MARGARITA XIRGU

 

 

“Mi vida artística es muy original – le confesaba Margarita Xirgu a Carmen de Burgos -. Pertenezco a una familia muy modesta que carecía de medios para educarme. Me he ido formando yo sola, movida por un impulso interno. Mi vocación de actriz la he tenido siempre. La primera vez que de pequeña fui al teatro fue para ver a la Guerrero y el ejemplo de la ilustre actriz despertó mi admiración más ardiente. Mi ideal del arte es llegar a la naturalidad  más absoluta. Abomino de los efectos teatrales; es muy difícil la naturalidad en sentimientos que no son nuestros; de modo que para llegar al colmo de la realidad es preciso llegar al colmo de la ficción, a la ficción de la naturalidad”.

 

 

Ahora se publica el “Epistolario” de Margarita Xirgu y en su intensa  relación teatral con Lorca parece que escucháramos las palabras de Francisco, el hermano del poeta,  cuando Margarita  le dice a la madre de Lorca: “Señora, si Federico quiere que rodemos todos por la escena, rodaremos.” Tal era la unión entre autor e intérprete. Lorca decía hablando de la actriz: “Margarita tiene una intuición maravillosa y fácilmente asimila el criterio del autor. Su condescendencia, su adaptación llega a tanto que más de una vez me ha dicho: “ En “La zapatera prodigiosa” me ha hecho poner un traje con un brazo vestido y el otro no. En “Mariana Pineda” me ha hecho cantar. Y ahora, Lorca, ¿ me va usted a hacer bailar en alguna obra?”. Margarita es genial, maravillosa.” En 1935 Lorca decía: “Desde el año 1927 en que la gran Margarita Xirgu estrenó mi “Mariana Pineda” hasta el 1935 en que la misma actriz ha dado a conocer “Doña Rosita la soltera o el lenguaje de las flores’ el público de Barcelona ha dado con su atención y su afecto un aliento definitivo a mi labor de poeta dramático.”

 

“Mi relación con los trajes – le seguía diciendo a Carmen de Burgos – va en relación con la importancia del personaje y con su psicología. No voy a representar una princesa mal vestida. A “Zazá” la soñé ya vestida de marrón…Yo necesito mi “Zazá” marrón. Cuando yo era muy pobre tenía mi traje de algodón… Ahora es de seda…; pero siempre marrón.”

 

 

(Imágenes : 1-Margarita Xirgu -mujericolas/ 2- Lorca y Margarita Xirgu – la Vanguardia/ 3- Margarita Xirgu y los hermanos Álvarez Quintero- 1923/ 4- margaritaxirgu es)

IGNACIO SÁNCHEZ MEJÍAS

 

 

La apertura este mes del museo Ignacio Sánchez Mejías en Manzanares (Ciudad Real) , localidad donde el diestro fue cogido por el toro  “Granadino” el 11 de agosto de 1934, nos lleva hasta las palabras de Francisco García Lorca, hermano de Federico, que en “Federico y su mundo” nos acerca a su figura. “Torero por vocación – comenta de Sánchez Mejías -, era Ignacio, no obstante, de formación universitaria. Por inclinación natural, acaso también por razones de ambiente profesional, e incluso familiar, se orientaba con entusiasmo hacia el canto y el baile andaluces. Estaba casado con una hermana de los “Gallo”, de estirpe gitana. Y el mayor de ellos, el incalculable Rafael Ortega, era el esposo de la gran Pastora Imperio, a la que Falla eligió para estrenar, con “La Argentinita”, “El amor brujo”.

 

 

Había tenido gran fama de joven como torero, y había hecho su carrera por sus pasos contados, habiéndose distinguido antes como excepcional banderillero en la cuadrilla de  Joselito, el “Gallo”. Maestría, técnica y arrojo eran las características de Ignacio en la arena. No tuvo nunca la gracia inspiradora y casi alada de su cuñado Joselito, ni el casi angustioso dramatismo estatuario de Belmonte, las dos estrellas incomparables que iluminaban el cielo taurino de entonces. Enjuto y vigoroso, daba más bien Ignacio la nota de gladiador. La muerte de Ignacio determina dos grandes elegías: la de Alberti, “Verte y no verte”, y el “Llanto por Ignacio Sánchez Mejías” de Federico. El “Llanto” ha sido considerado como una culminación de la poesía de García Lorca. Es un poema de integración y por ello, en cierto modo, el más lorquiano, el que refleja mejor el rostro del poeta. En él alternan innovación y tradición, libertad creadora y disciplina, ímpetu lírico y enfrentamiento. Se dan la mano el  eco andaluz y popular con el tema abstracto de la muerte; se  conjugan luciente claridad y poético hermetismo. Su vocación de poeta elegíaco la desata la muerte del amigo. Y todo el poeta está en su elegía.

Federico evita, no obstante, la palabra “elegía” y opta por la designación “llanto”, que es lo que la palabra griega quiere decir en castellano. Resucita así la vieja voz “planto”, con que se designaba a las elegías medievales.

 

 

Ignacio no murió en la enfermería de la plaza de Manzanares, sino que fue trasladado en una ambulancia a Madrid, donde murió dos días después de su gravísima cogida. Un lapso de tiempo separa, pues, la cogida y la muerte, que, no obstante, se superponen en una parte del poema, la única que lleva un título: “La cogida y la muerte”. De haber muerto Ignacio en la plaza de Manzanares, el título sería “Cogida y muerte”, o “La cogida y muerte”. Pero la serie de imágenes que componen esta parte del poema se centran en lo accidental; es decir, en la cogida, que llega a identificarse con la muerte misma. El poema ignora que la muerte misma acaeció en Madrid, el día 13 de agosto, a las 9, 45. La hora poéticamente mortal son las cinco de la tarde. Federico necesita un tiempo que fije el encuentro con la muerte, y ése no fue, por elección del poeta, la sórdida, lenta hora de la clínica, sino el trágico instante de la cogida a las cinco de la tarde.”

 

 

Entre muchos otros, Marcelle Auclair en su “Vida y muerte de García Lorca” ha evocado en varias páginas los versos del “Llanto” comentando a la vez el curso de esos días y horas entre la cogida y la muerte del torero. Ese “Llanto por Ignacio Sánchez Mejías” que Lorca, según quiso recordarlo así José Luis Cano, lee en abril de 1935, en Sevilla, en el Palacio del Alcázar, ante Jorge Guillén, Joaquín Romero Murube y Pepín Bello

 

 

(Imágenes.-1 , 2 y 4 – Francisco de Goya / 3- museo del Prado/ 5- Ignacio Sánchez Mejías – ABC es)