitres de tres cabezas. Todo aquel mundo es extraordinariamente grande: una mosca ordinaria, por ejemplo,  es casi de la magnitud de un carnero de los nuestros. Las armas usuales de los habitantes de la Luna son rábanos silvestres que manejan como jabalinas y causan la muerte a los que alcanzan. Usan también grandes hongos a guisa de escudos.

 

 

Vi asimismo en aquel país algunos naturales de Sirio que habían ido allí por negocios particulares; tienen cabezas de perros dogos y los ojos en la punta de la nariz. Carecen de párpados, y cuando quieren dormir, se cubren los ojos con la lengua. No pierden tiempo en sus comidas: tienen en el costado izquierdo una ventanilla  por donde introducen en el estómago el alimento, luego cierran la ventana, hasta que pasado un mes repiten la operación. Así, pues, solo hacen doce comidas al año. No tienen la necesidad de beber. En cada mano no tienen más que un solo dedo, con el que lo hacen  todo mejor que nosotros con nuestro pulgar, y sus cuatro auxiliares.

Llevan la cabeza debajo del brazo derecho , y cuando van de viaje o tienen que ejecutar algún trabajo que requiera mucho movimiento, suelen dejársela en casa, toda vez que pueden pedirle consejo a cualquier distancia. Cuando los altos personajes de la Luna desean saber lo que hacen las humildes gentes del pueblo, se quedan en casa corporalmente, enviando tan sólo la cabeza a la calle para ver de incógnito lo que ocurre. Una vez recogidas las noticias  que desean, vuelven al llamamiento del cuerpo a quien sirven.

 

 

Los habitantes  de la Luna pueden quitarse y ponerse los ojos a su capricho, y cuando los tienen en la mano ven igualmente que cuando los tienen en la cara. Si por casualidad pierden uno, pueden alquilar o comprar otro que les presta el mismo servicio. Así es que en la Luna se encuentran en cada esquina gentes que  venden ojos, teniendo el más variado surtido, porque la moda canbia muy a menudo: bien sean  unos ojos azules, o unos negros, que son los que más se estilan.

Me hago cargo, señores, —termina Rüdolf Erich  Raspe —, de que todo esto debe parecerles extraño, pero ruego a los que duden de mi veracidad se sirvan pasar a la Luna a comprobar los hechos,  y así se convencerán de que he respetado la verdad tanto como otro viajero cualquiera.”

 

 

(Imágenes-1-Toshiyuki Enoki/ 2-Steven Quinn/ 3 -Gabor Jonas/ 4-Tsuchida Koitsu – 1933)

CIENCIA FICCIÓN : HUIR DEL MUNDO

 

 

“El protagonista y narrador – Charlie Ewel – del cuento “Of Missing Persons“, publicado en 1955 en “Good Housekeeping”, visita, recomendado por un extranjero a quien encontró en un bar, al director de una agencia de viajes para pedirle que ayude a huir.

“¿De qué?”, le pregunta el interlocutor. Charlie vacila. Jamás ” había intentado concretarlo en palabras”. Al fin, se decide.

“Huir de Nueva York, le dije, y de las ciudades en general. De la zozobra. Del miedo. De las cosas que leo en los periódicos. De la soledad… De no hacer nunca lo que me apetece de verdad. De la obligación de divertirme. De vender los días para tener que vivir. De la misma vida, al menos de lo que es ahora la vida…”. Le miré fijamente a los ojos y añadí en voz baja : ” Huir del mundo”.

El director de la agencia le enseña a Charlie un folleto propagandístico de Verna, un planeta cualquiera. Charlie contempla en silencio las fotografías y las selvas casi vírgenes, salpicada aquí y allá de cabañas de madera.

“No sé por qué, pero uno se daba cuenta al mirar aquellos valles cubiertos de vegetación que aquél era el aspecto que debía haber ofrecido América en el principio de su existencia…, un paisaje parecido al que pudieron tener ante sí los habitantes de Kentucky o Wiscosin hace más de un siglo. Bajo esta foto había otra en la que se veían seis u ocho personas en una playa… Se notaba – de verdad, se notaba – que a todos les gustaba su trabajo…, que ninguno de ellos conocía el miedo ni la angustia… Eran felices, lo serían siempre y, además, lo sabían”.

Charlie preguntó al director de la agencia a qué se dedicaba la gente.

“Trabajan. Todo el mundo trabaja…, viven haciendo lo que quieren, hacen lo que les apetece”.

“¿Y si no les apetece hacer nada?”.

” Eso es imposible, todo el mundo quiere hacer algo. Lo malo es que pocas veces se tiene tiempo de descubrir lo que es”.

 

 

Para tranquilizar a Charlie, el director de la agencia se apresura a añadir que, si bien la vida es rudimentaria, no resulta dura en absoluto : no hay coches ni televisiones…. Tras una última ojeada al interior de las cabañas, Charlie saca un billete para Verna. ¿Qué pasa entonces? No llega nunca. Pierde la fe en el momento crítico y después ya es demasiado tarde. No se tiene derecho a una segunda oportunidad.

Of Missing Persons” – dice Kingsley Amis, que es quien ha elegido este cuento y lo ha comentado enEl universo de la ciencia ficción”- , es un ejemplo clarísimo, incluso desde el punto de vista técnico, de literatura fantástica: no se puede viajar a Verna, uno tiene que encontrarse allí sin más”.

 

 

(Imágenes -1- Robert Mccall- 1968/2- Gabor Jonas/ 3.- Andrew Wyeth- Philadephia museum)