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Posts Tagged ‘Francis Picabia’

 

 

“Aquel que creía ser el autor de un libro cuando no era más que su personaje”.

 

 

”También ese otro que sacaba de los tribunales el tema de sus libros y que, al final, considerando decepcionante lo que leía  y por tanto escribía, asesinó a su portera en unas condiciones particularmente atroces, lo que le permitió durante los siguientes años de prisión componer su obra cumbre”.

 

 

”Aquel otro que estuvo esperando en una habitación durante veintitrés años a que algún tema de novela viniera a visitarlo, cosa que no ocurrió nunca, salvo una vez , durante el sexto año, en un brumoso día de noviembre, poco después de las tres de la tarde, cuando había salido de la habitación unos minutos para ir al servicio, pero claro, a su regreso no se dio cuenta  de nada y ya era demasiado tarde, pues en casos así siempre es demasiado tarde”.

 

 

”Aquel, muy viejo, que se vio distinguido con el Premio Nobel de Literatura, pero a quien no se pidió que asistiera a la ceremonia de Estocolmo porque en la residencia de ancianos en la que llevaba ya varios años no conseguía distinguir una manzana de unos andadores, trataba de comerse los unos y apoyarse en la otra, y había olvidado por completo que hubiese dedicado su vida a la poesía”.

 

 

”Ese que todavía no ha escrito, que no sabe que algún día escribirá y que vive feliz y ligero, en la ignorancia del asunto, sin disfrutar siquiera del hecho de no ser todavía escritor, sin darse cuenta siquiera de la suerte que tiene de no serlo”.

 

 

”Aquel que afilaba sin cesar sus lápices con un cortaplumas mientras le iban viniendo las ideas, pues las ideas tan sólo le venían durante aquellas sesiones en las que afilaba lápices, pero cuando se decidía a poner por escrito todo lo que se le había ocurrido, ya no le quedaban lápices para escribir, y de este modo hizo rico al dueño de la papelería, pero ningún librero conoció jamás su nombre”.

Philippe Claudel – “Sobre algunos enamorados de los libros” (Minúscula)

 

 

( Imágenes- 1-Alexander Calder/ 2-Auguste Macke- 1910/ 3 – Francis Picabia/ 4-Jerzy Grabowski-1999/ 5-Karl Gestner/ 6-Rachel Davis-hartman- fineart/ 7- Turner- 1824)

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música- trrem-Turner- mil ochocintos treinta y cinco

 

” A veces pensamos que unos aires de música oídos tiempo atrás y en otro lugar tienen el poder de despertar en nosotros el recuerdo y como el encanto de los lugares, de la época en que los oímos. Pues el recuerdo conserva el pasado sin mutilarlo, y lo que unido estuvo en la realidad unido queda en nuestra memoria. Y esas músicas naturales que no contienen, como las músicas de arte, un sentimiento independiente del tiempo en que las oímos, que no tienen ninguna otra cosa que expresar, cuánto más vivamente conservan para nosotros el mismo encanto de la hora, de la estación, del país en que las oímos. Y este encanto no está sólo aquí, como en la música humana, en nuestra memoria, está verdaderamente en esas músicas naturales. Una melodía de Schumann puede

 

árboles- nyuu- mujer- Francis Picabia- mil novecientos treinta

 

recordar la voz amada que la cantaba. Bien sabemos que no ha conservado nada de ella, que desde entonces ha sido de otras muchas voces, que, como la naturaleza, deja que cada uno esconda en ella su felicidad y sus recuerdos sin cuidarse de ellos, sin sentirlos, sin preferir ninguno, porque es de todos, porque expresa un ideal más elevado, superior a los individuos. Sabemos que presta simplemente su belleza a las ilusiones de nuestro recuerdo y que, mensajera indiferente, irá así hacia cada uno, llevándole el recuerdo que le es caro y que ella no ha conservado, de la misma manera que los bosques son bastante profundos para guardar tantos secretos como confesiones han oído, para enterrar tantos

 

árboles-uhhnn- André Derain - museo de l´Ermitage- San Petersburgo

 

goces como amores han escondido. Pero esas humildes músicas naturales tienen una relación profunda, una armonía oculta con la estación en que fueron oídas. Puede decirse que nacieron de su esencia y participan simplemente de su encanto. Nacidas de ella, voces de despedida de la golondrina en cuanto llegan los primeros fríos, o zumbido de las moscas cuando asoma el calor, esas músicas nos hablan de la estación con toda naturalidad, puesto que es la estación misma quien nos habla en sus cantos. No hay necesidad de nuestra amiga para cantar la melodía de Schumann. Y otras muchas que no serán ella la cantarán para otros que no seremos nosotros. Pero si no viniera el verano con su calor que nadie podrá nunca imitar, ¿creéis que no habría terminado la música de las moscas? Por eso, cuando las oímos, tenemos pleno derecho a reconocerlo, y el gozoso saludo que le dirige su amiga, nuestra memoria, no se equivoca”.

Marcel Proust.- “Jean Santeuil”

 

árboles- nui- Georgia O ` Keeffe- mil novecientos cincuenta y tres- Georgia O´Keeffe Museum

 

(Imágenes.- 1.-W Turner– música company -1835/ 2.-Francis Picabia– 1930/ 3.- André Derain– museo de L´Hermitage- San Petersburgo/ 4.-Georgia O`Keeffe– 1953-Georgia O´Keeffe museum)

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