PASEANTES DE MUSEOS

 

Ahora, con la pandemia globalizada, la preocupación de los directores de museos en todos los países lógicamente se ha acentuado en busca de espectadores del mundo. Los pasos de los paseantes de las salas se han reducido enormemente  y la contemplación de las obras intenta hacerse a través de métodos distintos, trasladando, en la medida de lo posible, las artes y los artistas hasta la intimidad de los hogares ¿ Los turistas, entonces, visitaban hasta ahora colecciones o  visitaban recintos? Es una pregunta que se han hecho muchos observadores, y que entre ellos se la quiso plantear también Félix de Azúa en su “Diccionario de las artes”. “Los turistas—afirmaba Azúa—no ven piezas maestras de todos los tiempos o las vanguardias del siglo XX, sino “el Guggenheim”, el Reina – Sofia – de Nouvel” o la “Tate Modern”

 

“La última vuelta de tuerca se produjo cuando, a mediados del siglo XX, los museos pasaron a ser centros turísticos de notable interés económico y, por lo tanto, anexos a la ingeniería del ocio, el turismo y la diversión. (…) Los técnicos del ocio deberían considerar seriamente — opinaba Azúa —la posibilidad de mantener vacío alguno de estos edificios para aproximarse a una representación artística y apropiada de nuestra actual apetencia de museos entretenidos. Se cumpliría entonces la función mágica de las artes, su capacidad para ser “obra” sin estar presentes, en tanto que espacio sagrado donde “se produce” lo artístico. (…) En los espacios vacíos del arte, la presencia del paseante sería la obra de arte misma., como el silencio es música en las composiciones de Cage o las páginas en blanco son obra en el catálogo de Klein. De ese modo, las artes se habrían arrancado la última máscara y mostrarían un rostro sin rasgos, mondo, liso, un enorme huevo asombrosamente coincidente con el espíritu del tiempo.”

Mientras tanto, en esta transformación total que estamos viviendo estos meses en el mundo, los pasos de los paseantes imaginarios por los museos online nos transmiten un sonido distinto.

 

(Imágenes—1-Pere Borrell -1874/ 2- Eliot Erwitt/ 3- museo Sorolla en Madrid)

EL POETA MUDO

 

 

“Habla Félix de Azúa en su “Diccionario  de las artes”  de un poeta  mudo : “Una de las dificultades —dice —que más frecuentemente nos enfrentan a unos especialistas con otros es que los máximos ejemplos de Silencio son incomunicables y, por lo tanto, no pueden discutirse. El más admirable que yo conozco y que en tantos congresos me he visto obligado a retirar por la oposición de algún colega es el de D. M. (siendo un héroe del silencio su nombre, evidentemente, no puede divulgarse) , para mí el más sobresaliente  poeta mudo de Barcelona. A los catorce años de edad, antes de haber escrito una sola línea, ya había alcanzado la concepción suprema y era consciente de que no hay Obra de Arte superior al Silencio. Desde entonces llevó una vida gris y disimulada: cuantos le veían le tomaban por un burócrata de la Generalidad catalana , con afición al balompié. Pero bajo ese disfraz se ocultaba el más potente de los Silencios que callan en este siglo. Obsérvese que estamos hablando de una creación, la de D. M., no sólo en catalán y castellano, sino en todas las lenguas del globo, ya que su silencio es políglota.”

(Imagen —Herbert Bayer)

VIAJES POR EL MUNDO (17) : NÁPOLES, LOS CENTAUROS

 

“Nadie conoce cuántos millones de motos circulan por Nápoles, siendo así que la inmensa mayoría son ilegales – describía Félix de Azúa -. Pero son los ciclomotores, los “motorini”, los que imponen la ley. Suelen ir conducidos por una pareja de muchachos fundidos en un solo y sudoroso cuerpo al que los nativos llaman cariñosamente “ los centauros”. Acostumbran a ser dos rapados, o un rapado y una diosa voluminosa; o dos diosas, la una rapada y la otra voluminosa. Pero no es infrecuente el trío: padre voluminoso, madre muy voluminosa y niño o niña rapaditos. He llegado a ver hasta cinco en cómodo equilibrio sobre su ”motorini”: abuela no voluminosa con criatura abrazada, más el trío familiar habitual, a ochenta por hora en contradireccción por la muy densa Via Roma en hora punta.

 

 

Lo que en una primera impresión puede parecer insoportable, se puede convertir en el mayor atractivo de la ciudad a poco que el forastero tenga vena de antropólogo. Puede uno pasarse horas y más horas observando la indescriptible habilidad con la que los centauros y las centauras esquivan toda clase de obstáculos humanos, animales, vegetales, minerales, y de orden público, sin sufrir ni una rozadura.

Está claro que sólo puede circular por Nápoles quien ha nacido allí. Todos los demás pertenecemos al ridículo mundo de quienes dudan antes de cruzar ( lo que provoca frenazos espantosos),  o de quienes se empeñan en respetar el semáforo ( lo que colapsa el tráfico).

 

 

Los peatones napolitanos cruzan por todas partes y de cualquier manera. Mejor dicho, no cruzan: se lanzan a la piscina de hierro, humo y fragor. Pero antes de hacerlo han emitido un conjunto de señales inaprensibles para los forasteros y muy  semejantes a los ultrasonidos de algunos insectos durante el apareamiento, que cualquier motorista, conductor de autobús y de camión, cualquier triciclo o ambulancia, captan al instante. El forastero observa atónito cómo el anciano cojo va haciendo su camino por entre el tráfico monstruoso con absoluta serenidad, cómo avanza a sacudidas, semejante a un resorte mecánico de ritmo cambiante, mientras las motos y los autobuses, los coches y los camiones le sortean a ciento por hora.

Pero al cabo de los días se comprende que Nápoles no es una ciudad caótica, sino dotada con otra modalidad de orden más sofisticado y complejo que el nuestro. A los napolitanos, que son gente habilísima, despierta, fogosa y de una vitalidad volcánica por contagio, les aburre el código de la circulación europeo y aplican su propio código de señales extrasensoriales”.

 

 

(Imágenes – 1- Calle de Nápoles / 2- Nápoles – 1950- Pier Giorgio Branzi/ 3- Nápoles 1958 – Leonard Freed/ 4- Nápoles – Sílvia Sala)

ALREDEDOR DE «EL PRADO»

 

 

Se prepara «El Prado» para celebrar amplia y solemnemente su bicentenerario. Aún recuerdo la impresión que me causó ese gran museo cuando hace unos años – y tras los convenientes permisos – pude visitarlo de noche, con el museo cerrado,  disfrutando y tomando notas sobre las pinturas negras de Goya, acompañado únicamente por un guarda, aquella luz encendida de la sala y el resto del museo solitario y a oscuras. Diferentes y muy célebres pasos en muy distintas ocasiones han recorrido este Museo y han dejado valoraciones e  impresiones. En las «Lecciones sobre el Museo Del Prado» que tuvieron lugar en la Fundación March en 1997 – diez conferencias en torno al edificio y a sus pinturas -, se habló ampliamente de la  biografía constructiva del museo, de las colecciones reales, de los cuadros, de la comparación entre el Prado y los demás museos, y de su cara y cruz en el tiempo.

 

 

Sánchez Cantón, en una conferencia pronunciada en 1961 en la Universidad Internacional «Menéndez Pelayo» de Santander, evocaba, entre muchas otras cosas, la preferencia de los Felipes por la pintura veneciana del XVl y la flamenca del XVll, y al comentar los fondos de El Prado quiso recordar que éste » no es un tesoro arqueológico, testimonio del pasado, inoperante fuera de la erudición, inteligible no más que por el docto, sino fuente viva de enseñanzas y de goces. Hay museos más completos; pero cada día son más los que piensan que ninguno aventaja al nuestro en riqueza estética».

 

 

Los pasos también de María Zambrano en su visita a El Prado, pasos escritos en 1953 en La Habana y que vieron la luz en París en 1955, nos llevan a su contemplación : «allí estaban – nos dice Zambrano  – los Felipes de la Casa de Austria, simples aun a caballo encabritado, con banda de raso y sombrero de plumas, pues vestían así y tenían aquella apostura porque era el Rey, pero allí, al fondo del cuadro estaba la sierra desnuda con la luz primigenia, no un salón con un trono. Y Felipe ll ya fantasma, mirando de frente, como diciendo : «Miradme, aquí me tenéis, cómo los trabajos me han dejado de aquel mozo enamorado que fui». Y en la sala de Tiziano, Carlos V, el más ensimismado, yéndose cada vez más dentro de sí. Y los pobres Borbones pintados por Goya, marionetas de la historia, ¿quién gobernaba a sus hijos? Y se dieron cuenta de que no miraban la pintura  como tal, sino lo que en ella había, lo revelado por su magia invisible, y no es que fuera real, ¿realista Velázquez? Ni siquiera Goya lo era».

María Zambrano se va alejando por las salas con estos textos recogidos hoy en «Algunos lugares de la pintura» y El Prado se dispone a congregar muchos acontecimientos para  celebrar su bicentenario. Es este un museo tesoro del arte pero es también espectáculo.  Así quiso anotarlo Félix de Azúa en su «Diccionario de las artes» : » la última vuelta de tuerca  -escribe – se  produjo cuando, a mediados del siglo XX, los museos pasaron a ser  centros turísticos de notable interés económico y, por lo tanto, anexos a la ingeniería del ocio, el turismo y la diversión. Desde entonces los museos han pasado del mundo del conocimiento al mundo del espectáculo (…) Los turistas no visitan colecciones sino recintos, no ven piezas maestras de todos los tiempos o las vanguardias del siglo XX, sino «el Guggenheim» , el «ReinaSofía – de Nouvel» o «la Tate Modern».

El Prado, pues, conocimiento y espectáculo.

 

 

(Imágenes -1- Elliot Erwitt/ 2 – Velázquez – las Meninas /  3 – Goya – el majo de la guitarra / 4 – Goya- dibujo – la calle – museo de El Prado)

EN TORNO A KANDINSKY

 

pintores.-99u.-Wassily Kandinsky.-Hugo Erfurth.-1933

 

Cuando Kandinsky entra en su taller de Munich, a última hora de la tarde, se encuentra con un lienzo que le llama poderosamente la atención. «Era una pintura de inaudita belleza – evocará en sus Recuerdos -, de la que emanaba un fulgor íntimo. Permanecí unos momentos extático y luego avancé a zancadas hacia aquella maravillosa tela sobre la que sólo alcanzaba a ver formas y colores sin motivo ni tema. De pronto se resolvió el enigma: era uno de mis últimos trabajos, pero no estaba derecho; había quedado apoyado contra la pared sobre uno de los lados«. Kandinskycomo relata Félix de Azúa – acababa de descubrir la esencia misma del arte abstracto; a saber, que, a la pintura le incomodan los objetos.

 

pintores-bbhhu- Kandinsky

 

Recorriendo la exposición sobre Kandinsky que se celebra estos meses en Madrid vuelve a la memoria ese «momento estelar» de la pintura moderna al que me referí aquí hace ya años. Miró, que conoció bien a Kandinsky, decía, que en el sentido de la irradiación espiritual, le había influido: «Sus escritos me han interesado desde el punto de vista estético, pero era sobre todo impresionante la irradiación que emanaba de él». Ludwig Grote afirmaba que «la biografía de Kandinsky es una continuidad de revelaciones en la que el color aparece siempre presente» y cuando se cruzan estas salas y se pasa desde los parques parisinos tan sombreados de hojas y

 

Kandinsky- nhy-scooprest- centro centro Madrid

 

desde las improvisaciones de caballos hasta llegar pronto al trazo de líneas y círculos, las revelaciones de Kandinsky nos envuelven. En carta a Grohmann en octubre de 1930 el pintor afirmaba que «el círculo es la forma más modesta, que se impone sin escrúpulos; precisa, mas inapresablemente variable; estable e inestable a la vez; silencioso y sonoro al mismo tiempo; una tensión que lleva en él innumerables tensiones».

 

Kandinsky-unng- Centro Centro - Madrid

 

Años antes, más aún que su experiencia colorista en Rusia, había reconocido que su gran maestra había sido su paleta. «La paleta cubierta con los elementos que componen la obra – decía -, contiene en sí misma una obra más bella que cualquier otra. Debe ser apreciada por el placer que procura. Me parece que su alma viviente de colores emite una llamada musical, de la que la inflexible

 

Kandinsky- nbby- mil novecientos veintidos- Kandinsky una retrospectiva

 

voluntad del pincel arranca una parte de la vida Comprendo un poco las reglas de la mezcla de los colores: es como el cuchicheo misterioso que uno sorprendiera en la misteriosa cocina de un alquimista».

 

pintores-fccb-Kandinsky con su gato

 

(Imágenes.- 1- Kandisnky- Hugo Erfurst- 1930/ 2.- Kandinsky trabajando/3.-Kandinsky-scooprest/ 4. Kandinsky-amarillo, rojo, azul-1925- Centro Pompidou- VEGAP- Madrid/ 5- Kandinsky- trama negra- 1922- Centro Pompidou- VEGAP- Madrid / 6- Kandisky con su gato)